NUEVOS CACHORROS PARA QUE ESTUDIANTES PAREZCA A ESTUDIANTES

NUEVOS CACHORROS PARA QUE ESTUDIANTES PAREZCA A ESTUDIANTES

Antonio Rodríguez

Darío Brizuela coge de los hombros a Diego Ocampo, a modo y manera de discípulo resignado. El entrenador estudiantil, con su forma pausada, le acababa de explicar a su base que no podía dar un pase, aunque fuese picado, a Fran Guerra cuando llegaba en carrera, a cuatro metros del aro, porque lo más lógico es que el pívot, desde su atalaya de 2.12 de estatura, perdiese el balón o cometiese pasos. Era una pérdida en un momento importantísimo del encuentro en la intentona de remontada en el último cuarto ante el Real Madrid. Y el joven Brizuela apoyó su cabeza en el hombro de su mentor. Acto de arrepentimiento, acompañando un “no se volverá a repetir”. Y es que, Movistar Estudiantes, en esta ocasión guiados por ‘la Fuerza’, justificándolo con sus uniformes en negro en la promoción de la nueva entrega de “Star Wars”, estaban muy cerca de batir a su eterno rival.

Juancho Hernangómez estuvo acompañado por
Juancho Hernangómez estuvo acompañado por "la fuerza" (ACB Photo / Antonio Martín).

Fue un gesto, un momento más dentro del gran espectáculo que vivimos en el Barclaycard Center. Un encuentro de los que estamos acostumbrados a ver entre estos dos rivales. De los del tópico de ‘rivalidad máxima’, pero en esta ocasión sucedió de verdad. Como el año pasado. Como no tan frecuente en las últimas temporadas, por los diferentes problemas que han ido atravesando los colegiales, el 75-80 final demuestra que estuvieron a la altura. A una gran altura. Sobre todo porque el Real Madrid realizó un extraordinario partido, necesitado de ello para vencer, coronado con un triple asombroso de Sergio Llull que acabó por sentenciar la contienda.

Al Real Madrid, a pesar de su inicio frío cargado de imprecisiones y pérdidas de balón, se le empieza a notar la fluidez en este ‘inicio de temporada’, tras unas primeras jornadas de liga, más parecidas a pretemporada. Con una mentalidad de paso a paso por no haber tenido tal pretemporada, ajustando físicamente las piezas para que tras un mes de competición, ahora sí que las jugadas van ajustando, los sistemas resultan, que imagino que habrán ido incrementando en pequeñas dosis para el acoplamiento de todos. Y los pases son más certeros y el entendimiento con los nuevos –y los nuevos, como el caso de Trey Thompkins- con el resto, por la disposición a dar y recibir buenos balones, comienza a notarse. Del Real Madrid hablaremos en breve, haciendo un análisis precisamente de este primer mes. Pero hay trabajo y una cara muy distinta a los de la primera jornada.

Darío Brizuela, todo ímpetu (ACB Photo / Antonio Martín).
Darío Brizuela, todo ímpetu (ACB Photo / Antonio Martín).

Movistar Estudiantes estuvo brillante. Desde el minuto uno. Diego Ocampo trabaja y fomenta las tretas y los engaños en los sistemas y debido a ello, vimos jugadas interesantísimas, sobre todo en el juego del dos contra dos. El bloqueo que no es tal, pues buscando el despiste rival, usaban cortes a canasta de la mano de Bircevic o Hernangómez antes de consumarlo, nos pareció en su suma, una muestra de frescura, belleza y de un aprovechamiento de las piezas, ocurrente y muy efectivo. Que el uno contra uno de Juancho a campo abierto era magnífico, y que la temperatura que tuvieron todos los locales jugando, era de tratar de tú a tú al rival. Y ahí entran los jóvenes cachorros del Estudiantes, esos que históricamente han dado un sello, una identidad, al equipo del Ramiro. Y que en esta ocasión, por la obligación a ganar y la prematura carga de responsabilidad que conlleva, porque querían olvidar las primeras tres derrotas ligueras y dar continuidad a lo logrado en Tenerife, porque era el Real Madrid, todo un poco, han otorgado una madurez acelerada a sus jóvenes como para ofrecer la imagen ofrecida en la tarde del domingo.

