REAL MADRID, CAMPEÓN DE LA COPA INTERCONTINENTAL

REAL MADRID, CAMPEÓN DE LA COPA INTERCONTINENTAL

Antonio Rodríguez

Puede que haya sido la competición con más ‘acuerdos y desacuerdos’ de la historia. Ese afán por unir en un solo baloncesto (en este caso, de clubes), continentes tan separados y maneras de juego tan diversos en la década de los 60, hizo que en 1966 se creara esta Copa Intercontinental. Era la única manera de congregar en una misma pista, equipos españoles e italianos frente a brasileños o argentinos. Porque aquellas probaturas que venían de añadidura, en forma de combinados USA patrocinados por empresas petrolíferas, tirón, lo que se dice tirón, pues tampoco tenían mucho.

Real Madrid, campeón de la Copa Intercontinental (Foto FIBA Américas).
Real Madrid, campeón de la Copa Intercontinental (Foto FIBA Américas).

Entre su nacimiento con el Torneo de Navidad del Real Madrid, para luego desmarcarse de él,  ampliarse en número de equipos y llamarse Mundial de Clubes, aparecer y desaparecer como el Guadiana, mezclándose en tal mix con el Open McDonald’s  a modo de uno sustituyendo a otro (aunque eso, con equipos NBA, ya eran palabras mayores)…hasta la actualidad, el Real Madrid lo había ganado en 1976, 1977, 1978 y 1981, conquistándolo nuevamente ayer, paradójicamente en el gimnasio Ibirapuera, de Sao Paulo, donde levantó este título por última vez.

Rescatado hace 3 temporadas, la nueva citación versión 2015, trataba de un partido de ida y vuelta en la misma sede (¿?), con los mismos árbitros (¿?), haciendo el rival de los blancos, el Baurú brasileño, como anfitrión en ambas. Y bien que se alegraron sus aficionados cuando derrotaron por 91-90 en el primer choque el pasado viernes por la noche. 36 horas después (¿?!!) volvieron a enfrentarse y el Real Madrid se hizo con el título, con victoria por 91-79. Meritorio triunfo si contamos que una parte importante de su columna vertebral, en esta ocasión los internacionales españoles, nada más aparcar botellas de champagne y matasuegras por el título del Eurobasket, debieron tomar el vuelo con sus compañeros sin apenas horas de descanso  –y más vale que puedan y sepan dormir en los aviones- camino de Sao Paulo a por esta Copa Intercontinental.

Sergio Llull entrando a canasta con fuerza, ante Alex García (Foto EFE).
Sergio Llull entrando a canasta con fuerza, ante Alex García (Foto EFE).

Entrando en harina, podemos decir que el Real Madrid es el justo ganador del primer torneo oficial que disputa esta temporada 15/16. Que parece todo complejo en eso del 5º trofeo de la temporada, repóquer de títulos...definiciones de lo más diverso. Que como consecuencia de uno de los cuatro títulos de la pasada temporada (todos los que disputó), la Euroliga en este caso, le ha otorgado el derecho de jugar esta competición y con su adquisición, digamos que cierra un círculo estelar del gano-todo-lo-que-juego. Pero dejar claro también que éste ha sido el primer título que ha conseguido el club blanco en esta nueva campaña. Como ser campeón de Europa deriva de una clasificación liguera un año antes, este caso de la Intercontinental es similar. Para abrir el telón, un nuevo triunfo.  

De lo que fueron los dos enfrentamientos, claramente se vio quiénes estaban algo más acoplados, por efectuar la pretemporada con Pablo Laso y quiénes deben coger tono con sus compañeros. El antídoto será jugar partidos, nada más. Que Jaycee Carroll, tras sus exhibiciones en los choques de preparación a esta nueva liga, no es ninguna sorpresa que haya destacado tanto en tierras brasileñas (18 puntos el primer día. 22 el día de ayer). Que también hemos tenidoo la ocasión de ver a una de las nuevas adquisiciones, el estadounidense Trey Thompkins, y poder comprobar la facilidad que posee para jugar y para anotar. Y es que Thompkins (17 puntos ayer, todos en la 2ª parte) muestra la sencillez como forma de desenvolverse en una pista. Lanzamientos en suspensión, triples, jugadas en poste bajo a la media vuelta, todo sin ruido, sin acciones explosivas o espectaculares, pero anotando. Tan cargado de talento, tan insonoro. Por supuesto que no es Slaughter, ni posee s garra defensiva. Pero este tipo sabe anotar.

Los jugadores del Real Madrid se debieron juntar de vez en cuando, para calmarse ante el arbitraje imperante (Foto FIBA Américas).
Los jugadores del Real Madrid se debieron juntar de vez en cuando, para calmarse ante el arbitraje imperante (Foto FIBA Américas).

Del resto, si contamos a los participantes del Eurobasket (el “Chacho”, Llull, Rudy, Maciulis, Willy y Felipe), más lo que jugaron el Torneo de las Américas (Gustavo Ayón y Andrés Nocioni), que tuvo la conclusión una semana antes del Eurobasket, pues ya completamos el plantel que puso en pista Pablo Laso, sin horas apenas juntos en esta nueva andadura. Más, que hay que dejarlo claro, el flamante tercer base que utilizará a lo largo de esta recién estrenada temporada 15/16, Luka Doncic, que con 16 años aún, aguantó todas las envestidas, empujones y manotazos de los rivales cuando subía el balón –pues tuvo por momentos, el honor de ser el único base del Real Madrid, tras la expulsión de Sergio Rodríguez y un leve esguince de tobillo de Llull, que lo mantuvo apartado unos minutos-, ante una asombrosa complacencia por parte del trío arbitral, que mostró una clamorosa falta de respeto al chaval y a su edad. Doncic ni rechistó. Cometió errores, por supuesto, pero siguió jugando.

