NO ES SOLO EL MIUDIÑO: HAY QUE CREERLO

NO ES SOLO EL MIUDIÑO: HAY QUE CREERLO

Antonio Rodríguez

Las joyas que muestra la Liga Endesa son como la arqueología: hay que rascar un poco para encontrar algunas de ellas. Hablamos la pasada semana del gran encuentro entre Valencia Basket y Morabanc Andorra, de la enorme confianza de estos últimos en sus posibilidades, en las fechas más comprometidas. Bien, pues volvieron a mostrarlo en Zaragoza y aún perdiendo nuevamente, el “don erre que erre” que muestran, es probable que tenga finalmente premio. Y este fin de semana del clásico, donde un alto porcentaje de la información, la copaba el encuentro entre Real Madrid y F.C. Barcelona, nos topamos con el choque disputado en el Fontes do Sar, el recinto del Río Natura Monbus Obradoiro, frente al cuarto clasificado, Dominion Bilbao Basket.

Y el secreto de la victoria del Obradoiro fue más evidente que nunca, estuvo en sus gradas. Y les aseguro que no es tópico ni el intento de quedar bien con una afición (que por otra parte, lo merece), sino que fueron los primeros y los más convencidos en creer en la victoria. Más incluso que los jugadores. Cuando con 18 puntos de desventaja en el tercer cuarto, el tiempo muerto de Moncho Fernández, salen contestatarios con dos triples consecutivos de Adam Waczynski y Maxi Kleber, acercándose al marcador lo suficiente como para autoconcederse esperanzas, volvieron éstas a ser matadas por los bilbaínos, con cabeza, frialdad y un afortunadísimo triple de Dairis Bertans sobre la bocina, para volver a poner 15 puntos, una larga y seca estepa a recorrer para los locales si pretendían sacar algo positivo.

En ese mismo momento, tras digerir tamaño triple, viendo que los jugadores saltaban a la cancha nuevamente, el público comenzó a aplaudir de pie, a animar, a dar el último impulso. El lenguaje corporal de los obradoiristas no invitaba mucho a la proeza. Ver el apoyo entre los asientos, sí. Una afición que enorgullece su nombre no solamente con el “Miudiño” previo a cada choque, sino que creen que puede alzar a los suyos a la victoria, se intenta, al menos, ser correspondida. Así que, con dos canastas de Wzczynski y Kleber (nuevamente), los hombres en pista, mirando a su alrededor y con la inercia positiva que daban tales aciertos, iniciaron una remontada que tampoco prometía mucho a falta de 4 minutos (59-70 con triple de Dairis Bertans). Sin embargo, como el lenguaje de Shakespeare diría, “still believe”. Y tanto. Un parcial de 16-0, donde los hombres de Moncho Fernández jugaron con toda la coherencia, donde dos triples de Alberto Corbacho, el empuje de Pepe Pozas, la convicción de Waczynski (11 puntos en el último cuarto para un total de 27), les pusieron en el borde y se encontraron con la culminación a malas decisiones de un desquiciado equipo bilbaíno. Sorprendentemente, Dominion Bilbao Basket, incluso desoyendo las instrucciones de su entrenador en tiempo muerto, dejaron de usar referentes interiores (teniendo a Todorovic hasta su quinta falta, más producto del caos que estaba viviendo que por necesidad) y se vieron envueltos en una locura de tiros exteriores, que aún en buenas posiciones algunos, no les entraban. Porfiaron y porfiaron con el mismo efecto. Es que para aunar un parcial de 16-0 en los 4 últimos minutos de encuentro, algo tan difícil de creer, debe entremezclarse lo mejor de unos con lo peor de otros. Pues se dio.

Reconocimiento a Adam Waczynski. Se preparan jugadas y se ejecutan para él. El caso de este polaco es peculiar, pues no es el caso de Lampe, cuya fama desde cadetes provocaba suspiros al Real Madrid. Hablamos de un escolta traído desde el Prokom Trefl, desde la liga polaca, algo que suena desconocido, con una colocación de pies y un agarre del balón cuando recibe tras salir de bloqueos, fantástica. Parece como si se hubiese escapado de la época dorada del baloncesto polaco, allá por la década de los 50 y 60 (aquellos a los que nuestra Selección era incapaz de echar mano), cuando fueron élite europea, cuando entre el baloncesto del Este y el occidental, se notaba aún una gran diferencia técnica. Exceptuando los nacionalizados y los archiconocidos Marcin Gortat y Lampe, intenten decirme del tirón cinco nombres de jugadores polacos de los últimos 20 años. ¿Salen? Me da que no. Por ello es sorprendente el impacto y florecimiento de este jugador en la Liga Endesa. Comenzó con 10 puntos en el primer cuarto y finalizó con los mencionados 11 en el último. Ejecución fácil, con menos altura en el salto que puedan tener Scott Wood o Jaycee Carroll, pero tirador puro. Adam Waczynski. Apúntenlo por toda la geografía, porque tiene pinta de quedarse por nuestras pistas unos añitos. Y bien que lo agradeceremos.

La recompensa en el 77-72, la alegría colectiva en el Fontes do Sar estaba más que justificada. Afición un jugadores, no es sólo una cuestión de Miudiño. Hay que creer posteriormente en el sentimiento que encierra. Y en la tarde del domingo, creyeron.