PREOLÍMPICO SUIZA’80

PREOLÍMPICO SUIZA’80
En una Selección cargada de jóvenes, el boicot dio un último empujón

Antonio Rodríguez

En una Selección cargada de jóvenes, el boicot dio un último empujón

En Endesa Basket Lover iniciaremos con este primer capítulo, un viaje por los torneos preolímpicos en los que España se ha visto involucrado. Suiza, en mayo de 1980, supuso la puerta a la confirmación de una generación que prometía. Y no nos equivocábamos. Pasando apuros, la cita de los Juegos Olímpicos de Moscú parecían llegar pronto para esta generación, aún con 21 años. Y todo pasaba por la travesía entre Lucerna y Ginebra, entre días de radiante sol y sobre todo, la lluvia fina que caló muchos días, incluso a nuestro juego

Suspensión de Juan Corbalán en el encuentro debut frente a Hungría.
Suspensión de Juan Corbalán en el encuentro debut frente a Hungría.

La incertidumbre por el boicot de algunos países era algo que parecía cristalizar poco a poco. La llamada a la renuncia deportiva de Estados Unidos para estos próximos Juegos, tras la “invasión al pequeño país soberano de Afganistán por parte de la Unión Soviética” que anunció en televisión Jimmy Carter, se suponía que sería secundada por una serie de países aliados. Pero al 6 de mayo, día de inicio del torneo, todo eran noticias sin ninguna confirmación aún. Por lo que mejor era abstraerse de todo aquello e intentar ganar una de las tres plazas que otorgaban la clasificación. 20 participantes divididos en 4 grupos, con la salvedad que tanto la URSS, en calidad de organizador, como Yugoslavia, por ser campeones del mundo, estaban exentos de esta competición.

La primera parada, Lucerna, nos emparejaba junto Hungría, Gran Bretaña, Polonia y Finlandia y dos plazas para pasar a la siguiente fase. Como puede uno aventurar, emociones por todas partes. Debutar ante Hungría (97-50), resoplar -no de agobio, sino de aburrimiento, que tocaba día de descanso- y seguir ante Gran Bretaña (125-63) daba pie para alucinar un poco con el escenario y contar chismes alrededor del baloncesto español. Y es que, desde la llegada de todas las selecciones, no había previsión de utilizar el pabellón hasta 24 horas antes del inicio del evento, con lo que había que buscarse la vida. En las pistas al aire libre -asómbrense- de un colegio hubo que entrenar en las primeras sesiones, hasta que la generosidad de un equipo de tercera división -recalcamos: 3ª División…suiza-, nos otorgó el privilegio de usar sus instalaciones, un pabellón con su techo y su parquet. 

Tapón de Kos a De La Cruz. Los pívots checos fueron demasiado para los nuestros.
Tapón de Kos a De La Cruz. Los pívots checos fueron demasiado para los nuestros.

En estos primeros entrenamientos, ya se veía que el problema de nuestro pívot titular, el madridista Rafa Rullán, con una bursitis que le provocaba dolores en su tobillo y le impedía jugar, se iba agravando, con lo que un joven inexperto Fernando Romay, casi debutante, debía lidiar como titular a lo largo del torneo, pues era Santillana el único relevo al mencionado Romay y De La Cruz. Estos, junto a Epi, Brabender y Corbalán formaban el quinteto más repetido que Antonio Díaz Miguel solía poner en liza. La Selección fue la siguiente:

La baja de Juan Manuel López Iturriaga (exámenes) y el tardío permiso para que Chicho Sibilio pudiera ser alineado con la Selección Española por primera vez -sí estaba previsto ser convocado en caso de clasificarse para los Juegos de Moscú-, dio entrada a José Luis “Indio” Díaz como novedad, uniéndose a los componentes de la generación “del Roseto” que debutó con 20 años ya con la selección absoluta en el Eurobasket turinés del anterior verano, los Llorente, Epi y Romay.

                La que fue nuestra bestia negra durante tantos años, Polonia, volvió a claudicar (104-81) y finalizar esta fase ante Finlandia (107-92) bastante más relajados y utilizando mucho más los hombres de rotación, para embarcarse rumbo a Ginebra, dejando el pequeño pabellón de Lucerna (donde la media por partido pudiera ser de… ¿200 espectadores?), por el flamante Patinoira de Vertens, con su aforo para 8.000 espectadores (y de mal recuerdo posterior para los aficionados azulgranas, pues allí perdió su primera final de Copa de Europa ante el Banco di Roma). Se empezaba a jugar la clasificación, junto a los clasificados Alemania, Italia, Polonia, Francia, Checoslovaquia, Suecia e Israel.

Juan Antonio San Epifanio volvió a consagrarse en este campeonato.
Juan Antonio San Epifanio volvió a consagrarse en este campeonato.

El debut ante Alemania fue fantástico (85-59). Con el liderazgo de Wayne Brabender con 21 puntos (nuestro líder absoluto en anotación, que promedió 29.3 puntos en la fase previa), se vio secundado nuevamente por Epi, con 15. Y es que Juan Antonio San Epifanio en su segunda convocatoria con la Selección, con 21 años, ya tenía tales galones como para promediar 19.5 puntos en la primera fase y reivindicarse como el anotador trabajador y compulsivo que fue durante 16 años en la Selección absoluta. Se hizo un intento de reaparición con Rafa Rullán, pero a los pocos minutos se pudo ver que no estaba en condiciones.

