PAU GASOL, LA REALIDAD DE SER UN DIOS

PAU GASOL, LA REALIDAD DE SER UN DIOS

Antonio Rodríguez

Pau Gasol, dios entre mortales (Foto EFE).

Pudiéramos hablar de heroicidades. Pero no sería justo. El héroe, aunque con estirpe divina, no deja de ser humano. Con Pau Gasol se aparca cualquier retazo de lo humano. Pudiéramos hablar de mitos y leyendas. Y bien que se le parecería, porque cuando esta historia se cuente pasados los años, sonaría a mitología. Y tampoco sería justo, porque para los franceses, la actuación de Pau Gasol fue una realidad. Una cruenta realidad (40 puntos, 12/21 en tiros de campo, 11 rebotes). La imagen de Tony Parker desolado entre mirada perdida e invisibles tormentas a su alrededor al final del encuentro, es la portada  hoy del diario “L’Equipe”, con un titular: “Cruel”. El deporte es así y como bien escribieran los griegos hace 25 siglos, ante los designios de los dioses, nada puede hacerse. Por eso este título divino, esta carga y responsabilidad, esa superioridad frente al resto: porque Pau Gasol es la esculpida –por su perfección- realidad de ser un dios. 

 España venció 80-75 a Francia en la semifinal del Eurobasket, ante casi todas las adversidades posibles. Ganó en la prórroga cuando parecía que la suerte no podía ser más esquiva: con el cansancio que conlleva a una rotación inferior respecto a los franceses, un tiempo extra de 5 minutos, un recinto en contra. Marcados con una jugada, excelente y valiente, de un rápido triple de Nicolas Batum que forzaba, cuando se tenía el épico triunfo en la mano, el mencionado tiempo añadido. Y lastrados por un nulo acierto en el tiro exterior (un horrible 4/21 en lanzamientos triples), que sin su acierto, era matemáticamente imposible vencer a un rival superior a priori, volcado en su casa, oteando la final en el horizonte y ante un público que les llevaría donde hiciese falta. Pero eso de los números, los dioses los dejaban para los terrenales, allí abajo, en las escuelas. Ellos son otra cosa.

Sergio Llull, Pau Ribas, Rudy Fernández, Nikola Mirotic y Pau Gasol sería el quinteto titular que encararía inicialmente esta semifinal, ante Tony Parker, Nando de Colo, Nicolas Batum, Boris Diaw, Rudy Gobert y 26.000 almas apoyando a “Le Bleu”. Toda una nación volcada ante sus cinco representantes en pista. Bueno, dos naciones volcadas ante sus cinco representantes en pista, para ser justos. Y los primeros parciales muestran una defensa muy ordenada en los españoles, agresividad y que Tony Parker dirige, pero no encuentra la comodidad de anotar. A España, el tiro exterior nuevamente le daba la espalda. No pasaba nada, eran los primeros parciales y seríamos paciente con su momento, porque tenía que llegar, estaba obligado a ello. A los franceses no se les podía ganar sin tiro exterior, pues su arsenal es demasiado amplio.  Cuando se empieza a solidificar tal desacierto con un 0/6 en triples, es cuando vuelven los nubarrones, por demasiadas jornadas tenebrosas en este Eurobasket sin estar acertados desde tal distancia.

Es Pau Gasol quien consigue las primeras acciones positivas, como bien dijimos en la previa, en poste bajo. La exuberancia física de los franceses, personalizada en este concreto menester, en la figura de Rudy Gobert y sus 2.35 de envergadura, eran la apuesta para frenar a Pau Gasol. Y nuestro sentimiento patrio, nuestro conocimiento del pívot de Sant Boi, nos hacía pensar que su veteranía y fundamentos serían fundamentales para superarle. Desde los primeros parciales, corroboraba nuestra teoría. Logró 10 de los primeros 14 puntos de los españoles, con una asistencia en una magnífica jugada entre pívots, para la canasta de Nikola Mirotic.

El partido en defensa es de una brutal y exigente intensidad. Unida a la responsabilidad de mantener la igualdad en los primeros minutos, la atmósfera en el Pierre Mauroy se hace irrespirable para algunos. Es una excesiva carga para Pau Ribas que no se decide en ataque. Es un ambiente para enfangarse y Nikola Mirotic se ve superado. Scariolo comienza con sus rotaciones habituales y dispone de Felipe Reyes y Sergio Rodríguez, machetes perfectos para iluminar el frondoso bosque.
 

