LOS CELTICS EN ESPAÑA…OTRA VEZ

LOS CELTICS EN ESPAÑA…OTRA VEZ

Antonio Rodríguez

Ya está confirmado que el próximo día 8 de Octubre del presente año, los Celtics de Boston, el equipo más laureado en la historia de la NBA, jugarán frente al vigente campeón de Europa, el Real Madrid, en el Barclaycard Center de Madrid…otra vez. Si, nuevamente en el remozado Palacio de los Deportes, aquel que se vistió de gala para recibirles en Octubre de 1988. El año, el mes, la ocasión en la que todos pudimos soñar con la venida de aquellos dioses de nuestro deporte.

La llegada de los Celtics a España esa primera vez supuso un evento baloncestístico como jamás se había dado en nuestro país. Todos empezaron a desempolvar aventuras parecidas que se habían vivido en nuestras fronteras. La llegada de los Syracuse Nationals, siendo vigentes campeones de la NBA nada menos, que acudieron a jugar a Barcelona y Madrid en Mayo de 1956, cuando nuestro baloncesto estaba en pañales, en partidos en los que daban 40 puntos de diferencia de inicio a los combinados españoles. Pueden imaginar.
 

También se recordaban los torneos de Navidad del Real Madrid, con las invitaciones a las universidades americanas de North Carolina o Tennessee o Arizona State, escaparate gracias a Televisión Española del baloncesto del otro lado del Atlántico. Como aquellos combinados NBA, auténticos All Stars que pasaron a hurtadillas por España, durante en el Cincuentenario del Real Madrid, en otoño de 1981 y en el verano de 1982, bajo las denominaciones de Sanyo o Marlboro All Stars y que Moses Malone, por negarse a jugar, no llegó a cobrar. Y más reciente eran aquellos jugadores que bajo un sponsor y un representante, llegaban en período estival para rodar a los equipos ACB en pretemporada y  que en el verano de 1985 trajeron a Puerto Real (Cádiz), en el II Memorial Héctor Quiroga, jugadores de la categoría del recién retirado  Nate Archibald o la emergente estrella Roy Hinson, por no olvidar en Agosto de 1987, aquellos NBA que acompañaron a Fernando Martín tras su aventura NBA, a jugar en Valladolid y Santa Cruz de Tenerife.

Todo eso quedó minimizado en expectación a la venida de los Boston Celtics a Madrid. Aquel quinteto que nos sabíamos de memoria por su permanencia durante tantos años juntos, Johnson-Ainge-Bird-McHale-Parish, eran considerados semidioses para el aficionado al deporte español, que había visto en flashazos televisivos encuentros NBA, casi con exclusividad a Celtics y a los Lakers. Y cuando hablo en minúscula, “el aficionado”, tengan claro que nos referimos a todo un país. Porque toda nuestra geografía era “un aficionado” a este deporte, en su mayor pompa y gloria en atenciones  –que posteriormente reventó-.

Pero sobre todo los Celtics llegaron tras la primera temporada en España de “Cerca de las Estrellas”. Se ha hablado mucho en el tiempo, que ante la expectación que ya había consolidado el baloncesto entre nosotros, el programa presentado por Ramón Trecet, fue como el camino de baldosas amarillas hacia una tierra prometida. La cita los sábados –al poco, los viernes- por la noche, en la 2ª cadena de TVE, era ineludible. Y viendo aquello, delante de los televisores, se soñaba casi con otro deporte. O mejor dicho, con el mismo, pero que jugado de aquella manera, parecía otro deporte. Porque los de aquí, no tenían un paralelismo multiplicado a nivel galáctico, en otro rincón del mundo. No había tal magnificencia en algún lugar del planeta con el fútbol o con el ciclismo o con el balonmano o el atletismo. Las máximas competiciones de estos eventos, las teníamos al alcance de la mano, estábamos habituados a verlas y crecer con ellas. La NBA era una puerta a otra dimensión con el que empezamos a familiarizarnos hacía muy poco. Y sus protagonistas eran divinidades elevadas a otro grado. Y sus protagonistas eran los Celtics. Y aterrizaron en Madrid.

Desde su punto de vista, era una especie de embajadores como ya habían hecho años atrás, pero de una manera más oficial. Era la 2ª edición del torneo aperturista, Open McDonald’s, disputado por primera vez fuera de las fronteras estadounidenses. La idea era clara. “La NBA se hará más grande y más internacional. Hay grandes jugadores formados más allá de Estados Unidos” reconocía Arnold “Red” Auerbach, presidente de la franquicia de Boston, aquellos días, “y que veremos dentro de poco una liga que abarque otros continentes”. Para nada iba desencaminado.
 

Una vez en Madrid, los periodistas les siguieron a cada paso, el por aquel entonces príncipe Felipe les hizo una recepción Real y los aficionados les siguieron a lo largo de los cinco días de estancia que permanecieron en Madrid desde que aterrizaran el 18 de Octubre. Se lo pusieron fácil, dejando a los medios trabajar con una cercanía impropia en deportistas de este calibre, e incluso Danny Ainge, en la chaqueta de su chándal, logró pegarse una inscripción de “El terrible” en castellano, para mantener un ritual de bromas permanente.

Y una vez en la pista, los aficionados disfrutaron. Tenían a sus ídolos delante, sí. Pero enfrente estaba el Real Madrid, y los colores pueden. Todos empeñados en la igualdad y la respuesta del equipo blanco, con aquel Petrovic desatado, con Fernando Martín y Cargol presentando batalla. Menos de un mes antes, Estados Unidos había sido batida en semifinales de los Juegos Olímpicos en Seúl, y el sentimiento más fuerte entre los 12.000 aficionados en el Palacio era la de la muestra del potente baloncesto europeo. Con las tres canastas sentenciadoras de Larry Bird en minuto y medio durante el último cuarto, volvimos a caer en la cuenta que eran los Celtics los que estaban delante.

El propio Ainge volverá a España desde aquella experiencia 27 años después, seguramente más serio y como jefe deportivo de la franquicia bostoniana. Con jóvenes jugadores, con una franquicia en camino de la reconstrucción, tonalidad muy diferente a aquella de 1988 en la que sus protagonistas estaban cercanos a decir adiós a sus carreras. Cuando llegue el momento, hablaremos de ellos. De momento, la confirmación de la llegada nuevamente a Madrid, nuevamente en enfrentamiento ante el equipo blanco, despierta en muchos la nostalgia de aquellos cinco días, cuando parecían llegar seres de otro planeta. De verdad.