PABELLÓN MUNICIPAL JOSÉ LUIS ABÓS

PABELLÓN MUNICIPAL JOSÉ LUIS ABÓS

Antonio Rodríguez

No soy de Zaragoza. Por eso pueda juzgar con más criterio, con más razón, ‘desde la barrera’, la veneración que tienen a sus ídolos. Zaragoza tiene historia deportiva, inquieta siempre deportivamente hablando. Por eso allí, un grupo de amigos no podían consentir que Perico Fernández deambulase por sus calles por las noches. Por eso, un monitor de gimnasio no permite a Alfredo Evangelista coger una fregona cuando quiere ayudar. “Tú eres Alfredo Evangelista”. Por eso, ves miradas iluminarse cuando hablas de Kevin Magee por las calles. Por eso son grandiosos hasta para escribir páginas de gloria en su historia, marcando goles como el de Nayim en qué momentos. Por todo ello y sobre todo porque no soy de allí, puedo juzgar y valorar que Zaragoza es especial.

Quince mil firmas por parte de aficionados fueron un motor importante para el cambio de nombre. Han pasado enormes entrenadores por Zaragoza, pero José Luis Abós era especial. De la casa, criado a base de sudores y órdenes desde los tiempos del “huevo”, a ser el guía en esta segunda etapa del CAI Zaragoza, llevarlo desde las catacumbas deportivas hasta la élite nuevamente del baloncesto español. Semifinales de liga y Copa suenan a música celestial cuando hubo años que parecía haber una maldición para que no abandonara la liga LEB.  Trabajo sordo y constante, hasta que comenzó a brillar su humildad con los éxitos deportivos. Es normal que se le quiera.

Joaquín Ruiz Lorente, su mano derecha en los últimos años, sigue el trabajo que se inició  con Abós, con una manera particular y bonita de entender el baloncesto. Un baloncesto de jugar con los postes, a modo de homenaje de los tiempos de Allen y Magee. Buscar buenos tiradores en el plantel, siguiendo la sombra de Alberto Angulo. Bases con cabeza y decisión anotadora, como era él sobre la pista. Ruiz Lorente encarna ahora la figura del entrenador mirando al horizonte de esta temporada 15/16, perfil que poco a poco fue elaborando José Luis Abós en el pabellón que ahora lleva su nombre. Por todo ello, su reconocimiento es un brindis a un ilustre, a un trabajo, a toda una ciudad.