LOS CONSAGRADOS DE LA FINAL FOUR

LOS CONSAGRADOS DE LA FINAL FOUR

Antonio Rodríguez

Tras el título del Real Madrid, ahora toca pensar con más frialdad los momentos estelares o como en este caso, los jugadores en los que parecía estar la suerte de esta pasada Final Four. Andrés Nocioni alzó el trofeo de campeones, pero bajo el brazo llevaba un MVP. Él fue el hombre más destacado. Pero otros también lo hicieron, embriagaron a sus aficionados y por momentos, parecía que este título estaba en sus manos. Echemos un vistazo a algunos de ellos:

VASSILIS SPANOULIS (Escolta. 1,93)

Tras su choque de semifinales, todos los aficionados del Real Madrid lo temían. Es increíble que incluso tras tres cuartos de la final pasando totalmente desapercibido, aún se oían “es la hora de Spanoulis, échense a temblar”. Y es que, la imagen de semifinales, su último cuarto y sus últimas canastas, entraron en la historia. Es potente, pero no explosivo ni extremadamente atlético. Eso sí, un regalo para el baloncesto. Todo el mundo sabe que tiene que botar con la derecha, que se va a levantar a siete metros y medio y va a lanzar el triple. Todo el mundo. Pero lo hace y aún estando bien defendido, consigue anotarlos. Que se lo digan al CsKA.

IOANNIS PAPAPETROU (Alero. 2,03)

Con 21 años, Papapetrou fue una de las sensaciones de la Final Four. Esperada, eso sí, tras ver su trayectoria en este tramo final de temporada. Este fuerte alero mostró sobre todo carácter para ser, como tirador, como defensor, como hombre que sabe atacar la canasta, alguien que decantaría partidos. En definitiva, una de las grandes promesas del baloncesto europeo, tras pasar dos años de high school en Florida y una temporada en la universidad de Texas, augurando ya el todoterreno que es ahora. Procedente de una generación de griegos, la camada de 1994, con grandes expectativas, donde se añaden tipos como su propio compañero Agravanis, el alero titular de Panathinaikos, Lefteris Bochoridis o un tal Giannis Adetokounbo (Antetokounmpo). Casi nada al aparato futuro de los helenos.

ANDREW GOUDELOCK (Base. 1,91)

No brilló como es habitual en él, pues el Real Madrid tenía muy aprendido su estilo de juego. Sabían que había que denegarle las entradas a canasta, donde doblando balones a compañeros bajo la canasta, es un fenómeno. Aún así, dejó destellos de su gran categoría con su lanzamiento de perímetro y su rapidísima mecánica para armar el brazo. No es un gran hombre de pick&roll y eso ayudó mucho a la defensa blanca. Sin embargo, tener que estar pendiente de alguien que domina el tiro desde fuera, la penetración a canasta, tener fantasía para pasar un balón bajo el aro o dar pases al hombre abierto, son ya demasiadas tareas como para frenarle por completo. Por ello, aún en un mal día, destacó.

ANDRÉS NOCIONI (Alero, 2,03)

Aquí, en Espacio Liga Endesa preveíamos que pudiese brillar como lo hizo en la final de la Copa del Rey, precisamente por la raza del jugador. Viendo de la poca consistencia física de los ala-pívots de Fenerbahçe, sabíamos que destacaría. Visionando una quiniela final, honestamente creía que frente a CsKA, también sería importante. Lo que era más impensable fue su exhibición en la final ante los griegos y tipos tan físicos como los que tuvo delante, sean Dunston, Printezis, Hunter…o quien se le pusiese en su camino. Triples, defensa, rebotes ¡y qué tapones! En esta sola campaña ya quedará para la historia del Real Madrid por este fin de semana.

GUSTAVO AYÓN  (Pívot, 2.08)

Gustavo era algo diferente que ofrecía el Real Madrid para esta Final Four, respecto a las anteriores ediciones. Mirza Begic, en Londres, realizó una gran exhibición en la primera parte, pero se quedó totalmente fuera de su ecosistema cuando Spanoulis forzó los 2 x 2 centrales. Ioannis Bourousis hizo un excelso trabajo en la final de Milan, saltando e intimidando en las entradas al pequeño Rice. Pero ahí faltaba una continuación para capturar los rebotes a los fallos de Rice, que la mayor parte, fueron mates de Alex Tyus. En esta ocasión, la gerencia blanca apostó por la movilidad del pívot nato. Y aquí entraba Gustavo Ayón. Raza, fuerza  y piernas para defender a hombres más altos y más bajos, fue un cocktail de polivalencia que ya ven, ha sido decisivo en el triunfo blanco. Sobre todo en la semifinal ante Fenerbahçe, donde estuvo fantástico. Otro jugador que alcanzó la gloria y fue decisivo para que su equipo también lo hiciese.

OTHELLO HUNTER (Pívot. 2,03)

A Othello Hunter, un bregador claramente de equipo, le faltaba eso: tener un buen equipo a su alrededor. El pívot reserva de Greg Oden en Ohio State, estuvo por nuestra Liga Endesa, en Valladolid, hace dos temporadas. Y aunque tuvo una actuación destacada hasta que se fue, el problema es que no fue tan seguido como lo es en el equipo del Pireo en estos días. En Olympiacos, entre un entramado defensivo con jugadores de élite y un entrenador, Sphairopoulos, que ha demostrado serlo también,  ha hecho un muestrario de todo su potencial en transiciones, en saltos y en intimidación. Fue un auténtico felino bajo su tablero.

JAYCEE CARROLL (Escolta. 1,88)

Con constantes problemas de lesiones, en la temporada más floja de las cuatro que lleva en el Real Madrid, Jaycee llegó a la hora de la verdad en el momento más óptimo desde que viste la elástica blanca. Frente a Unicaja ya “enseñó la patita” y en esta Final Four, en el momento más oportuno, cuando los griegos empataron y veían un Real Madrid a la deriva, apareció él y sus providenciales 11 puntos casi de manera consecutiva. Francamente, ante la defensa de relevos constantes de los griegos en la final, supondría que siempre estuviese bien defendido. Y lo estaba. Pero si alguien es capaz de levantase delante de un ‘ogro’ defensivo como Hunter, y justo a un palmo de sus narices, consigue anotar triples, entonces es que no hay defensa que valga. Excelente el trabajo del estadounidense.