MUNDOBASKET ESPAÑA ’86: Oviedo, el fetiche

MUNDOBASKET ESPAÑA ’86: Oviedo, el fetiche

Antonio Rodríguez

Oviedo era la sede donde más atractivos se congregaban. La abrumadora superioridad de Estados Unidos ante Italia en la fase previa de Málaga, ya les daba una etiqueta diferente a la de ‘jóvenes-con-talento-sin-experiencia’ que manejábamos en días previos. Ahora, eran claros aspirantes al oro. Yugoslavia vino a España sin hacer experimentos como el año anterior. Portaban una estrella clara, Drazen Petrovic, siendo rodeado de buenos pívots y la experiencia de Dalipagic e incluso su hermano Aleksandar, ausente aquella temporada debido a las obligaciones a causa del servicio militar. Si Canadá puso en un brete a los balcánicos, era porque ellos también contaban, condimentando al choque ante Italia del primer día de un sabor especial, sobre quién era el candidato que pudiera desbancar a los dos grandes. Y con quien nadie hizo cábalas junto a China, era con Argentina.

Walter Magnifico tapona a Cortijo. Italia fue demasiado gigante para Argentina.

El 70-74 del Estados Unidos-Argentina como pistoletazo de salida a la sede, dejó perplejos a todos, entre efusivos abrazos de los ganadores y ovación en las gradas del Palacio de los Deportes ovetense. El héroe de aquella tarde con 21 puntos, el alero Esteban Camisassa, fue felicitado en la pista por el mismísimo Bob Knight, analista in situ en los comentarios para la TV estadounidense. La predilección del mítico entrenador de Indiana por los jugadores inteligentes, le hizo apresurarse para darle la enhorabuena. “Yo, en mitad de la euforia, me lo quité pronto de encima porque tampoco sabía quién era” se sinceró años más tarde el propio Camisassa. “Cuando al rato me lo dijeron, fui a buscarlo con un papel para que me lo firmara”. Y cayeron más alabanzas. 

Dan Meagher y Greg Wiltjer disputan un rebote a Ario Costa. En el Italia-Canadá se jugaba mucho.

Aquel día fue el del milagro argentino. Muy lejos quedaban sus pretensiones del oro como dieciséis años después. Aquella selección que buscaba consolidarse, contaba con las primeras estrellas de la recién creada Liga Nacional de Basquet (siempre en la memoria, León Najnudel) y no pasaba por ser más que un equipo con pívots muy bajitos (el más destacado, Diego Maggi, con 2,03. Los recambios, ni llegaban a los dos metros), dos exteriores habilidosos en Miguel Cortijo y Carlos Romano y el mencionado Camisassa. Héctor “Pichi” Campana, que ganaba al aficionado por su espectacularidad, no dejaba ser más que un sustituto de unos titulares que disfrutaban muchos minutos en pista. “Vencer a Estados Unidos fue un hecho que, en nuestro país, después de la victoria en el Mundial de fútbol, contribuyó a seguir la evolución de nuestro deporte” declaraba días después el escolta Carlos Romano. “Fue tocar el cielo por unos momentos. Nos demostró que no estábamos tan lejos”. 

Ante Italia, la última sonata del maestro Drazen Dalipagic.

Reconocen que el perder tan solo por 8 puntos en un amistoso en Lyon ante los yanquis, les dio mucha confianza. Agresivos y con permanentes ayudas sobre los hombres interiores, encontraron la forma para que el choque se les hiciese bola a los hombres de Lute Olson. Frenados, aunque fuese a base de faltas personales, los norteamericanos anotaron tan solo 14 de 30 tiros libres (8 de 16 en los pívots titulares, David Robinson y Charles Smith) y acabaron por colapsar ante una escasa aportación perimetral. A pesar de la quinta falta de Maggi cuando aún restaban 10 minutos, Argentina supo reponerse y no perder la cabeza en el pressing defensivo del rival, incluso cuando la renta iba menguando y se vieron abocados a un final igualado. 

Así que con la posterior victoria ante China (97-80), la albiceleste se encontraba en una tesitura inimaginable al principio. Si vencían a Italia en la última jornada y Yugoslavia hacía lo propio con Estados Unidos, el pase a semifinales era un hecho. No pudieron. Los italianos se hicieron enormes ese día a las pretensiones sudamericanas y Walter Magnifico (25 puntos y 11 rebotes) desbarató cualquier sueño (78-70), cuyo quinteto se vio cansado y superado, viviendo del brío del “Pichi” Campana (20 puntos). A la finalización del encuentro, el público, que casi llenó el recinto durante las tres jornadas de competición, se levantó y comenzó a aplaudir a rabiar, en reconocimiento al combinado que tanto les habían hecho disfrutar. 

Charles Smith o el poder USA bajo tableros.

Italia supo cómo derrotar a Canadá el primer día, en el choque que dominaron en la segunda mitad (84-70 en los últimos minutos), pero que vieron complicarse al recibir tres triples consecutivos del alero canadiense Jay Triano en los instantes finales (84-81). Ellos tenían tablas y practicaban un juego sucio que, ni los canadienses conocían, ni los árbitros sabían ver. A los ojos de las señalizaciones arbitrales de hoy día, las artimañas de tipos como Roberto Premier o Fulvio Polesello, hubiesen promediado unas cuatro faltas descalificantes por partido. Pero dominaban el arte de cuándo hacerlas y provocaban una reacción posterior más violenta en su rival al que, enfurecido, sí se le veía. 89-86 y pensar en vencer a Yugoslavia al día siguiente.

Sucesión de imágenes para apreciar el curioso marcaje de Bogues a Petrovic.

