ROGANDO LOS CUARENTA

ROGANDO LOS CUARENTA
Darius Adams rogó a su entrenador volver a pista y redondear su faena.

Antonio Rodríguez

Darius Adams rogó a su entrenador volver a pista y redondear su faena.

En Vitoria están contentos. Contentos y pacientes. Todo va de cara al Laboral Kutxa. Tranquilamente miran la posición del sol a modo de ver transcurrir entrenamientos y jornadas, como el que espera a que se destile un preciado licor. Y echan un vistazo al parte de lesiones. A Shengelia le resta un mes más, Fabien Causeur se va recuperando pacientemente, lo mismo que Adam Hanga, supuestamente para la Final Four, aunque no gustan los sustos como los de Jaka Blazic y su esguince de tobillo en la matinal del domingo en Fuenlabrada, en la sonada victoria por 97-108.

Sonada por diferentes motivos. Por un lado, conscientes del parte de bajas (y repetimos la de Blazic, acaecida en la primera mitad), cumplieron con creces y optimizaron todos sus recursos para no pasar apuros, con el mínimo de rotación que tenían. Si había que jugar con los dos bases o con tres hombres altos, se hacía. Ocho jugadores utilizó Velimir Persovic, si excluimos a Darko Planinic, que apareció en pista la testimonial cifra de 109 segundos.

Darius Adams, sus puntos y un ruego (ACB Photo / A. Vicente).
Darius Adams, sus puntos y un ruego (ACB Photo / A. Vicente).

Por otro lado, porque el flujo anotador fue destacado y bastante extraño en los tiempos que corren: 53-59 al descanso, 75-89 al final del tercer cuarto, para deleite de los aficionados. Si los baskonistas nunca se metieron en problemas (sobre todo en la segunda parte), fue porque se dedicaron a la ornamentada labor de anotar más que el rival. Y eso que Montakit Fuenlabrada ha demostrado tener una cantidad muy notable de jugadores de gran capacidad anotadora. Y la pena es que Ivan Paunic, hombre que sostuvo al equipo durante la baja de Marko Popovic, no está en una buena racha de tiro. El pasado domingo, desacertado y frustrado, se quedó en un 2/11 en tiros de campo, mientras que en el triple lleva sin anotar ni uno solo, desde el 26 de Marzo que sí vio aro en Andorra. 0/10 en los últimos 4 choques.

Pero por lo que nos acordaremos todos, es por los 41 puntos de Darius Adams y los 36 de Marko Popovic. ¡Qué exhibición! que merecen artículo aparte. Algo de embrujo debió tener la espera de 15 minutos antes del salto inicial para que se solventaran los problemas de uno de los aros (estaba medio palmo más bajo de los 3.05 reglamentarios), porque estos dos protagonistas parecían estar guiados con un haz de luz divino que les indicaba las coordenadas perfectas para encestar. Porque no es normal que un jugador anote 11 puntos en el primer cuarto (Popovic) y pase absolutamente desapercibido porque otro, en los mismos 10 minutos iniciales, se fue hasta la friolera de 25. ¡25 de los 30 de su equipo! Hacía muchos, muchos años que no veíamos un estado de acierto tal: triples según llegaba, suspensiones con paso atrás, con espacio o con el defensor encima, entradas a canasta soltando tiros por elevación, marcando los dos pasos con cambio de dirección (eso que ahora llaman ‘eurostep’)…absolutamente de todas las variedades. Los aficionados fuenlabreños ya aplaudían rendidos a la evidencia. Animaban a los suyos, por supuesto, pero aplaudían a este jugador en su particular trance místico. Y es que era curioso verle dar la posesión del balón a Blazic, que fallaba el tiro. A la siguiente, anotaba él. Pero es que en la siguiente, dejaba el triple a Mike James, que se encontraba con el ‘¡clanc!’ del aro. Posterior posesión, el triple sí que entraba de Adams y zanjaba el asunto.

Una de las canastas del primer cuarto de Adams (ACB Photo / A. Vicente).
Una de las canastas del primer cuarto de Adams (ACB Photo / A. Vicente).

Ante tal borrachera anotadora, unos minutos de descanso y una disposición posterior  a economizar, a hacer jugar a todos, pues repetimos, todos debían ser protagonistas ante tan escasa rotación. El base se vio con 39 puntos a falta de poco más de minuto y medio y he aquí donde se produjo la anécdota del partido, que describe perfectamente el estado anímico en estos momentos de los baskonistas. Velimir Perasovic, con el partido ya en el bolsillo, decide sentar a Adams, despidiéndose ya de jugar. Lo ejecuta y éste, con la cara de buen chico que tiene, le muestra rostro de un desencanto tan grande, que no puede más que confesar que por favor, que le vuelva a sacar a pista, que quiere superar los 40 puntos, que resulta que en los últimos años en la Liga Endesa, es un remanso al que muy pocos han accedido (en los últimos 10 años, Jacob Pullen con 42 como barcelonista, en el día de su fiebre triplista en Valladolid en 2014, y Gerald Fitch, con 41, precisamente jugando para los fuenlabreños, en 2009). Ante tal petición, por extraña y vista las formas de ruego, Perasovic no puede ni tan siquiera contener la risa. Bourousis, sentado en el banquillo, testigo de la escena, también le da por reír. El entrenador croata pregunta a su asistente, Agustí Julbe, que con gestos ostentosos con los brazos, hace ver que ‘¿qué le vas a hacer, si el chaval te lo está pidiendo? ¡Ponle a jugar!’. Así que el bueno de Peras, tuvo que decirle  que se encaminase a la zona de cambios y lo pidiese inmediatamente. 70 segundos restaban cuando nuevamente ingresó en cancha, en el que efectivamente, cortando por línea de fondo, recibió un certero pase de su cómplice Mike James, para anotar una sencilla canasta y ver cumplido el sueño del chico.

Marko Popovic, el otro gran protagonista de la mañana (ACB Photo / A. Vicente).
Marko Popovic, el otro gran protagonista de la mañana (ACB Photo / A. Vicente).

Pues así es Laboral Kutxa hoy día. Cumplen, ganan y esperan. Todo ello entre el mejor de los ambientes. Que se lo han ganado.