¡VIVA LAS VEGAS! Cap.5

¡VIVA LAS VEGAS! Cap.5
Sobre el potencial y algunas evaluaciones

Antonio Rodríguez

Sobre el potencial y algunas evaluaciones

“Esto es real. Yo tuve un compañero de equipo extraordinariamente joven, que me preguntó cuándo teníamos descanso en Navidad. En otra ocasión, otro joven jugador me preguntaba cómo era el formato de los playoffs, que él no tenía ni idea de lo que significaba “al mejor de 5”. Desafortunadamente, hay un colectivo inmaduro que me preocupa, especialmente con algunos de los jugadores con más talento. Muchos ingresan en la NBA como niños prodigio: dotados físicamente, pero les falta cualquier concepto de lo duro que es el trabajo diario o incluso cómo funciona la NBA.

Las franquicias NBA gastan entre 50 y 100 millones en salarios anuales, más otros pocos para evaluar y desarrollar jugadores. Para un scouter o general manager, ver un proyecto de jugador en una mísera temporada de cuatro meses de baloncesto universitario, incrementa el riesgo a equivocarse sobre su potencial. La evaluación del talento es un negocio que, según palabras de Jerry West, el mejor general manager de todos los tiempos “si aciertas el 51% de las ocasiones, quiere decir que haces bien tu trabajo”. ¿Por qué deberían asumir las franquicias NBA la responsabilidad y la carga financiera del desarrollo, cuando érase una vez, las universidades asumían felizmente ese rol para ellas?”.

Las Vegas, ciudad de baloncesto en Julio.
Las Vegas, ciudad de baloncesto en Julio.

Estas declaraciones no son de alguien desconocido, ni neófito, ni aventurado. Las plasmó en una columna hace tres temporadas, el mismísimo Steve Kerr, actual entrenador de Golden State Warriors. No vamos a entrar aquí en el debate si los jugadores deben o no permanecer en la universidad. Los tiempos son los que son y estos son los derroteros que ha ido tomando el negocio del baloncesto. Lo que sí queríamos extraer de aquí es, lo difícil que supone el trabajo para el general manager de cualquier franquicia NBA, que tiene la obligación de acertar en la elección del draft, pues sus errores pocas veces se perdonan entre sus aficionados y, sobre todo, el uso que hace en varias ocasiones de la palabrapotencial”.

Miren, potencial es una palabra cada vez más ambigua en el ámbito baloncestístico estadounidense. En España, si lo tomamos como un ejemplo del baloncesto europeo, al llevarse trabajando con el mismo sistema de club desde el principio de los tiempos (aunque ahora se fichen extranjeros para su formación aquí), es menos traumático. Un chaval en la franja entre 16-19años, puede resultar atractivo. Tiene potencial. Su progresión se corta por las razones que sea, no llega a la élite de formar parte de la plantilla ACB de la que su club pertenece y acaba buscando una oportunidad en la liga LEB anhelando unirse a este carro de la élite al que estaba predestinado más pronto que tarde. Se puede conseguir o no. No pasa nada. Su club posee facilidades para fichar y no les supone una tragedia el ‘patinazo’ de su pupilo sobre su estructura de club. En la NBA, sí. Tener la responsabilidad de elegir el número 3, 4 ó 5 del draft (ya no hablamos del nº 1 ó 2), es un ramo de flores con un detonante de explosivos oculto. Si la cosa funciona y no se activa, percibirás su aromático perfume. Si no funciona, suena un ‘clic’ y puede estallar en las manos. Portland Trail Blazers, para millones de aficionados durante varias generaciones, ha sido aquel equipo que no eligió a Michael Jordan en el draft. Y por si no fuera poco, cuando esa ‘humareda’ fue pasando con los años, escogieron a Greg Oden por encima de Kevin Durant. Crucificados por siempre. Es mucha, mucha la responsabilidad. Por eso utilizan la expresión del “tiene potencial”, con lo difícil que es detectar eso, como bien escribe Steve Kerr, en un puñado de partidos durante cuatro meses. “Es que tenía un potencial…” ¿Qué vieron los Cleveland Cavaliers para elegir a Kyrie Irving como número uno del draft? Porque, ¿saben cuántos partidos jugó Irving en la NCAA, en la prestigiosa Duke? Once. Debido a una lesión, once. Siete para arrancar la temporada frente a rivales, la mayor parte flojos, más los últimos cuatro de temporada. ¿Entonces? Se basarían mucho en sus informes de high school, que con todos nuestros respetos, son competiciones entre niños. Hoy día, Kyrie Irving es un sueño de jugador. Verle jugar es enamorarse un poco más de este deporte. Acertaron de pleno con su visión de potencial. Eso sí, por cada Kyrie, hay decenas de jugadores que se quedan en mitad de ninguna parte.

