ARTICULO: NUESTROS ALL STARS NBA

ARTICULO: NUESTROS ALL STARS NBA

Antonio Rodríguez

CAPÍTULO 1: JEFF RULAND (F.C. BARCELONA)

En España estamos de enhorabuena tras el nombramiento de Pau Gasol y Marc Gasol, como pívots titulares en el próximo All Star Game New York’2015. Un hecho sin precedentes en la historia de la NBA, el que dos hermanos compartan titularidad en el partido de las estrellas, un éxito de nuestro baloncesto, una alegría y orgullo que se criaran y formaran en clubs de la Liga Endesa. A lo largo de la historia de nuestra liga, no han sido ellos los únicos casos que han jugado en nuestros clubs habiendo sido, con anterioridad o posterioridad, nada menos que All Stars de la NBA. Con este serial, os contaremos uno por uno, las estrellas que pisaron por igual el parquet de nuestros pabellones, como el santuario sagrado en un evento como el All Star Game.

Jeff Ruland fue All Star en la mágica cita de Denver’84. Debido a la lesión aquellos días de quien iba a ser el center titular en la conferencia Este, Moses Malone, Ruland, procedente de los Washington Bullets, tuvo el honor de sustituirle como tercer pívot, eso sí (El titular en el partido fue fue Robert Parish). Fue el único que os mostratremos, que primeramente jugó en nuestro país, para llegar al ser All Star más adelante. Una trayectoria realmente asombrosa, sobre todo de alguien que en España dejó más sinsabores que buenos recuerdos.

Pero, ¿Quien era Jeff Ruland? Pues una estrella de high school en Estados Unidos, élite nacional en el momento de su ingreso a la universidad en 1977, a la misma altura que Magic Johnson, Danny Ainge, Herb Williams, Albert King o Kelly Tripucka. Posiblemente, el hombre alto con mayor proyección. Ante deseos de reclutamiento por parte de Indiana, Kentucky, North Carolina o Notre Dame, Ruland eligió la pequeña universidad de Iona College, ubicado en New Rochelle, New York, con no más de 5.500 matriculados, por el mero hecho de estar cercano a casa y “quería ir a un sitio donde no hubiesen ganado nada y poder ganar un título para ellos”.

Su vena de fanfarrón se convertiría en melancolía, tristeza y una sensación de “estar de paso” en nuestro baloncesto, cuando recaló en el F.C. Barcelona en la temporada 80-81, con 22 años, por mucho que su agente, George Kalafatis, afirmara que “con Ruland, tienen buen americano para muchos años”. Su juego físico, en España no cuajaba mucho. Acribillado a faltas personales, sin permitir los arbitrajes de aquellos años el más mínimo contacto, su desilusión se fue acrecentando hasta que fue sustituído a mediados del mes de Diciembre. Curioso que los dos grandes del baloncesto español, F.C. Barcelona y Real Madrid, se vieron afectados por la misma causa: mientras el Real Madrid sustituía a su americano Jim Abromaitis por Randy Meister (que era el otro extranjero que complementaba el dueto de Copa de Europa), los azulgranas hicieron la misma jugada, situando a Mike Phillips y relegando a nuestro protagonista, solamente para la competición europea (Recopa de Europa).

No eran estas las expectativas cuando llegó con su enorme fama desde Estados Unidos. Fama trabajada tras su periplo en la universidad de Iona, a pesar de sus cortos brazos, verdadero obstáculo con lo que tuvo que luchar a lo largo de su carrera, sobre todo ante la incredulidad de muchos en USA viendo esas extremidades. John Lucas, quien fue su compañero en los Washington Bullets, confesó cuando le vio “con esos brazos, no podrá jugar”, para rectificar más adelante. “Pero veía que noqueaba a toda la gente a su alrededor. Creo que hay dos jugadores en la NBA cuyo trabajo no es suficientemente valorado: el de Moses Malone y el de Jeff Ruland. Jeff es nuestro Moses” llegó a decir el posteriormente entrenador NBA.

En Iona College tuvo como coach y alma mater a un jovencísimo y locuaz, parlanchín de origen italiano, llamado Jim Valvano, con el que tuvo una relación muy, muy estrecha. Muchos días, tras el entrenamiento, se iba a su casa y acababa jugando en la canasta del patio trasero con la hija de Valvano, Nicole, de 7 años. A nivel deportivo, Jeff Ruland creyó que a su universidad no se le respetaba como debían. Entraban de forma esporádica en el Top-25 de la nación, aún teniendo actuaciones memorables como una victoria por 17 puntos en el Madison Square Garden, un escenario de lujo, ante la universidad de Louisville. Fue en 1980. Louisville, en aquella temporada, quedó campeón. “No es que les ganásemos” recuerda Ruland, es que les pateamos el culo”.

