COPA DEL MUNDO U17 (II)

COPA DEL MUNDO U17 (II)
Estados Unidos convertía sus partidos en “La noche americana”

Antonio Rodríguez

Estados Unidos convertía sus partidos en “La noche americana”

Animosos, solidarios, respaldados por un amplio grupo de familiares en las primeras filas de gradas, la notable selección de Estados Unidos que aterrizó en Zaragoza, indudablemente dejará huella en el baloncesto de la capital maña. Debiera. Tras derrotar de manera aplastante en la final a Turquía (96-56), todos los testigos, televisivos y presenciales en directo, éramos conscientes que el baloncesto practicado por los americanos, la capacidad para rectificar y pisotear cualquier aspiración rival, era como para encumbrarles sobre algo grande. A corto plazo, un pódium para colgarles la medalla de oro. A largo, ya veremos.

La Selección de Estados Unidos, oro en Zaragoza (Foto FEB).
La Selección de Estados Unidos, oro en Zaragoza (Foto FEB).

Llegó una muy buena selección con las mejores expectativas y así las cumplieron. Su entrenador, Donald Showalter, siguió el guion de más solera en su país cuando se enfrentan a selecciones “internacionales”. Guion de barrica vieja, que en categorías inferiores sigue funcionando a la perfección: fuerte defensa, presión con la misma intensidad y de manera simultánea tanto al balón como a las líneas de pase y como consecuencia de tales beneficios, velocidad para anotar bandejas fáciles. Rivales que acaban haciendo lo que buenamente les dejan por regla general, garabatos técnicos y tácticos muy diferentes de lo que la pizarra les ordenaba inicialmente. Los turcos en la final, se jugaban suicidas entradas a canasta para no dar un pase más ante el riesgo de perder el balón, pívots botando a siete metros del aro por no encontrar ninguna opción a soltarla o triples desesperados antes de agotar la posesión. En eso se resumió su actuación.

Adelantándose los europeos en los primeros 3 minutos con un 2-8 en el electrónico, el que al descanso se llegase a un 50-20, 14 puntos en más de 17 minutos, dan una ligera idea de la pesadilla que pudo ser aquello para los otomanos. Su estrella, el alero Onuralp Bitim, habituado entre este tipo de jugadores (juega y cursa sus estudios actualmente en la Huntington Prep High School, en West Virginia), era incapaz de finalizar una jugada con éxito, enrevesado en multitud de botes y cambios de ritmo inoperantes. A la movilidad y agresividad que encaraba, uno nunca se acostumbra. Quizás el equipo USA tuvo dudas y gestos de no entender mucho a lo que se enfrentaban, en cuartos de final frente a Corea del Sur. El baloncesto asiático era algo que nunca habían encontrado previamente y tiraron de rebote ofensivo y correr tanto con los rivales. Y así llegaron a los 133 puntos, con su adversario en 81, máxima anotación en contra.  A nivel general, tenían de todo. 106 puntos de promedio, 61 puntos encajados.

Observen la posición defensiva de Collin Sexton, MVP de la Copa del Mundo (Foto FEB).
Observen la posición defensiva de Collin Sexton, MVP de la Copa del Mundo (Foto FEB).

Individualmente, vimos chavales que son carne NBA. Algunos, pinta de estrellas NBA. Miren la lista de los MVP’s de esta Copa del Mundo desde su creación en 2010 (que se disputa cada 2 años): Bradley Beal, Jahlil Okafor, Malik Newman (que tras su temporada freshman en Mississippi State, ha decidido ser transferido a Kansas) y ahora, Collin Sexton. Un base, al igual que un puñado de elegidos en la NBA, que por si por la tele impresionan, a pie de pista fascinan. Procedente de la Pebblebrook High School, en Georgia, ahora mismo tiene declaraciones de intenciones públicas de reclutamiento de: Alabama, Arizona, Cincinnati, Florida, Florida State, Georgia, Georgia Tech, Iowa State, Kansas, Kansas State, Oklahoma State, Old Dominion, Ole Miss, Seton Hall, Texas, Texas A&M, Texas Tech, Tulane y Central Florida. Casi nada.