Cheick Diallo y su intensidad en pista.
Cheick Diallo y su intensidad en pista.

Cuando estos chicos tienen 19 años y los profesionales de estos medios deciden elegir a un chico por “tener potencial”, damos por hecho que, como el cuento de los tres cerditos, el lobo tiene que enseñar la patita por debajo de la puerta. Al menos, la patita. Y a diferencia del cuento en la que se tiznó de harina blanca, aquí existe una amplia gama de colores. En Endesa Basket Lover les vamos a exponer varios ejemplos de chavales elegidos en este draft, que vista su actuación aquí, en Las Vegas, dan para colorear la paleta del pintor-dios que fue otorgando la virtud del “potencial”.

Cheick Diallo, 2ª ronda del draft (número 33), que ha recalado en New Orleans Pelicans, en su única temporada en la universidad de Kansas, ha tenido los escalofriantes promedios de 3 puntos y 2.5 rebotes por encuentro. Rara vez superaba los 15 minutos por partido. Sin embargo, en Las Vegas estamos viendo un ala-pívot de 2.05 de estatura, con unas condiciones físicas envidiables, con una longitud de brazos interminable (2.23 de envergadura) y sobre todo, con un hambre por hacer cosas, que optimiza y eleva a la enésima potencia esas virtudes físicas tan privilegiadas. Su hiperactividad en pista es fascinante. Está en todas partes: rebotea, acude raudo a los dos contra uno defensivos, corre la pista para recibir -y recibe- en contragolpes, porque tiene excelentes manos. Un buen ramillete, producto de su intensidad. Pues este chaval de 19 años ya nos ‘enseña la patita’. De baloncesto sabe poco. Pero si demuestra por aprender el mismo hambre que tiene evolucionando en la pista, promete. Porque una cosa que sí me encandila es que no comete errores. No se vuelve loco en acciones de las que poco en claro puede sacar: pone bloqueos con contundencia, atrapa pases bombeados y me encanta cómo fija el pie de pivote con descaro en el suelo, para que no haya la más mínima duda que no hay pasos, ¿eh? Aun llegando en carrera y recibiendo, cuando cae al suelo del salto, ‘taladra’ el parquet con un de ellos y gira sobre ese eje, sin arrastrar la zapatilla un ápice. El chaval escucha, presta atención… Puede pasar de todo, pero el muchacho promete.

Skal Labissiere, mucho talento en sus manos.
Skal Labissiere, mucho talento en sus manos.

Otro caso de los de ‘enseñar la patita’ por su físico para meterle en el cuarto del “tiene potencial”, es la elección nº 27 de 1ª ronda del draft, por Toronto Raptors, Pascal Siakam. Con una estatura similar a la de Diallo (que, a propósito: se pronuncia tan sencillo como “Dialo”. Ni “Daialo” ni cosas raras. “Dialo”, “Dialo”. Tal cual), este alero procedente de la universidad de New Mexico State, que en contra de todos los que mencionaremos en este post, es el único con dos años de permanencia en la universidad, está algo más pulido técnicamente que Diallo. Con esas, su muestra física, su mentalidad de guerrero absoluto sobre la pista, la manera de ir al rebote ofensivo con la convicción con la que lo hace, tocar la cantidad de balones que toca en defensa y su en-continua-progresión suspensión, hace pensar que Toronto debe pulir muchas aristas, pero tiene pinta que vale la pena trabajar con él.  

