NUESTRO GRAN ANIVERSARIO

NUESTRO GRAN ANIVERSARIO

Antonio Rodríguez

Estábamos en puertas de vivir 1992, ese año en que iban a cambiar muchas cosas entre los aficionados españoles al deporte. “Pues ya está aquí…” recordaba Paco Torres en su columna editorial de la semanal “Gigantes del basket”. Ya no hacía falta subirnos a una montaña para ver en el horizonte los Juegos de Barcelona’92, sino más bien en una loma, que los teníamos aquí. En el próximo verano. Y sí, allí llegó lo del Dream Team por los que suspirábamos desde hacía meses y a mi modo de entender, con ello, se dio un antes y un después en la historia de nuestro deporte. Digamos que entramos en la edad contemporánea.

Es cierto que aunque tenían toda la pompa, creo que no imaginábamos que iba a ser tan grandioso como ahora, casi 25 años después (total, queda año y medio tan sólo). El baloncesto moderno, sus atletas y su mercadotecnia, tuvo su gran exponente allí. ¿Y saben por qué también me alegra que eso sucediera así, en ese momento y en aquel lugar? Porque no conozco mejor manera de haber celebrado los 100 años desde el nacimiento del baloncesto.

En las puertas previas al inicio de aquel 1992, exactamente un 15 de diciembre –como hoy- de 1991, celebrábamos el primer Centenario desde la invención de esta maravilla de deporte que nos cautiva, llamado baloncesto. 100 añitos nada menos. Hoy día, en este 15 de diciembre actual, vamos por los 124 años. Recuerdo que a Pedro Barthe, intuyendo un puñado de ellos antes tal efemérides, se dedicó a rescatar imágenes por el mundo y celebrarlo con su famoso “Chócala!!!”, una serie de 13 capítulos televisivos, para familiarizarnos más con toda aquella historia. Que no crean, que tenía muchos huecos oscuros en su memoria. Sin un NBA.tv o youtube o Google que nos aclarase dudas –que eran otros tiempos-, su repaso nos pareció como poner las piezas que faltaban a nuestro puzle particular. Ver a Bill Russell en los Juegos de Melbourne’56, que hoy día pudiera resultar curioso, en 1991 era algo extraordinario.

Las redes sociales han hecho de bafle, sobre todo desde Estados Unidos, de nuestro deporte, haciendo llegar su voz a todos los rincones. Como bien dice alguien, es complicado pensar que haya alguna tribu recóndita en nuestro planeta, donde no hayan oído hablar de Michael Jordan o las siglas NBA. En nuestro 124º aniversario, seguimos celebrando el baloncesto del día a día, el de los vuelos de Lebron, los triples de Curry y las últimas actuaciones de Kobe Bryant con el kleenex bien amarrado. El del Real Madrid campeón de Europa como hace 50 años y el de dos hermanos procedentes del F.C. Barcelona, que resulta que hacen el salto inicial en todo un All Star Game. También el de la puñetera falta táctica y el hack-a-Shaq traducido en cada vez más jugadores en su término final, por desgracia. Pero es la evolución del juego, para lo bueno y para lo malo. Eso sí, está bien manejar los viejos libros de técnica individual para hacer que el tronco crezca recto, que los vicios ya irá adquiriendo después.

Un juego que nos sigue gustando, que dedicamos muchas horas alrededor de él y que siga dando emociones –y recordemos lo del España-Francia de este pasado Septiembre-. Su aniversario es nuestro aniversario también. Como cuando éramos niños inocentes,  con nuestra lógica falta de diplomacia, tirábamos de las orejas a nuestros abuelos en sus cumpleaños, mientras nos decían la edad y agitando nuestra manita exclamábamos un “¡hala, qué viejo!”, eso podemos hacer con el baloncesto. Claro que ya como adultos, está bien pensar de dónde vienen las arrugas de su cara. Con el baloncesto, no necesitamos fantasear en tal reflexión, sino que tenemos todo tipo de información y siempre está bien utilizarla. Recordarla, saber qué pasó para estar donde estamos. Y celebrarlo, por supuesto.

Desde aquella fría mañana en Springfield (Massachussets. Que ya nos recuerdan “Los Simpson” que Springfield hay muchos), desde aquellos cestos de melocotones, James Naismith, harto que sus estudiantes se rompieran la crisma en juegos violentos, así como las rodillas en superficies heladas, dijo “vámonos para el gimnasio”, que algo se le ocurrirá para entretener a los críos. Lo que nunca supo es la cantidad de millones a los que iba a entretener a partir de ese momento, de tipos, que por muy mayores que podamos ser, nos volvemos críos llenos de ilusión con este jueguecito delante.