MUNDOBASKET ESPAÑA’86: En Tenerife, Drazen Petrovic montó el show

MUNDOBASKET ESPAÑA’86: En Tenerife, Drazen Petrovic montó el show

Antonio Rodríguez

En la sede tinerfeña, los enviados especiales se dieron cuenta que no todo en la isla era buen tiempo, que en el hotel Maritim del Puerto de La Cruz, lugar de hospedaje los equipos y algunos periodistas afortunados (el resto en la vecina Los Realejos), los nublados eran lo habitual -incluso en julio- y que según viajaban hacia el este, Santa Cruz, donde se ubicaba el pabellón, el cielo se despejaba y la temperatura subía. Más turismo que bañadores hubo en los pocos ratos libres. Más conversaciones y libreta en mano que turismo. Piensen que, en julio de 1986, jamás habíamos visto jugar ni a Malasia ni a Nueva Zelanda (ni si había baloncesto en aquellos países), que de los argentinos tampoco sabíamos mucho más, puesto que hacía muchos años que no se presentaban en un torneo a nivel mundial y pueden hacerse a la idea que para cualquier afanoso periodista, era un hervidero de charla con todos ellos y oportunidad de conocer su mundo y su baloncesto. Aunque en Tenerife, aparte de charlar, quienes dieron que hablar, fueron los yugoslavos.

Drazen Petrovic, máximo reclamo en Tenerife.

Drazen Petrovic era la gran atracción y ya verán cómo se fue “a lo grande”, para lo bueno como para lo malo. Sufrió un esguince de tobillo en un entrenamiento previo a las dos jornadas finales, que hizo peligrar su participación. Que tuvo que salir a resolver ante los argentinos ante la apatía de sus compañeros en la segunda mitad y provocó todas las admiraciones y todo el odio de manera conjunta, sin separación. De ocho triples en el encuentro decisivo a poner una zancadilla a un rival que cortaba a canasta, con un más que sorprendido árbitro australiano Hunt, señalando una falta intencionada. Cabía de todo en el genio de Sibenik, del que más adelante nos explayaremos.

Como ya hemos adelantado, este grupo tenía las dos “marías” más claras de los cuatro. De Nueva Zelanda y Malasia sabíamos de antemano que las posibilidades de ganar un partido que no fuese entre ellos, eran casi nulas. Para los oceánicos suponía la primera incursión internacional de toda su historia en eventos de este calibre y viendo el nivel que dieron en este Mundobasket, es increíble pensar que dieciséis años después, llegasen a ser semifinalistas en la cita mundialista de Indianapolis’02. Y por otro lado y ante la renuncia de Filipinas, llegaron los malayos, que tan siquiera tenían una liga en su país para poder competir, concentrando a los teóricos mejores jugadores de la nación y a lo que saliera. 

Sergio Aispurúa intenta taponar al mito Drazen Dalipagic.

Por lo que, asumiendo que tanto Yugoslavia como la selección de Canadá eran con claridad superiores al resto, la tercera posición que daba plaza a la fase de cuartos en Oviedo, se la jugaban el primer día Argentina y Holanda. Y fueron los argentinos quien se llevaron el valioso triunfo (82-76), a pesar del control de los europeos la mayor parte del choque, pero que no supieron salir de la presión defensiva rival en los últimos minutos y se vieron avocados a una prórroga. Allí, el escolta Héctor “Pichi” Campana, aquel chaval que tanto nos gustó en el Mundial junior de Palma de Mallorca tres años atrás, aclaró con 8 puntos consecutivos, quién sería el acompañante a los dos favoritos. Argentina tenía más ‘callo’ que su rival, entre otras razones porque habían jugado hasta 17 partidos de preparación, venciendo a los mismísimos yugoslavos en un torneo preparatorio en Verona. No es de extrañar que, entre tanto trasiego, se dejaran por el camino a su pívot Luis González, lesionado en un tobillo y siendo sustituido a última hora por el bisoño pívot de 2.17, Fernando Borcel

De Holanda poco más se supo, excepto el día en el que perdieron ante Yugoslavia (95-74) en el que estuvieron respondones en la primera mitad, llevando la delantera en el marcador muchos minutos ante la sorpresa generalizada, de la mano de su gigante de 19 añitos, el pívot Rik Smits, que forzó permanentes faltas a los pívots balcánicos. Lo alucinante es que, a pesar de verse cargado con cuatro faltas al descanso, su entrenador Ruud Harrewijn no le utilizase más en el resto de encuentro. El caso es que a Smits lo veíamos muy bisoño para entender las miras del jugador y su entorno, que estaban enfocadas en la NBA. En ese momento era freshman en la universidad neoyorquina Marist College y sí, era rápido para sus 2,20 de estatura, aunque le faltaba mucho recorrido técnico. Pocos nos hubiésemos aventurado a confesar entonces que acabaría siendo All Star de la NBA. 

