JAYCEE CARROLL, EL DESTINO NO PUEDE SER ESQUIVO SIEMPRE

JAYCEE CARROLL, EL DESTINO NO PUEDE SER ESQUIVO SIEMPRE

Antonio Rodríguez

Realizaba verdaderas exhibiciones en las finales. En las dos que había disputado anteriormente. Y se queda en puertas de quedar campeón del concurso. Luego llegaba el chico-maravilla Josh Ruggles, invencible en concursos de triples, y le derrotó en dos ocasiones consecutivas. La diferencia en ser exclusivamente un tirador (por eso, su futuro inminente está en una universidad de la NAIA) y ser un jugador de baloncesto,  además de un excelso tirador, es la de ganar o quedarse en la final. Cuando Jaycee Carroll ha jugado con sus semejantes, les ha derrotado. Y al fin se ha proclamado campeón del concurso de triples en la Supercopa Endesa. A la tercer final consecutiva.

Pidiendo lanzar el último para no solamente descansar, sino para acabar por dejar exhausto a su rival, el base verdinegro Demont Mallet, cuyas tres series fueron en un periplo muy breve de tiempo, logró agotar a su contrincante. “Si me hubiesen dejado un par de minutos para descansar mi antebrazo antes de la final, ya hubiésemos visto” remarcaba el derrotado, bolsa en mano, cuando se retiraba del Martín Carpena.

Pero a Jaycee Carroll, el destino no le puede ser esquivo siempre. Tras disputar la segunda semifinal frente a Unicaja, pidió que la sesión de tiro previa -que dictamina el orden y emparejamientos del concurso de triples- la hiciese horas más tarde de las 09:45, horario previsto. A él se unieron Dani Díez y Alex Abrines por la misma circunstancia.

Carroll llegó poco más de la una del mediodía a tal ronda de clasificación. Comienza a tirar muy despacio, como con timidez, cogiendo un balón del carro, lanzando, viendo su trayectoria y pensando unos instantes. A por otro. Acabó todos los balones y realizó una serie, ya a ritmo y cadencia del concurso. Afinando, consiguiendo las sensaciones que buscaba. Luego, la de verdad. Y a esperar a la tarde, en su nuevo intento de conquistar el ansiado trofeo, tras volar en dos ocasiones desde Vitoria a los aledaños de Chicago, en manos de una familia de Illinois.

Siempre he tenido mi más absoluta admiración por su manera de concursar. Para conseguir los 22 puntos de la semifinal y de la final, realizó la misma hazaña: anotar 18 balones, cuatro de ellos bicolor (que ya no son tricolor). 18 de 25 a ese ritmo. Ahora, añadan más complicaciones. Jaycee Carroll es un tipo que salta muchísimo en sus tiros. Su corta estatura para ser un escolta y velocidad de ejecución que busca para su habitual efectividad, es ayudada por un poderoso salto. Gesto que apenas cambia en un concurso de triples. De lejos es el tipo que más se impulsa para iniciar el movimiento. Eso implica mayor lentitud en el proceso –tardas en subir, tardas en caer-, unido al cansancio que eso provoca. Si los dos últimos carros suelen ser complicados, para un gesto como el suyo, debe ser tortuoso. Pues no muestra la más mínima fatiga y sí su amplia y sincera sonrisa cuando va eliminando rival tras rival.  Y esa sonrisa la mantuvo en esta ocasión hasta el final, en la que sí, quedó campeón.

Nuestra enhorabuena a Jaycee Carroll, un jugador de baloncesto con un tiro excelso. Una delicia de tipo, una sonrisa de ganador.