UCAM MURCIA, 20 AÑOS DESPUÉS

UCAM MURCIA, 20 AÑOS DESPUÉS

Antonio Rodríguez


Mañana de lunes nublada en Murcia. Un señor con andares tranquilos y relajados, ataviado con mocasines y camisa a rayas, tan sólo necesita un abrigo sin abrochar para bajar a comprar el periódico. Es lo que tiene el clima de la ciudad. Con la misma parsimonia, ojeando los titulares tras ser atendido por el quiosquero, vuelve por sus propios pasos. De la calma que transmitía tal lector, se impregna toda la ciudad, o al revés, mezclado con una pizca de alegría. UCAM Murcia logró ganar al Real Madrid el día anterior (86-79), 20 años después de la última vez. 20 años nada menos. Y con la misma serenidad que inspira esta urbe, los jugadores se despertarían, tras celebrar por la noche, cada uno a su manera, la machada de la tarde anterior. Quizás por ello Murcia embauca. Sentirse a gusto, es una sensación acogedora. Su rutina del día a día.

Muy diferente era la atmósfera del Municipal de Deportes a las 18:00, en el momento del salto inicial. Y más aún cuando finalizó el partido, dos horas después. Los locales no solamente supieron remontar un 47-59, 12 puntos de desventaja, tras triple de K.C. Rivers -restaban 3 minutos al 3º cuarto-, sino que tras la igualada con la canasta de Carlos Cabezas sobre la bocina, arrebatando el balón a Nocioni en el suelo, supieron seguir incrementando diferencias y llegar a lograr un parcial de 37-11, para llegar a un 84-70 definitorio, con el que entraron en el último minuto. 37-11 al Real Madrid es un parcial serio. Y su victoria, una recompensa al trabajo bien hecho. Tras la tempestuosa semana  a la vuelta de Santiago de Compostela, varios fueron los factores que me gustaron en pista del equipo.

Carlos Cabezas is in da house

            Pues sí, Carlos Cabezas está en Murcia. Y que se enteren todos. Con actuaciones como las del pasado domingo, siendo primordial para derrotar al líder liguero, es para dejar claro que está y que se le espera. Tras su travesía por diferentes clubs en los últimos años, el base internacional parece sentirse cómodo en Murcia, en el club y en el plantel. Y su intensidad le delata. ¿Se habían fijado que en la jugada en la que arrebata el balón al contrario, para correr la pista y anotar una magnífica suspensión sobre la bocina final del tercer cuarto, es capaz de hacerse con su posesión incluso cuando Nocioni con su pie, lo presionaba contra el suelo para que nadie lo cogiera? La raza que siempre ha tenido el marbellí, aflora a nada que se sienta cómodo e involucrado. Entradas a canasta que anota a pesar de la fuerte oposición rozando la ilegalidad y baja a defender como si nada, muestran la raza de un tipo satisfecho con lo que hace.

El rebote ofensivo

            Decir que perfectamente gestionado, sería notorio, pero totalmente vacío de contenido, de no ser por lo que vimos en pista el domingo…y el pasado domingo, y el otro y el otro. Augusto Lima fue capaz de arrebatar un rechace al mismísimo Felipe Reyes cuando éste tenía la posición ganada. José Ángel Antelo capturó los que suele hacer, por brazos y por deseo (aunque de él, hablaremos a continuación). Cómo los no-pívots tipo Sadiel Rojas o Carlos Cabezas,  son de los más convencidos en hacerse con balones largos. Ocupan bien el lado débil o Augusto Lima, parte desde el poste alto en los sistemas, para coger más impulso en sus característicos palmeos. Como decía, bien gestionado.

Juego entre pívots

            Algunos silbidos se han escuchado en los últimos encuentros entre los aficionados, con Gerald Lee. Injustificados, como se pudo ver el pasado domingo con su honesto esfuerzo por contribuir. Y tanto se dieron cuenta que en el encuentro ante Bilbao, tuvo más apoyo en ovaciones a cada acierto o desacierto -aplausos cuando fallaba tiros libres-. El pívot finlandés no es ningún portento físico, pero sí sabe continuar muy bien los bloqueos. Con alguien de la capacidad de crear en el pase como Raulzinho Neto, va francamente bien. Y es un complemento perfecto para anotar en la zona. Porque, al igual que Augusto Lima, al que se necesita de mucha intensidad para frenarle bajo el aro, la pareja Antelo/Radovic obtienen claras ventajas y espacios para poder tirar de tres. Sus triples hicieron mucho, mucho daño al Real Madrid, que por momentos no sabían cómo combinar los emparejamientos para frenar a uno que corta, al otro que espera al triple, al base que… mostraron los paños menores del Real Madrid en más de una ocasión. El “dueto triplista” y el “dueto zonero” se combinan perfectamente, porque pueden intercambiar funciones. Y si no cuadra mucho, como situar a Augusto Lima más en el exterior cuando su colega ocupa posición interior, sabe que le toca ir con toda la potencia al rechace ofensivo. Es un galimatías para cualquier equipo, la verdad. Otro credencial a su favor.

Antelo, volver a sentirse jugador

            Desafió a Felipe Reyes en uno contra uno y logró el propósito de la canasta. Anotó triples y reboteó con el hambre -y sus interminables brazos, que todo hay que decirlo- de siempre, desde que era juvenil. José Antelo, tras su dramática lesión de rodilla la pasada temporada, sin estar ni mucho menos en su mejor condición física, volvió a sentirse alguien importante, un tipo a vigilar. Dicen que uno de los males de lesiones tan graves, son los miedos a una recaída, a ese acto reflejo de no forzar ni jugar de manera natural que el cerebro, de manera inconsciente, fuerza a ello. Quizás esta actuación sea un punto de salida para volver a recuperar sensaciones.

Dos triples y uno disfrazado, para dar el mazazo

            Aún con la buena actuación de Scott Bamforth y su rapidez jugando en transiciones, Scott Wood fue quien con sus dos triples y un tercero “disfrazado” en tres tiros libres tras ser objeto de falta, consolidaron el dominio amplio en el marcador, algo impensable unos minutos antes. Scott Wood es un lujo que decide partidos o, como fue este caso, puso la etiqueta de “vendido” al rival. Y a otra cosa, oiga.

Fe

            Determinante para el triunfo murciano fue que remontaran en 3 minutos la desventaja de 12 puntos que llegaron a tener, y acabar el cuarto en empate (el 3º, con 62-62). A falta de 10 minutos, con esa dinámica, y sobre todo la enorme fe en ganar el choque (nada fácil cuando tienes al Real Madrid delante), desarbolaron a los hombres dirigidos por Laso y les empequeñecieron hasta límites poco vistos. Lo que inicialmente fue carácter para no perder con los brazos caídos, se convirtió en un festión y en un baño de fe en lo que se hace.