PREOLÍMPICO HAMILTON’76

PREOLÍMPICO HAMILTON’76
Cuando más se anhelaba la cita olímpica y menos se esperaba, se pinchó

Antonio Rodríguez

Cuando más se anhelaba la cita olímpica y menos se esperaba, se pinchó               

En Endesa Basket Lover seguimos con nuestra travesía por los torneos Preolímpicos. En esta tercera entrega abordaremos un pequeño fiasco: Hamilton’1976. La buena dinámica de años anteriores, para nada hacía presagiar que en el momento previo de abordar unos Juegos con todas las garantías en Montreal, se tropezara en el Preolímpico y nos fuésemos a casa con una decepción mayúscula y el mal sabor de tener que verlos desde casa. 

Rafa Rullán lanzando a canasta en nuestro debut ante Polonia, con la mirada del
Rafa Rullán lanzando a canasta en nuestro debut ante Polonia, con la mirada del "Patas" Beltrán en la zona.

En nuestra cultura, el ‘boom’ de un deporte de equipo, debe ir emparejado a los éxitos de la Selección Española. Sacábamos pecho con el balonmano cuando nuestra Selección era campeona, la locura del fútbol, aunque esté por encima de todas las cosas, se disparó cuando de no romper el sambenito de los cuartos de final, se pasó a campeones en tan sólo unos días y no nos bajaron de esa borrica durante un puñado de años y en baloncesto, pues ¿qué les voy a contar? Si nos sumergimos en las fechas del artículo, el nuestro, un deporte que tan sólo asomaba antes de la década de los 70 gracias a los éxitos continentales del Real Madrid, copó de repente portadas cuando en un Eurobasket organizado en casa en 1973, en Barcelona, se logró acceder a la final tras derrotar a la URSS en un día imperecedero en la memoria de muchos aficionados. La Selección Española tenía otra cara y a partir de entonces acometía los torneos con esa medalla de plata que brillaba más aún que nuestras sonrisas. Y allá que fuimos a Puerto Rico un año después, a jugar un Mundial donde se logró un quinto puesto que nos confirmaba en la élite y superaba con creces cualquier resultado anterior. La misma inercia nos aupó a cuarto lugar en el Eurobasket de Belgrado’75. Etapa gloriosa.

El Equipo Nacional pintaba muy bien. Tras las retiradas de Emiliano y Buscató, tener bases creativos, rápidos y con la chispa de Carmelo Cabrera y Juan Antonio Corbalán, nos otorgaba un toque de distinción desde la dirección. Al fin Clifford Luyk no era tan determinante, pues con nuevas generaciones de pívots más altos que él, rápidos, con buena técnica individual, en nombres como Luis Miguel Santillana y Rafael Rullán, daba un lustre y centímetros, que nunca habíamos tenido. Y por encima de todo, se contaba con un compulsivo anotador, pues Wayne Brabender solía ser jugador de los más destacados del torneo en el que compitiese. Su suspensión era ametrallante. Si a ello unimos las nuevos Emiliano y Buscató particulares en sus nuevas versiones, como Gonzalo Sagi Vela o Manolo Flores o Jesús Iradier, en verdad que nuestra Selección era un combinado a tener muy en cuenta. Al menos, para ser uno de los doce componentes de los Juegos Olímpicos en Montreal.

La fotografía tomada en Chapel Hill junto a la selección USA.
La fotografía tomada en Chapel Hill junto a la selección USA.

Como sucedió ocho años antes en México, para la preparación en este campeonato, se tiró de amistades. Antonio Díaz Miguel, que llevaba varios años ya viajando a Estados Unidos para aprender de las mejores universidades estadounidenses, tenía buenos lazos de amistad con Dean Smith, entrenador de North Carolina y casualmente, de la selección estadounidense que les representaría en estos Juegos, con la obligación de devolver la medalla del oro al país donde se inventó este deporte. Y allí que se fueron nuestros elegidos, a unirse en la concentración del equipo USA en Chapel Hill, mientras en Edimburgo se disputaba un Preolímpico al que España renunció, puesto que tan sólo daba plaza a los Juegos para el primer clasificado, encontrándonse allí tanto Yugoslavia como Italia. La plaza, inicialmente pensaba para los primeros, cayó del lado de los italianos (84-79), ganadores de este enfrentamiento directo, con lo que a los ‘plavi’ de manera inesperada, les tendríamos como contrincantes en nuestro Preolímpico de Hamilton posterior.

