JACK HALEY, UN TIPO AGRADECIDO

JACK HALEY, UN TIPO AGRADECIDO

Antonio Rodríguez

“Jack Haley está en acción, el partido de los Nets ha comenzado. Grita, llama a sus compañeros “colega” y suda. Tío, él está sudando. Dadle una toalla, rápido. Necesita una toalla. Sus manos no deben estar sudorosas. Podría perder el control del balón. Podría escapársele un rebote.

¿Qué? ¡Pero si no está jugando! ¡Qué va! Todavía no. Haley está en el banquillo de los Nets, haciendo más ruido que las propias cheerleaders y armando más revuelo que una pelea en las gradas. Él habla y habla. Va pasando vasos de agua a sus compañeros, sostiene el bloc de notas a su entrenador durante los tiempos muertos y, lo crean o no, Haley arma más ruido todavía cuando salta a cancha”.

Este es el entrañable inicio de un artículo de Jack Curry, publicado en el New York Times, un 24 de Diciembre de 1990. Jack Haley falleció ayer, a la edad de 51 años. Fue un tipo que en las 9 temporadas que permaneció en la NBA (repartidas entre Nets, Lakers, Bulls -en dos etapas diferentes- y Spurs), no pasó de 3.5 puntos de promedio.  Pero ahí estaba, feliz de lo que tenía alrededor. Disfrutando de sus pocos minutos, pero sobre todo de lo que le estaba sucediendo, el mundo que el baloncesto le ofrecía vivir. “Jugué 18 minutos en mi primer partido en la universidad. No anoté ningún punto, capturé 5 rebotes y fui expulsado por faltas personales” recuerda Haley sobre su debut en Golden West College, en Huntington Beach, antes de emigrar a UCLA. “Pero yo era feliz por haber capturado 5 rebotes”. Haley era un tipo agradecido a la vida. ‘Rico de cuna’, pues a su padre, Jack Sr., se le contabilizaba una fortuna aproximada a los 35 millones de dólares, hijo de un antiguo surfista y jugador de voleibol de élite, le insufló a nuestro protagonista su buen carácter, su amor al surf y la posibilidad de tocar el mundo de la farándula, saliendo en diferentes spots publicitarios e incluso en un vídeo de Aerosmith (“Love in elevator”) como de jugador en la película “Eddie”, al margen que su novia, posteriormente esposa, Stacey, era actriz y modelo. “Era una verdadera Barbie” , recuerda su ex compañero Santi Abad, componente de la plantilla del Español (llamado IFA Español en aquella temporada, tras conseguir Unipublic el patrocinio del grupo de supermercados). “O al menos, nosotros la llamábamos así: rubita, guapa, arreglada siempre y las facciones de la cara como las de una muñeca. Él, siendo atlético y alto, parecían la pareja perfecta de yankees”.

Jack Haley es la historia de las esperanzas, los riesgos y los resultados que suponía hace…casi 28 años en este caso, fichar un americano (solamente dos plazas de extranjeros se admitían por equipo) en nuestra Liga Endesa. IFA Español contaba con muchos jóvenes -alguno junior todavía-, como Manel Bosch, Oscar Cervantes, Edu Piñero o Santi Abad. “Ese año, el equipo sale con una cantera importante y se sube a Martín Benito como entrenador, que estaba dirigiendo al junior” aclara Santi Abad.  “El equipo estaba verde y los americanos, extrañamente, eran un veterano y un joven recién salido de la universidad”.

Unipublic contrató como director deportivo a José Lluis Cortés, asistente de Antonio Díaz Miguel en la Selección Española desde 1973 y que a las pocas jornadas, se hizo cargo también como entrenador. Y con una buena base -aunque inexperta- nacional, decide contratar un par de americanos veteranos. El primero en la lista fue Alvin Scott, un veterano NBA que pasó la mayor parte de su carrera en Phoenix Suns, y que solamente pudo jugar una jornada por tener la rodilla derecha hecha fosfatina. Para la otra plaza, inicialmente se probó al hermano de Audie Norris, Silvester Norris, que llegaron juntos al aeropuerto de Barcelona cuando Audie fichó por el F.C. Barcelona. Silvester había jugado en la liga húngara, era más alto que su hermano (2.10), armario como quería Lluis, pero sus recursos ofensivos dejaban mucho que desear. Se le descartó.

