ARTÍCULO: HISTORIAS DE LA COPA: HACE 25 AÑOS…¡CAI!

ARTÍCULO: HISTORIAS DE LA COPA: HACE 25 AÑOS…¡CAI!

Antonio Rodríguez

(Capítulo 1)

Todos fueron al salón enfundados con su mejor traje de gala, la mejor de sus sonrisas y el ramo de flores a modo de bienvenida. Para la gran mayoría, los trajes estaban por lados deshilachados y en su intento de disimulo, de poner fina gasa sobre rudos remiendos, cicatrices elocuentes que otros tiempos fueron mejores, mientras seguían sonriendo para que sus forzados rostros acaparasen la atención inicial. Para que alguna llegase a ser la reina del baile entre todas las candidatas. Para en definitiva, coronarse.

La Copa del Rey tiene sorpresas y siempre ha mantenido ese sello, que es lo que más expectación crea. Sin embargo, si en tal gala los principales protagonistas del reparto quedaron en la estacada, donde la Copa tuvo la verdadera esencia de Copa, de lo que es hoy día, donde las ocho “damiselas” participantes querían tapar sus miserias, tras superar una primera mitad de temporada de lo más convulsa, usando el carmín más intenso para sus sonrientes labios, con intención de ocultar su rostro de desesperación por un título, todo eso, sucedió en Las Palmas hace 25 años. La temporada 89-90 fue un martirio para muchos. Los hubo que pudieron reconducir la situación hasta esta Copa (F.C. Barcelona). Otros, supieron esquivar obstáculos y seguir firmes (Ram Joventut). En algunas casas, las sombras y la penuria llevaban tiempo instaladas sin expectativas de abandonarles (Real Madrid), y otros habían perdido el rumbo hacía tiempo, topándose casi por un casual con el rellano de la puerta que les llevara a la Copa (CAI Zaragoza). Eso sí, al menos estaban allí. Pues el “gallito” de la competición hasta ese momento, el Caja de Ronda, el club que había conseguido derrotar al Barcelona en el Palau, al Joventut en Badalona y al Real Madrid en su Palacio, quedó sin invitación, arrebatado por el DYC Breogán, quien lo eliminó en los emparejamientos previos a esta fase final. La esencia de la Copa quiso que el “príncipe” que otorgaba el trofeo fuera buscando por el salón y diese al final, casi escondida en una esquina, con la elegida. 44 puntos son un perfume demasiado embriagador como para no saber a quien otorgar.

Una historia de hace 25 años

Al recinto del Centro Insular de Deportes llegaron un sábado 10 de Febrero a las 11 de la mañana (hora local) para el salto inicial CAI Zaragoza y Valvi Girona. Se disputaron los cuartos de final en una misma jornada (encuentros a las 12 horas, a las 14, 18 y 20 de la tarde). Esta edición copera se abrió con un triple de Mark Davis (premonitorio de lo que sucedería más adelante) y en ese horario tan madrugador, es lógico y normal entender que el CAI Zaragoza tuviese un efecto goma de manera permanente. En la primera mitad, los maños llegaron a tener hasta 14 puntos de diferencia y la más notoria fueron los 20 de ventaja (70-50) a falta de 7 minutos, que parecían tener el choque sentenciado. Pero los hombres de Alfred Julbe, a través de un parcial inicial de 0-10, llegaron a situarse en 77-74 a poco más de dos minutos para el final. Francisco Javier Zapata (19 puntos) con una canasta tranquilizadora, apoyado en los 33 puntos de Mark Davis, lograron el pase a semifinales (85-79).