Gonzalo Sagi Vela y Clifford Luyk intentan defender a Kos y Brabenec, en el España-Checoslovaquia.
Gonzalo Sagi Vela y Clifford Luyk intentan defender a Kos y Brabenec, en el España-Checoslovaquia.

Con la baja a última hora del pívot Miguel Ángel Estrada, sin llegar a estar recuperado de una lesión en una de sus manos, fracturada en las últimas jornadas de liga, y suplido a última hora por el ‘Patas’ Beltrán, este fue el combinado que viajó hacia tierras canadienses: 

P.D.: Alineación de la foto de Chapel Hill. De pie, de izquierda a derecha: Dean Smith (entrenador), John Thompson (asistente), Bill Guthridge (asistente), Mitch Kupchak (North Carolina), Scott Lloyd (Arizona State), Tom Lagarde (North Carolina), Quinn Buckner (Indiana), Kenny Carr (North Carolina State), Tates Armstrong (Duke), Phil Hubbard (Michigan), Scott May (Indiana), Phil Ford (North Carolina), Steve Sheppard (Maryland), Adrian Dantley (Notre Dame), Walter Davis (North Carolina), Ernie Grunfeld (Tennessee) y Otis Birdson (Houston). Agachados: Carmelo Cabrera, Wayne Brabender, José Luis Beltrán, Luis Miguel Santillana, Rafael Rullán, Miguel Ángel Estrada, Clifford Luyk, Manolo Flores, Cristóbal Rodríguez, Jesús Iradier, Víctor Escorial, Gonzalo Sagi Vela, Juan Antonio Corbalán, Lluis Cortés (asistente) y Antonio Díaz Miguel.

Trece equipos se dieron cita en Hamilton, divididos en dos grupos. En el nuestro, Polonia, México, Holanda, Suecia, Bulgaria y Gran Bretaña. En el otro, Yugoslavia, Checoslovaquia, Brasil, Israel, Finlandia e Islandia. Y en el debut tocaba Polonia, la bestia negra de nuestro Equipo Nacional, aunque en los últimos años -en los que no nos habíamos enfrentado-, venidos a menos. Era el momento de romper la historia.

Tres viejos amigos: Wayne Brabender, Miles Aiken y Clifford Luyk.
Tres viejos amigos: Wayne Brabender, Miles Aiken y Clifford Luyk.

Y al fin, en la jornada inaugural de este Preolímpico, un 22 de Junio de 1976, tras 17 tortuosos años y 12 enfrentamientos que acabaron en derrota, se les ganó. Y bien ganados: 99-73. En un notable encuentro de todos, con Brabender como máximo anotador (22 puntos), con Santillana y Luyk, con 14 y 13 puntos respectivamente, nunca pudieron con el ritmo impuesto por los hombres de Antonio Díaz Miguel. Era una primera victoria, como siempre importante de cara a un debut, pero des-cargado en este caso del lastre y miedo escénico a los polacos que ya no volvimos a sufrir.

