CANASTAS QUE MARCAN

CANASTAS QUE MARCAN

Antonio Rodríguez

Se llevaban disputados pocos minutos del último cuarto en el Martín Carpena, entre Unicaja y Valencia Basket. De un encuentro magnífico. La competitividad llevado hasta el extremo del acierto. Al acierto extremo. 73-70 en el marcador. No hay mejor recurso para competir ni mayor belleza como argumento. Borrachera de canastas entre dos equipos en estado de concentración máxima. Nadie quiere apartar la mirada del otro.

Y en esas, aparece la maravilla. Mindaugas Kuzminskas, en uno contra uno, ve un resquicio por línea de fondo y allá que se enfrenta: a su defensor, al poco espacio que tenía, a las futuras consecuencias de tal decisión. Harangody protege la canasta tras ser superado inicialmente en el duelo cara a cara. Y aquí tienen la genialidad del joven alero lituano. Observen la foto, recréanse con todos los detalles. Vean cómo ante la imposibilidad de anotar encarando el aro, Kuzminskas prefiere…hacer esto. Tan alejado del aro, tan sutil. Fran Vázquez y Pau Ribas parecen quedarse admirando la acción. Desde la distancia, las cosas se ven mejor. Los demás, pendientes de un rebote ofensivo que nunca hubo. El balón dio con total sutileza en el tablero y mansamente acabó entrando. 75-70 en el marcador.

Mindaugas Kuzminskas, el chico que es capaz de anotar triples delante de las narices de sus defensores, de hacer reversos en su camino hacia canasta para hundir el balón en mate con una facilidad insultante, encuentra la comunión con la elegancia, con gestos técnicos suaves, casi ralentizados. Y casi por accidente, se topa con la eficiencia, en este caso, con la canasta. Y baja a defender con la misma mirada tímida con la que pasó la línea de medio campo para atacar. Entre ese periplo de subir a atacar y bajar a defender, escribe su leyenda. Kuzminskas es una de las mayores joyas de nuestra Liga Endesa. Pero no de ahora, sino de los últimos años. Kuzminskas es fantasear que, gestos imposibles sean posibles.

No hablaremos de estadísticas, porque los fríos números no casan con la pureza de lo visto en el Martín Carpena, en esta imagen. Una bendición para nuestros ojos, para nuestro deporte. Hay canastas que marcan, que además son retratadas. Suerte para nosotros.