El Real Madrid fue el siguiente en entrar en escena ante el Taugrés. Los vitorianos, moviéndose todo el año en las aguas de la irregularidad, decidieron cambiar de entrenador, sustituyendo a Manu Moreno por Zeljko Pavlicevic. Y con su trío interior Ramón Rivas, Larry Micheaux y Ralph McPherson pudieran poner a prueba a los pívots madridistas en esta cita. ¡Ay los pívots madridistas! El Real Madrid tenía en vísperas de Copa, uno de los mayores cismas -uno más- de la temporada. Fue el año de la llegada de George Karl aterrizando en nuestro país y en la casa blanca, con un baloncesto de 20 años de adelanto a su tiempo, que no lográbamos entender (prueba palpable de ello fueron las despiadadas críticas en muchas ocasiones por parte de la prensa), de la espantada de Petrovic, de la lesión y baja de uno de sus americanos (Ben McDonald, tras haber rechazado en pretemporada a Vincent Askew). De, por supuesto, el fallecimiento de Fernando Martín, con lo que el club blanco se encontraba con tan sólo dos pívots en toda la plantilla (Antonio Martín y Fernando Romay), pues McDonald, que era un ala-pívot, tras sus dolencias de espalda, fue cambiado por Anthony Frederick, mucho más delgado, más bajo y más alero. O sea, que contaban con tantos pívots como bases, que para más inri, uno de ellos, el estadounidense Dennis Nutt, llegó lesionado de una rodilla. Los madridistas perdieron tres partidos consecutivos entre liga y Recopa (dos victorias en 6 jornadas en ACB) y a todos en la gerencia, les ardían los asientos. Que al plantel le faltaba altura y de manera alarmante, era pregonado a los cuatro vientos. Que Ramón Mendoza, presidente de la entidad por aquel entonces, no se planteaba un nuevo desembolso económico para un refuerzo sobre un deporte cuyo capricho por él (el contar con Drazen Petrovic en sus filas) se había esfumado a Portland. Que George Karl, en su benevolencia, decía que en sus sistemas y en su baloncesto, había cabida a jugar con un alto y todo lo demás exteriores, por lo que con dos, él tiraba -aunque las derrotas le dijeran lo contrario-. Y que Lolo Sáinz, director deportivo de la sección, negociaba el fichaje de alguien que estuviese en mercado. Todos remando en la misma dirección, como podemos apreciar.

Tras muchos “dimes y diretes”, tras la urgencia, necesidad y desesperación de unos por hacerse con los servicios de un grande “talla Real Madrid” a esas alturas de temporada, y otro harto de vivir minutos y minutos en el banquillo de los Utah Jazz, se llega al acuerdo con José “Piculín” Ortiz por lo que restaba de temporada. Sus 208 centímetros, muchos más kilos de músculo de los que lució en el CAI Zaragoza dos temporadas antes, eran la respuesta. “Piculín” aterrizó en Madrid un par de días antes del inicio de la Copa. Un entrenamiento en la Ciudad Deportiva blanca, y hacer la maleta para debutar en Las Palmas. Y ciertamente mostró el club blanco más empaque bajo los tableros. 10 puntitos y 7 rebotes fueron sus primeras estadísticas, tras saltar a pista a los 5 minutos. Aún así, eso no quita que tuvieran problemas, que fueron muchos para que el Real Madrid lograra su pase a semifinales (84-82), máxime cuando con un triple de Ralph McPherson, el Taugrés se pusiera por delante e hicieran rondar la tragedia por encima de las cabezas de sus adversarios (66-67). Por segunda vez consecutiva, la sorpresa rondaba por el Centro Insular, sin cuajar, eso sí.

Y llegó la tercera semifinal. Tras un descanso, F.C. Barcelona y Grupo IFA Granollers abrían el fuego en la jornada de tarde. Con televisión de por medio, los jugadores de Manel Comas salieron respondones y se pusieron por delante. Un bloque alto, joven, fuerte y con unas expectativas altas, que en el momento de la celebración de la Copa, aún no se habían cumplido. Grupo IFA Granollers fue el resultado de la fusión del antiguo Español y el Cacaolat Granollers. Bajo la gestión de la empresa Unipublic, llegaron a la conclusión que la manera de subsistencia era el de la unión en verano de 1989. Santi Abad, Oscar Cervantes, Manel Bosch y Claude Riley engordaron la plantilla del nuevo proyecto procedente de los españolistas, mientras que Joan Creus, Ferrán Heras, Xavi Mendiburu, Julián Ortiz y el propio Manel Comas, aterrizaron desde el Cacaolat, que mantenía su pabellón de Las Franquesas como sede para sus encuentros. A esto se unió el segundo americano. Todos pensaban que sería Eugene McDowell, pívot de contrastada calidad, que llevaba ya tres años en España y bien conocido por Comas, que lo trajo desde el Mulat de Nápoles hasta Zaragoza. Sin embargo, la sorpresa vino el día de la presentación del equipo, cuando lo hicieron con Mike Davis, aquel fuerte y problemático jugador que se hizo famoso por su pelea con López Iturriaga en la final liguera de 1984 y sancionado con 11 partidos tras agredir, un año más tarde, a Josep María Margall en los vestuarios, al intentar éste disculparse de una refriega que tuvieron en la pista, una vez finalizado un choque de semifinales. Tal sanción frenó las aspiraciones de cualquier otro equipo en contratarle. Sin embargo, Ángel Palmi, director deportivo del este nuevo club, reparó en una letra pequeña que nadie más pareció advertir: tal sanción prescribía a los tres años. Con lo que “sin cargos”, Davis se presentó en nuestras pistas nuevamente. Sus rodillas y sus saltos ya eran menos fogosos. En contraposición, había mejorado su lanzamiento exterior, sobre todo los tiros libres.

