TYLER HAWS, UN SUEÑO PARA OBRADOIRO

TYLER HAWS, UN SUEÑO PARA OBRADOIRO

Antonio Rodríguez

Tengo la sensación y conociendo a su director deportivo, José Luis Mateo, que el fichaje de Tyler Haws por Río Natura Monbus Obradoiro, venía ya de largo. Que viendo vídeos y posteriormente en directo al jugador, es algo como cruzar los dedos para que no se lo llevase alguien con mayores posibilidades económicas, que el chaval gustaba mucho. Y es que sus actuaciones, sobre todo en las dos últimas temporadas, con su universidad, la mormona Brigham Young, afincada en el estado de Utah (dónde si no), eran destacadas y atrayentes.

Tyler Hawks es un jugador de ataque. Alguien a quien le dieron un balón en su infancia y le enseñaron las artes de este juego, con el fin de anotar. Que en este deporte, gana quien anota más puntos y en ello ha estado siempre. Y con un balón en las manos, es capaz de hacerlo de mil maneras diferentes. Con esto no quiero decir que sea vaguete en defensa, ni mucho menos. Sin ser su especialidad, Brigham Young dicta un sentido colectivo muy enraizado, de sacrificio por el equipo que se acentúa bastante en la defensa, para poder ocupar los puestos que logran, contando además, que sus plantillas suelen tener un 80% de jugadores de raza blanca, bregándose ante los colleges de la Costa Oeste con máquinas de meter puntos muy atléticas, como en UCLA, Arizona o cada vez más, Gonzaga.  

                Buscar una comparación con un jugador actual, para que lo ubiquen quien no le haya visto jugar, es complicado. Francamente, no he encontrado ninguna similitud (y se aceptan sugerencias). Para muestra, este vídeo.

 

 

Realmente parece un jugador de los 80, con la técnica individual y los fundamentos de un tipo de los 80. Si volvemos 3 décadas atrás, ahora sí, ¿saben a quién le encuentro un terrible parecido? A Jay Triano. Quienes vivieron aquello, conocerán de las tremendas habilidades ofensivas del alero canadiense que una vez fue entrenador de José Manuel Calderón en los Raptors. Tyler, como Triano, es capaz de tirar de larga distancia tras recibir,  sin bote, tras bote, con finta, penetración y suspensión corta, hacerlo hasta ‘la cocina’. Más: esa virtud que tanto me gustaba en los jugadores ochenteros: lanzar y anotar delante de las narices del rival, con el tío pegado. Con paso atrás, saltando a una pierna, por elevación…ya les digo, le han enseñado a sumar puntos de todas las maneras posibles,  que este juego en su mayor medida, va de eso.

                Es cierto que necesita libertad para ejecutar sus acciones y a veces sus tiros no son de lo más precisos, debido a la dificultad que toma en ocasiones. Pero necesita de esa libertad para sacar lo máximo de él. Se le pueden preparar situaciones y a partir de ahí, que él decida como crea conveniente. Ojo, que no se le olvida pasar. Anotador, pero no tiene por qué ser chupón. A destacar: miren por favor, cómo marca los pasos para entrar a canasta. Es una delicia con qué finura, el espacio que gana con ellos y la opción tan clara que saca de un tiro relativamente cómodo, gracias al trabajo previo con ellos. Eso ya se ve ya menos en el baloncesto actual. Es como una tercera destilación depurada de nuestro deporte.

                Pues está en Santiago y en la Liga Endesa. “El sarampión del rookie” que gusta decir a su entrenador, Moncho Fernández, le tocará pasar. Pero creo que toca disfrutar de este tipo, venido de Utah, venido del baloncesto como colección de fundamentos para anotar puntos. Así de fácil.