VERANO DEL 79: (Cap.6) El epílogo

VERANO DEL 79: (Cap.6) El epílogo

Antonio Rodríguez

Este serial de lo que sucedió en el baloncesto español el verano de 1979 tiene su origen de hace unos meses ya. Desde hace casi un año exactamente. Intentando ahogar la enorme decepción de haber presenciado en directo la derrota de la Selección Española ante Francia en los cuartos de final de la Copa del Mundo, algunos periodistas enviados especiales nos retiramos a un bar en los aledaños del Palacio de los Deportes. 

Y un buen amigo, dada su juventud, estaba hundido además de por el resultado en sí, por el camino que tocaba atravesar a partir de ahora. Menos consuelo encontró aún en mis palabras sobre aires de renovación en el Equipo Nacional: “Pues habrá que dar más protagonismo a los Llull, los Abrines, los Hernangómez, dar la bienvenida a Mirotic y a seguir compitiendo hasta llegar a lo más alto. Y empezando por aspirar a semifinales, como ha sucedido durante muchos años de nuestra historia”. Él, que era fiel reflejo de una realidad, se le abrían las carnes. “Es que yo no concibo ese escenario. ¡Es que yo he visto ganar siempre a esta Selección desde que tengo uso de razón!" Y no le faltaba, la verdad. La travesía durante tantos años de nuestro Equipo Nacional, de aspirar a lo más alto siempre y conseguirlo casi siempre, es algo…no irrepetible, porque a ello se aspira: a seguir manteniéndolo y revivirlo nuevamente. Pero años antes, era inconcebible.

Juan Domingo De La Cruz fue importantísimo en la Selección Española, como enlace entre los Rullán y Santillana y los pujantes Romay, Martín y Jiménez
Juan Domingo De La Cruz fue importantísimo en la Selección Española, como enlace entre los Rullán y Santillana y los pujantes Romay, Martín y Jiménez

La historia de nuestra Selección Española encierra muchos capítulos. Y uno de ellos es la convencida y obstinada apuesta de Don Antonio Díaz Miguel por unos jóvenes que tenía claro iban a ser el futuro de nuestro baloncesto. Y tener fe ciega en ellos. El Eurobasket de 1979 pasa a hurtadillas por nuestros libros, porque ver la sexta posición obtenida no dice mucho. Pero había que rascar en ello, porque esa fue la importante mano que se jugaba de cara a un futuro. Había que creer en ella y en eso, Antonio era un fenómeno. Aaron Sorkin nos deleitó en uno de sus guiones con la frase “el primero que se choca contra el muro, irremediablemente acaba sangrando”

Y es que hay que romper ese muro, porque hay que seguir adelante. Y pensar que a no mucho tardar habrá que ir diciendo adiós a Pau Gasol, a Navarro, a Calderón… a aquellos que nos han dado la gloria muy por encima de lo que esperábamos. Créanme si les digo que Clifford Luyk era nuestro dios en baloncesto, en diferentes circunstancias que en la actualidad, pero lo era todo. Y tras su retirada, hubo que renovar concienzudamente y con mano firme. Y Wayne Brabender estaba a su vera en el Olimpo del baloncesto. Y esta generación que se presentó al mundo en 1979 tomó su relevo para mejorar sus logros.  Y los muñones sangrantes en sus manos, eran esta sexta posición de Turín, que bien se merecieron más.  Con ello, cuatro años después llegó la plata en Nantes y a continuación la aún más magnífica plata olímpica en Los Angeles. Es ley de vida y la historia nos ha contado cómo se debe ejecutar.

Sergei Belov mostraba al mundo algunas de sus últimas gotas de clase en este Eurobasket turinés.
Sergei Belov mostraba al mundo algunas de sus últimas gotas de clase en este Eurobasket turinés.

Las categorías inferiores del baloncesto español llevan ya muchos años dando éxitos. El filón ya está abierto y como me decía un veterano entrenador, “estos ya, no solamente saben competir, sino que también saben ganar”. Un paso decisivo a nuestras aspiraciones. Y se seguirá trabajando, sin miedo a renovar y si es necesario, dar un paso atrás para coger carrera. Tenemos que seguir siendo decididos y valientes en nuestra voluntad, porque nos ha llevado casi siempre a buen fin. Aquí hemos contado un evento con jugadores que mostraron todo su talento, como Llorente, Costa, Epi, López Iturriaga o Pedro César Ansa con 20 añitos. Fernando Romay, aún con 19, trabajaba en la sombra aquel verano y también mostramos en el prefacio de esta historia lo que venía detrás. Ante la falta de hombres altos, se iban fogueando en categorías inferiores Andrés Jiménez y Fernando Martín, piezas clave para completar este equipo. Con ellos dos, como llegó a decir Corbalán en 1992, se consiguió algo maravilloso. “España tuvo la enorme fortuna de sacar dos jugadores de la fuerza y la capacidad de Fernando Martín y Andrés Jiménez, e hizo que se reuniera el que para mí ha sido el mejor equipo que ha tenido la Selección Española en toda su historia y que creo que tendrá. Porque me parece difícil que se reúna un equipo tan bueno como aquel”

Pues ya ven lo que apareció en 1999 como “juniors de oro”. Y luego Rudy y Marc y Sergio Llull. Y lo que vendrá.1979 fue un abrupto borrón y cuenta nueva en nuestro Equipo Nacional, como también cambió a otros, que poco a poco iba diciendo adiós a mitos como Sergei Belov, que alargó un año más su periplo internacional por ser el abanderado olímpico en los Juegos disputados en su ciudad. Y salió a la luz Sergei Tarakanov, como en 1981 salió para dominar Valdis Valters, como en 1983 Arvydas Sabonis –aunque éste ya disfrutó del viaje colombiano-, como en 1985 Volkov y Tikhonenko, como en 1989 Sarunas Marchulenis. Es parte de la historia.

Caricatura de la Selección Española que participó en este Eurobasket 1979.
Caricatura de la Selección Española que participó en este Eurobasket 1979.

Que este puñado de páginas sirva como recordatorio y motivación de lo que el futuro nos depare, que hay que construirlo, pero con una veleta en forma de páginas antiguas. Que mi joven amigo se convenza que esto no es una travesía del desierto, sino un cambio de panorama, que la meta siempre será la misma.

CAPÍTULO 1: Sabor a plata en Roseto y Manheim

CAPÍTULO 2: Travesía por el infierno griego

CAPÍTULO 3: El milagro de batir a la URSS

CAPÍTULO 4: Lo que una mesa de anotadores nos birló

CAPÍTULO 5: El agridulce sabor de un sexto puesto