Sin embargo, al día siguiente de competición, tocó vivir la gran tragedia. No griega, pero sí mexicana, cuya historia y arqueología nos han descrito en multitud de ocasiones. Y nada de aztecas de hace un buen puñado de siglos y en su tierra, sino a unos miles de kilómetros más al norte. Pues México nos derrotó por 72-73, cuando era improbable pensar que los españoles pudieran doblegarse a ellos. Los Manolo Raga y Arturo Guerrero, excelsos jugadores en sus Juegos Olímpicos del 68 y magníficas carreras cuando fueron fichados por equipos europeos, estaban ya veteranos y algo venidos a menos. Tampoco sus relevos eran gran cosa, aunque el tal Palomar pareció Abdul Jabbar por momentos ese día. Pero ante su juego duro, tosco en ocasiones, de provocación, nunca se supo enjugar con velocidad y alegría en nuestras acciones. Todo se convirtió en denso y cuando restaban tan sólo 5 minutos para el descanso, ya estaban por 7 puntos arriba en un marcador pírrico: 20-27. Ante los desaciertos de Brabender, era el desparpajo de Gonzalo Sagi Vela quien nos puso por delante al descanso: 34-33. Desde entonces, el marcador se manejaba en 3 puntos arriba o abajo, igualadísimo siempre y con Sagi Vela en nuestro hombre más inspirado definitivamente. Un base grande, fuerte y con poca finura, Sáenz, pero que protegía muy bien el balón, anotó canastas importantísimas junto al citado pívot Palomar y en el último minuto, una dramática bandeja fallada por Sagi Vela y dos tiros libres errados por Cristóbal Rodríguez, nos mostraron que la suerte nos dio la espalda esa tarde. Así que al final, el mencionado 72-73 y a empezar a remar contra corriente desde la segunda jornada. Mal asunto. 

Luis Miguel Santillana batallando bajo tableros en el España-Holanda.
Luis Miguel Santillana batallando bajo tableros en el España-Holanda.

Tanto escoció y deprimió esa derrota, que al día siguiente en el enfrentamiento ante los más que asequibles holandeses, íbamos al descanso con un 30-44 en contra y echando por la borda cualquier aspiración de acceder a los Juegos Olímpicos, con una imagen calamitosa, sobre todo de falta de actitud defensiva (el mítico alero Akerboom nos destrozó, con 26 puntos). Menos mal que en la segunda mitad, con mucha mayor garra -que no era difícil- y con el veterano Cristóbal Rodríguez en racha, con 6 canastas consecutivas, recuperamos un 32-50 sonrojante en el inicio, para con un parcial de 20-8, ponernos a tiro de piedra (52-58). Y ya con los mejores momentos de Brabender (24 puntos), España logró ponerse por delante al fin, con 62-61. Los holandeses no eran los mismos de la primera parte y la inercia de la Selección había cambiado por completo. Un pressing final y un rosario de faltas, elevaron la diferencia final a un 97-86. A todo esto, Polonia seguía su particular cuesta abajo, perdiendo también en la 2ª jornada ante Bulgaria (71-68).

Dos días de descanso que vendrían bien, para volver a retomar la competición con una victoria sobre Gran Bretaña (98-79), floja selección que dio buena imagen y que nos brindó la sorpresa de estar entrenada por un viejo amigo de muchos de nuestros seleccionados: el estadounidense Miles Aiken, que permaneció 4 años con el Real Madrid, ganando dos Copas de Europa. Bulgaria, selección que al igual que Polonia, iba viendo como el potencial de su baloncesto iba decreciendo con los años, por anticuado, era el siguiente rival. Y ese fue el día. En el que salía todo, en el que los españoles mostraron que jugando al baloncesto eran resultones y que los éxitos de los años previos no eran ninguna casualidad. Se reboteó -quizás nuestro punto más débil- y se corrió como sólo Carmelo Cabrera y Corbalán sabían hacerlo. 58-41 al descanso en un carro de puntos y buena defensa, hasta el punto de desquiciarles más aún en la 2ª parte. Cuanto peor eran sus tiros, más se corría. Luis Miguel Santillana (28 puntos), Rafa Rullán (18) y Gonzalo Sagi Vela (14) fueron quienes culminaban las acciones del festín español, al que se finalizó con 115-79. La jornada se completó con una importante victoria de Polonia sobre México (104-81), con lo que, siendo ellos dos junto a los españoles, los tres clasificados para la siguiente fase, el que todos hubiesen sufrido una derrota, igualaba fuerzas y hacía olvidar nuestro traspiés. Ello, siempre y cuando, sean los tres clasificados. Porque para ello, Polonia debía vencer a Holanda en la última jornada por 9 puntos de diferencia al menos.