Y bien que se le echó de menos al día siguiente, frente a la poderosa Checoslovaquia: Skala, Kropilak y Kos eran demasiados y demasiado pívots para lo que contábamos, un imberbe Romay y el siempre batallador Juan De La Cruz. Que se empezara muy bien (24-13) ya se vio raro con una escasísima anotación al descanso (39-39), con muchos problemas, sin la clarividencia habitual en Corbalán ni tampoco de Solozábal desde el banco. Pero se mantenía la igualdad (empate a 49 a falta de 11 minutos) e incluso con la entrada de Luis Miguel Santillana en partido, dando descanso a Romay, se pegó un arreón (58-51) que no sirvió de mucho, pues a partir de ahí, encajamos un parcial de 4-16, para encarar un 62-67 en los últimos minutos. Con todo ello, lo que sentención a la Selección a falta de 15 segundos, un punto en contra y posesión checa (68-69), fue que Epi robó un balón y en el momento de pasar a Margall, éste no pudo atraparlo. 68-70 final y se sumaba la primera derrota. Al día siguiente, ante Francia, no se podía fallar.

Un joven Fernando Romay combatiendo ante Meneghin en el España-Italia.
Un joven Fernando Romay combatiendo ante Meneghin en el España-Italia.

Todos los puntos que no se anotaron el día anterior, llegaron en riada ante los franceses. Momento de inspiración o momento de compromiso absoluto en el día en que no se podía fallar. Y ahí, Wayne Brabender (40 puntos) y Epi (27) rivalizaron en un duelo digno de OK Corral junto a los franceses, la ametralladora Herve Dibuisson (32 puntos) y el nacionalizado estadounidense Brosterhous (30). Desde la primera parte en la que hubo que remontar un mal inicio (24-34 y muchos nubarrones), una agresiva defensa individual y comenzar a ‘ametrallar’ el aro rival, se llegó al descanso con 55-52 a favor. La segunda mitad fue de una igualdad suprema y a falta de poco más de un minuto, el electrónico marcaba un 97-100 en contra. Suspensión de Brabender y otro robo de Epi en la siguiente posesión como el día anterior, en esta ocasión el pase sí fue recepcionado por nuestro “capi”, Wayne Brabender, que con toda la sangre fría, volvió a anotar para darnos la delantera (101-100). Un error posterior francés y una canasta sobre la bocina de Manolo Flores, certificaron el sufrido triunfo español (103-100), con la consabida alegría, pues se vencía un teórico y claro aspirante a las tres plazas olímpicas.

                Poco duró la euforia, pues frente a Suecia al día siguiente, un rival con el que no se contaba, se mostraron las miserias con las que tenía que lidiar nuestra selección. Todas ellas, resumido en una palabra: el rebote. Un día aciago bajo tableros, donde ya se notaba el cansancio, con la inexperiencia de Romay (y pocos minutos de juego), con De La Cruz que tuvo más acierto de cara al aro (19 puntos) que atrás y con Santillana bregando como buenamente pudo, no fue suficiente ante los pívots Rahm (23 puntos) y Stan Feldreich, que con sus 22 puntos y 7 rebotes ofensivos, a ojos del presidente del Helios Skol zaragozano, José Luis Rubio, tomó buena cuenta para ficharle aquel verano. Rebotes ofensivos, segundas opciones de tiro de manera permanente, que nos abocaron a una derrota que se maquilló al final (86-87). Complicarse la vida, sobre todo porque al día siguiente lidiábamos con la selección más potente: Italia. 

27 puntos y 14 rebotes de Juan De La Cruz en la despedida ante Israel.
27 puntos y 14 rebotes de Juan De La Cruz en la despedida ante Israel.

Con Italia, directamente no se tuvo en ningún momento opción de victoria: 79-93, llegando a la veintena de desventaja en varios momentos. Nos presentamos en la última jornada ante Israel. Pon un lado con la obligación de ganarles (no olvidemos que eran los vigentes subcampeones europeos) y por otro, esperar posteriormente la victoria de Checoslovaquia -que no se jugaba nada- frente a Francia. Si vencían los primeros, España se clasificaba. Si eran los franceses, eliminados. Y aquí entró en liza, en el momento más oportuno, el boicot.

                Raimundo Saporta, nuestro máximo dirigente -en la sombra- de nuestro baloncesto, aterrizaba en Ginebra nuevamente con buenas nuevas: no era oficial, pero ya sabía que tanto Estados Unidos y Canadá, rechazarían ir a los Juegos, con lo que a Europa le correspondía una plaza más. Con vencer a Israel, nos bastaba. Y se ganó. Fuera temores por terceros, el partidazo de Juan De La Cruz (27 puntos y 14 rebotes), que de este modo reivindicaba un gran Preolímpico, los 25 de Epi, 21 de Corbalán y 20 de Brabender en una de las mejores exhibiciones ofensivas (100-89).

                Y de esta forma, entramos a disputar los extraños Juegos Olímpicos moscovitas, donde selecciones como Puerto Rico y Argentina se unieron al boicot a los estadounidenses y canadienses, convirtiéndolos en los más europeos de la historia. Sus cuatro primeros puestos procedían del Viejo Continente. Pero eso es algo ya que nos cuenta Javier Ortiz (pinchar aquí).