¡QUÉ MARAVILLA!

¡QUÉ MARAVILLA!
El primer episodio de la final, se cerró con un gran espectáculo.

Antonio Rodríguez

El primer episodio de la final, se cerró con un gran espectáculo.

Pau Ribas falló un lanzamiento de tres, una de las escasas ocasiones hasta ese momento en las que su equipo había errado (llevaban 7/11). El rebote largo para Samuels y tras dos pases más, a quien le tocaba acertar desde la esquina y en la distancia del 6.75, era a Bezenkov. Pablo Laso abre los brazos a modo de desesperación. No culpaba a los suyos, sino al tremendo acierto por parte del rival. Con porcentajes así, es complicado vencer a un rival.

Puede que esta fuese una píldora sintetizada al máximo de lo que vivimos anoche en el Palau Blaugrana. El 100-99 final muestra un festín. En todos los aspectos, no solamente anotador: la ejecución perfecta en el trabajo previo para que se llegue a puntuar de manera tan profusa. El maravilloso espectáculo que supuso el primer partido de la final de la Liga Endesa, nos hace pensar que en el mes de junio y en cuanto a finales se refiere, estamos ante las mejores de toda Europa. Ofrézcanme un Fenerbahçe-Anadolu Efes, el CsKA Moscú-Unics Kazan o el ya inamovible Olympiakos-Panathinaikos (y ponemos al primero con “k” haciendo justicia a la historia y tradición del club y de la cita). Pero repetimos, a estas alturas, cuando llegan los primeros y agobiantes calores, no hay nada como un F.C. Barcelona-Real Madrid en el Viejo Continente.

(ACB Photo).
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Maravillas tácticas también, que tuvimos ocasión de degustar, enviadas desde los banquillos. La zona 1-3-1 impuesta por Pablo Laso al inicio del último cuarto, aprovechando la hiperactividad y sobre todo el maravilloso instinto de Rudy Fernández para controlar todo el tráfico desde línea de fondo, llegando a todos los balones bajo sus ‘dominios’, nos pareció sublime. Como la vuelta al letal bloqueo y continuación de los azulgranas con Ante Tomic como eje, en una recuperación por parte de Xavi Pascual de tan rentable jugada para ellos. En esta ocasión, junto a un jugador que lo hace todo especial: Juan Carlos Navarro.

Y así comenzó el encuentro, con este ‘matrimonio de conveniencia’: un 11-2 de parcial con Navarro creando, pasando, dominando el cómo y el cuándo, para que el gigante croata (14 puntos y 8 rebotes) se erigiera nuevamente como la pieza angular sobre el dominio al rival. Una ejecución que al aficionado le encanta o detesta, dependiendo de los colores a los que apoye, pero ambas sensaciones con una misma raíz común: su perfección.

En esto que, a modo de contestación, salta Rudy Fernández desde el banquillo para endosar dos triples consecutivos, en este trance de Playoff (el de jugar para ganar), que está pasando el escolta balear. Y donde los azulgranas instauran su campo de batalla, la zona, con el silencioso Stratos Perperoglou anotando y cumpliendo en el momento de la verdad, retoma el Real Madrid con Gustavo Ayón y la puesta en escena de Felipe Reyes. Final del primer cuarto: 22-22. Promete.

Fascinados por todos los frentes que presenciamos. Porque ahora el turno ahora le correspondía al ‘Justin fever’. ¡5 triples de 6 intentos de Doellman! en la primera mitad, 15 puntos del hombre más determinante ante el Real Madrid a lo largo de esta temporada. Laso exige que si Thompkins o Reyes no llegan hasta la distancia donde lanza el rubio ala-pívot, tienen que llegar. Porque les está yendo la vida en ello (31-26). Pero el banquillo blanco aguanta (anotaron 66 de los 99 puntos). Brilla Jaycee Carroll, arrancando tras bloqueo, para lanzar triples, para entrar a canasta (máximo anotador de la noche, con 21 puntos). Y el Real Madrid vuelve a tomar el dominio en ese extraño territorio en el que se encuentra más cómodo, entre los pitos y la presión del Palau: 47-48 al descanso y Andrés Nocioni que se retira a los vestuarios sonriente y confiando de lo que pueden alcanzar, de todas esas historias que dicen del primer encuentro en una final a cinco partidos y demás cuitas.