Siendo élite nacional, es extraño que no recalase en la NBA y sí fuese a parar a manos de Antoni Serra y el Palau Blaugrana. Resultó que Ruland trató y negoció con un agente, Paul Corvino, durante su etapa colegial -algo terminantemente prohibido-, que de vez en cuando, le daba algunas cantidades, escasas eso sí, de dinero. “Si hubiese querido ganar dinero en college, me hubiese ido a alguna más grande, donde sí tenía oportunidad. Simplemente, así podía pagar la colada”. Pudo ser la mecha para su marcha, algo por lo que Jim Valvano se sintió algo responsable. Lo trataba a veces como a un hijo -el padre de Ruland, antiguo jugador de beisbol, falleció de un paro cardíaco cuando Jeff contaba con 7 años de edad-, y fue cuando sin comunicárselo a sus jugadores, Valvano firmó el 26 de Marzo de 1980, por la universidad de North Carolina State. Ruland se sintió traicionado. Ese detonante, más polémicas de amaño de partidos y cobro de dinero por parte de los jugadores en la universidad -que nunca se pudieron demostrar-, hicieron que su nuevo agente, Larry Fleisher, le convenciera para dar el salto a la NBA tras su tercer año universitario (algo muy extraño en aquellos años).

Ruland fue elegido en 2ª ronda, con el número 25, porque los scouters NBA no tenían aún informes de él, pues les pilló de sorpresa que diese el salto de manera prematura. Eso unido a esa imagen de bracicorto, le hicieron caer hasta ese puesto 25, elegido por Golden State, que lo traspasó por otra segunda ronda (Sam Williams) a los Washington Bullets. El equipo de la capital, con Wes Unseld, Elvin Hayes y Mitch Kupchak en sus filas, no vieron nada claro su futuro y le insinuaron Europa.

En Barcelona tuvo polémicas y lesiones. Para empezar, su agente recibió 8.000 dólares en pesetas, como adelanto, pero en la aduana se los requisaron. Ruland confiesa no haber visto jamás ese dinero después. Mal empezaba el asunto. Más tarde, se marchó un 20 de Diciembre a Estados Unidos a pasar las navidades, además de casarse, con un permiso hasta el 2 de Enero. Y regresó el 9, con las controversias suscitadas y una posible rescisión de contrato. Finalmente la sonrisa perenne de su agente en Europa, George Kalafatis, hizo llegar a un acuerdo para que finalizase la temporada en el club de la Ciudad Condal. Y en la Recopa consiguió sus mejores actuaciones, más aclimatado en el equipo, con su mejor noche en Zagreb, ante la Cibona, que contaba con el mito de Kresimir Cosic, en el partido de vuelta de las semifinales de la Recopa, con 28 puntos. Así como también dio la cara en la final, en Roma, en un ambiente de lo más hostil, ante la Squibb Cantú, logrando 17 puntos. De los pocos que le defendieron, fue su entrenador, Antoni Serra, que veía unos movimientos muy fáciles en poste bajo, para un hombre de tal corpulencia. Y con mejores migas hizo fue con Ed Johnson, el estadounidense que un año antes había jugado en el Joventut y que residía en Barcelona.

Tras esta experiencia, regresó a estados Unidos, a los Bullets -actuales Wizards-. Y lo que fue salir desde el banquillo en sus primeros partidos, siendo suplente de Spencer Haywood, la azarosa vida de éste -llegó a quedarse dormido en el banquillo durante el calentamiento previo a un partido- así como sus constantes lesiones, le dieron una titularidad que bien aprovechó, haciendo pareja con -nada menos- Rick Mahorn. John Lally, el trainer del equipo, les llamaba a ambos “McDirty & McFilthy” (algo así como “McSucio & McInmundo”). Pocos se atrevían a pasar por la zona con tales angelitos. En un encuentro muy igualado ante los Pistons, Ruland fue a taponar a un rookie llamado Isiah Thomas, con su rostro de niño, en la última jugada del partido. Y lo hizo con tal contundencia y brusquedad, que tras taponar, cayó encima del pequeño base, haciéndole una buena ‘avería’. “Intenté mandarle luego al hospital infantil” bromeaba Ruland.

De la furiosa eliminatoria que tuvo frente a los Celtics en los playoffs en 1982, en semifinales de conferencia, Johnny Most, el famoso speaker en los partidos de Boston, bramaba e insultaba a la pareja (con Mahorn también lo haría años más tarde, con los Pistons), escandalizando a la madre de Ruland, que escuchaba tales partidos a través de la radio y lo definía como un “deslenguado”. Johnny Most, en toda su genialidad, llegó a decir en antena, en uno de los últimos partidos de tal playoff, “soy Johnny Most, comentarista de los Celtics. Señora Ruland, si a partir de ahora no quiere oír lenguaje rudo ni blasfemias, apague la radio”.

Y en la temporada 83-84, Jeff Ruland consiguió el sueño de poder jugar un All Star Game, compartiendo curiosamente equipo con Bill Laimbeer, otro jugador que pasó por lo mismo que Ruland, emigrar a Europa y demostrar en Italia que tenía sitio en la NBA como excelso reboteador. Los números de Ruland aquella temporada fueron estos:

Unos excelentes promedios y un galardón más que merecido. Posteriormente, las lesiones le mermaron, tras ser traspasado a Philadelphia a cambio de Moses Malone, estuvo casi 4 años consecutivos en el dique seco.

Información extraída de “Sports Illustrated” y “El Mundo Deportivo”.

Foto 1: Jeff Ruland, con la camiseta del F.C. Barcelona (Fotografía de “El Mundo Deportivo”).

Foto 2: ‘McSucio & McInmundo’, Ruland y Mahorn, intentando taponar a Dennis Johnson, en los playoffs NBA 1984 ante los Celtics.

Foto 3: Jeff Ruland lanzando un gancho ante Abdul Jabbar.