FORMA, COMPITE, GANA

FORMA, COMPITE, GANA
Ex jugadores de élite recalcan que el baloncesto tiene pasos a seguir.

Antonio Rodríguez

Ex jugadores de élite recalcan que el baloncesto tiene pasos a seguir.

En el Campeonato de España junior que se está disputando estos días en Guadalajara, podemos diferenciar a los equipos de élite, no solamente por los nombres y los físicos de sus jugadores, sino también por pequeños aspectos del juego: dominio adecuado del bote de balón, movimiento de pies, o puestos en la vorágine de constantes pick&roll, la distancia a la que pasan los hombres con balón del hombre que bloquea, proporcional a la ventaja -o no- que saques de esa jugada.

“En el baloncesto, toda la vida, se ha tratado de meterlas”, admitía un ex jugador de la Liga Endesa en uno de los descansos, cuando han visto a equipos con problemas para anotar. “Es en lo que se basa esto”. Es cierto que para encestar, existe un trabajo previo que estos jugadores sub-17 y sub-18 se aplican, siguiendo las instrucciones de sus banquillos, aunque no siempre los resultados son fructíferos. El Real Madrid 55-44 Unicaja, fue un choque pleno de intensidad, poderío en el rebote y defensas ajustadas. Pero, efectivamente, la anotación, ya lo ven, fue muy parca.

 (Foto Campeonato Endesa Junior).
(Foto Campeonato Endesa Junior).

De las cualidades que en el primer párrafo destacábamos entre los equipos grandes, hay una que no hemos mencionado, porque escasamente la vemos con fluidez: el pase. No es una cuestión que los chavales pasen mal, no. Más bien es que ante su falta de dominio, no se arriesgan a pasar el balón. Deficiencia que queda diluida, hasta que restan pocos segundos para el final de la posesión y les vemos en la necesidad de hacer tiros forzados, porque no han dado un par de pases que el devenir de la jugada pedía y necesitaba para lanzar en posición óptima de acierto.

Recuerdo -y siempre me gusta mencionar- que en el Campeonato del Mundo sub-19 en 2007, charlando con el preparador físico de Puerto Rico, hablaban de la preocupación que tenían con sus jóvenes generaciones, porque la imagen que tenían eran las de los Carlos Arroyo, Barea, Casiano…excelentes anotadores con un dominio de balón y uno contra uno prodigioso, pero incapaces de realizar una buena jugada colectiva, de circular el balón. Y me comentaba que se hizo un banco de pruebas en una pequeña liga de desarrollo con jóvenes, en la que a los jugadores en los partidos se les prohibía botar el balón. Directamente. Lo que puede sonar a aberración, que él definía como descontrol inicial, “obligaba a los jugadores a moverse constantemente, haciendo mover muy deprisa el balón. Y cuando se llevaban unas cuantas jornadas, incluso el que no sabía jugar, con ese movimiento, parecía que sí sabía”. Acababan entendiendo un buen puñado de aspectos de este deporte.

                En otra ocasión, durante este torneo, nos vimos enfrascados en una conversación con Josep María Margall, la ‘muñequita linda’ que dio Badalona como final -y más refinado producto- de la saga de tres hermanos en la Penya. Actualmente, es entrenador del equipo junior de Mataró. “Yo les incito a que pasen el balón. Casi les prohíbo a que lo boten, a no ser que esté justificado para progresar o buscar línea de pase”. No es el baloncesto hoy día como el de hace 30 años en la que los jugadores se movían mucho menos, con los pívots ocupando posiciones en los postes y los aleros las bandas, para circular con rapidez el balón a partir de esas posiciones. El balón correctamente movido, conlleva mucho movimiento de cortes, ‘puertas atrás’ y juego desde el lado débil. “Al principio perdimos partidos. Pero una vez que los jugadores se acostumbraron, todo comenzó a funcionar mucho mejor”. Y es que, como diría Ferrán López, otro clarividente base y también internacional, director deportivo de Montakit Fuenlabrada en la actualidad, “el balón en un pase siempre irá más rápido que cuando tú lo controlas”. “El poste alto es una posición de gran importancia que apenas se ve” afirma a modo, casi de queja, el ‘Matraco’ Margall, como lugar para dinamitar la gran mayoría de defensas.

Formar, competir, ganar. Estructura con unos peldaños. Y es cierto que el pase es una base sólida para ir dando esos pasos con firmeza. Como Margall recordaba con todo el orgullo y la emoción “esta temporada, tras un partido del equipo, se me acercó un aficionado. Tendría el señor noventa y tantos años. Y me felicitó, diciéndome que hacía tiempo no se lo pasaba tan bien viendo jugar a un equipo”.