MIKE PHILLIPS, EL ROBLE QUE MEJOR COBIJABA

MIKE PHILLIPS, EL ROBLE QUE MEJOR COBIJABA

Antonio Rodríguez

Me contaba una vez Juan Antonio San Epifanio, que Antonio Serra -y esto probablemente lo negará-, venía diciendo tras llegar desde Alemania, de ver jugar al Maccabi Tel Aviv frente al Saturn Colonia en la ronda previa de la fase final de la Copa de Europa de la temporada 81/82, que “es imposible. A éstos no les ganamos”. Tan impresionado quedó el bueno de Serra del potencial de los macabeos, previo al choque contra ellos en la máxima competición continental en la que no participaba desde 1961, que llamó tanto la atención entre sus jugadores, que Epi lo comentaba con cariño 20 años después. Serra ya se había enfrentado a ellos tres años antes también en Copa de Europa, con el Joventut. Ahora les veía inaccesibles.

Pues cuando se enfrentaron a ellos a finales de enero de 1982, estuvieron a punto de derrotarles, cayendo por tan sólo dos puntos (97-99). Su americano -canadiense- Lars Hansen, tenía una seria bronquitis y apenas participó. Epi y Sibilio se mostraron más desacertados de lo habitual y Solozábal muy acelerado. Y a pesar de la latosa tendinitis en sus rodillas en aquellos fríos y húmedos días barceloneses, Mike Phillips tuvo que batallar frente a aquella fuerza de la naturaleza llamada Earl Williams (sí, sí. El que se saltó la grada de la Ciudad Deportiva del Real Madrid en “busca” de cierto aficionado), Alcey Perry y Lou Silver. Y se pegó casi literalmente con ellos, batalló, cogió rebotes, sacó codos a pasear y hasta estuvo presente en un par de refriegas, en el encuentro en el que más nervioso y sobreexcitado posiblemente se le haya visto jamás (señaló un par de veces con el dedo, de manera desafiante a Williams, tras arrancarle falta). “Se pegó como un jabato” recordaba Epi. “Bajo los tableros, nos dio respeto. Y eso es muy importante cuando sales por ahí fuera”.

La impresionante estampa de Mike Phillips
La impresionante estampa de Mike Phillips

“La gente pensaba que yo tenía las rodillas mal y que no me podía curar. No es verdad” declaraba Mike Phillips en una entrevista a Jordi Román en los últimos días de 1984. “Yo tengo tendinitis de manera eventual, pero no tengo más problemas. El jugar con rodilleras es un poco una manía que he tenido siempre”. Mike Phillips falleció el pasado sábado a los 59 años de edad, tras un accidente doméstico, estando solo en casa. Y a uno le invade la pena, recordando a un personaje icónico en los 80, en aquella década en la que se apretaban las bridas al caballo más brillante y más popular que ha tenido el baloncesto español en toda su historia. Mike Phillips dio lustre a todo aquello.

“Yo soy eso que llamáis vosotros pívot-pívot”. Mike fue un jugador curtido en otra época y a pesar de su pose tosca, de su manera de correr en el que apenas flexionaba las rodillas, también fue depurado con cincel. Por eso era tan peligroso. Eso sí, siendo pívot-pívot. Era grande, muy grande. Un tipo ancho, de 2.08 de estatura y poca cintura, como un Godzilla que parecía retumbar el pabellón a cada paso en carrera. Y tú veías alguien que recibía y anotaba, recibía y anotaba, en un un tipo lento, sin apenas salto. ¿Cómo era posible que el baloncesto pareciese tan fácil con él? ¿Nadie le taponaba, nadie le ponía en apuros? Y es que, casi todo el trabajo que realizaba sobre la pista era antes de recibir el balón. Ganar una posición y mantenerla. Para ello, era un tipo duro. Allá donde se posaba, ya no se movía. Ni le movían. Pedía el balón y lo recibía donde él quería. “He tenido la suerte de contar con grandes bases en mis equipos. Primero Nacho Solozábal y luego Quim Costa. Es una gran ventaja. Cuando Quim viene hacia la zona, ya puedes preparar las manos para recibir, porque siempre encuentra el pase justo para cada situación”. Tenía pegado a su defensor en poste bajo, que por detrás empujaba para poder desplazarle hasta casi la desesperación. Y Phillips recibía el balón, y se echaba para atrás hasta contactar su espalda con el pecho del contrario, para fijarle. Y ahí, ya estaba muerto. Porque con un bote, él saltaba y no dejaba espacio al incauto defensor, casi rozándole, para hacer nada más que alzar los brazos. Y lanzaba esos tiros cortos, apoyados en una sola mano, que entraban todos. Cuando eras agresivo y no le dejabas recibir por delante, con un pivote hacia dentro, ganaba la espalda, alzaba la mano pidiendo el pase bombeado, recibía y anotaba. Como los maestros. No moviendo un ápice de su cuerpo con el balón en el aire, sujetando a su marcador, hasta que caía en su manaza.

