ADIÓS, MR. JOHNSON

ADIÓS, MR. JOHNSON
Ed Johnson, icónico jugador de la liga en los 70’s, nos dijo adiós.

Antonio Rodríguez

Ed Johnson, icónico jugador de la liga en los 70’s, nos dijo adiós.

No tuvo mucho relevancia entre los medios, aunque algunos sí que lo mencionaron. Y removieron parte de nuestra infancia. Aquella infancia que nos hizo descubrir el baloncesto y que ávidos por saber, conocer, definir y ampliar nuestros ídolos en aquellos tiempos de partidos por la 2ª cadena de Televisión Española, preguntábamos a nuestros mayores por los antecesores de los Epi, Corbalán, López Iturriaga, Sibilio o Fernando Martín. De los Delibasic, Starks, Hollis y Davis. Y nos hablaban de Walter Szczerbiak y su muñeca demoledora, y de un tal Bob Guyette que hizo carrera y años de compromiso con el Barcelona. Y que el Real Madrid, ese de las Copas de Europa, las pasaba canutas cuando iba a Badalona o la irreverente Manresa. Porque Manresa y el viejo Congost eran plaza difícil y complicada, incluso para aquel equipo dirigido por Pedro Ferrándiz que salía imbatido de la competición doméstica, un año sí y otro también. Entre otras razones, porque allí jugaba Ed Johnson, un gran tipo que nos dejó esta semana, a los 71 años de edad, tras una larga enfermedad.

Ed Johnson aterrizó en nuestro país en 1974, para fichar por el club manresano. La España inquieta de los 70, de los planes de desarrollo y la de la incesante búsqueda de la modernidad, fue testigo de un buen puñado de americanos -uno por equipo, eso sí- aterrizando en nuestra competición. En nuestra herencia siempre hemos tenido eso de atender al de fuera con todo el esmero, con la dedicación que hoy nos emana cuando nos preguntan por una calle. Y es que somos así. Y con eso se quedó Ed. “Aquí la gente es muy amable. Siempre agradeceré las atenciones que me prestaron desde un principio”. Y por eso, se quedó Ed. Si además, el tipo venía de las Américas, era de raza negra, auténtico exotismo en esos años, más alto que un día sin pan y que jugaba al baloncesto de maravilla como para hacer feliz a toda la plaza manresana aquellos sábados por la noche, pues el encanto por aquel tipo se disparaba. Con la misma aureola envuelta en mito que tienen los estadounidenses por días de gloria en la NCAA, los viejos del lugar en Manresa, recordarán aquella victoria sobre el Real Madrid en las primeras jornadas, un Octubre de 1975 (80-78), donde Ed Johnson, combatiendo ante los Rullán, Luyk y Prada, se fue hasta los 34 puntos. Desde aquel lejano 1974 hasta 2011 donde regresó a su Georgia natal. Y entre medias, toda una vida dedicada al baloncesto y a ser buena gente.

Un baloncesto incipiente que se modernizaba a pasos agigantados. El boom de los 80’s tuvo que llegar con medallas de plata de nuestra Selección y sueños locos de Antonio Díaz Miguel, sí. Pero también lo hizo porque esta sólida década de los 70 les precedió. La de equipos con sponsors, salpicar la programación televisiva con partidos de liga, añadiéndose a los ya clásicos del Real Madrid en Copa de Europa y una pasión desatada en los aficionados de cada plaza.

Ed Johnson era un ‘hacelotodo’ con mucha clase. Junto a Bob Guyette, quizás fuesen los dos mejores extranjeros interiores de nuestra liga. Anotaba fácil, sin arabescos ni la espectacularidad de su compatriota nacionalizado español Charles Thomas, con el que compartió equipo en Manresa. Era duro en defensa, buen reboteador y fino en ataque. Por eso Antonio Serra estaba encandilado con él y cuando hubo de dar el salto al Joventut badalonés, junto a la gran estrella de la liga ‘Moka’ Slavnic, se llevó de la mano a nuestro protagonista para jugar competición europea. Y cuando fichó por la vecina Mollet, se le volvió a requerir para sustituir, esta vez en liga, a un tal Al Carlsson, tipo con un nivel mucho más bajo de lo que pretendían los verdinegros (cómo gustaba la prensa utilizar la palabra “petardo” para definir al bigotudo Carlsson). Mientras Ed, estudioso del juego, tenía en mente que en un futuro quería se entrenador. Y cuando se retiró de su práctica activa, se dejó llevar por sus dos pasiones para elegir su futuro. España le gustaba y las playas de Gijón le embaucaron como para quedarse, para aplicar allí sus conocimientos sobre nuestro deporte, esa mezcla del basket USA y lo saboreado en nuestras fronteras, que hacían un combo interesante y valorado.

En 1984 se hizo cargo como entrenador del Gijón, en la segunda categoría de nuestro baloncesto. Se cruzó una asturiana llamada Isabel y Ed encontró su lugar en el mundo para establecerse. “Como entrenador, estoy en una fase más difícil que como jugador. Voy encontrándome y me doy cuenta a cada partido lo que pasa. Me gusta ser entrenador y puedo enseñar. Hay aspectos donde muchos no ponen énfasis y yo procuro ver detalles en los jugadores”. Fueron un puñado de años como entrenador jefe (temporadas 84-85 y 88-89), puesto que se dio cuenta que era mejor profesor que entrenador. Que le gustaba más enseñar que estar lidiando con el día a día de los jugadores, sus quejas y esas pruebas a la que todos ponen en un momento dado. Porque Ed Johnson era demasiado buena persona.

Gijón le dio una vida y dos hijas, Addie y Allison. Pero la naturaleza humana siempre nota la llamada de nuestras raíces, es así. Y en 2011 regresó para Georgia. Recuerdo la primera fotografía que vi de él, recién llegado a Gijón. Era la estampa de un señor tranquilo, con una gorra de hombre de mar, contemplándolo con toda la tranquilidad y paz de sus olas, la misma que desprendía este señor, que dejó sobre todo su sonrisa por sus calles. Que dejó huella en nuestro baloncesto, aquel en formación de algo grande. Estaremos agradecidos eternamente. Descanse en paz.