¿QUÉ HUBIESE CAMBIADO?

¿QUÉ HUBIESE CAMBIADO?
En una fecha señalada la de hoy, elucubramos qué hubiese ocurrido si…

Antonio Rodríguez

En una fecha señalada la de hoy, elucubramos qué hubiese ocurrido si…

Bozidar Maljkovic acababa de ser alzado en hombros por sus jugadores. Era un héroe, un dios europeo. La estrella de aquella Final Four de Atenas’93, que vio proclamarse al Limoges como campeón europeo, por aclamación popular -y periodística-, era él. Incluso por encima de cualquier jugador. Por los túneles de vestuarios del palacio de La Paz y la Amistad, entre felicitaciones, se encaminaba a la rueda de prensa, sabiendo que iba a tener un enfrentamiento directo con el entrenador rival, Petr Skansi, antiguo asistente suyo en tiempos de la Jugoplastika. “Tengo que defenderme” le avisaba momentos antes, cuando Boza fue al vestuario rival a consolarles.

(ACB Photo).
(ACB Photo).

Todos los analistas y gurús del juego en nuestro continente, se echaban las manos a la cabeza. Era una manera de jugar rácana, difícil de masticar y digerir para el aficionado. Doce meses antes, tan sólo doce meses antes, el desparpajo y el talento balcánico de los jugadores del Partizán Belgrado, se habían proclamado campeones. Y ahora amenazaba este Limoges, amenazaba el baloncesto griego con un juego más parecido al ajedrez que al de la canasta. Amenazaba el baloncesto turco, que empezaba a ver llenar las gradas de sus equipos punteros. Italia miraba paciente, con su ritmo a media pista que siempre les consagró como los más duros del lugar. Tal cita, acabó siendo marcada en el calendario como una fecha funesta (15 de abril de 1993).

Croacia había logrado el éxito de una plata olímpica en su recién creado Equipo nacional de baloncesto. Pronto, un buen puñado de sus jugadores estaban más pendientes del teléfono y de firmar contratos con la NBA que de ‘sentir’ un escudo patriótico. De hecho, con aquella brillante generación de los Radja, Vrankovic, Kukoc, Mrsic… se descalabraron en el Mundobasket Toronto’94, el Eurobasket Atenas’95 y los Juegos Olímpicos Atlanta’96. La grieta abierta entre los jugadores NBA versus Europa, era demasiado grande como para acercar posturas y hombros en pos del éxito de su selección. No había un líder que les aunara.

Y sí, un 7 de junio de 1993, en carreteras alemanas, falleció Drazen Petrovic. El fallecimiento más doloroso en la historia del baloncesto europeo, por encima incluso de Radivoj Korac, también desaparecido en accidente de tráfico. Entre el dolor y la consternación, Andrés Montes, que en esas fechas presentaba el programa deportivo nocturno de Antena 3 Radio, el que habitualmente era dirigido por José María García, tiraba de agenda y busca algún protagonista a entrevistar cercano al entorno de Drazen Petrovic. Y localiza a Zeljko Pavlicevic. Asistente de Mirko Novosel en la Copa de Europa ganada por la Cibona de Zagreb en 1985 (al Real Madrid), él ya era el entrenador jefe en 1986, cuando también se proclamaron campeones. El periplo de Zeljko por los banquillos del Clesa Ferrol y Taugrés Baskonia, lograron la cercanía a nuestro baloncesto, a nuestro idioma y al listín telefónico del malogrado Andrés Montes.

 (ACB Photo).
(ACB Photo).

Aquella noche, Pavlicevic, entrenador del Panathinaikos (que contaba como extranjeros, a los también croatas Stojan Vrankovic y Arijan Komazec), desvelaba un secreto, soltaba una bomba, porque ya desgraciadamente, daba igual: Drazen Petrovic tenía un precontrato pactado con su equipo, Panathinaikos, a falta de la rúbrica final. El orgullo del joven de Sibenik no permitía que se le ninguneara de la manera que él pensaba que se hacía en Estados Unidos. Sí, en 1993 consiguió formar parte del tercer quinteto de la NBA. Sin embargo, ni fue All Star ni percibía en él un respeto que demandaba de manera proporcional a su trabajo y mejoría en la mejor liga del mundo. Seguro que hubiese apretado con su agente estadounidense las tuercas para haber sacado un gran contrato allí, quizás en otro equipo, quizás una renovación con los Nets. Pero según Pavlicevic, el convencimiento de volver a Europa, era un hecho. Claro, Panathinaikos era de los pocos equipos que podía sacar una chequera acorde a las exigencias del croata.

¿Qué hubiese sucedido en el baloncesto de nuestro continente si la tragedia no se hubiese cruzado en el camino de aquel vehículo en el que viajaba Drazen Petrovic? Aquella temporada 93/94 que iba a dar su inicio, hubiese estado cegada por una nueva imagen deslumbradora. Por un jugador de molde ‘anotador compulsivo’. A él no podrían venirle con aquellas zarandajas del ‘aguantar hasta los 30 segundos de posesión’. Un espíritu libre como él, con la próxima llegada de ‘jóvenes cachorros’ como Fragiskos Alvertis o Nikos Ekonomou, con un valladar defensivo como Stojan Vrankovic, con el ex soviético Tiit Sokk en la posición de base en el Panathinaikos, quizás hubiese adelantado las alegrías para los verdes. El aún inacabado pabellón OAKA tendría al ídolo perfecto para llenarlo noche sí y noche también. ¿Cuántos puntos hubiese promediado?

El resto de equipos, ¿se hubiesen planteado otra manera de jugar con Drazen Petrovic de vuelta aquí? ¿Hubiese sido un icono suficientemente potente como para cambiar aquella dinámica? Siguiendo con estas preguntas/reflexiones. ¿Cuántos títulos europeos hubiese conseguido? Él era el rey, junto quizás al madridista Arvydas Sabonis, aunque éste bastante más lastrado por las lesiones que cuando profesaban entre ambos odio infinito en sus jóvenes rivalidades. ¿Hubiese ganado el Joventut la Euroliga de 1994 estando él en competición? ¿Y el Real Madrid en 1995? ¿Cuál hubiese sido la respuesta de Olympiakos para competir con algo tan grande como él? En la selección croata, ¿cuántas medallas más hubiese conseguido? ¿Se hubiese subido a las barbas del vanidoso Dream Team II de Toronto, o la versión de Atlanta’96?

Venga, ahora os toca vuestro turno. Tenéis la opción de “Escribe un comentario” a vuestra disposición, para que elucubréis todo lo que os dé la gana. Para que os imaginéis otro marco diferente al que fue, que sintáis como algo palpable aquel escenario totalmente nuevo.