Mike Davis era un tipo feliz en la manera de jugar que aplicaba Comas en pista. Manel siempre utilizaba a Santi Abad y Manel Bosch como acompañantes del estadounidense. Tan grandes, tan fuertes a pesar de su juventud -recién entrados en la veintena-, eran capaces de defender tanto a un alto como a un hombre bajo, con lo que los cambios automáticos eran constantes sin que flaquease la defensa -incluso llegó a utilizar un pívot más con ellos tres, sea Ortiz o Mendiburu-. Esta estrategia daba a Davis gran libertad para arriesgar e ir a los tapones en la ayuda, inflándose a colocar tapones e intimidar, que era lo que le gustaba. Y en este choque de cuartos, aún más por enfrentarse a su ex equipo, intentando controlar a Audie Norris. Esa motivación extra también la tenían los ex azulgranas Santi Abad, Julián Ortiz y Joan Creus (los cuatro compartieron quinteto en pista durante muchos minutos). Además tenían el añadido de un veterano ex NBA como Carey Scurry, un alero finísimo, elegante en su juego, maestro del pick&roll, que se cargó pronto de faltas, eso sí, y no pudo mostrar todo el baloncesto exquisito que tenía en sus manos. Y es que ambos equipos se vieron involucrados en una ‘sinfonía de pito’, con muchos jugadores cayendo por cinco faltas al banquillo -tónica también de los otros dos enfrentamientos anteriores-, que deslució el choque, aunque se entró en los últimos minutos con mucha igualdad. Joan Creus, aciago en toda la primera parte (0 puntos al descanso) anotó su primera canasta a falta de 7 minutos para la conclusión. En ese tiempo, más los cinco de prórroga, fue capaz de anotar sus 17 finales, a base de suspensiones certeras y triples decisivos -sobre todo en la prórroga, pues había muchos inhabituales en pista, a causa de las faltas-.

Los nervios, las imprecisiones, el que en el Barcelona no estuviesen ni Epi, ni Jiménez, ni Ferrán Martínez, hicieron cargar el juego sobre Solozábal y un Norris sobremarcado, con lo que los de Granollers, tras tener opción de haber ganado el choque en el tiempo reglamentario, lo hizo tras los cinco minutos extra (85-83), dando así la primera sorpresa, al fin. Los azulgranas, que tras constantes lesiones de inicio de temporada (las más notorias, las de Norris y Epi), la baja de su estadounidense Paul Thompson, que tras ser el líder anotador en sus equipos anteriores (Limoges y Nashua Den Bosch), en el plantel de Aíto nunca supo entender ni encajar en su nuevo rol, con la llegada del jovenzuelo David Wood en su lugar, que dio una intensidad que en nuestras pistas no estábamos acostumbrados a ver y con todos los demás sanos, los azulgranas tomaron “el color” de favoritos a todo e iban encaminados a ganar esta Copa y el resto de títulos (de hecho, ganaron la liga con un 3-0 inapelable y llegaron a la final de la Copa de Europa, cediendo nuevamente ante la Jugoplastika Split).

La jornada finalizó con la victoria del Ram Joventut (94-78) ante un DYC Breogán que en muy pocas ocasiones tuvieron opciones para competir. CAI Zaragoza-Real Madrid y Grupo IFA-Ram Joventut serían las semifinales del día siguiente. La historia de esta Copa seguía escribiéndose.

FOTO 2: Jordi Pardo intentando controlar el balón ante la presión de Andreu en el primer partido de cuartos, CAI Zaragoza-Valvi Girona.

FOTO 3: Piculín Ortiz en el primer entrenamiento con el Real Madrid, llegado a la capital. Horas más tarde, volaría a Las Palmas.

FOTO 4 : “Chicho” Sibilio ante la defensa del estadounidense del Real Madrid, Anthony Frederick. El Taugrés le puso muchas complicaciones al equipo blanco.