¿Qué podíamos esperar de este enfrentamiento a doble partido? Pues acertado era pensar que un Real Madrid todavía inconexo, donde decidió la rapidez y el enorme talento ofensivo que desprenden para hacerse con el trofeo, pero donde los errores defensivos afloraron muy a menudo, sobre todo en el encuentro del viernes. Algo lógico y normal. No sé si por buscar efectividad a la falta de tiempo previa a esta competición, porque era lo más apropiado de cara a este rival o porque será una estrategia a trabajar en el futuro, los hombres entrenados por Laso defendieron con la filosofía de los cambios permanentemente de hombre cada vez que había un bloqueo. Y todo ello deparó numerosos desajustes con ciertas dudas, ayudas tardías y falta de ‘timing’  entre los compañeros, volvemos a repetir, algo normal tras las escasísimas horas compartidas, más de avión que de sudores en parquet en esta nueva travesía. Porque si no, es complicado pensar que Rafael Hettsheimeir pueda anotar 6 triples, 5 de ellos casi de manera consecutiva. Que en poco más de 5 minutos se perdiesen hasta 17 puntos de diferencia en el tercer cuarto del primer envite o que el base brasileño Ricardo Fischer se marque 26 puntos ayer.

Jonas Maciulis intentando entrar a canasta el primer día (Foto EFE).
Jonas Maciulis intentando entrar a canasta el primer día (Foto EFE).

A todo esto, añadan una manera de jugar por parte del Baurú extraña. En ataque, con pívots muy abiertos y tiradores exteriores (tiradores, que no metedores en algunos casos. Porque el 3/11 de Jefferson Da Silva y el 13/32 de Hettsheimeir, ahí queda), mientras que Alex García, siendo base-escolta, fue el jugador rival que más veces jugaba en poste. Y en defensa, sabedores de su inferioridad, utilizaron las manos y los brazos casi de manera grotesca, ante la más grotesca aún, permisividad arbitral. “Sabemos que el arbitraje va a ser así” intentaba convencer Pablo Laso a los suyos en un tiempo muerto del primer partido. “Y lo sabemos. Que no nos saque del partido”. Pero resultó complicado, porque ante dos técnicas bastante incomprensibles en el primer encuentro, les sucedió en el segundo la sorprendente eliminación de Sergio Rodríguez, tras ser castigado con esta pena por dos veces consecutivas, en una especie de ‘debe’ que tenía con el árbitro dominicano Reynaldo Mercedes, tipo al que precedían  algunas polémicas actuaciones personales, así como que el mundo del baloncesto le recuerda tristemente, por su más polémico aún arbitraje en la final del Mundobasket del 2002 en Indianapolis, funesto para muchos, cuando Argentina tuvo una clara sensación de que no le dejaron ganar en la final ante Yugoslavia.

Sergio Rodríguez, harto de los empujones y manotazos, tras provocar una falta, dio un bote violento al balón contra el parquet, haciendo que el rechace del mismo saliera muy alto, lo que provocó el enfado del tal Reynaldo Mercedes, que le señaló la primera falta técnica. Antes que los brasileños cumplimentasen tal sanción, el “Chacho” debía tirar los dos tiros libres, producto de la falta que había provocado. Tras anotar el primer lanzamiento, hizo un notorio gesto con el dedo índice, alzándolo a la mesa y al propio Mercedes, indicando que había anotado un tiro libre. Gesto que debió tomar como despectivo el colegiado dominicano. Sergio Rodríguez, aún encendido, anotó el segundo y alzó dos dedos para bajarlos a continuación otra vez a los mismos protagonistas, para que anotasen el segundo tiro, imitando el gesto arbitral cuando dan canasta. Sin mediar palabra, sin dirigirse al base del Real Madrid para advertirle que su actitud no le estaba gustando, le señaló una segunda técnica y lo descalificó, con el agravante que cuando el jugador se acercó al árbitro ofreciéndole la mano para irse al vestuario –en tono irónico, lógicamente-, Reynaldo Mercedes se la denegó. No solemos hablar en absoluto aquí del arbitraje, pero este fue un botón de muestra de lo que pudo llegar a desesperar a los jugadores del Real Madrid. Debieron aguantar bloqueos en constante movimiento de los brasileños y demasiada permisividad en la utilización de brazos y manotazos.

Andrés Nocioni puso garra para sacar este título adelante (Foto EFE).
Andrés Nocioni puso garra para sacar este título adelante (Foto EFE).

Pero como lo que cuenta es el final y el título conseguido, pues el Real Madrid regresa de la metrópolis brasileña con la sonrisa del deber cumplido. Que tampoco tiene mucho tiempo para seguir trabajando, puesto que la Supercopa está a la vuelta de la esquina (concretamente el miércoles), y que los vigentes campeones de absolutamente todo en estos momentos, deberán empezar a mostrar el hambre que tuvieron la pasada campaña para poder revalidar títulos. Que siempre fue más difícil aún que ganarlos. Y ya es decir.