HISTÓRICO EPÍLOGO

HISTÓRICO EPÍLOGO
El Real Madrid, campeón de liga, tras lograr 3 victorias consecutivas

Antonio Rodríguez

El Real Madrid, campeón de liga, tras lograr 3 victorias consecutivas

Piensen en el Real Madrid a trompicones, el que cumplió así las dos terceras partes de su calendario en la temporada 15/16 con la soga al cuello. Comenzar un ejercicio con el grueso -y columna- del plantel ya cansado, resoplando en el avión camino a Brasil. Resoplidos más notorios que las turbulencias del vuelo, por lo que se venía encima. Y no era ser mal agorero, ya que lo que vino, corroboró estas sombrías expectativas: ganar en Munich y al Fenerbahçe en el filo, para así poder llegar ¡al top 16! siendo los vigentes campeones de Europa. Y tirar de heroicidad para llegar a los cuartos de final de la Euroliga. 

(ACB Photo).
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Con el cartel constante que no se defendía, con el F.C. Barcelona que les miraba por el retrovisor en la clasificación de la Liga Endesa, en la porfía de asegurarse el factor cancha, que cara a las finales, solía tornarse en decisivo. Con Thompkins en el banquillo, escondiendo su rostro tímido en esas gafas de pasta, ocultando decepción cuando no iba convocado. Que “al Chacho le falta chispa y está más delgado”. Que Nocioni no era el guerrero que arrastraba a todos como la campaña anterior. Con toda la prensa aireando todo tipo de detalles, buenos y malos, porque para eso, es el Real Madrid.

Pues bien, les presentamos a los campeones de la Liga Endesa: el Real Madrid. Haciendo historia. Porque nadie ha ganado tres partidos consecutivos en una final, iniciando la serie con derrota. Había que desmentir la dinámica de las finales de otras temporadas, que esa sí que estaba enraizada. Que entre los Barça-Madrid, la canasta sobre la bocina de Perperoglou, prácticamente grababa el nombre del campeón en el trofeo. Que los azulgranas, si atizaban primero, ganaban la serie (solamente perdieron un playoff así: era al mejor de tres partidos y fue en 1985, ante el Joventut. Casi nada).  Y por momentos, en el último cuarto del choque del pasado miércoles, viendo el agotamiento extremo de los hombres de Pablo Laso, se vio que pudiera cumplirse la fuerza de la historia y que los azulgranas se llevarían la victoria en el zurrón, hacia la Ciudad Condal. Pero dos triples de Sergio Rodríguez casi consecutivos en los últimos minutos cuando los hombres de Xavi Pascual achuchaban de verdad, abrieron las puertas de Oz. Porque Pablo Laso, en el último cuarto, debía cambiar a los pívots en parejas un par de minutitos y volverles a sacar, para que descansaran. Que las ideas, claras en la pizarra, se tornaban en un pastiche de sudor y flojera en las piernas y en ideas. Porque se necesitaba de un salvador. Y es que era el Barclaycard Center, era ese público más ruidoso y entregado que nunca y había que sentenciar allí.

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F.C. Barcelona hizo un trabajo magnífico en este último capítulo. Las defensas en zona, caja y hombre, comenzar en posición zonal y al primer corte, cambiarla a individual…surtieron efecto de cara a los blancos, que siendo el equipo que menos balones perdía, en esta ocasión se volvieron mortales, porque costaba ver cómo atacar aquello y se les iban posesiones sin tirar. Eso sí, tales defensas cambiantes de Xavi Pascual tuvieron un punto débil que fue aprovechado por los hombres de Laso hasta que se nublaron las ideas por la fatiga: la bombilla, el ‘palo alto’ si hacemos un pequeño guiño en homenaje a Manel Comas, era el atajo. Un bloqueo en la parte alta de la zona, solventó al Real Madrid muchas situaciones indecisas. Tomic no salía hasta allí a amenazar en defensa. Lawal tampoco. Y el resto de la línea inferior, bastante tenía con salvaguardar las esquinas, donde los madridistas han sacado petróleo a lo largo de la serie.

Desde aquí, nos gustaría mencionar por su destacada tarea, a Ante Tomic. La cara amarga de la derrota no da resguardo para entrar en la memoria. Pero si se es justo, ha de hacerse. Tomic ha realizado una extraordinaria final y como vaticinamos en estas páginas en la previa, era más peligroso continuando bloqueo que dándole el balón en poste bajo. Entre otras cosas, porque así estaría sometido a menor desgaste, que no estar insistiendo y chocando con el rival mientras bota, hasta tener una posición. Aquí se necesitaba habilidad y manos. Y ambas cosas las tiene. Y fortaleza mental (la defensa rival fue muy dura con él) y querer ganar. Y todo eso lo ha mostrado sobradamente el pívot croata.

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El Real Madrid, por momentos claro y brillante en sus acciones, por momentos espeso y dependiente de la raza de sus estrellas, fue sorteando obstáculos. Y para ellos, su mejor ‘vallista’, fue Sergio Llull. Él fue en quien confiaban cuando el asunto era crítico. Y con raza, potencia física y determinación de campeón, de querer -y tener que ganar por obligación aquello en ese momento- campeonar, Llull echó genio y celebraba sus éxitos individuales a golpe de grito mirando a la grada, para revolucionarla aún más. El MVP, no hay nada más que decir.

Y con Nocioni nuevamente brillante en el momento de la verdad (y miren que ha tenido el freno de mano durante meses), Thompkins mostrando que sabe anotar, porque no, efectivamente, no es Slaughter, pero sabe anotar, a diferencia de su predecesor. Rudy Fernández ha tenido madurez, frialdad y muñeca para sumar a la historia. Felipe Reyes ha estado fantástico, porque cuando él anotaba, es que el sistema había funcionado (jugadas que hacían mucho daño, por cierto). Y Ayón… Bastante ha hecho Ayón para llegar hasta aquí. Anotar una canasta en el tercer cuarto, tras recibir un pase por detrás de la espalda de Llull, colocar a su equipo 4 puntos por delante (67-63) y sobre todo, el palacio patas arriba, fue lo mejor que pudo dar en un último capítulo al que llegó con la reserva, con el límite de fuerzas ya pasado desde hacía tiempo.

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Pues ya lo vieron: 91-84, con cansancio y todo, el Real Madrid superó los 90 puntos. Y quedaron campeones por segunda vez consecutiva. Que aquello de Sabonis, junto a Biriukov, Antúnez, Lasa, Antonio Martín, teniendo la compañía de Ricky Brown y Mark Simpson, ganando un título que se les resistió durante 7 años, para luego revalidarlo con Joe Arlauckas y el genial Kurtinaitis. De aquello de repetir, han pasado 23 años nada menos.

 Inversión y grandes jugadores sí, pero bajo los mandatos de Pablo Laso, este equipo ha cambiado su historia…para volver a repetirla. ¡Enhorabuena, campeones!