DEVOCIÓN POR UN JUEGO

DEVOCIÓN POR UN JUEGO
Gran Canaria y Real Madrid dignifican el baloncesto, exhibiéndolo.

Antonio Rodríguez

Talento ofensivo. Apuesta por ello. Respeto absoluto a su noble arte. Señorío para dejar que fluya. Todo ello describe la maravilla que tuvimos ocasión de ver el pasado domingo, entre el Herbalife Gran Canaria y el Real Madrid, en la pasada 22ª jornada de la Liga Endesa. Y por ello, los momentos de paroxismo atacante por ambos equipos, hicieron que finalizara con 58-55 al descanso y el 93-103 final.  ¿Qué pretendemos con este artículo? Pues peinar los vientos perfumados que dejan como estela espectáculos así. Recordándolo, mantenernos ensimismados mientras nos resistimos a olvidarlos. Porque luego llega otra jornada, y otra y otra y en este mundo la actualidad manda, claro.

(ACB Photo / M. Henríquez).
(ACB Photo / M. Henríquez).

Que en la primera jugada, Alen Omic salte al hombre pequeño, y que Jaycee Carroll decida entrar a canasta y anotar, prometía. Que en la segunda jugada, Alen Omic aguante al hombre pequeño y que Jaycee Carroll decida ahora, que el triple es lo que toca, ensalza. Y que el propio Alen Omic sea quien salga en un contragolpe, que reciba el balón en el momento de fijar el primer paso y que en el segundo se apoye para anotar, como un base, es para maravillarse. Que toque duelo de triples en un éxtasis mayúsculo de varias jugadas consecutivas. A Sergio Rodríguez le tocó eso de anotar como en un video juego (5/9 en triples), al que Kevin Pangos le retó. Y uno va y otro viene. Dentro, dentro, dentro. Quizás asistiéramos a la mayor sinfonía de triples consecutivos sin fallo de toda la temporada. Y es que, para anotar 19, como hizo el Real Madrid, su récord particular, hay que estar acertados. Que se lo pregunten a Nocioni (4/5), el mismo que vio que D.J. Seely le dejó tirado en un uno contra uno precioso o todo lo que pudo hacer Gustavo Ayón en las cercanías del aro, como Oliver. ¡También Oliver! 

(ACB Photo / M. Henríquez).
(ACB Photo / M. Henríquez).

Xavi Rabaseda hizo tragar saliva a unos pocos con su mate en una entrada digna de kamikazes cinematográficos del “Tora, tora, tora”. Y el pabellón explotó. Todo el juego fue un primor, porque para ello había jugadores en pista con el talento para hacerlo. Y seguro que los entrenadores exigieron –y así se ejecutó en la segunda mitad- más defensa. Pero se seguía dejando jugar y no utilizaron malas-artes de la falta táctica. O se defendía o no se recurría a subterfugios. Vale que las defensas del dos contra dos –por poner un ejemplo- eran las más agresivas. Pero, ¿qué quieren que les diga? Son las que habitualmente solemos ver en la inmensa mayoría de partidos NBA. O sea, que a ese nivel, en la Liga Endesa se anota y mucho también. Y se da espectáculo y se brilla.

(ACB Photo / M. Henríquez).
(ACB Photo / M. Henríquez).

Pudiéramos estar todo el día analizando jugada a jugada, todo tipo de canastas que dieron esos 196 puntos conjuntos. Alzar a los jugadores en su capacidad para jugar a esto, está muy bien. Alzar a los entrenadores en su nobleza por permitir que “hoy toca anotar”, también. En la matinal del domingo en el Gran Canaria Arena, se unieron los factores suficientes para ver lo que vimos. Y no debiera ser flor de un día. En nuestra competición, nos congratulamos por tener la calidad en muchos jugadores, que tenemos. Y a partir de ahí, disfrutar y ensalzar el espectáculo –que en definitiva, es en lo que se convierte el deporte de élite-, es cuestión de todos. 

(ACB Photo / M. Henríquez).
(ACB Photo / M. Henríquez).