El neozelandés Tony Smith, jugando al baloncesto. Era sábado.

Siendo sinceros, poquísimo baloncesto de calidad vimos en Tenerife, por lo que bien estará tirar de anecdotario. En la segunda jornada, el escolta de la Cibona de Zagreb y posterior jugador de Estudiantes, Danko Cvjeticanin, logró una canasta desde su propio campo para concluir el partido ante Malasia, lo que le valió ganarse nada menos que un Alfa Romeo, que se premiaba al primer jugador que consiguiese tal gesta en el Mundobasket. De flamante color rojo, identificativo de la marca de tabaco que patrocinaba tal regalo, “el Yeti” fue el agraciado que se lo llevó a Zagreb (estaría bien preguntarle algún día ese trasvase Tenerife-Zagreb). El encuentro de Yugoslavia ante los malayos creó cierta expectación, porque los asiáticos debutaron ante Canadá con una sonrojante derrota (118-38). Más bochornoso fue incluso el descanso, pues era escalofriante ver un 71-17 en el electrónico. Al día siguiente, los yugoslavos, cuando todos pensamos que batirían esa diferencia, pusieron todo su empeño y dedicación en ataque, que la defensa la dejaron para otro día, encajando “demasiados” puntos (131-61).

Un jovencísimo Rik Smits, dando muestras de su futura proyección.

A pesar de todo, Malasia fue aclimatándose en el torneo. Sus jugadores eran extremadamente bajitos, excepto un pívot de 2,10 muy delgado que apenas imponía, Low Ken Kok. Pero sí descubrimos la habilidad de su alero Tan Kim Chin (de 1,88 de estatura, no se vayan a pensar), que anotaba triples con una facilidad impropia en 1986. Es que era alucinante verlo. Anotó 24 en los 5 encuentros disputados, con un excelente 45,3% y su fantástico 8 de 8 ante los argentinos. Criado en Kuala Lumpur, el hecho de vivir en la parte china del país, le hizo coger el gusto por nuestro deporte y por el tiro, por supuesto. Confesaba que jamás había jugado un torneo de estas características. Ni parecido. 

Esta jornada vio al neozelandés Tony Smith, escolta que pasaba por ser uno de sus mejores jugadores, observando de paisano el encuentro en el banquillo. Y no es que tuviese lesión alguna en el soporífero choque ante Holanda (84-66 para los europeos), sino que se encargó de aclarar a los medios que, profesando la religión mormona, le estaba prohibido trabajar los domingos por ser el día del Señor. En verdad que esto sí que son fiestas de guardar. 

El esperpéntico partido Canadá-Malasia. Un 71-17 al descanso, lo dice todo

Y llegamos a la última jornada, donde se enfrentaron los dos mejores y donde pudimos ver baloncesto de verdadero nivel. De esos días en los que “ver el aro como una piscina” fue la tónica general entre yugoslavos y canadienses, para deleite de todos. Aclarar previamente que el público, que esta vez sí llenó el recinto, se volcó claramente con los canadienses ante el odio deportivo sentido hacia los balcánicos, focalizado en la figura de Drazen Petrovic, que arrancó tanto pitidos cuando se encaró ante el base holandés Raymond Bottse de malas maneras, como aplausos al conseguir 45 puntos en ese partido. Y necesarios para doblegar a los tulipanes. Tuvo, como ya hemos comentado, que salir en la segunda mitad ante Argentina para encarrilar el choque (85-68), con un fuerte esguince de tobillo, percance del entrenamiento del día anterior y se presentaban ante los canadienses con el claro propósito de ir invictos a la sede de Oviedo. 

Canadá contaba con el mismo bloque con el que España se enfrentó en los Juegos de Los Angeles dos años antes y que aquí, ya eran bastante conocidos. El pívot Greg Wiltjer (líder absoluto en rebotes) había militado este curso en el F.C. Barcelona, su compañero Gerald Kazanowski (que realizó una excelente primera fase en Tenerife), en el Joventut de Badalona y el alero Tony Simms llegó a ser sustituto temporal de David Russell en Estudiantes. Y en este choque, si los primeros parciales fueron para los hombres de Kresimir Cosic, la buena labor de Kazanowski, bombeando con mucho tino los tiros ante el gigante Vrankovic, mantenían siempre una igualdad en torno a los cinco puntos. Y Drazen, viendo el desacierto inicial de su hermano Aleksander y el de la leyenda Drazen Dalipagic (al que convenció Cosic para que volviera a la selección), inició ante la necesidad, su febril racha anotadora.