Juancho Hernangómez sabe de baloncesto. Tanto por instinto como por trabajo. Y a estas alturas, es tan importante una cosa como la otra. El pase que dio en los primeros instantes a Bircevic, en un tuya-mía con éste en el corte hacia canasta, es de ese instinto que reflejamos y que hay que tenerlo. Que luego con un tipo como Jeffery Taylor en poste bajo ya había más problemas, porque cuando el músculo manda, hay otro guión. Pero su uno contra uno defendido por ala-pívots, a campo abierto, fue magnífico. Y las ganas que pone en todas las acciones, el ímpetu ‘rodmaniano’ por defender su aro y asegurar el rebote (llegar a coger nada menos que 12 de ellos, para un total de 14), añadiendo 16 puntos, fueron de una evaluación sobresaliente.

Darío Brizuela es todo ímpetu. Por ello le tuvo que dar un ‘coscorrón verbal’ Felipe Reyes en forma de un “¿qué haces?, ¿qué haces?”, tras gritar por la espalda a Llull, al colocarle un tapón. El base estudiantil confesó posteriormente que era la emoción del momento, que se retractaba y que Felipe  tenía razón. Que son impulsos y de esos, tiene muchos. Pero, ¿no era eso exactamente lo que le sobraba a Felipe, cuando le llamábamos ‘el menor de los Reyes’? Sin embargo, sus impulsos le hicieron provocar un ritmo alto en el partido y descaro a la hora de jugar, de entrar a canasta, de tirar. Porque como me dijo un viejo amigo, Darío Brizuela quiere el balón. Y eso suele definir a los futuros líderes, en este caso en el atlético, pero pequeño cuerpecillo de base –con pies muy grandes, eso sí, en los que apoya su buena capacidad de salto-, tiene recién cumplidos los 21 años. Dejándose el alma en defensa ante la inferioridad física, no amedrentándose, buscando el choque con su defendido, mientras Rudy miraba a los árbitros de reojo. Tras los 26 puntos en La Laguna, en esta ocasión fueron 9. Pero siguió agradando.

Stefan Bircevic encara a Ayón. Se aprovechó de las tretas tácticas de Ocampo para jugadas así (ACB Photo / Antonio Martín).
Stefan Bircevic encara a Ayón. Se aprovechó de las tretas tácticas de Ocampo para jugadas así (ACB Photo / Antonio Martín).

Jaime Fernández deleitó a todos. El uno contra uno frente a Gustayo Ayón con paso atrás, para anotar un triple, fue sencillamente extraordinario. Jaime tuvo el instinto asesino de anotar cuando se necesitaba hacerlo. Y fallar cuando había que lanzar –como el intento triple final, tras el último tiempo muerto de su equipo-. Hay que tirarlas, porque eso marca un peso específico. Y él lo tuvo. Como decisión a la hora de entrar, para anotar 16 puntitos (3/6 en triples). De la camada de jóvenes cachorros, él es el mayor (la ‘friolera’ de 22 años, oiga), tiene un año más de experiencia y poso. Se nota y sobre sus espaldas se subió el equipo en muchos minutos, algo que tanto estaba esperando la afición estudiantil tras quedar encandilado con las primeras electrizantes acciones del rookie hace dos temporadas.

¿Qué no tienen un Pinone y un Winslow que les guíen? Pues sí. Sin embargo, Zach Graham, a pesar de seguir seleccionando algunos tiros de manera errática, sí que dio otra imagen, positiva imagen. Y quizás sin la brújula de un peso específico que suelen dar los dos americanos, estos cachorros se han debido curtir antes de tiempo. Madurez a golpe de exigencia. Es lo que tienen y han tenido siempre las jóvenes hornadas de los colegiales. Para madurar, para competir, para que Estudiantes vuelva a parecerse a Estudiantes.