DIOS MITOLÓGICO DE HOY

DIOS MITOLÓGICO DE HOY
Bourousis volvió a llevar a los suyos al Olimpo del que procede

Antonio Rodríguez

Bourousis volvió a llevar a los suyos al Olimpo del que procede

Pasear por las calles de Vitoria estos días, suena a festín. Los casi extravagantes 30 grados de temperatura en estos lares que inundan la capital alavesa, dan para impartir clases a los pies del monumento a la batalla de Vitoria, en la plaza de la Virgen Blanca, con profesores aventurados que sacan de las aulas a su inquieto alumnado de bachillerato. Su casco antiguo muestra en algún que otro edificio municipal y muchos balcones de viviendas, banderas blanquiazules que rezuman orgullo por el Deportivo Alavés recién ascendido a Primera División. A partir del jueves por la mañana, les acompañaban alguna que otra bandera baskonista, simbología arraigada en la urbe.

(ACB Photo / I. Martín)
(ACB Photo / I. Martín)

“Hubo un momento en que la eliminatoria cambió para nosotros, camino hacia una muerte irremediable” me confesaba un periodista deportivo vitoriano. “Con el mate fallado de Darius Adams, parecía nuestro fin de temporada”. El inicio del último cuarto en la tercera entrega de la eliminatoria semifinal entre Laboral Kutxa y F.C. Barcelona Lassa, daba una desalentadora imagen local de 45 puntos en los tres primeros períodos (45-54) y cuyos tres máximos anotadores, exceptuando Bourousis, estaban enclavados en 5 pírricos puntos cada uno. Pero algo cambió en la sequía anotadora desde el minuto 30 al 33 a la que se vieron abocados ambos contendientes -sumaron 2 puntos tan sólo, 45-56- en tal periplo. Davis Bertans anotó un triple, rompiendo una horripilante racha de 1 de 9 hasta ese momento en la serie. Mike James provoca 5 puntos consecutivos, incluido un tiro adicional a una falta recibida…y aquello ya levantaba al pabellón y tenía otros tonos en la sufrida parroquia vitoriana -que nunca perdió la fe-. Si el pecoso base, hasta ese momento llevaba 4 puntos y acabó con 17, si el mencionado Bertans anotó otro triple más en momento crucial (empate a 74 a falta de 12 segundos), si Tornike Shengelia, ese que aún no está a tono, se encargó de capturar todos los rebotes defensivos tirando de talento físico a fallos azulgranas, que iban perdiendo la brújula, sumemos, sigamos sumando todo, para que nos condujera al final que presenciamos.

(ACB Photo / I. Martín)
(ACB Photo / I. Martín)

“A partir de la canasta de Bourousis, ha empezado una nueva eliminatoria”. El periodista que daba por muerto al club que cubre habitualmente, intuye con nitidez un cambio de rumbo, hasta el punto de ver nacer una nueva historia en la semifinal. Los últimos segundos del tiempo reglamentario dieron para pensar eso, por supuesto. Que Velimir Perasovic situase a Illimane Diop en cancha para que saltase a puntear cualquier tiro con sus interminables brazos y que Shengelia protegiera el posible rebote, no impidió que Tomas Satoransky lograra una de las canastas del año a falta de 9 décimas para el final. Shengelia, que es sustituido y la toma con un soporte acolchado de uno de los sponsors de la liga, maldiciendo el dicho del “tanto remar para morir en la orilla” (perdían 74-76), no se percató en mitad de su furia, que su camino al banquillo provocaba la entrada nuevamente de Ioannis Bourousis.

(ACB Photo / I. Martín)
(ACB Photo / I. Martín)

Ioannis es griego. Y su barba, la que le da marchamo de dios mitológico, no es tan poblada como la que cualquier pintor renacentista fantaseaba en sus cuadros, para hacernos ver que Ioannis es un dios, pero actual. Que la mitología del baloncesto da para todo tipo de finales y en algunos casos, no todos felices, como la Final Four berlinesa. Pero Bourousis actuó allí como un Ares, dios de la guerra, por la brutalidad -deportiva- para dominar a Udoh y Vesely. Y que en Vitoria, en las semifinales de la Liga Endesa, a falta de 0.9 segundos para el final, saltaba a cancha. Que había sostenido en todo momento el desacierto colectivo de sus compañeros (18 puntos en los tres primeros cuartos), que logró nada menos que 6 triples de 9 intentos, que enmarcó sus estadísticas con 32 puntos y 10 rebotes. Eso y la jugada final. Cierto es que se apoyó en un bloqueo de Bertans, que apenas captaron las imágenes televisivas. Pero a un pase de Adam Hanga (que tiene un mérito tremendo porque lo lanza como un portero de fútbol más que un pase de béisbol), el dios particular de Baskonia, nuestro MVP en la liga, pudo capturar con su manaza izquierda por encima de la defensa de Tomic. Sin saltar excesivamente, para poder realizar otro gesto maravilloso en tal secuencia: caer equilibrado al suelo. Si la inercia por una acción menos depurada le hubiese arrastrado un poco más a la línea de fondo, esa canasta no sería posible. Pero cayó al suelo perfecto -y a una pierna, que dificulta más su ejecución-, para cambiar el balón de mano y lanzar un tiro preciso y entrar en la leyenda. Otra vez. Los mitos y leyendas de Ioannis Bourousis que los medios de comunicación se afanan en ensalzar a su justa medida. Porque la prórroga y el resultado final ya no podían ser propiedad de nadie más que de Laboral Kutxa (89-83) y así, ver en el horizonte un cuarto partido y todas las posibilidades. Que si pudiera haber más cansancio psicológico incluso, que físico, ya está olvidado. Porque como bien decía mi amigo periodista, a partir de ahora, es otra historia.

(ACB Photo / I. Martín)
(ACB Photo / I. Martín)