La importancia de Sergio Rodríguez

Sergio Rodríguez estuvo magnífico (Foto FEB)

Nuevamente, el estudio metódico y preciso al que Sergio Scariolo y sus asistentes aplicaron al encuentro, es digno de alabanza. Y siempre mencionamos a los asistentes, porque a torneos de la intensidad y acumulación de partidos en pocos días, es primordial su trabajo. Bajo la tutela del técnico italiano, siempre nos ha asombrado esa capacidad de mejora tan ascendente, desde el inicio de los torneos, que crean grandes dudas, hasta la precisión absoluta en el final de los mismos que nos embauca a todos. El estudio a esta semifinal, suponemos que decía que el “Chacho” tendría un papel fundamental. Debía que ser más agresivo que nunca y poseer un convencimiento máximo del éxito, porque los franceses le iban a retar a ello. Le brindaban la oportunidad de colarse por la zona, si era capaz de salir ‘con vida’ de ella. Y viendo el panorama en los lanzamientos exteriores, o lograba ayudar a Pau Gasol en su trabajo en la zona, o vendrían mal dadas. Y Sergio estuvo sublime. Dio otro ritmo al equipo, le dotó de frescura, quitando ese pesado yugo de sumar fallos, mayor responsabilidad y surtir de pases a Pau Gasol para hacerle la vida un poco más cómoda. Dentro del fragor en el que todos estaban envueltos, una entrada a canasta al que no llegaba Gobert, era el canto al descaro que todos buscábamos. Además, un triple suyo a la finalización del primer cuarto, nos hacía gritar un aliviado “¡por fin uno!”, llegando al final de cuarto apretando la contienda, con un 17-20.

El mundo de las trincheras, según Felipe Reyes

Es todo un lujo ver que alguien como Felipe Reyes, encuentre entre la dura batalla y la guerra de trincheras, su sabor a hogar. Felipe fue otro salto de calidad importante, pues era el hombre interior que salía a ayudar a los pequeños, a anular a Parker saltando a un dos contra uno cuando pretendía crearse tiros, a intimidar a Nando De Colo y que dejase de anotar con comodidad –que nos estaba cosiendo-, ayudar en la captura del rebote cuando se le necesitaba… a estar en el lugar en que hacía falta, en definitiva. Y todo ello, tras empujar, ser empujado, buscar el choque en los bloqueos y no perder la posición a pesar de los chirriantes contactos típicos de la lucha en la zona.
Por todo este esfuerzo supremo, por intentar y lograr sujetar la efectividad de Parker, de Batum, que no hubiese pases bombeados a Gobert, era desesperante ver cómo desde el banquillo salta Mickael Gelabale y empieza a enchufar canastas como si de la estrella se tratase. Ya eran demasiadas armas las que se estaban reteniendo en defensa, para que ahora llegase uno de los inhabituales (aunque de contrastada calidad, pero no ha sido de los destacados) para seguir abriendo brecha en el marcador. Cuando con todo el esfuerzo del mundo se logró empatar a 22, entre Gelabale y dos canastas consecutivas de Tony Parker, se volvía a elevar la desventaja de España (25-31) y con ese temor sobre nuestras cabezas que si los franceses se despegaban entre ese ambiente, sería muy difícil remontarles.

Por todo este esfuerzo supremo, por intentar y lograr sujetar la efectividad de Parker, de Batum, que no hubiese pases bombeados a Gobert, era desesperante ver cómo desde el banquillo salta Mickael Gelabale y empieza a enchufar canastas como si de la estrella se tratase. Ya eran demasiadas armas las que se estaban reteniendo en defensa, para que ahora llegase uno de los inhabituales (aunque de contrastada calidad, pero no ha sido de los destacados) para seguir abriendo brecha en el marcador. Cuando con todo el esfuerzo del mundo se logró empatar a 22, entre Gelabale y dos canastas consecutivas de Tony Parker, se volvía a elevar la desventaja de España (25-31) y con ese temor sobre nuestras cabezas que si los franceses se despegaban entre ese ambiente, sería muy difícil remontarles. 

Pau Gasol fue una pesadilla constante en poste bajo (Foto FEB)

Y por ello Pau Gasol puso una marcha más, para recibir, para superar a Gobert en poste bajo, una y otra vez, sacar faltas y ocuparse en monopolizar unos ataques que andaban cojos, mientras se estaba cumpliendo en defensa. Con su enorme calidad, España logró colocarse por delante (32-31) al filo del descanso, apoyado en un fogonazo de 5 puntos consecutivos de Rudy Fernández –incluyendo el triple que tocaba en este cuarto. Que parecía que solamente nos correspondería uno por período-, para llegar la bocina que anunciaba la retirada a los vestuarios, con una postrera canasta francesa, en 32-33. Generoso esfuerzo para llegar con igualdad máxima.

