POR NUESTROS ÍDOLOS

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De mi encuentro con Stephen Curry, el jugador que anoche hizo historia

Antonio Rodríguez

De mi encuentro con Stephen Curry, el jugador que anoche hizo historia

Todos tenemos nuestros ídolos y, ¿qué quieren que les diga? Ninguno cambiaremos los de nuestra infancia. Enjuiciaremos, valoraremos y ensalzaremos a los que van haciéndose un hueco. Y uno como adulto, sabe ponerles en su sitio. Pero repito, nunca ocuparán el lugar de los que nos impactaban cuando éramos niños y teníamos la maravillosa capacidad de quedarnos con la boca abierta.

Plantilla del equipo estadounidense de Novi Sad 2007.
Plantilla del equipo estadounidense de Novi Sad 2007.

Estaba en la ciudad serbia de Novi Sad, en el mes de julio del 2007, en uno de los veranos más calurosos que se recordaban allí, durante el Campeonato del Mundo sub-19. El que los veteranos hemos llamado toda la vida el Mundial Junior, el que ocho años antes, ganaron en Lisboa nuestra generación de oro de los Pau Gasol, Raül López, Juan Carlos Navarro o Felipe Reyes. Para ponerles en situación, en Novi Sad lucía la generación de los nacidos en 1988 y 1989, con Víctor Claver como abanderado de nuestro Equipo Nacional. De esto que Estados Unidos, uno de los grandes atractivos del torneo, con un buen equipo -sin llegar a ser el mejor equipo posible, pero un buen equipo-, sumaba en el plantel como duodécimo hombre, un tal Damian Hollis.

Hay apellidos que hacen dar un respingo. Y Hollis es uno de ellos. Essie Hollis fue el primer jugador espectáculo en nuestro baloncesto. Ese tipo que nos enseñó a los aficionados que allende los mares, había otro baloncesto, donde los jugadores tenían la capacidad de pasarse el balón entre las piernas repetidas veces, de arrancarse como un cohete a la hora de entrar a canasta, de dar pases imposibles y sobre todo, de volar. Volar como a nadie habíamos visto antes sobre una pista en nuestra España a finales de los 70 y principios de los 80. Essie Hollis trajo todo eso al baloncesto patrio, primero en el Askatuak guipuzcoano y posteriormente en el Areslux Granollers y Baskonia, en su máxima categoría nacional. Desde sus casi dos metros de estatura, era ver algo mágico. Y todos nos encandilamos y reverenciamos aquella forma de hacer… lo que Essie hacía.

Stephen Curry, evolucionando sobre la pista en aquel Mundial.
Stephen Curry, evolucionando sobre la pista en aquel Mundial.

Pues ahí tenían al Damian Hollis. Con casi dos metros, alero y hasta con cierta similitud facial al gran Essie. Puede que haya miles de Hollis en Estados Unidos y quizás me traicionase el deseo, pero aquel chaval se parecía. A un equipo USA, aunque fuese con acreditación de periodista, cualquiera se acerca, que la sola mirada de los numerosos guardaespaldas que les rodean, hacen desistir en el intento. Un día y otro y otro con la gran duda sin poder tenerle enfrente y preguntarle, mientras el calendario ponía a los yankees en su sitio. Y este era llegar a la final tras batir a los favoritos franceses de Batum, Diot, Jackson y Ajinça en semifinales, para encarar en el partido definitivo a los los anfitriones serbios. No pudieron ni con el ambiente no con los Stefan Markovic, Radulica y Macvan y se llevaron una meritoria medalla de plata.

La misma noche tras la final, en el hall del hotel de todas las delegaciones, me encontraba charlando con el agente Paco López y mi buen amigo Luis Fernández, mientras veíamos circular a los jugadores entre cierto jolgorio, escondiendo las botellas de licor bajo sus chaquetas de chándal, para continuar el festín en sus habitaciones. Y de esto, que veo que salen a pasear el tal Damian Hollis con su compañero de equipo Stephen Curry.

Efectivamente, el mismo que hoy se erige como el mejor jugador del planeta sin discusión, el que ha liderado a que sus Warriors hayan hecho esta noche historia con los vertiginosos 73 triunfos, hito casi imposible de batir (¿tendremos que esperar otros 20 años? Creo que ni así), era base de rotación de los titulares Jonny Flynn y Patrick Beverly. ¡Cómo cambian los tiempos! Pensé que esa era la mía y en las escaleras del hotel me encontré con ellos. Pregunté a Damian si su padre se llamaba Essie, a lo que me contestó que sí. Era el hijo del ídolo, de uno de los grandes causantes de que mi vida, por ejemplo, sea la que es y no otra. “Es un gran honor para mí conocerte y saludarte” para acto seguido presentarme y comentarle mi nacionalidad española, con lo que el jugador empezó a entender todo. “Tu padre fue el Dr. J en Europa, nuestro Erving particular. Y ten conocimiento que a mucha, mucha gente, nos hizo muy felices”. Un qué tal se encontraba, a qué se dedicaba ahora típicos, e incluso mi afirmación que se parecía mucho a él. “Bueno, sí, creo que en muchas cosas, pero espero que no en su tiro” bromeaba. (La fea suspensión de Essie, sacando el balón desde detrás del cogote, no era del ánimo de imitación de su hijo). A cada comentario sobre el padre, a cada piropo, los enormes ojos de Stephen Curry, testigo oyente de aquella conversación, se abrían más y más. Hete que hay un tipo de no-sé-qué-país que a mi compañero Hollis lo adula por ser hijo de… Pero “¿quién demonios es tu padre?” preguntaba con la mirada, “cuando se supone el ‘hijo de…’ ¡soy yo!”.

Portada de la revista
Portada de la revista "5 todo baloncesto" con Essie Hollis en ella.

Me despedí de ambos, les felicité por su medalla de plata y les dejé conversando, con la certeza que la curiosidad de Curry sobre el progenitor de Damian Hollis, tenía que ser satisfecha. Y es que, Stephen Curry es algo único en el baloncesto. Se le valora porque hace algo que jamás nadie ha hecho. Esos tiros, esas distancias, estas 73 victorias y un anillo, de momento. No sé en qué escalafón le pondrá la historia, esperaremos a que de por finalizada su carrera y prefiero ahí, evaluar. Pero nuestros ídolos son nuestros ídolos y aquellos que aparecieron en una época en la que literalmente nos dejaban boquiabiertos, permanecen para toda una vida, incluso como para dejar en un plano secundario en las escaleras de un hotel, a uno de los más grandes de todos los tiempos.

Foto 1: Plantilla de Estados Unidos, medalla de plata en el Mundial Sub-19 de Novi Sad 2007, entrenados por Jerry Wainwright (a la derecha del todo).

Primera fila, de izquierda a derecha (sólo jugadores): Stephen Curry, Patrick Beverly, Jonny Flynn, Tajuan Porter.

Segunda fila (detrás), de izquierda a derecha (sólo jugadores): David Lighty, Matt Bouldin, Raymar Morgan, Donte Greene, Damian Hollis, Deon Thompson, Michael Beasley y DeAndre Jordan.