Y en la segunda jornada fue cuando Italia sufrió la afrenta. El 102-76 de los ‘plavi’, escoció muchísimo en su orgullo. El caso es que iban con un marcador igualado, pero del 38-32 en contra, pasaron en un abrir y cerrar de ojos a un 50-32 al filo del descanso. La lluvia de triples fue constante (fue el día del 6 de 7 en de Aleksandar Petrovic) y en la segunda parte, pudimos disfrutar al maestro. Drazen Dalipagic, a sus 35 años, fue convencido por su entrenador y antiguo compañero de selección, Kresimir Cosic a para que volviese, a pesar de haber declarado su retirada del equipo nacional dos años antes, en los Juegos de Los Angeles. “Yo ya estoy viejo. Pero Kreso me insistió. Era un Mundial en España, país del que tengo gran recuerdo de mi paso por el Real Madrid”. Afincado en Italia desde varias temporadas atrás, sus 30 puntos ante sus rivales de liga, dejó una exhibición en Oviedo, su última gran exhibición, que aún no allí. 

Así que, con todos estos condicionantes, nos presentamos en el último y decisivo encuentro en la última jornada. Estados Unidos supo reponerse a la derrota inicial ante Argentina, venciendo a Canadá (77-65) a base de mucha defensa, pero nuevamente con demasiada espesura y pocos espacios en ataque. Eran muy disciplinados, moviendo mucho y bien el balón, pero el tráfico en la zona era tan denso que, intentar meter el balón a sus pívots era misión casi imposible. Que Yugoslavia pudiese vencer y ser el líder del grupo no sonaba nada descabellado, sobre todo con el premio que ello representaba: eludir a la URSS en semifinales, que iban como un tiro en la otra sede de Barcelona. 

Kenny Smith, puntal ofensivo de los estadounidenses.

Cuando a los 7 minutos de partido, Estados Unidos vencía 19-2 a los yugoslavos, cualquier esperanza europea se desmoronaba como nunca habían visto antes. La sorprendente estrategia de la marca sobre Drazen Petrovic, dejando al habitual base titular Tommy Amaker, en el banquillo y usando al pequeño de 1,59 de estatura, Tyrone “Muggsy” Bogues sobre él, dio incluso más resultado del esperado. Drazen quería evolucionar por la pista, pero Bogues le impedía botar. Cuando se levantaba, nadie lo punteaba, pero esa intimidación a un metro del suelo (que también existe, no solamente la de los tapones), le cohibía e incomodaba. 12 puntos en la primera parte y hasta el minuto 8, no anotar la primera canasta. Peor fue su hermano, que no consiguió los primeros puntos hasta bien entrada la segunda mitad.

Mientras, un más que controlado rebote de su trío interior Robinson-Smith-McKey, junto a la velocidad del mencionado Bogues y Kenny Smith, resquebrajaron el partido (29-12 a mediados de la primera mitad). Sobre todo, era la sensación de impotencia balcánica la que marcó esos primeros 20 minutos. Con las sustituciones, aparecieron Zoran Cutura y Danko Cvjeticanin y empezaron a colorear el ataque de su equipo como en ellos era habitual, junto con la mayor comodidad de Drazen Petrovic según progresaba el choque. 37-30 al descanso y todas las posibilidades.

En la continuación, la marca ahora de ayudas y rotaciones en los USA, saltando al dos contra uno a nada que Drazen cogía el balón, le dejaron en 0 puntos en la segunda mitad (12 en total) y aunque volvieron a tener cierta espesura con su incesante búsqueda del juego interior, esta vez sí Steve Kerr y Kenny Smith (4 de 10 en triples entre ambos) daban la dosis justa para crear espacios. Pocos lo recuerdan, pero entre la búsqueda de alternativa de Cosic ante la baja aquel día de Ratko Radovanovic, dio la oportunidad al jovencísimo Vlade Divac, que anotó 3 canastas consecutivas a base de recibir balones doblados, situando el encuentro en un 44-41 muy igualado. Drazen Petrovic supo cómo ayudar sin la necesidad de anotar y asistió a su joven compañero de balones, a imagen y semejanza de los estadounidenses. 

Ayudas, ayudas. Todo para maniatar a Drazen Petrovic. 

David Robinson, colosal (21 puntos y 17 rebotes), acabó por ayudar a lograr una mínima renta para llegar al final con el definitivo 69-60, puntuación pírrica para los europeos, entre los “olé” del público en la grada, mientras Kenny Smith sorteaba contrarios en la presión. Los americanos siempre usaban su dominio del rebote y cuando rotaban, llegaron a poner al ala-pívot Tom Hammonds como tercer hombre interior y si era más alero quien ponía sus pies en pista, como en el caso de Sean Elliott, colocaba dos centers al mismo tiempo, con la ayuda de Armen Gilliam, generalmente junto a Robinson, que aún Rony Seikaly no daba la talla. Su juego era defensivo y de escasa anotación, pero los estadounidenses tenían más que estudiados a los rivales, a un nivel tan pormenorizado que, en Europa, costaba verlo. Por ello, como líderes de grupo y esperando a los brasileños en semifinales, junto a los soviéticos, sí partían como claros favoritos al oro. 

Oviedo se despedía. Quizás fue la sede donde más kilates de baloncesto vimos de todo este Mundobasket. Bill Russell junto al mencionado Bob Knight y Rick Barry, se pasaron por allí para ver con sus propios ojos, el desparpajo y el gran talento del baloncesto europeo. Sin embargo, por conocimiento y estudio, por físico aunada a una técnica individual envidiable, ellos estaban aún por encima del resto. Y eso, se pudo ver en Madrid.

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