LOS PRIMEROS CALORES, LAS PRIMERAS BRISAS

LOS PRIMEROS CALORES, LAS PRIMERAS BRISAS

Antonio Rodríguez

Estamos a una semana del inicio del Eurobasket. Y eso siempre significa hormigueo en el estómago. Es inevitable. A los partidos de preparación de la Selección Española que se les echa una ojeada en el salón, se les ve con la calma de la terraza y cerveza o sus crónicas las leemos al día siguiente, con el periódico en la playa y el oleaje como banda sonora, que sigue siendo un clásico. Eso ya ha pasado y ahora toca la competición. La del anhelado debut ante Serbia, la de las cábalas de Turquía, Italia y Alemania, la de ‘cómo estarán los franceses, si son tan ogros como los pintan’. Las primeras brisas de Septiembre, es lo que tienen: Eurobasket. Cada dos añitos, aunque FIBA nos lo quiera arrebatar. Al menos, hasta este año ha sido siempre así. Lo asociamos como tal y así nos gusta.

Es el comienzo de la temporada y lo hace rugiendo. Y nosotros, como aficionados, vibrando. Absortos en las aspiraciones de nuestro baloncesto patrio, es la mejor manera de arrancar una campaña más. Y cambia la perspectiva de cómo afrontarla si hay una clasificación digna, un descalabro o una medallita de esas de oro que dice Scariolo, brilla de otra manera al resto. En estas primeras brisas de Septiembre hemos tenido la irrupción de Pau Gasol en su debut con el Equipo Nacional –senior- tras pasearse por la Liga Endesa, conquistando el bronce en el Eurobasket turco de 2001. Supimos lo que era “la semana fantástica” de Juan Carlos Navarro en Lituania hace cuatro añitos, o una plata cuando parecía que los nuestros se iban a comer el mundo en 2003, en una de las pistas más bonitas que jamás haya podido ver mi querido y admirado Albert Arranz, en Estocolmo.

Sin embargo, no siempre fue así. Turquía y Pau Gasol comenzaron con el “rito otoñal” de jugar en Septiembre. Hay una generación –muy, muy poblada- en nuestro país, los que nos criamos con los éxitos de Corbalán, Epi y Fernando Martín. Aquella plata de Nantes en 1983 y todo lo que arrastró después, toda aquella fiebre, aquel boom, aquella ilusión, fue la sintonía de los primeros calores, tortura para los estudiantes enfrascados en exámenes finales. Últimos días de Mayo, primeros de Junio. Acababa la liga y entre quejas de Don Antonio Díaz Miguel del poco tiempo que tenía de preparación, al sofá a ver aquel tifón que nos envolvió a todos. ¡Ay, Díaz Miguel! Quienes no lo vivieron no se pueden imaginar la ilusión que aquel señor desprendía cuando sacaba de su chaqueta una libretita con una lista de nombres escritos a boli en una pequeña salita, rodeado de periodistas y fotógrafos. Hubo una época en la que el baloncesto era otro de aquellos deportes en la sombra, que entre todos hicimos grande. Pero que en mitad de penumbras, llegaba aquel señor, con aquella libreta, que salía en los telediarios y alguna entrevista, y nos hacía dar un respingo a todos. Porque era el momento de la Selección Española. Y nos ponía firmes a todos. A todos.

Que Andrés Montes, fiel seguidor como periodista de aquellos primeros calores de Junio del 85 durante la preparación, recordaba con todo el cariño a José Luis Llorente haciendo de Drazen Petrovic en los entrenamientos en la pista del Canoe madrileño, porque se debutaba ante la Yugoslavia del genio de Sibenik y había que pararle como fuese y había que entrenarlo como fuese. Que Fernando Martín con sus 19 añitos puso un tapón a Tkachenko para agrandar su mito, que Epi…lo de Epi ante la URSS, aquella canasta y aquella final de 1983, de nuestras vidas. Montero secando a Gallis, estacazos a las entradas de Rafa Jofresa en el Palaeur romano en 1991, porque Italia, por decreto, debía llegar a la final. Sí, un cofre que encierra muchos años y muchos éxitos y sinsabores, glorificados e incendiados, nos dieron los primeros calores.

Ahora tocan brisas. Pero sean ellas o sean calores, la ilusión y el hormigueo siguen presentes. Torrente de sensaciones para estas próximas tres semanas. Que siempre pasa lo mismo, que siempre llevaremos nuestros sentimientos a su máximo exponente. Porque es la Selección Española y porque toca así.