DIARIO DE UNAS SEMIFINALES

DIARIO DE UNAS SEMIFINALES

Antonio Rodríguez

5º F.C. Barcelona 77-74 Unicaja (Domingo, 14 de Junio de 2015).

Una estrella del baloncesto es la que, al margen de brillantes actuaciones individuales, tiene una fe ciega en lo que hace. Suele lucir grandes números y el día que no es así, mantiene la grandeza de seguir siendo estrella, aunque las circunstancias digan lo contrario. Juan Carlos Navarro llevaba desde el primer partido de semifinales en esta Liga Endesa, en el que a falta de 7 minutos para su finalización anotó un triple, nada menos que 15 lanzamientos consecutivos errados desde la línea de 6.75 en esta serie de playoff. 0 de 15, recalcamos. Su mayor perseverancia fue en el tercer choque, en el que erró los 6 que intentó. Su grandeza se justifica cuando en una jugada a falta de un puñado de segundos para la finalización del 5º y definitivo partido, con el marcador empate a 72, sea el ejecutor en el momento clave de anotar la canasta decisiva. La primera en 16 intentos. La última, la de la victoria.

Comenzando por ser el segundo hombre que bloqueaba a Satoransky en su entrada a canasta. Si Tomic fue bien defendido, no asi Navarro. Markovic dudó unas décimas de segundo y prefirió negar la entrada del base checo. Cuando éste sacó el balón fuera hacia Navarro, en una posición más que óptima, Markovic miró con desesperación, al igual que Granger, sujetado en una perfecta pantalla por Tomic. Navarro estaba solo y era  inalcanzable. Se levantó y anotó el triple que dio el triunfo y la eliminatoria que dan paso a disputar la gran final de la Liga Endesa. Es la grandeza de una estrella.

Nos contaban en los aledaños del Palau Blaugrana algunos aficionados de Unicaja que habían utilizado 14 horas en el trayecto de autobus para estar allí presentes, en el choque más decisivo del año. Echando un vistazo en las eliminatorias entre estos dos clubs, hasta en 8 ocasiones se habían enfrentado en una serie de playoff. Ya todo un clásico. Eso sí, había que remontarse 15 años atrás, hasta la temporada 99-00, para ver un enfrentamiento a 5 partidos entre ambos, hasta el límite. En un periplo de cinco años, empezando con el no-triple de Michael Ansley en la final de 1995, lograron forzar  5 en tres ocasiones. Siempre cerraron la serie en el Palau y siempre acabó ganando el F.C. Barcelona, con lo que la historia no hacía muchas carantoñas a Unicaja. ¿A su favor? Que en estos agónicos enfrentamientos, siempre, siempre se habían dado victorias a domicilio.

En este extraño horario de las cinco de la tarde, que al ser de domingo y con una temperatura tan agradable, no costaba nada acercarse por el recinto en una ocasión que bien lo merecía, se oía el “¡Sí se puede!” entre los aventurados que se desplazaron desde Málaga. Arrastrados por la ilusión de sus jugadores, que confesaban que el quinto no era un premio, sino un camino para llegar a la final, poco a poco colaboraron para que el escenario estuviese abarrotado.

El encuentro comenzaba con la desgraciada lesion de Fran Vázquez en el minuto 4 de partido, sufriendo un esguince de tobillo. Fue examinado, se retiró a los vestuarios y volvió al juego, pero bastante más lastrado. Eso no quitaba para que sus compañeros mantuvieran la concentración y en los primeros parciales tomasen la delantera en el marcador. Con dos triples de Jayson Granger (9-16), la imagen anterior de los malagueños en el Palau se había disipado. Muy ágiles mentalmente, encontrando soluciones, se fueron al final del primer cuarto con la delantera de 18-20 en el electrónico. Los azulgranas también están muy metidos en el partido. Ante Tomic vuelve a ser el hombre orquesta que dirige y ejecuta a su alrededor todo el juego azulgranada, recuperando el tono que se decoloró en el cuarto envite. Juan Carlos Navarro, ante su inicial desacierto en el tiro, comienza a dar buenos pases y Satoransky sigue siendo un cohete cada vez que entra a canasta. Por todo ello, con los dos equipos acertados, el encuentro se convierte en un espectáculo digno del nivel de competición en el que estamos.