Mike Phillips en el Mollet, junto a quien le trajo, su compatriota Bob Guyette.
Mike Phillips en el Mollet, junto a quien le trajo, su compatriota Bob Guyette.

Hay que pensar que Mike Phillips se crió en un baloncesto de pocos espacios. No había línea de tres puntos cuando llegó a España (se necesitaron 5 años para ello), y la NCAA que él vivió, tampoco existía el límite de posesión de balón. Y ahí encontrabas 10 jugadores alrededor de una zona, intentando meter el balón al hombre alto sobre un tráfico como nunca ha visto la historia del baloncesto. Por ello, él sabía manejarse en pequeños espacios. Era su hábitat. Proteger el balón, sacar codos, un bote y levantarse, cortos ganchos en suspensión rodeado de contrarios…y esa maravillosa capacidad que él tenía para lanzar contra tablero, donde el balón parecía un peso muerto sobre el aro, nunca salía repelido, y acababa entrando. Mike Phillips era un jugador con “touch”: tenía ese tacto especial para lanzar el balón con la fuerza justa, con la precisión exacta. Y acababa entrando. Era como un ejercicio de domestizaje sobre el esférico que siempre atendía a sus razones. Era gran pasador desde poste alto. Miraba con parsimonia y miraba entre el tráfico. Apenas pasaba desde poste bajo, porque para anotar, ya estaba él.

A finales de los 70, en el F.C. Barcelona tenían devoción por un ala-pívot originario de Kentucky llamado Bob Guyette. Tras dejar la universidad, recaló entre los azulgranas, llegó a ser el máximo anotador de la liga española en su segunda temporada, y tras cinco años, tuvo que dejarlo por problemas serios en su nervio ciático. Un buen jugador, un buen tipo, con el que los catalanes estaban encantados. Guyette sabía que la 79/80 sería su última temporada, pues su rendimiento disminuía y sus dolores aumentaban. Y en el verano de 1979, habló a la directiva. “¿Queréis un buen pívot para muchos años?” Siendo de la misma universidad, Kentucky, hablaba con conocimiento. “Tenía problemas en la espalda y sabía que aquel iba a ser su último año en activo” recordaba Mike Phillips sobre aquel contacto. “Me dijo que si quería sustituirle en el equipo. Me habló bien del país, del club. Llegué a un acuerdo con el Barça para jugar el primer año en el Mollet y al año siguiente, ocupar su plaza”.

En 1979, los filiales del Real Madrid y del F.C. Barcelona, Tempus y Mollet,  jugaban en 1ª División (la actual  Liga Endesa). Con ciertos apaños y disfraces con telas de algún sponsor, se “disimuló” que eran los filiales para poder jugar en la máxima categoría de nuestro baloncesto. Y allá que fue Phillips a jugar, a Mollet del Valles, entrenadors por Manel Comas, a 15 kilómetros de Barcelona. “En aquel pabellón hacía mucho frío. Mucho. El equipo estaba formado por jugadores muy jóvenes y sin experiencia. Tuve que hacer muchas cosas, porque el equipo dependía mucho de mí, en los rebotes, para meter puntos Pero durante toda la temporada jugué como a mí me gusta jugar: de pívot-pívot, sin jugar por fuera, sino debajo de las canastas”. Aquellas “muchas cosas”, de las que solamente tenemos referencias de sus anotaciones, se refieren a 27.9 puntos de promedio en aquella liga. Cobrando un contrato garantizado de New Jersey Nets, que le pagó aunque no jugase, dio el salto en la 80/81 al F.C. Barcelona.

Bob Guyette tenía razón. Aquel pívot roqueño era para muchos años…aunque más que entre los azulgranas, los cumplimentara entre varios equipos, siempre en España. Tras dos campañas en el F.C. Barcelona, volvió a Estados Unidos, trabajando en varios negocios con la esperanza de volver a recalar en los Nets. Como a los grandes iconos americanos de nuestra liga, la NBA le dio la espalda y fue nuevamente Manel Comas, ahora en el Licor 43, quien le vuelve a reclamar, para permanecer de manera ininterrumpida en la ACB 6 temporadas más, hasta que un 25 de Abril de 1989, se destrozó la rodilla jugando con el Cacaolat Granollers frente al Caja de Ronda, tras caer Ricky Brown encima de él.