Rafa Rullán y Luis Miguel Santillana mantuvieron en jaque a los pívots búlgaros.
Rafa Rullán y Luis Miguel Santillana mantuvieron en jaque a los pívots búlgaros.

Y precisamente con este encuentro, se abría esta sexta y última jornada del calendario. Y los polacos nos la liaron, porque esperando que ellos fuesen los agraciados, llegaron a un final igualado ante Holanda (empate a 90) en los últimos instantes y en vez de ser avispados y forzar la prórroga para en ella, poder llegar a los 9 anhelados puntos, acabaron venciendo por 94-90, entre el jolgorio de los holandeses que se veían clasificados. Por lo que México, que había vencido a los ‘tulipanes’ en la fase previa, pasaba a la definitiva fase con dos victorias, España con una y los holandeses, ninguna. A todo esto, España venció a Suecia 91-78 sin más historia. En el otro grupo, Yugoslavia, que perdió en su debut ante Checoslovaquia (78-73), iba con una derrota al igual que los checos (cuya emoción suprema de vencer a los balcánicos, les valió al día siguiente caer con estrépito ante Israel, 92-69, pero que con contaba para el cómputo final) y Brasil, con otra derrota, pues vencieron a Checoslovaquia (68-63) y perdieron ante Yugoslavia (88-80). De tal modo, que si los polacos no hubiesen sido tan pardillos ante Holanda, los 6 del grupo final hubiesen llegado con una derrota cada uno. Ahora y de manera sorprendente, era México quien lideraba el grupo con 2 victorias.

Tres jornadas nos esperaban en los tres primeros días de Julio. En teoría, el pasaporte a los Juegos lo daban dos derrotas tan sólo. Y con la ya consabida de México, la de Yugoslavia parecía clara -aunque había que jugarlo-. Checoslovaquia y Brasil serían nuestra ‘madre del cordero’ particular. Y se debutó ante los potentes checos.

Y se empezó como un cohete. España era una selección que merecía estar en Montreal, porque el 59-38 al descanso no daba lugar a dudas de nuestros poderes. Gonzalo Sagi Vela (28 puntos) y Santillana (22) eran demasiados argumentos para nuestros rivales. Sus estrellas exteriores Pospisil (10 puntos) y el joven Brabenec (9) apenas aparecieron. Pero en la 2ª mitad, nos topamos de bruces con un muro que más que probable, sería nuestro compañero ‘de fatigas’, nunca mejor dicho, hasta el final: el cansancio. A Corbalán se le acaban las pilas y su velocidad se minimiza, que las piernas a Brabender ya comienzan a pesarle y que Rullán ya salta menos. Los checos a través de sus pívots Kos (16) y Kropilak (15), anotan, comienzan a invadir nuestra zona con más acierto y el ver reducir las diferencias en los españoles, provoca nerviosismo. Llegaron en el último minuto a acercarse hasta un 92-89, que no pasó a mayores pues con Sagi Vela anotando, finalizamos el enfrentamiento con un más que notable 94-89, que nos daba todas las esperanzas. A todo esto, lo de México ya rayaba el milagro, pues vencieron a Brasil, 85-79, y estando invictos, con las cuentas más básicas explicando que con dos derrotas estaban en Montreal, ellos ya se vieron clasificados. Tanto, que esa noche dejaron su huella por la tranquila población de Hamilton (creo que solamente les faltó intentar planear por las vecinas cataratas del Niágara, de cómo acabaron) y al día siguiente, la bendita resaca les hizo claudicar ante Checoslovaquia por 102-59. Lo que nunca pensaron que exceptuando Yugoslavia, que con su única derrota en la fase previa tenían más que suficiente, por la segunda y tercera plaza pudiera darse un triple empate entre checos, mexicanos y españoles. Y aún podían quedarse fuera. 