Una preciosa entrada de Jayson Granger remontando línea de fondo a aro pasado, seguida por un robo suyo y posterior mate en contragolpe de Ryan Toolson, sitúan en un peligroso 19-26 el marcador para los locales. Unicaja, muy agresivo, incide en anotar en la zona (20 de los 37 puntos que logró en la primera mitad, se ejecutaron en la pintura). Sin embargo, cada vez se hace más ostensible que el F.C. Barcelona domina lo que de manera casi insultante, hicieron los malagueños en su pista: el rebote, base vital de las victorias en esta serie (hasta 19 en ataque consiguieron). Eso les da el plus necesario para seguir con el choque igualado y si no, Mario Hezonja, saliendo desde el banquillo –fue titular en el cuarto partido-, anota dos triples seguidos, añadiendo otro Bostjan Nachbar, que iguala a 32. Al descanso se llegó con 35-37 y la presión psicológica, que Unicaja casi siempre ha mandado en el marcador. A la vuelta del vestuario, con la responsabilidad de jugar los minutos finales de la serie, mucha concentración, mucha intensidad y también muchos errores. Los hombres de Xavi Pascual se sitúan al fin, por delante, con un 45-44. Tomic sufre marcajes extremadamente físicos, pero aún así, aflora su categoría para destacar en el interior, donde ni Lampe ni Doellman lo hacen. 49-44 es un resultado crítico para los hombres de Plaza, que reduce Vasileiadis con un triple forzado, con su defensor tar cerca como su ropa, que quita el hipo.

En los últimos 10 minutos, después de 190, donde ya no hay más sorpresas tácticas, donde la guerra de guerrillas llega al punto máximo, donde tienen cabida piques verbales entre Tomic y Vázquez, acumulación de contactos y golpes durante cinco partidos, el talento máximo de los jugadores se expresa en su estado más puro. Ese talento será el que gane. Y a él se apuntó al final del tecer cuarto Caleb Green con dos canastas de complicada firma (para luego ser sustituido y su consiguiente y notorio enfado). Tibor Pleiss se tira por un balón al suelo para recuperar su posesión, lo recibe posteriormente y anota una canasta a trompicones, perdiendo el equilibrio, pero logra la cesa por casta. Deshaun Thomas, como siempre, está esperando con la campanilla para hacerla sonar en modo triple, en el momento más oportuno. Con estas dos canastas, más una entrada de Brad Oleson más un contragolpe de Marcelinho, el Palau estalla, porque vislumbra ya el camino: 68-61 a falta de 05:46.

Lo que había dejado claro Unicaja es que no se iba a dejar desangrar sin seguir ‘matando’. Apoyados en un triple de Markovic, se meten nuevamente en combate. Todos están doloridos, pero ahí siguen. Con 72-70 buscando ya el ultimo minuto de partido, un clamoroso fallo bajo el aro de Doellman a jugada estudiada, hace tragar saliva a todos los congregados en el recinto. Y tuvo que ser Tomic nuevamente y su mano salvadora,  tras dar un zarpazo al balón, arrebatándoselo a Toolson, que se disponía a jugar la posesión tan decisiva. Se entra en el ultimo minuto con ese 72-70 y posesión malagueña.

Tras tiempo muerto de Joan Plaza, la ejecución de la jugada es perfecta. A la continuación del bloqueo de Vázquez, solo, bajo el aro, se marca un mate que iguala a 72. El turno de pizarra es para Xavi Pascual y el turno de ejecución es para Juan Carlos Navarro, que sentenció la serie con una jugada simple, preciosa, devastadora para sus rivales, salvadora para los suyos. Restaban 17 segundos y el Palau estalló: significaba el 75-72, casi irremontable. Plaza, en el posterior tiempo muerto, ofreció multiples combinaciones para anotar un triple. Sin embargo, Carlos Suarez no siguió tal guión expuesto por su entrenador y sí se dejó guiar por sus sensaciones. Estrechamente marcado por Doellman, se jugó un triple que el aro escupió tras tocarlo en dos ocasiones. A Unicaja se le apagó la luz. Recalcar que sería injusto cargar tintas con el alero madrileño después de ser el alma de los suyos durante la brillante reacción del equipo.

El F.C. Barcelona ganó el partido 77-74, la eliminatoria por 3-2 y tiene la posibilidad de revalidar el título liguero, ante un Real Madrid, que lleva 4 días esperando rival. Mientras nos apresurábamos a coger el AVE de vuelta, se intentaba digerir todas estas emociones con un convencimiento claro: habíamos visto una de las mejores series de playoff jamás vividas.