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En el tercer cuarto, Pablo Laso presencia con regocijo en la primera jugada defensiva de los suyos, las claras instrucciones dictadas en el vestuario: al bloqueo y continuación de Navarro y Tomic le fuerzan a que se produzca dos metros más atrás a lo visto en la primera parte, y cuando recibe Tomic, está muy alejado de la canasta. Se pierde efectividad, ya no es lo mismo. Con fortuna para ellos, la jugada finaliza con el acierto a una suspensión muy forzada de Perperoglou. Pero en la siguiente posesión, Tomic se inventa un pase certero para el griego. Y en la siguiente vuelven a su ‘aura habitual’, anotando Ante Tomic con un catón tan bien escrito, que un mate sobre la estampa de Ayón, se convierte en una de las acciones más espectaculares del partido.

Solapándose las benditas artimañas de ambos conjuntos, Sergio Rodríguez saca de la chistera acciones positivas y canastas, una asistencia para que machaque Jeffery Taylor, para seguir acallando al público que apoya, a pesar del calor ya habitual en el recinto por estas fechas: 51-54 para el Real Madrid.

Como los capítulos de un buen libro, Jaycee Carroll se marca dos triples para empatar a 69, igualando la buena aportación de Tomas Satoransky, jugando a tener espacios, a decidir en uno contra uno. Final del tercer cuarto: 80-75.

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Un triple de Rudy Fernández en contragolpe, produce el vértigo de un 0-9 de parcial y un 82-84 a falta de 07:47. El calor comienza a ser sofocante. Samardo Samuels se hace más grande de lo que es, fuerza un tiro adicional a una canasta suya, Satoransky ayuda, a lo que contesta Llull. Piensen ahora en la irregularidad del F.C. Barcelona en la Euroliga durante las estaciones anteriores, en los cansancios del Real Madrid cuando ni llevaban un mes de competición, en todas las penurias de ambos. Recuerdos que los jugadores en pista no tienen en sus cabezas, ni por lo más remoto. Debían llegar a este momento y lo han hecho en el mejor estado. Los fuegos artificiales del talento se exponen en toda su majestuosidad. Son F.C. Barcelona y Real Madrid, los reyes del mes de junio, ya saben.

Una gran canasta de Sergio Llull sitúa el 89-92 a falta de 04:21. Brad Oleson roba un balón a un mal pase -fatiga- de Llull y en la bandeja, recibe un tapón de Jaycee Carroll, que muestra una mejoría en defensa palpable en estos últimos años. Y todo ello, porque en momentos antes Juan Carlos Navarro volvió a sacar tajada del dos contra dos junto a su pareja ‘de conveniencia’ Ante Tomic, sumando a la canasta en una penetración, una falta personal sobre Llull. Y es que es tal el pánico al pase de Navarro, que su entrada sorprendió por unos instantes el gran atleta criado en Mahón. Esa es su grandeza.

Y llegamos al final, con Gustavo Ayón enorme, anotando y recibiendo incluso un golpe de su compañero Rudy Fernández, en una atmósfera del ‘lo que sea para anotar’: 98-99 a falta de 14 segundos. El Real Madrid defiende la última y decisiva posesión de los azulgranas. Otro tapón de Ayón sobre Navarro expulsa el balón de la amenaza de la derrota, aunque en el ímpetu de él junto a dos compañeros de atenazar el balón, éste bota en la línea, otorgando la posesión a los locales. Restan tres segundos.

(ACB Photo).
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Y el regalo final. La táctica, la sangre fría, el talento para esto. El ex jugador y ex entrenador del F.C. Barcelona, Joan Montes, recordaba con cariño aquel Juan Carlos Navarro niño, muy niño, alfeñique orgulloso que pese a sus carencias físicas, mostraba chulería al entrenador a sus mayores glorias ofensivas: “Me decía que ahora las metía ‘así y asao’. Pero yo le picaba diciendo que seguía sin defender, que eso no me valía. No se me ocurría mostrarle preferencia hacia él, pero ya era asombroso lo que hacía”. Anoche, todos pensábamos que Navarro, tras sacar de fondo, saldría hacia fuera para recibir el balón en la línea de tres y jugarse el tiro exterior. Casi nadie intuíamos que haría un pivote para despistar a Llull, volver por línea de fondo, recibir el balón y encarar a Nocioni y Ayón. El talento y el desparpajo del niño, 25 años después, también muestra la generosidad y el instinto ganador para dar un último pase a Stratos Perperoglou, que anota sobre la bocina final, otorgando el triunfo a su equipo (100-99) y el 1-0 en esta eliminatoria final. Juan Carlos Navarro glorificó una vez más el baloncesto, con su expresión simple del pase. El día que el anotador compulsivo se convirtió en el pasador y creador de sueños a los suyos.

Un maravilloso encuentro en esta final de la Liga Endesa. Parafraseando al gran Quino Salvo: “Neno, pues tengo cuatro más”.