La angustiosa agonía de los terceros cuartos

Exultante Gasol , exultante Felipe, exultante un país entero (Foto EFE)

El tercer período. Ese periplo en el que se nos presentan, como la trastienda de un tenderete de mercadillo, todas las vergüenzas que se pretenden ocultar durante el partido. Ha sido una deriva y un trasiego tortuoso a lo largo de todo el Eurobasket. La Selección Española mantuvo el tipo en los primeros compases (39-39), pero los franceses brindaron su mejor baloncesto y mostraron a las claras, nuestra inoperancia en los triples. Así no podíamos ganar. El esfuerzo colectivo en defensa, que era lo que nos mantuvo en los momentos más críticos, comenzaba a tener dudas cuando De Colo y Parker volvían a funcionar, cuando las rotaciones defensivas no eran tan precisas y ellos tiraban solos. Y si fallaban, tenían rebote ofensivo, el maldito rebote ofensivo, hasta que convertían. Y la explosión de los veintiséis mil gargantas, que con su “Alé, Le Bleu!” veían su momento. Y así se respiraba: con un afortunado triple de Lauvergne a tabla –además-, se sitúan 40-51 y el mayor desorden imperante en nuestro Equipo Nacional. Sin recursos, más que Pau Gasol, que fuerza una nueva falta. Dos tiros libres que convierte: 42-51. Nuestra congoja, como aficionados, que a pesar de su exhibición sería insuficiente. Pero miren, otro par de buenas defensas, que tenían como resultado balón a Pau Gasol, forzaba falta y anotaba en los tiros libres. Punto a punto, se va restando. Mickael Gelabale vuelve a hacer daño con otro triple y se llega al final del tercer e infausto cuarto con 48-56. Y los nuestros, cansados. Pero no se podía pensar en ello, sino que aún se estaba en partido. 

Justificando la divinidad

El cansancio se hace más notorio y la diferencia no disminuye, aunque Gasol, en una actuación ya de proporciones épicas, sigue siendo el único recurso en poste bajo. 52-61 y restan poco más de 6 minutos. Pero él cree. Sergio Rodríguez cree, e inculcan en los demás la obligación de hacerlo. No se había llegado hasta allí para nada. Pau sigue recibiendo hachazos en su juego, castigado con faltas. Tal castigo, tal flaqueza en las fuerzas, aumenta la concentración cada vez que va a la línea. Anota un tiro libre tras otro. Los 16/18 que transformó suenan a magia…o a fuego eterno si se hubiese perdido. Pero los nuestros seguían defendiendo con alma y vida. A la dureza ya existente por parte de todos, no se entendía que a Felipe Reyes se le señalizara falta por un simple contacto. Se sigue.

Pau Gasol no está en poste bajo, sino que recibe demasiado alejado de la canasta. Arrancada con un bote tras finta de tiro y ve que su defensor se queda a mitad de camino entre el engaño del amago de tiro y la imposibilidad de defender. Gasol sigue hasta el aro y lo revienta en un mate, gritando, arengando a sus tropas, anunciando que siguen vivos. Porque lo estábamos. Del 52-61 se había pasado al 60-61. Faltaban 03:08 para el final. El tiempo muerto de Vincent Collet, seleccionador francés, muestra mucho miedo. Debilidad palpable.

Nicolas Batum, hundido al final del partido (Foto EFE)

La secuencia sigue: tapón de Pau a Gobert y se avanza al campo de ataque parsimonioso, optimizando esfuerzos. Gasol recibe en poste bajo nuevamente, Gobert ya no cae en fintas, sino que aguanta, lo que aprovecha nuestra divinidad de Sant Boi para anotar un gancho precioso, de rodilla arriba, de brazo perpendicular al suelo, de golpe de muñeca…de Abdul Jabbar. Y lo impensable, España por delante en el marcador: 62-61. Francia rompe su secado con dos tiros libres de Batum, intentando zanjar un día aciago que no olvidará (3 de 14 en tiros de campo), que responde Gasol con otra canasta tras un pivote, dos pivotes y marear a los franceses (64-63). Se entra en los dos últimos minutos y España por delante. ¿Quién lo hubiera dicho? Tienen opción a dos tiros –el rebote ofensivo, aunque más controlado, seguía haciendo daño- de Parker y Batum que fallan, y en la jugada de Sergio Rodríguez, entra a canasta parando a mitad de camino, por un tráfico demasiado denso. La saca fuera para un lastrado de Rudy Fernández que falla el triple en su intento por finiquitar el encuentro. Se entra en el último minuto y el balón es de los galos, con su público rugiendo. Nando De Colo arrolla a Felipe Reyes en falta de ataque, para darnos penúltima posesión, en la que Gasol vuelve a intentar un gancho, que erra, pero captura el rebote para dárselo a Sergio Rodríguez y que inicie jugada. Restan 22 segundos. 

