“THREE” THOMPKINS

“THREE” THOMPKINS
A golpe de triples, el discutido pívot madridista dinamitó el Palau.

Antonio Rodríguez

A golpe de triples, el discutido pívot madridista dinamitó el Palau.

“Las tengo colgadas en casa. Aproximadamente unas 20, de muchos y diferentes torneos. Y están en cierto lugar en mi casa”. En su casa de Lithonia, Georgia, más concretamente. Allí es donde Trey Thompkins guarda con celo, las medallas que ha ido conquistando a lo largo de su carrera, sobre todo en sus años colegiales. Aunque debe reconocer que tiene una muy especial: de oro, conquistada en Nueva Zelanda durante el Mundobasket sub-19 hace 7 años. Segundo máximo anotador de aquel buen combinado estadounidense (junto a Gordon Hayward, Seth Curry, Klay Thompson y el “valenciano” John Shurna), con 10.6 puntos y 5 rebotes, no ya el hecho de ganar el campeonato, sino lo que vino a continuación. “Parecía una bendición. Cuando nos dijeron frente a quienes íbamos a jugar después, digamos que fue el postre más dulce”. En el verano de 2009, con los añadidos de otro grupo de -por aquel entonces- chavales llamados Kemba Walker, Marcus Morris o Kyle Singler, esta selección serviría como sparring para los primeros entrenamientos en la concentración del equipo USA senior que disputaría el Mundobasket de Turquía un verano después. Trey Thompkins tendría en el campus de la universidad de Nevada Las Vegas, como rivales en aquellos partidillos, a Kevin Durant, Kevin Love, Lamar Odom, Rudy Gay o Derrick Rose. Observen la foto de Trey Thompkins defendiendo al propio Durant en uno de aquellos entrenamientos, en este artículo. “Aprendes cómo se debe defender y cómo circular el balón. Pero lo mejor era tras aquellas sesiones. El rato que pasábamos con ellos en el lobby del hotel o cuando salíamos a comer juntos, es inolvidable”.

Trey Thompkins, por encima de todos en el Palau (ACB Photo / V. Salgado).
Trey Thompkins, por encima de todos en el Palau (ACB Photo / V. Salgado).

Trey Thompkins era élite en Estados Unidos. Aunque su mirada tímida, oculta tras unas gafas de pasta negras, de paisano, al fondo del banquillo del Real Madrid en un buen puñado de partidos esta temporada, no lo evidencie así. Exitoso paso por la universidad de Georgia, en la afamada Southeastern Conferece, junto a Florida, Kentucky o Vanderbilt, contra los que tenía que bregar, y una segunda ronda del draft del 2011 para recalar en Los Angeles Clippers. El jugador que fue fichado por el club blanco como tipo de fácil anotación, al fin lo mostró en un partido grande, en un escenario legendario: el Palau Blaugrana, el pasado domingo. 25 puntos en menos de 28 minutos de encuentro, 10/14 en tiros de campo y 4/6 en triples. A eso añadan 7 rebotes defensivos, que significaban casi todos los rechaces en su tablero en un momento importante del encuentro, cuando lideraba la remontada. Thompkins se hacía con ellos.

Una palmada de rabia y un lamento cuando bajaba a defender tras un balón lanzado desde la línea de 6.75 que tuvo el capricho de salirse, era el termómetro del estado de “Three” Thompkins. Porque en la matinal del domingo, tal era su confianza que no concebía que se saliese ningún triple. Podían ser de dos, como en una revisión que hicieron los árbitros en el instant replay. Pero eso de fallar, no cabía aquella mañana.

Baluarte principal de la victoria del Real Madrid, la “Victoria I” de la era “No-quiero-hablar-más-de-Euroliga”, la que da confianza y cierta sonrisa a los jugadores blancos, que a su pesar tras su eliminación, también sonreirán cuando puedan dormir más en sus casas, con sus familias y menos con el compañero de turno en habitaciones compartidas repartidas por todo el planeta, esas de factor común ‘huele a tigre’ a poco de la estancia. 

25 puntos para el estadounidense, su mejor actuación del año (ACB Photo / V. Salgado).
25 puntos para el estadounidense, su mejor actuación del año (ACB Photo / V. Salgado).

Y todo esto entre un partido muy atractivo que pudimos vivir. Juego bonito, con criterio por ambos equipos. Las dos plantillas han llegado a un nivel de conocimiento entre ambos y de calidad, que su puesta en pista, al margen del acierto, es notable. Y el aficionado lo disfruta.

Más rebote azulgrana daba un 26-17 al final del primer cuarto y llegaron a ser 14 puntos (34-20), tras dos triples de Oleson y Satoransky a falta de 07:14 para el descanso.  Precisamente en eso en lo que los blancos fallaban (1/9 en ese momento). Trey Thompkins que había salido en el ecuador del primer cuarto y que lo primero que vio fue un aviso-alerta de su compañero Llull, que le recriminó su floja defensa en un dos contra dos, tuvo en la siguiente acción una suspensión fácil, como suele ser habitual en él, más dos triples a balones doblados, en el momento más comprometido para sus compañeros. Por eso, la herida se redujo al descanso (52-43).

En el tercer cuarto, el ala-pívot ingresó en cancha a falta de 02:11 para el final de tercer cuarto, cuando el panorama para los suyos, no era blanco, sino oscuro. Azul oscuro, casi mezclado con grana (68-58). Y lo que fue un 71-63 al final de los 30 minutos, dio inicio a un último cuarto en el que cambió todo. Porque Trey Thompkins estaba allí…y Sergio Rodríguez también, para colocar con mimo eso que dejan los jugadores especiales: poner el balón donde se debe, regalar las manos compañeras, anotar cuando toca. Y llegaron dos triples de Thompkins y otros dos de Carroll, que despertó en el momento de la verdad. Y otro más de Carroll, para poner a su equipo por delante. Los “12 titulares” del Real Madrid hicieron daño, más que los 12 (que también los tiene) del F.C. Barcelona. Nos referimos a que los hombres de rotación de Pablo Laso, anotaron 57 puntos desde el banquillo (62.6% de los puntos totales), mientras que los de Xavi Pascual, 18 puntos (el 21%).

Jaycee Carroll acabó de rematar la victoria blanca (ACB Photo / V. Salgado).
Jaycee Carroll acabó de rematar la victoria blanca (ACB Photo / V. Salgado).

Xavi Pascual pidió tiempo muerto porque llegó a contabilizar en seis posesiones hasta cinco triples infructuosos -la otra, fue una pérdida-, y sus pupilos se emperraban, erre que erre, en insistir desde la línea. “¡Vamos a ejecutar los sistemas!” para poner freno a aquella locura colectiva. Pero la inercia madridista acrecentó aún más el parcial, de un 0-15 a un 3-22, que tratándose del Palau, suena escalofriante, hasta un 77-85 a falta de 01:31, con el consuelo de los locales que salvaron el basket-average al final: 86-91, gracias al triple de Doellman, arrancando la falta precisamente a Trey Thompkins.

Nadie iba a culpar al madridista, pues sus 25 puntos y su gran actuación, auparon las sonrisas en la vuelta. A volver a casa, a dormir con la familia, a entrenar y buscar la reválida, una vez por semana hasta que lleguen los playoff. Cura y descanso para afrontar la recta final de la temporada. “Me siento bendecido” confesaba aquellos días entre selecciones estadounidenses nuestro protagonista. Pues en el Palau dejó algo de esa magia, de esa élite, trasladando los gimnasios de Las Vegas a la Ciudad Condal. “Three Thompkins” estuvo allí.