REAL MADRID, CELESTE, INFERNAL, REDENTOR…CAMPEÓN

REAL MADRID, CELESTE, INFERNAL, REDENTOR…CAMPEÓN

Antonio Rodríguez

En la tercera temporada desde la creación de Espacio Liga Endesa, nos vemos en la satisfacción de disfrutar de uno de sus equipos como campeón de la Euroliga, o como gusta nombrar al castizo, campeón de Europa. Un camino tortuoso con tonalidades demasiado contrastadas, muy diferentes durante un trasiego que si se le pone broche en este fin de semana, es de final feliz. Final muy feliz.

Del equipo celestial que inició la pasada temporada, que batía todos los récords, que parecía imparable, a finalizar con aquella imagen de Pablo Laso siendo llevado en silla de ruedas al vestuario, mientras éste con la cabeza aún girada, seguía maldiciendo a los árbitros tras su expulsión. De reconocer abiertamente que el F.C. Barcelona había sido mejor en el tramo más importante de la liga, en la final. El mismo equipo rival que un mes antes, fue despellejado en Milán. Milán, en la cita donde otro histórico venido a menos, Maccabi Tel Aviv, les dejó paralizados, en estado de shock, mientras les veían dar saltos de alegría celebrando el título. Real Madrid o cómo caer de bruces contra el suelo candente del infierno.

(Foto EFE).
(Foto EFE).

De nadie entre los aficionados, absolutamente nadie, tener claro la hoja de ruta que se estaba siguiendo esta temporada. Un blanco que no era tan deslumbrante, sino un poco más gris. Sin embargo, evaluando resultados, no mucho más gris, aunque el fatídico mes de Diciembre pesase más que algunas rachas de brillantes triunfos. Y llegó el día en el que los jugadores salieron de casa, tras besos a la familia, coger la bolsa y cerrar la puerta, camino del pabellón. Como un partido más, como un entrenamiento más. En ese gesto tan rutinario, este fin de semana, tenían su redención, en el interior de un edificio engalanado con al expresión “Final Four”. Y llegaron a ser campeones de Europa. Lo máximo.

Leo ahora muchas crónicas, artículos y columnas de opinión, en las que parece se hace examen de conciencia, que hay una inquietud interna y la necesidad de confesar cuando se ha dudado de este Real Madrid, de sus jugadores, de su entrenador, de situaciones convulsas en las que se pretendía dar un paso más en la búsqueda de por qués de cierta deriva, de señalar con el dedo en el afán de encontrar culpables.

(Foto EFE).
(Foto EFE).

Y es que el Real Madrid, si hacen memoria, siempre han tenido los éxitos con los quebrantos y lamentos, muy seguidos en el tiempo. Es el si-no de los equipos grandes. ¿O no recuerdan lo que sucedió hace 20 años, en la última ocasión en la que quedaron campeones de Europa? ¿Aquel año del “los árbitros me echan de España” de Sabonis, o que tan sólo un mes antes, dos jugadores de su plantilla tienen que ser separados durante un partido, para no acabar a tortas en el parquet? Derrotas por doquier previamente, que vieron a Zeljko Obradovic volviendo a levantar con los blancos en Zaragoza, el máximo cetro continental.

 (Euroleague / Getty Images).
(Euroleague / Getty Images).

Y ahora sale el “yo confieso”. Porque el Real Madrid es campeón. Y no por lo de mayor gloria a un escudo, que eso se lo dejo a sus incondicionales, sino más bien por la culminación de un proyecto que comenzó hace casi cuatro años, llenando el Palacio de los Deportes como primer gran paso, para empezar. Ahora lo vemos como algo normal, pero les remito a que repasen las hemerotecas y ver la afluencia de espectadores, con Drazen Petrovic o Arvydas Sabonis en el equipo. Había que llenar el Palacio y el público comienza  a acudir en masa nuevamente, porque lo que ven les gusta, se divierten, se lleva a los niños y lo disfrutan. Y a partir de ahí, tocaba ganar, peldaño a peldaño. Sea una Copa, con una liga que se escapa con un triple de Marcelinho desde medio campo… un paisaje ya diferente. Se está arriba. Y en lo más alto, en las finales, se juegan títulos.

Ese fue el segundo gran paso, que suponía dolor entre la afición, porque se perdía. Pero se llegaba a las finales, a todas. Ni CsKA, ni Olympiakos, ni Maccabi ni Panathinaikos hacen eso. Ellos sí. Claro, que el dolor que producían las decepciones en Londres y Milán, parecían no apreciar ese nuevo status, que me parece el paso más decisivo de este periplo. El desencanto de la pasada temporada, del “es que mejor que este año, es posible que no lo podamos hacer. Y ni así, ganamos”, se rezaba en las gradas cuando se echaba el telón, en la 13/14. La causa, como se ha demostrado, no era hacerlo mejor, sino diferente.

(Foto EFE).
(Foto EFE).

Se pierde a Draper, a Mirotic, a Darden. Se duda de las incorporaciones. Lo que parecía una regresión, simplemente era un cambio. Y resulta que los bienvenidos este verano, se convierten en bienaventurados en esta Final Four: Ayón, Maciulis, Rivers ponen la final en bandeja y cercenan las posibilidades de Obradovic y sus chicos (que a Madrid llegaron así, más que Fenerbahçe. Y llegó un momento en que, ante el aluvión de triples madridista, se cae en la cuenta que él no juega). Y en la final, aparecen los que conocen la casa, Llull, Rudy, Sergio, Felipe, el -otrora criticado- tiro de Jaycee Carroll, que sí entran. ¡Ah! Y el nuevo viejo-conocido Andrés Nocioni, que éste merece mención aparte. Y se gana.

Las historias de las grandes travesías se escriben así. Y en ésta, el Real Madrid lo ha encarado como el camino que es. Con el criticado Pablo Laso como entrenador y guía, con los mejores jugadores sin ser ganadores en tiempos, con los jugadores que sí ganan, en otros. Siendo los mismos, o casi. Siendo los casi triunfadores, que ahora sí lo son. ¡Enhorabuena, campeones!