Fue por un tiempo el bigote más famoso de la Liga Endesa
Fue por un tiempo el bigote más famoso de la Liga Endesa

Mike Phillips decía que era “un 90% de tranquilidad, porque a veces se me cruzan los cables”. Para nada. Era noble, honesto en su trabajo y ante todo un profesional. Pero muy profesional. Hubo un momento en que si querías tener éxito en la ACB, debías fichar a Mike Phillips. Fue como un axioma. Era el roble que mejor resguardaba las aspiraciones de cualquier club. Sólido como sus troncos, protector como sus copas. Por ello, en varias ocasiones los equipos se rascaron las chequeras por hacerse con sus servicios. Miren los ejemplos:

- Licor 43, temporada 84/85. Era su segunda temporada. Y sí, cierto es que contaban con Quim Costa (base internacional), Jordi Freixanet y Miguel Pou. Pero él fue el elemento diferencial para llevarles a las semifinales ligueras, nada menos, entre Real Madrid, Joventut y Barcelona.

- Júver Español, temporada 85/86. Fueron los siguientes que dijeron que “a este tío, hay que ficharle”. El Español era casi un recién ascendido (era su segunda temporada ACB) y dos tiros libres suyos fallados no les llevaron a la Copa del Rey, que por aquel entonces, tan sólo se clasificaban los cuatro primeros. ¿Y saben por qué falló tales tiros libres? Porque Mike estaba exhausto. En Zaragoza, ante el CAI, en esos maravillosos enfrentamientos de quien-gane-va-a-la-Copa, Phillips llevaba ¡45 puntos! en 21 canastas de 25 intentos, más 15 rebotes. Perdieron 89-85 y se quedaron en puertas. Al final de liga quedaron en 6º posición, la mejor de su historia. Sigan apuntando.

- Fórum Filatélico, temporada 87/88. Mario Pesquera cumple sus deseos y le incorpora a base de talonario, como en Pucela hicieron aquel año con Juan de la Cruz y Michael Young. Phillips era el epicentro de todo. Se clasifican entre los cuatro primeros tras la primera fase, juegan las semifinales de Copa del Rey, eliminados por el Barcelona -al que derrotaron en la primera jornada, por cierto-. Mejores resultados que con Sabonis posteriormente.

Ese año, aquel Fórum comenzó a caer con estrépito. Mike, repito, era un profesional. Trabajaba porque el baloncesto era su vida, pero por supuesto, por dinero. Cuando algún club no pagaba, porque sufría problemas monetarios, por lo que fuese, su motivación no era la misma. Y lo conoció en el Gin MG Sarriá (el Espanyol, en definitiva), cuando estuvieron a punto de descender, porque al club le pasó de todo y en el Fórum, cuando a partir de cierto mes, se dejó de cobrar con regularidad.

Su juego de poste bajo, con el Fórum Filatélico.
Su juego de poste bajo, con el Fórum Filatélico.

Manel Comas, aquel amigo de Mike (“me ofreció un puesto en su equipo. Él tuvo paciencia conmigo cuando vine al Licor 43, pues llegué fuera de forma. Nos conocemos los dos y yo sé que confía en mí y yo en él. Es un buen entrenador, con mucha ilusión por ganar”), le reclutó para el Cacaolat. Fue su primer y último entrenador en ACB, con 10 temporadas de diferencia entre ambas.

 Mike Phillips era la estrella blanca entre las divinidades negras. David Russell, Nate Davis, Essie Hollis…y Mike Phillips. La liga la escribieron Real Madrid, Barcelona, la Penya y estos fenómenos durante muchos años. Eran quienes justificaban entradas, retransmisiones televisivas…y ahora, innumerables recuerdos hacia sus figuras. Y en el momento de su adiós, a Mike Phillips, a aquel roble, le recordamos de la mejor manera: con sus recuerdos. Con los que crecimos, con los que magnificamos este deporte. Porque en definitiva, este deporte es magnífico por tipos como él.

“Lo que sé es que tengo toda la confianza en mí mismo. Porque si quieres ser deportista y no crees en ti mismo, estás cometiendo el primer error”.