ARTÍCULO: HABLEMOS DE BALONCESTO, HABLEMOS DE MARKO TODOROVIC

ARTÍCULO: HABLEMOS DE BALONCESTO, HABLEMOS DE MARKO TODOROVIC

Antonio Rodríguez

Llegaba Laboral Kutxa Baskonia al pabellón Miribilla tranquilos, aún con la sonrisa puesta en la boca de haber ganado en Estambul, un partido que el calendario decía que no se suponía que ganasen. “Y lo tuvimos que ganar dos veces” comentaba algún componente del equipo. “Se nos complicó en el tercer cuarto y mucho, al margen de ver cosas… Yo, en mi vida había visto cómo un árbitro pita algo, lo señaliza a la mesa, habla con otro de los árbitros y acaba decidiendo lo contrario, repito, tras haber marcado la penalización previamente a la mesa de anotadores”. Mientras, el pabellón bilbaíno se fue llenando poco a poco, como en las grandes ocasiones.

Una señora con mucho gracejo y con el tirón que dan las buenas causas, armada con un pintalabios verde, iba pintando una franja en la mejilla de todo el que pasaba por su lado, representando la lucha por las enfermedades raras. Tal arma se la prestó a Lalo Alzueta y Oscar Quintana para hacer más sonora tal lucha en la introducción del partido en Teledeporte, uniéndose a la causa.

Un ambiente festivo que nadie imaginaba que a falta de 7 segundos ocurriría lo que ocurrió. En ningún momento el encuentro dio la sensación de acabar así. Todos lo vimos. Sí me quedo con las disculpas al niño de Ibon Navarro primero y Tonike Senghelia después. “Esto no es baloncesto”, aunque estas situaciones, escasísimas, se producen también por jugadores de baloncesto. Igualmente me quedo (y esto, la emisión televisiva no lo recogió, pues estaba en publicidad), con que tras el saludo del equipo a los aficionados tras volver a la pista, Alex Mumbrú fue por el niño, lo cogió en brazos, con la intención de llevárselo al vestuario con el resto de la plantilla. Ante el reclamo a Mumbrú para la entrevista final, solicitó de Marko Todorovic que lo llevara él. Marko Todorovic lo sostuvo también en brazos y fue quien se lo llevó para que tuviera la oportunidad de compartir con sus ídolos unos minutos, tras el trago y el amargo susto pasados.

Puntualizada toda esa pesadilla, Marko Todorovic sí que representa el deseo por hablar de baloncesto. Volvió a destacar y ser el jugados más valioso de su equipo, con 14 puntos y solamente un triple fallado en sus tiros de campo.Y es que él cobija toda la facilidad con la que se puede tratar el baloncesto. Un rebote que no es de nadie, tocado por varios jugadores y el balón queda suelto en el centro de la zona, en botes bajos. Marko fue por él, lo tocó con una palmada y ya tenía el control. Asombroso. El lógico movimiento de un tipo de 2.08 de estatura, hubiese sido cogerlo con ambas manos, esperar y dársela a su base. Marko, tras ese primer “cachetazo” que diría un argentino, ya miró al frente buscando un compañero. Sabía que tenía el balón en su posesión, sin mirarlo más que esa primera vez, salir y seguir botándolo, para forzar el contragolpe. Calidad a raudales.

Marko Todorovic hace todo en silencio. De hecho, parece que en su trote por la pista, pisa con timidez el parquet para no hacer mucho ruido. Espera paciente en poste alto mientras ve maniobrar a Alex Mumbrú en poste bajo. Cuando éste tiene las atenciones de dos defensores, ¡zas!, es el momento. Marko recibe y tiene camino abierto hacia canasta, con un defensor mal colocado a lo sumo. Así logró un imponente mate. Como una celebrada canasta con sonrisa incluida, al pivotar una, dos veces, sin encontrar a nadie a quien pasar el balón mientras se agotaba la posesión. Dio un bote y lanzó un tiro corto con la izquierda que acabó entrando. Es la exasperante facilidad para quien sabe hacer de todo.

Entiende el baloncesto y lo ve todo. No es de los de “yo hago mi trabajo”, sino que tiene la facultad de ver el de los demás. Lee y percibe todo tipo de cortes y juego en el otro lado de la pista, intuye lo que sucede. No es raro ver que tras un parón por alguna falta personal, se dirige a un compañero y le da instrucciones de cómo maniobrar en la siguiente acción, cuando su compañero se encontraba en la parte opuesta de la pista.

La Joker School de Podgorica, como escuela de baloncesto, saltó a la fama cuando lo hizo Nikola Mirotic, otro de esos que hace fácil este juego. Viendo el de Todorovic, parece que el talento allí lo encauzan bien como para que de productos así. Uno a Madrid, y Marko, objetivo del Joventut, que en 2008 emigró desde su Montenegro natal, para jugar en el Prat, a seguir construyendo al jugador a fuego lento hasta que fue fichado por el F.C. Barcelona. Su cesión en Bilbao está provocando excelsos números y una mejoría creciente. Sobre todo a su alrededor.

Todorovic no es fuerte. Tiene la capacidad de saber sufrir, eso sí, bajo los tableros en la disputa con los rivales. Porque no es poderoso físicamente. Y se hace ver lo más posible como herramienta. De hecho, corta el camino a canasta, dando un paso al frente y se muestra descaradamente, cuando alguien tiene la intención de entrar hasta el fondo de la zona, denegando así muchas canastas. Claro, luego le cuesta recuperar la posición de rebote. Mal menor para alguien que hace mostrar como guardián de su aro. Hablar de él es hablar de baloncesto, de su esencia. Para lo bueno. Si hablamos de baloncesto, hablamos de Marko Todorovic.