Lluis Cortés viaja a Estados Unidos a “traerse a su americano”, con tan mala suerte que durante aquel verano, a causa del lockout de la NBA, no se disputaron campamentos. O al menos oficiales. Tenían que ser los propios jugadores quienes organizasen partidos y pagasen a árbitros para que los directores deportivos europeos y los scouters NBA pudiesen verles. Claro, que no era lo mismo, porque tan sólo había una mínima parte de los jugadores que esas ligas de verano podían congregar. Puso sus ojos en Andrew Moore, pívot de 2.07 de la universidad de Loyola-Chicago, pero sus credenciales superaban lo que el Español estaba dispuesto a pagar. Se tanteó -y fueron los primeros- la posibilidad de contratar a José “Piculín” Ortiz. Tampoco resultó, aunque Ortiz un par de meses después, debutara con el CAI Zaragoza. Y a Lluis le hablaron de un pívot recién salido de UCLA, de raza blanca, 2.08 de estatura, buena pinta, generoso en sus esfuerzos y nada egoísta jugando, pero por el que se dice que pagaron nada menos que 150.000 dólares (un montante importante para la época). Viendo que eran los últimos días de verano y la posibilidad de quedarse sin un grande de cierta garantías, se confía en las palabras de amistades para fichar a Jack Haley. Y aquello no cuajó.

Jack, que había sido jugador de complemento en UCLA (3.7 puntos y 4.4 rebotes, con una máxima anotación de 12 puntos en este periplo), se necesitaba que anotase en el club blanquiazul. Inexperto y limitado técnicamente (no obstante, nunca jugó a baloncesto en su etapa de high school), se vio claramente que no sería una solución para los problemas del equipo. Para colmo, no solamente debutan frente al Real Madrid, sino que también se tuvieron que ver las caras con los blancos, en las eliminatorias de una competición que se creó en aquellos años, llamada Copa Príncipe. “Con lo que jugamos en 10 días, tres veces con el Real Madrid”. Aquello sacó las vergüenzas de los dos americanos (con una “escalofriante” anotación de 5 puntos entre ambos en el debut liguero), y Alvin Scott, tras esos 3 encuentros oficiales, fue descartado, suplido por el panameño Mario Butler. Menos mal que tanto Santi Abad como Manel Bosch explotaron desde el inicio, con excelentes estadísticas. Haley, al que se le dio una nueva oportunidad, mejoró sus números (devoto de ellos. Se le llamaba ‘Statman’ por su amor a las estadísticas) a base de mucha garra, pero sus limitaciones eran evidentes. No era lo que necesita el club. Eso sí, su carácter cuajó.

“Era buena gente. Chaval afable, personaje peculiar. Muy serio entrenando, el tío se atizaba para comer dos jarras repletas de leche con hielo. ¡Sí, sí, cubitos de hielo en la leche!” recuerda Abad. “Tenía mucha musculatura para la época. Le encantaba el gimnasio y trabajaba. Abierto y simpático, tuvo el amable detalle de dejar toda su ropa deportiva aquí, cuando le cortaron, a los juniors del equipo”.

Jack Haley, como ve, fue cortado tras 21 jornadas, con 18.6 puntos de promedio (muy mejorados respecto a los 3 de su debut liguero), 9.1 rebotes y 51% en tiros de campo, siendo sustituido por el dominicano Evaristo Pérez. Lo curioso es que en el mundo de especialistas de NBA, cuajó mejor que muchas ex estrellas universitarias que tenían que amoldarse a un role player, con la decepción que eso suponía para muchos. Permaneció 9 años, se hizo famoso no solamente por agitar la toalla y ser el apoyo constante de sus compañeros en pista desde el banquillo, sino que dicen era el jugador que mejor trato y mejores migas tuvo con el díscolo Dennis Rodman en su primer año en los Bulls, y el justificante para que éste jugase tan centrado en su primera temporada en Chicago, la del récord de victorias (72).

Su padre decía que era un gran orador. El convencimiento que tenía con su palabra, era brutal. En la pista, sin embargo, le conocían como “Hammer” (martillo), porque nunca cometía una falta blanda. Metido en sus últimos años en los medios de comunicación, un fallo cardíaco nos dejó sin su presencia, a los 51 años de edad.

“Tío, yo no te puedo decir cómo juega, porque siempre está aplaudiendo en el banquillo” comentaba Reggie Theus, su compañero en los Nets en la temporada 90/91. “Él ama la vida”.

Desde Espacio Liga Endesa nos hacemos eco de su fallecimiento, recordado a pesar de su efímero paso por nuestro país. Los americanos tenían un enorme peso y gran fama por aquel entonces. Y desde aquí, lo resaltamos. Descanse en paz.