                Cambiemos de gama de colores. Los que se tiznan ‘la patita’ con un tono más reluciente. Ayer hablamos de Kyle Anderson, jugador de enorme talento técnico a cámara lenta, definiéndole como el baloncesto en sí. Bien, pues otro chico de características semejantes (con un poco mejor físico, eso sí), que embauca al personal por sus gestos técnicos, es el ala-pívot Skal Labissiere, elegido el número 28 por Sacramento Kings. Cuando se proyectaba como un hombre de lotería y ha caído tan abajo en primera ronda, alguna suposición desfavorable hay. Puede ser su capacidad competitiva, puede ser que aún es liviano y no muy atlético para ser ala-pívot, cuando sus 2.10 dictan que debe serlo (no le vemos como un alero, francamente). Pero lo que hemos visto en Kentucky esta temporada, lo está lacrando en Las Vegas. La cantidad de cosas que puede hacer en pista, botar, tirar en suspensión, unos contra unos con reversos perfectos, nos encandila. Nos parece una joya técnica, cuyos condicionantes mentales (competitividad, dureza) serán los que dicten su futuro. Pero si hablamos de apostar por el potencial, hacerlo por la calidad técnica, es una garantía. Y si se falla, siempre suena a menos el fallo.

¿Por qué entonces, un jugador de similares características, como Marquese Chriss, alero o ala-pívot de 2.07 de estatura, elección nº 8 de Phoenix Suns, ha caído tan alto a diferencia de Labissiere? Por dos razones: Chriss es un jugador que atléticamente le pudiéramos colocar en el primer grupo como jugadores con tales privilegios atléticos, que el potencial futuro emana por ahí. Pero también intuimos algo en la apostilla que hemos hecho al principio: “alero o ala-pívot”. Chriss, procedente de la universidad de Washington, tiene una coordinación y rapidez en sus pies, que le podrán permitir jugar como alero en un futuro (por lo que, los temores de algunos de ser un bluff, al menos por compararle con Tyrus Thomas, están infundados por esta circunstancia), al margen de un tiro en suspensión que se intuye decente. Esa polivalencia es oro para un futuro. Eso sí, a los Suns no les asusta el trabajo, ya veo, porque a Chriss le falta de todo. No sabe ni posicionarse en la pista. A veces le ves “al hueco”, a veces le ves que se desplaza a un sitio donde hay otro compañero y se ‘monta el pegote’, con los dos juntos. En defensa puede denegar un lado a su defendido, como le concede descaradamente el otro -que el rival aprovecha, claro-. Es mucha la tarea que tienen con él, como también es muy corta su edad: 19 añitos. Necesita de mucha cabeza para entender y muchas horas de entrenamiento. Lo segundo, claramente lo tiene.

La capacidad atlética de Marquese Chriss
La capacidad atlética de Marquese Chriss

Seguimos: otro de Toronto Raptors. Concretamente su elección nº 9 de 1ª ronda y nos salimos de la norma, pues este cumplió dos años en college: el pívot austriaco Jakob Poeltl (y vamos nuevamente con las pronunciaciones. Los americanos a este chico lo pronuncian como “bottle”, pero con “p” en vez de “b”. Algo así como “Poutel” Suponiendo que ellos no son los más duchos en saber con exactitud cómo se lee un nombre austriaco, he acudido a mi gran amigo Paco Sañudo, un ‘referente’ en la sombra del baloncesto español (ya les contaré algún día), nacido y criado en Alemania, y escuchando su pronunciación, es algo muy semejante a “Peltel”. Que la “ö” germana (“oe” escrito en nuestro alfabeto), se acerca mucho a una “e”. Pues para no liarnos, tomaremos la decisión de llamarle “Peltel”). ¿Qué condiciones técnicas gustan de este jugador de 2.14 de estatura? Pues que es pívot, pívot y juega como un pívot, pívot. Olvídense de aquellas declaraciones personales que decía parecerse a Pau Gasol. Ya quisieran sus pies ser como los del tipo de Sant Boi. Sin embargo, sí que es capaz de decidir en poste bajo, tiene movimientos de ello, buen gancho en suspensión y sabe pasar el balón desde ahí, al margen de una decente suspensión. Y el jugador parece duro. En definitiva, todo eso que la NBA cada vez tiene como bien más escaso. Un repertorio de dos años en la universidad de Utah, que bien vale una posición tan alta en el draft.