Nicolas Batum comete el pecado de escorarse a un lado. Si todo el protagonismo lo tenía Pau, había que defenderle en su bloqueo. Error. El “Chacho” ve de repente el camino expedito a la canasta y a ella se dirige como si le fuese la vida, a pesar de los brazos que se encontraría. Pero los brazos llegaron tarde y Sergio Rodríguez logró la canasta en su entrada, cuando restan 16 segundos: 66-63 y el partido en el bolsillo. Sin embargo, en una acción decidida y valiente de los locales, en jugada de estrategia tras tiempo muerto, Nicolas Batum consigue dejarnos a todos los españoles petrificados: triple desde la esquina nada más sacar, que iguala el encuentro. Una única y última posesión para España, decidiría el pase a la final. Y no pudo ser, porque Pau Gasol se encontró en su camino a Gobert (el contacto entre ambos lo dejo a vuestro juicio) y su tiro final es defectuoso, llegándose al final del tiempo reglamentario con el empate a 66. Y prórroga.

Un tiempo extra al que teníamos todos los temores. Muy cansados, con Pau Gasol fundido, parecía que se escribió un guion para 40 minutos, no para 45. Pero había que apechugar con ello y Sergio Rodríguez fue el primero en anotar y ponernos por delante nuevamente. Fue mágico y milagroso, para poder creer…otra vez. A pesar de recibir dos canastas (Diaw y Parker) y volver a estar por detrás a continuación, se pensó que era posible. Y así lo tomó Llull que entró hasta el aro para anotar una nueva canasta, viendo que le marcaba Diaw. El cansancio era tal también para los franceses, que no estaban ya para pensar en ayudas o por qué estoy yo marcando a éste. Con el empate a 70, Parker falla dos tiros libres, los dos que sí anota Rudy Fernández (72-70). 

La gloria alcanzada: a la final (Foto EFE)

Rudy Gobert logra un “alley-oop” en contragolpe tras fallo de Pau Gasol y hace estallar nuevamente al estadio (72-74), cuando restan dos minutos para la finalización de la prórroga. Y más aún cuando en el siguiente ataque, en dos tiros consecutivos de los españoles, se vuelve a fallar y Gasol comete falta en la lucha por el rebote. 72-75 con el tiro libre anotado por Boris Diaw y al filo del abismo.  Lo que no intuíamos es que el abismo iba a ser francés, pues no volvieron a anotar en lo que restaba de tiempo. Porque tras dos tiros libres –de Gasol, por supuesto-, llegó una pérdida de Batum y un contragolpe español con asistencia de Llull para el mate de Pau…y otra vez por delante, 76-75 a 49 segundos. Un fantástico tapón de Rudy Fernández sobre Parker nos hacía saltar en la siguiente jugada, en la que un fallo en la suspensión de Sergio Rodríguez, un balón en el aire y una ocasión única y maravillosa de zanjar el encuentro, capturando ese rebote. Y por eso ahí estaba Pau Gasol para aprovecharlo, majestuoso entre todos, para hacerse con su posesión, conseguir un mate y un 78-75 que nos dejaba nuevamente en puertas de la gloria.

El deporte y sus designios, son terriblemente caprichosos y crueles. Y cuando sigues las instrucciones que te han encomendado, unas décimas de segundo separan caer en el peor de los recuerdos para siempre. Y eso fue lo que le sucedió a Víctor Claver, que en la ejecución de hacer falta para que no anoten un triple, la cometió, exactamente unos instantes más tarde de lo previsto, justo para que Nicolas Batum iniciase el gesto de tirar a canasta, lo que suponían tres tiros y la posibilidad que nos igualasen nuevamente. Y allí se encontraba Batum, solo ante la línea de tiros libres, para escribir la historia de este campeonato. Y se le salió el primer tiro libre. Y sin poder quitárselo de la cabeza, falló el segundo. Y forzó el fallo en el tercero a la espera de un milagroso rebote de los suyos, que no sucedió. Y en la presión posterior, Pau Gasol se encontró solo bajo el aro, recibió y con un mate redondeó sus 40 puntos y el mejor partido de su carrera deportiva. Aunque lo más importante, fue ese 80-75 y el pase a la final del Eurobasket. A hacernos felices.

Y esta fue la epopeya. La de un dios que auguraba con “hemos venido a Francia a ganarles en su casa” lo que finalmente se ha producido. Y es que, los dioses están arriba y estas cosas, las saben.

ESTADÍSTICAS DEL PARTIDO