¿Cómo definimos a este base de 1.90 (que contarán su peinado afro, porque no creemos que los mida)? Pues con un clip, una jugada: un balón que roba y sale corriendo como si le persiguiera el mismo diablo para detenerse en seco delante de un rival -pero en seco, ¿eh?-, volver a arrancar para irse de él por velocidad y acabar en una entrada con la izquierda, teniendo piernas suficientes como para clavarse también a tres metros y lanzar dulces suspensiones. Y anotar, por supuesto. Fíjense en la pose defensiva de la fotografía. ¿Quién flexiona así las piernas? Pues virtuosos. Capaz de finalizar “alley-oops” que fueron el deleite de las gradas, rápidamente se erigió en el MVP que mandaba al ritmo que necesitaban los suyos. Espíritu de líder que llegará muy lejos. Le queda una temporada en el instituto para elegir universidad.

Kevin Knox, la verdadera joya de los yankees (Foto FEB).
Kevin Knox, la verdadera joya de los yankees (Foto FEB).

Aunque, por condiciones físicas y técnicas, el jugador al que más recorrido vemos para la NBA, es el alero de 2.05, Kevin Knox, de Tampa Catholic High School. Y si echamos un vistazo las ofertas de reclutamiento que tiene, se entiende. Entre la inmensidad que tiene, están Alabama, Arizona, Duke, Florida, Florida State, Georgia, Kansas, Kentucky, Louisiana State, Maryland, North Carolina, North Carolina State, Syracuse y Villanova. ¿Nos queda alguna entre las mejores del país? Pues eso.

Knox tiene la gran ventaja de ser un chico que desde claras posiciones exteriores, en los últimos años ha crecido una barbaridad, hasta estos 2.05 oficiales. Y posee una técnica individual de escolta y con una pureza envidiable. Para que se hagan una idea, sus movimientos recuerdan a los de Rudy Gay, pero en sensato. Buen tiro exterior, suspensiones a la media vuelta desde una altura quimérica, rapidez y lateralidad…un sueño de chaval, que solamente tiene ¡16 años! (nacido en el 2000). Aunque es ‘clase 2017’ para ser reclutado en la universidad, es de los que dentro de 5, 10 ó 15 años podremos decir “éste pasó de crío por Zaragoza”.

El resto de bases eran rapidísimos (Immanuel Quickley y Markus Howard), Javonte Smart es el alero perfecto para correr, para incrementar un ritmo vertiginoso al juego, haciendo pareja con Gary Trent Jr. Efectivamente, es el hijo del ex alero de Dallas Mavericks. Muy diferente en su constitución, el hijo es un escolta-alero de 1.95, delgado, buen tirador, con una facilidad para entrar, chocar con el rival y lanzar suaves tiros contra tabla -que entraban-, pasmosa. Delicado en sus acciones, puede ser otra bomba en el futuro.

Gary Trent Jr., excelso escolta de gran futuro (Foto FEB).
Gary Trent Jr., excelso escolta de gran futuro (Foto FEB).

Los Brown, buenos y finos aleros, tanto Troy -principalmente- como Jared, dejando a Carte’Are Gordon y su enorme potencia física, digamos que su “Anthony Bennett” particular. Y en los pívots, Wendell Carter Jr., de la Pace Academy High School, en Georgia, que es requerido por Duke, Kentucky, North Carolina y Texas A&M entre otras. Es un ala-pívot que se asemeja mucho (y aquí tiro de ochenteros y noventeros) al pívot de North Carolina J.R. Reid, olímpico en Seul’88. Desde el banquillo saltaba Jaren Jackson Jr., el hijo del alero campeón de la NBA con los Spurs en 1999, con 16 añitos aún, muy alto, de brazos largos y rápido, pero con todo por hacer todavía y el tipo más alto era Austin Wiley, pívot de 2.08, fuerte, muy rápido en transiciones, cuyos padres tienen una brillante carrera en la universidad de Auburn, además que su padre es primo de Chuck Person.

Collin Sexton

Desde el banquillo, con el entrenador Donald Showalter y uno de sus asistentes, el compañero de Mike Bibby en el backcourt del campeón Arizona de 1997, Miles Simon, supieron reaccionar siempre a todas las pruebas que les sometieron. Este era un conjunto bien entrenado que supo dar respuesta a la velocidad coreana, supo leer los problemas de los bases turcos cuando eran presionados y solventar una posible “entrada de agua” frente a Lituania en semifinales, con el pick&roll central de los europeos, por dar algunos ejemplos. Estos venían a jugar y sabían hacerlo. Por ello, el recuerdo que han dejado en Zaragoza debería ser prolongado, puesto que nos auparon a un rellano muy alto dentro de la calidad que puede dar nuestro deporte.