Greg Wiltjer dominó las zonas en Tenerife.

El partido ya tuvo su primer calentón, cuando tras un triple de Aleksander Petrovic para concluir los 20 primeros minutos (45-42), los canadienses forzaron un pase largo de contragolpe a falta de décimas de segundo, culminado por una entrada ya fuera de tiempo. El receptor del balón, el escolta Howard Kelsey, sufrió un fuerte y peligroso manotazo de Drazen Petrovic cuando estaba en el aire, lo que provocó que saliera despedido hacia las colchonetas de seguridad en la línea de fondo. El seleccionador canadiense, el veterano Jack Donohue (entrenador en high school del mismísimo Lew Alcindor), saltó a la pista hecho una furia, exigiendo a los colegiados la penalización de una acción tan antirreglamentaria como peligrosa. El árbitro griego Kostas Rigas, entre la reagrupación de jugadores y en su intento de poner paz intentando mediar, ve cómo el canadiense Kelsey le arrebata el balón del brazo y se lo lanza a la cara a Petrovic, con lo que encendió más a todos los protagonistas que rodeaban el meollo de la polémica. Rigas, muy nervioso, siente que alguien lo acosa e increpa por detrás y sin mirar, se da media vuelta y en el afán por ganar su espacio vital invadido, le da un empujón sin darse cuenta que era el propio Donohue. Éste, viendo que había sido agredido por un árbitro del que estaba particularmente harto, se fue por él fuera de sí, hasta el punto de que tuvo que ser sujetado por sus asistentes. 

 

En verdad es que los arbitrajes fueron de un nivel pésimo. Curiosa la paradoja, cuando esa tierra había dado árbitros internacionales de la categoría de Pedro Hernández Cabrera o Miguelo Betancor. En esta sede, no es que fuese el español Francisco Javier Fajardo el mejor, sino que fue el único con buenos arbitrajes. Kostas Rigas, contrastado en Europa, se perdía en pitar mínimos contactos con las manos o choques cuerpo a cuerpo entre jugadores de forma fortuita, desesperándoles. Un desastre su concierto de pito.

En la reanudación, vino la borrachera de canastas y baloncesto. En los norteamericanos, el tiro exterior entraba al fin, sobre todo en la figura de Jay Triano, muy desafortunado hasta entonces. Y fue cuando Drazen Petrovic se tornó en fundamental, anotando hasta 8 triples (de 15 intentos. 35 puntos), para sostener e igualar la racha rival. Canadá, con el revulsivo de Dan Meagher y creyendo ciegamente en la victoria, se puso por delante a falta de poco más de 5 minutos (68-71) y todo el pabellón volcado con ellos, creando una terrible presión ambiental. Y en estos minutos fue cuando los hermanos Petrovic decidieron ‘montar el circo’ y ser ellos dos quienes decidieran. Aleksander penetraba y doblaba a su hermano Drazen para el triple. Drazen era quien centraba toda la atención, para asistir a su hermano ‘Asa’, que en una esquina esperaba para otro triple. Los gestos de celebración de ambos, con saltos de cara a la galería, eran elocuentes. 

El punto más exótico: Tan Kim Chin, una máquina de anotar triples

Aun así, los canadienses tuvieron su oportunidad de empatar (con 82-80), pero ni la suspensión corta de Kazanowski ni el tiro de Meagher bajo el aro tras rebote ofensivo, lograron igualar la contienda, para que se diera el resultado final de 83-80 y la exaltación yugoslava, con abrazos más que llamativos en el centro de la pista, haciéndolo de forma notoria delante de sus rivales. Y en esto, Drazen Petrovic, se vuelve hacia la parroquia de aficionados y les desafía alzando los puños. Cuando supo que era el foco de atención de todas las miradas y abucheos, vio el momento de brindarles un notorio corte de mangas, retirándose de forma inmediata corriendo a los vestuarios, entre atronadores silbidos y crispación del respetable. Visto por TVE (que se emitió), escuchar los comentarios de María Antonia Martínez (poco dada a la objetividad y sí a descargar sus fobias al micro. Eran otros tiempos), con un “¡qué sinvergüenza! ¡Qué sinvergüenza!”, provoca hoy día un tono muy pintoresco a la retransmisión. 

Y con esto, acabó esta fase tinerfeña y la seguridad que la fase de Oviedo, con estos yugoslavos y los respondones canadienses, con Estados Unidos e Italia, iba a ser un grupo formidable. Lo que no intuíamos era que Argentina tenía una sorpresa guardada. En Santa Cruz de Tenerife, pasó Drazen Petrovic. Y hoy día lo recuerdan los testigos. Para lo bueno y lo malo.

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