K.C. RIVERS, LA HUELLA DEL TIGRE

K.C. RIVERS, LA HUELLA DEL TIGRE

Antonio Rodríguez

Michael Jordan, durante gran parte de su carrera deportiva, llevó puesto a los partidos, bajo los pantalones de los Bulls, otros de la universidad de North Carolina. Manías de genio que quería hacer saber aun ocultándolo, que sus raíces eran fuertes. Eran, de hecho, “Carolina blue”. Eso es algo que el deportista profesional estadounidense lleva grabado en el alma. Porque será para siempre de esa universidad (en baloncesto, algo más diluido por el asunto del ‘one&done’), como perteneciente de una congregación para la posteridad, como el equipo de la infancia. Universidades que forjan un estilo y contratan entrenadores que se adapte a ese espíritu, porque esos programas de baloncesto tienen un sello. Pues la universidad de Clemson (afincada la ciudad del mismo nombre, en South Carolina) tiene un molde para crear jugadores: a martillo y yunque, forjados en el duro acero.

(ACB Photo / P. Castillo).
(ACB Photo / P. Castillo).

Clemson es élite en Estados Unidos, pero no entre los ilustres ganadores. Puestos a elegir en busca de focos televisivos, los mejores jugadores de la nación no se decantan por Clemson. Por eso, la ‘segunda línea’ que acaban aterrizando en su campus, son tipos duros, disciplinados, hombres de equipo que aceptan el baloncesto como un trabajo a realizar. Exceptuando contados ‘rara avis’ que se apartan de ese esteriotipo, como Larry Nance, Will Solomon o el antiguo base de Unicaja, Terrell McIntyre, grandes virtuosos de este juego, lean la lista de jugadores que han triunfado en sus carreras profesionales salidos de este uniforme naranja: Dale Davis, Elden Campbell, Harold Jamison, Tom Wideman (ex Fuenlabrada), ‘Tree’ Rollins, James Mays o Trevor Booker. Incluso, aunque luego fuesen estrellas, pero estrellas al servicio de estrellas al fin y al cabo, como Horace Grant. Pues de tal factoría, aparece K.C. Rivers. De Clemson Tigers, de los de la huella felina como logo de la universidad.

(ACB Photo / P. Castillo)
(ACB Photo / P. Castillo)

Y estos son los credenciales de K.C. Rivers cuando llegó a Europa. Y estos son los que le hacen brillar en el Real Madrid, en su regreso a la Liga Endesa. La pasada semana fue el mejor componente blanco en la derrota ante CsKA Moscú (95-81), con 23 puntos y el mejor en la victoria ante Baloncesto Sevilla (107-83), con 21 puntos. En ambos partidos ha acumulado un excepcional 9/12 en lanzamientos triples. Los blancos echaban de menos su consistente lanzamiento de tres cuando tuviese oportunidad, cuando le tocase, como una segunda, tercera o cuarta opción en la jugada. Para estar ahí, sin egoísmos y con mucho acierto. Un 75% en dos encuentros nada menos.

Sin embargo, lo que más llama la atención de este jugador es la profesionalidad  a la hora de estar en la pista. Les invitamos a que le sigan un puñado de jugadas en defensa, solamente a él. Fíjense como está para él y para todos sus compañeros. Cómo marca al suyo, con una fe en el uno contra uno en defensa, tremenda y cómo ayuda en situaciones de debilidad al compañero. Cómo cuando su defendido corta hacia canasta, nunca recibirá porque Rivers estará marcándole por delante. Y ya puede ser un alero o alguien más grande, porque cuando le tocaba marcar a Balvin por algún cambio en la marca, un jugador que hizo estragos en la zona madridista, tampoco recibía, ¿eh? Es duro en las cercanías del aro para rebotear, para defender a tipos al poste (¿recuerdan cómo secó a Deshaun Thomas en la pasada final liguera, cuando la estrategia era jugar al poste?). Y tiene el instinto asesino del tigre cuando vio que Scott Bamforth se encargaría de su marca, para martillearle una y otra vez en los primeros ataques, para dejar su sello. Un sello tallado en Clemson o cómo llegar a la élite por ser duro, más que el contrario (O si no, pregunten a otro ex Tiger, Iker Iturbe, cual fue el primer equipo del que formó parte cuando llegó allí, conocidos como los “Slab Five” (“los cinco del hormigón). Una raza, una marca. K.C. Rivers deja huella en el Real Madrid. La huella del tigre.

(Euroleague / Getty Images)
(Euroleague / Getty Images)