                Y para acabar, expondré dos casos que me resultan enigmáticos, puesto que su potencial futuro me está costarlo verlo un poco más. No percibo algo que destaque claramente en el resto como para su fama y sus elecciones. El primero es el escolta Jamal Murray, elección nº 7 del draft, por Denver Nuggets. Y aunque digo escolta, en Las Vegas está oficiando como base y con toda probabilidad, será así a su paso a profesionales. Cuando dirige tiene controlados a todos sus compañeros, sus movimientos y el lugar que ocupan en pista. Es terriblemente rápido para penetrar y doblar. Su tiro en suspensión, entre un rosario de errores, del que exceptuamos su último encuentro, 17 de 48 en sus primeros tres choques de Summer League, parece inconsistente. Es cierto que el tiro es lo que menos debe preocupar, porque eso es lo que más claramente se consigue con los años. Sin embargo, tengo mis dudas que acabe siendo un base anotador claro, o un buen jugador de dos contra dos (pick&roll). Aunque su defensa sea flojita, Denver Nuggets es especialista en ver talento en estos jugadores pequeños que puede que no salga a las claras en un principio. Dejaremos pasar el tiempo.

                El otro, me toca más de cerca -como aficionado a los Celtics que soy-, por ser su sorprendente elección nº 3 del draft, Jaylen Brown. Este alero de dos metros procedente de la universidad de California, algo ha tenido para encandilar a Danny Ainge. Se habla de un alero atlético, muy bueno a campo abierto, con el problema de un tiro en suspensión aún flojo. Y la cantinela de jugador atlético, dentro de lo que está siendo esta Summer League -ya no hablo de la propia NBA-, es de un jugador de perfil medio. Por supuesto que atlético, pero comparado con los especímenes que circulan por ambos pabellones estos días, no es para destacarlo como algo portentoso, como puedan tener Jerami Grant, Larry Nance Jr., Kay Felder o Kelly Oubre Jr. Su primer paso está bien, sí, y luce en contragolpe. Pero, ¿quién no luce aquí cuando les da por correr? Me preocupa más su dominio del bote, que no llega a la excelencia que se requiere en NBA. Lo que sí veo es un chaval muy sensato a la hora, por ejemplo, de pasar el balón en las transiciones rápidas a la que nos referimos. Pases precisos y sin artificio. Que utiliza recursos y su cuerpo para proteger el balón al driblar, cuando intenta irse de su rival en uno contra uno, buscando reversos (que le gustan y los hace muy bien). Que sin ser un notable saltador en vertical, no entra como loco en busca del aro sabiendo que se puede llevar un tapón o forzar un mal tiro y sí lanza tiros en suspensiones cortas, por elevación, para evitar esa carencia y posibles tapones, con buena efectividad.  

El problema le pudiera venir por la presión añadida que supone ser un nº 3 del draft. Que los aficionados célticos somos muy puñeteros y exigentes. Y en Boston, más aún. Yo lo que sí veo, es un chico cabizbajo en muchas ocasiones. Que no sé si es un estado de ánimo por no tener el acierto que pretendía en esta liga de verano, o porque es un rito (que en la universidad de California, también lo hacía). En un jugador que hablan de ser buen tipo, inteligente y sensato, no debiera sentir esa presión añadida. Y que su potencial, hable por él.

La gran apuesta de Boston, Jaylen Brown.
La gran apuesta de Boston, Jaylen Brown.

QUÉ NO DEBES HACER EN LAS VEGAS: Por favor, eviten el tumulto de los famosos. Explicamos: en el Cox Pavillion, el pabellón más pequeño, tiene dos puertas de acceso (de continuo acceso. ¡Qué trasiego!). Una puerta que comunica a una grada, la que habitualmente se utiliza y que está posicionada justo enfrente de las cámaras de televisión y la otra puerta que da acceso a la grada que desde televisión apenas vemos, se abre justo un minuto antes de iniciarse el encuentro. Esto tiene una explicación lógica: se pretende que los aficionados vayan a los asientos de enfrente, para que los pueblen lo más posible y que las gradas luzcan con público, de cara a televisión. Pues la de la puerta abierta-un-minuto-antes, suelen ser los graderíos donde se reúnen todas las celebrities y caras conocidas: ex jugadores, ex entrenadores. Allí todos se saludan y charlan. Y antes de sentarse, lo suelen hacer ya en el estrecho pasillo entre los banquillos y la primera fila de asientos, porque ya ahí les detienen. Como hayas tenido la ocurrencia de estar en tal graderío y pretendas bajar a pista para ir al baño pasar por ese pasillo a pie de pista, ya puedes armarte de paciencia en sortear esos corros de charla improvisada entre el famoseo. Y es que, decir a Pat Ewing o Larry Johnson que se aparten, aunque solamente sea un poquito, para que puedas circular, da bastante cosita.