RENACER LA COPA INTERCONTINENTAL…¿PARA ESTO?

RENACER LA COPA INTERCONTINENTAL…¿PARA ESTO?

Antonio Rodríguez

La Supercopa ACB es un invento magnífico. Déjenme tomarme la libertad de llamar pretemporada a todo torneo, oficial o no, disputado antes del pistoletazo de salida de la correspondiente liga. Pues la Supercopa es un gran invento de pretemporada. Todos ávidos a ver los mejores equipos, con sus incorporaciones y en un arranque con cierta enjundia, es algo que siempre se ha perseguido durante toda la historia, sobre todo desde la irrupción de la televisión, que nos acercaba imágenes de nuestros ídolos. ¿Recuerdan el torneo de Puerto Real, el “Memorial Héctor Quiroga”? Era perfecto. Cita donde los mejores clubes de Europa se dejaban caer, era un regalo para la vista. Aprovechar el tirón que tiene ver las primeras evoluciones de los grandes protagonistas. Es la primera imagen, la que en muchas ocasiones cuenta. De hecho, ahí pude ver los primeros sudores de Linton Townes o Larry Spriggs en el Real Madrid, el juego de pies de un pívot muy resolutivo llamado Ricky Brown en el Tracer Milán (antes de su desembarco a España), la sinfonía de la Jugoplastika Split y todos sus fenómenos, o algunos de los enfrentamientos más feroces entre Fernando Martín y Audie Norris. Cuando dejó de existir, se creó un vacío que alguien, de manera muy acertada, dio con la tecla para crear la citada Supercopa, dando cabida a los también los concursos, triples o de mates, de los defenestrados All Stars.

Este es el Real Madrid campeón de la última Copa Intercontinental (FIBA Américas).
Este es el Real Madrid campeón de la última Copa Intercontinental (FIBA Américas).

Pues la Copa Intercontinental no deja de ser un invento parecido, una concepción similar, pero partiendo de otro origen: la falta de confrontaciones, como dijimos en el artículo de ayer, entre clubes de diversos continentes, cuya idiosincrasia y diferencias eran más notorias hace 50 años, en el inicio del proyecto. Durante su existencia, siempre ha tenido atractivo. El Real Madrid recuerda con cariño sus títulos, así como para clubes sudamericanos, en este concreto caso el Obras Sanitarias, lograron proclamarse campeones. Baloncestos tan distintos, que daban pie a la curiosidad y por extensión, a su lógico atractivo.

                Hoy día se mantiene tal aliciente a pesar de estar algo decolorado ante un mundo tan globalizado. Pero siguen existiendo los motivos expuestos al principio: son las primeras evoluciones que el aficionado medio puede ver. El nuevo arranque del Real Madrid en Sao Paulo este fin de semana, suponía hacer sonar el motor para sus internacionales, así como dar un primer chequeo a sus recientes incorporaciones. Y el que los brasileños aún mantengan ese baloncesto divertido y desenfadado, acaba atrayendo.

Walter Herrmann lanzando a canasta ante el Maccabi Tel Aviv, en la edición del 2013 (FIBA Américas).
Walter Herrmann lanzando a canasta ante el Maccabi Tel Aviv, en la edición del 2013 (FIBA Américas).

Sin embargo, una vez vista su tercera edición desde que se recuperó, ¿es ésta la idea que se tiene de una Copa Intercontinental? ¿Tal chapuza? ¿Rescatado para esto? Miren, que el escenario sea viejo y vetusto como el gimnasio Ibirapuera, no es cómodo, aunque sí que hay algo de compensación en su propia antigüedad, con la solera y tradición que ello lleva implícito (recordamos que ahí, en 1981, el Real Madrid había ganado su última Copa Intercontinental). Eso sí, dos equipos, por más que se enfrenten, en el mismo escenario, con los mismos árbitros, con 36 horas de diferencia –es que ni 2 días completos, oiga-, que lo más lógico que el aficionado exclame el “¿otra vez?”… ¿Para qué? ¿Qué se busca, cumplir un expediente? ¿Y para esto un acuerdo entre FIBA y Euroliga? Poco lustre da. Ninguno, en mi humilde opinión.

Esteban Camisassa intenta pasar a su compañero Rolando Frazer, cuando Obras Sanitarias ganó al Jolly Cantú en la edición de 1983 (Foto Marcelo Figueras).
Esteban Camisassa intenta pasar a su compañero Rolando Frazer, cuando Obras Sanitarias ganó al Jolly Cantú en la edición de 1983 (Foto Marcelo Figueras).

La Copa Intercontinental era otra cosa. Y su herencia revitalizada y maximizada, el Open McDonald’s, no digamos. Los tiempos cambian y donde había fechas más que sobradas a principios de los 80 para una Intercontinental de varios equipos, ahora es más complicado. Donde antes la NBA se aventuraba a enviar a un equipo frente al mundo FIBA, ahora es todo un ‘NBA European Tour’ con diferentes franquicias por nuestra geografía. Hay menos fechas y menos disposición. Pero en verdad, si se quiere buscar relumbrón a esta competición, impepinablemente necesario sería ampliar el número de equipos, de más continentes y con la guinda de un NBA si fuera posible (dentro de su gira). ¿Improbable? Bueno, pues intenten crear un producto que no de la sensación de quitarse un problema de encima, sino algo con ilusión y que luzca. Que atraiga, lo juegue quien lo juegue y si es posible, con más plazo que 5 días tras la finalización de un Eurobasket, mejor que mejor.

Oportunidad para ver a Trey Thompkins, adquisición este verano del REal Madrid (FIBA Américas).
Oportunidad para ver a Trey Thompkins, adquisición este verano del REal Madrid (FIBA Américas).

La sensación de improvisación que ha dado lo acaecido en Sao Paulo viernes y domingo, sea un desliz para algo mejor. Porque realmente, hacer renacer la Copa Intercontinental, para esto, no tienen ningún sentido.