LUKA DONCIC, REENCONTRARSE CON EL BALONCESTO

LUKA DONCIC, REENCONTRARSE CON EL BALONCESTO

Antonio Rodríguez

A los fenómenos de nuestro deporte, hay que admirarles en directo, in situ, a ser posible. En Bilbao, el chico anota un triple decisivo para cerrar el encuentro y muestra un gesto de rabia, cerrando el puño y gritando con discreción, agachando la cabeza y mirando al suelo, ahogando tal grito para pasar lo más desapercibido posible entre hombres. Pero celebrando el “aquí también decido”. En el Barclaycard Center, pierde la mirada con la cabeza altiva, cuando fuerza falta personal tras un enorme reverso para encaminarse hacia canasta, manteniendo el camino recto hasta el aro, tras ser empujado y desplazado y aun así, permanecen las maneras para lanzar el tiro equilibrado que pudiera haber entrado y que la fortuna quiso que se saliera. Como los grandes. Luka Doncic es un fenómeno de nuestro deporte. Luego podemos ponerle, por precaución y sentido común, la etiqueta de ‘precoz’. Pero por encima de todo, un fenómeno.

Foto Euroleague / Getty Images.
Foto Euroleague / Getty Images.

Aficionados me van diciendo en tono de queja “es que los árbitros no le respetan, que le tratan como a un junior”. Y no dejo de reprimir cierta sonrisa, porque ¡no es un junior todavía!, que lo será este próximo 2016, sino que por edad, permanecería en categoría cadete. Y eso es lo más importante y el por qué, los 16 años son secundarios en este chico, que de verdad, a uno le hace reencontrarse con este deporte llamado baloncesto, al que respeta por encima de todas las cosas.

Luka Doncic ha jugado, debido a las lesiones de sus compañeros -sobre todo de Rudy Fernández-, minutos exigentes, de los que cuentan de verdad. Y siendo el líder en el equipo junior del Real Madrid, como para barrer en el campeonato de España junior, como para competir en liga EBA, el actual escenario no es terreno desconocido para él. Y esos minutos exigentes han sorprendido a quienes no le conocían. Minutos para decidir entrar a canasta, fintando el pase con la pureza como para engañar a un veteranazo como Mumbrú, para lanzar triples –y anotarlos. Dos, por si uno pareciera resultar accidental- en Bilbao, para ser uno más dentro de las fanfarrias que tienen los apellidos en el reverso de las camisetas del Real Madrid.

Foto Euroleague / Getty Images.
Foto Euroleague / Getty Images.

Hay momentos que marcan el sello de estirpe del jugador-nada-asustado de 16 años. En Bilbao, cuando Pablo Laso le hizo oficiar de base, Clevin Hannah intentó apretarle las clavijas, buscando en la rapidez que da un jugador de sus condiciones, presionarle hasta arrebatarle el balón. Eran sus cartas y las utilizaba. Y Luka Doncic respondió, porque también es conocedor de las suyas. Siendo un base de 1.98 en pista, utilizar el cuerpo como protector para el bote. Y hay un momento en que llegando a la bombilla, se desplaza lateralmente para desplazar a Hanna y ‘quitárselo de en medio’, con tan mala suerte que Jeffery Taylor, que no conocía de sus intenciones, choca con él. Hannah sigue encima. El chico vuelve a pedir el balón y lo recibe tras haberlo pasado instantes antes y decide acabar el trabajo que empezó: volviendo a usar su cuerpo, entró hasta canasta para anotar con solvencia, dejando la marca en la mente de Clevin Hannah que por ahí, no iba a ser.

Otra. En el encuentro de ayer, era Bogdan Bogdanovic quien lo presiona cuando subía el balón y fue capaz incluso de tocarlo, a punto de arrebatárselo. Luka Doncic, dentro de la dinámica y del respeto que da formar parte del grupo, tuvo un arranque individual: le quiso hacer pagar a Bogdan la afrenta. Dos botes en intentos de cambios de dirección, delante de sus narices, con la exquisita perfección que era justo ante él donde hacía que el balón botase, donde los brazos rivales no llegan nunca, para arrancarse en una entrada, utilizar el reverso como recurso, continuar hacia canasta sin perder ni el equilibrio ni la trayectoria hacia el aro y allí ya, sí fue empujado para que no consiguiese la canasta. Incluso ahí, tuvo la maestría de mantenerse equilibrado para lanzar el tiro aun cayéndose, como colgado, que no entró por un capricho.

(ACB Photo / Aitor Arrizabalaga).
(ACB Photo / Aitor Arrizabalaga).

Hay muchas horas de trabajo en él, bajo la supervisión de su padre, entrenadores personales y el Real Madrid. Y si hay alguna menos de las que pudiera imaginar (que me extrañaría), lo suple el enorme talento del chico. Talento traducido en gestos naturales, en parecer tener ya sabido ejercicios que le presentan como nuevos. En estas fechas prenavideñas parece otorgar un regalo por adelantado a la Liga Endesa. La facilidad del baloncesto, la pureza de sus gestos, el respeto máximo a las reglas técnicas de este deporte. Y ver esta maravilla, es reencontrarse con el baloncesto. Recuerdo que hace 22 años exactamente, el Real Madrid se apresuró en firmar a la escuadra italiana Stefanel Trieste como uno de los representantes para su torneo de Navidad. Llevaba ya 3 años que ni fu ni fa y era deseo e intención relanzarlo. Y por toda Europa había ecos que había un chico maravilla con 20 años en Trieste, que sería la excusa para esta reivindicación del tan afamado torneo navideño. El club blanco y sus organizadores estuvieron avispados en traer para tres jornadas las excelencias de aquel Dejan Bodiroga. Y los aficionados al baloncesto lo agradecimos. Pues ahora la maravilla no hay que traerla, pues tiene 4 años de adelanto y además, le tienen en la casa. Definitivamente, es un regalo.

(ACB Photo / Aitor Arrizabalaga).
(ACB Photo / Aitor Arrizabalaga).