Acción del España-Suecia, con Santillana saltando, ante la mirada de Corbalán y Sagi Vela.
Acción del España-Suecia, con Santillana saltando, ante la mirada de Corbalán y Sagi Vela.

Frente a Yugoslavia y viendo Díaz Miguel el estado físico de los jugadores, decidió dar descanso a Brabender y Sagi Vela, así como contar poquitos minutos con Santillana, rotando bastante al resto. Era una heroica casi imposible y mejor pensar en el decisivo choque ante Brasil. 71-96 que nos endosaron, pero sin la menor herida y pensando en que el 3 de Julio, todo se dilucidaba.

                España abría la jornada con la misión de ganar sí o sí a Brasil, que por otra parte estaban ya eliminados. Tras la ya mencionada derrota ante México, le siguió otra ante Holanda (95-90), con lo que teóricamente, ponía la misión más fácil. Nadie contaba con que los mexicanos venciesen a los yugoslavos (de hecho, fueron los ‘plavi’ quieres barrieron por 102-59). Y si perdíamos, había otra remota posibilidad de hacerlo por menos de 7 puntos y vernos envueltos en un quíntuple empate en caso que los holandeses venciesen a Checoslovaquia (pero sin sobrepasar los 15 puntos de renta). En definitiva, había que ganar el partido y sacar el billete a Montreal.

Y ¡ay qué oportunidad se dejó perder! A los cariocas, lo de estar eliminados y cumplir el expediente no fue un desánimo, sino todo lo contrario. Jugaron relajados, a divertirse, el día en que les entraba todo. Cierto es que si España hubiese defendido como lo había hecho hasta ese momento, no les hubiésemos dado pie a aquella borrachera de canastas. El alero Setrini (25 puntos) parecía dar la alternativa a un joven que despuntaba y de qué manera, Marcel de Souza, que con una serie de 13 canastas de 16 intentos, se fue hasta los 31 puntos. Y la gran mayoría en suspensiones alejadas, culminando contragolpes por las que los españoles, sentían impotencia a la hora de defender. Luis Miguel Santillana anotó 26 puntos y Wayne Brabender, 22, dentro de un tono ofensivo bastante bueno. Pero en enfrentamientos así, que de lo que se trata es de coger una pequeña renta para ir desanimando a los enrachados brasileños, nunca se produjo. Se llegó con 44-47 en contra al descanso. 70-71 al minuto 30, y la necesaria reacción, no llegaba. Gonzalo Sagi Vela (8 puntos) estaba fundido y más que asestar el golpe, veíamos cómo nuestros rivales se iban escapando (81-86, minuto 35), sin fuerzas ni apretón de dientes final. Sin convicción, se perdió 100-109 y ni tan siquiera las últimas cábalas en caso de perder, sirvieron. Ahora sí que los mexicanos podían celebrarlo -al igual que los checos-, consiguiendo un pasaporte olímpico impensable días antes. 

El artífice de dejarnos en la estacada: el brasileño Marcel de Souza, lanzando ante Rullán y Santillana.
El artífice de dejarnos en la estacada: el brasileño Marcel de Souza, lanzando ante Rullán y Santillana.

España, con buenos encuentros pero con falta de chispa en momentos decisivos, tristona -tampoco ayudó el estar recluidos en el recinto McCaster University en un régimen disciplinario bastante férreo-, volvió para casa. Y Díaz Miguel pensó que había que afrontar una operación ‘renove’ en el Equipo Nacional. Fue la última convocatoria para vacas sagradas como Clifford Luyk, Cristóbal Rodríguez o Jesús Iradier. Al año siguiente, una nueva hornada con chicos que despuntaban, como José María Margall, Juan De La Cruz o Vicente Gil desembarcaban en un primer paso hacia un futuro…que era difícil e incierto imaginar en aquel verano de 1976.

Para ver lo que sucedió en el torneo olímpico de Montreal, pinchad aquí.