MIRIBILLA TIENE PODER

MIRIBILLA TIENE PODER

Antonio Rodríguez

Finalizada la primera fase de la Eurocup, Dominion Bilbao Basket que comenzó con el traspié de su derrota en casa ante el Nanterre parisino (73-76), seguida por la sufrida en el siguiente enfrentamiento en casa ante el Olimpia Ljubljana (80-83), ahora, con un 8-2, se encaraman como líderes de su grupo, a la espera de lo que “caiga” de Euroliga. Curiosa trayectorias como locales, pues tales resultados iban acompañados por el 1-3 cosechado hasta el pasado fin de semana en la Liga Endesa. Y en ella están ya en 5-5 con opciones, como cualquier otro, de entrar en la Copa del Rey. Ese mal fario de jugar en casa, se mostró a lo largo de estos últimos días, que era papel mojado.

Con su brillante triunfo ante Trento (104-91), más el logrado ante Laboral Kutxa en la última jornada liguera en la prórroga (89-83), ya parece que no hay lugar a las sorpresas y sí a la trayectoria habitual de éxitos, desde que llegó Sito Alonso al equipo. Sí, pero algo tiene que tener Miribilla para otorgar ese plus a los suyos, que en los peores momentos hace reaccionar. Ante Baskonia superaron situaciones realmente complicadas, que parecían más por cosechar una derrota en casa que por salir airosos. Sin embargo, algo pasa en esta plantilla que se aferra al triunfo que acaba consiguiendo.

Es cierto que Dairis Bertans el pasado domingo fue el de las grandes ocasiones (21 puntos y 7/14 en tiros de campo). El Bertans de la anotación fluida y sobre todo, en los momentos importantes. Que Raül López se sacó de la chistera  una canasta con paso atrás ante la defensa de Mike James, que emanaba polvo de estrellas. Y que además contaron, aunque fuese de manera discreta todavía, con la aportación de su nueva adquisición Mirza Begic. Sin embargo, lo que más me llamó la atención en los primeros minutos de tal choque ante sus vecinos regionales, fue ese primer capítulo inicial de “la vida sin Shawn James”.

Hay que pensar que Axel Hervelle ha jugado solamente 6 jornadas en la Liga Endesa, de las 10 que se llevan disputadas, más renqueante de lesiones que otra cosa. Y estoy convencido que su lucha y algunos rebotitos más de los suyos, hubiesen sido la diferencia para ganar algún que otro encuentro igualado que han cedido (¿el de Valencia Basket, por ejemplo?) Pues ahora y hasta que Begic se acople definitivamente, se vivirá sin la aportación del estadounidense emigrado al Olympiacos, con lo que el problema bajo los aros, se acentúa. Pues con Bogris como pívot titular, parecía más claro que nunca, que la consigna del primer quinteto en pista bilbaíno (Hannah, Bertans, Mumbrú, Suárez y Bogris), quinteto era el de proteger la zona. Que ahí no se encajaban puntos. La tremenda actividad que pudimos ver, el plus de intensidad de Alex Suárez, las ayudas defensivas en situaciones interiores, las fintas para evitar pases en la zona del rival y recuperar a su hombre, fueron una constante que les ayudó bastante a minimizar las amenazas de Bourousis o las temidas entradas de James y Causeur, al margen de ser una delicia para el buen aficionado que llena siempre las gradas de Miribilla.

 Algo deben tener esas gradas, incluso para que hagan que Kim Tillie no capturara el balón del todo y se lo dejase arrebatar por un rival y anotar la canasta que les llevó a la prórroga, cuando con el tiro libre fallado por Raül, parecía una derrota irremediable. Y en la prórroga, supieron asestar el golpe definitivo cargados de frialdad y concentración.

Algo deben tener esas gradas cuando Alex Mumbrú se mantenga en el star system de la competición a sus 36 años, con el 5/5 en triples de la primera mitad, algunos de ellos alejados y realmente exigentes para hacer creer.

Algo deben tener esas gradas para que Darius Adams se fuese apagando en la segunda mitad o que para que Adam Hanga, que volaba más que nadie en el recinto, hiciesen que sus saltos y sus tiros fuesen inútiles en los momentos decisivos.

Pues quizás Miribilla tiene poder. Un socio que cree en su equipo y un plantel que, a pesar de las duras pruebas y tropiezos del comienzo, que asume que en sus asientos multicolores hay un embrujo que les apoya. Algo debe haber, porque son los que más se aferran a la victoria cuando nadie más lo ve.