MUNDOBASKET ESPAÑA ’86: La China de los pai pai

MUNDOBASKET ESPAÑA ’86: La China de los pai pai

Antonio Rodríguez

Málaga en el Mundobasket fue el pabellón Ciudad Jardín. Y el Ciudad Jardín fue calor.  Sofocante calor durante los días del 5 al 10 de julio. Un pabellón tomado como un fortín  cuando jugaban los estadounidenses, puesto que las medidas de seguridad llegaron a ser  exageradas. Claro, que el verdadero atractivo de los “USA guys” no estaba a las afueras del  recinto, sino en el parquet. Siempre han sido tan atractivos como dudosos en los equipos que  llevaban. Y viendo sus primeras actuaciones, uno pudiera pensar que vestir esos uniformes casi  sagrados, vestidos por los Jordan, Ewing o Mullin dos años antes en Los Angeles, suponía casi  un sacrilegio. Eso, hasta que llegó el último día, con una exhibición ante Italia digna de  recordar.  

El italiano Walter Magnifico, ante la defensa del chino Song Tao. Los chinos, la revelación.

A Málaga viajó Costa de Marfil por eso del “encanto” de las 24 selecciones clasificadas  para el evento, con un nivel bajísimo (militaba en suerte un alero, un tal Djadji, que se jugaba  todos los tiros y un sufrido ala-pívot llamado Marc MBahia, que acabó proclamándose  campeón de Europa con el Limoges en 1993). Allí decían “qué pena que no haya podido venir  José “Piculín” Ortiz, porque les hubiese encantado”. En Puerto Rico hablaban maravillas de  este joven pívot, desconocido -aún- en nuestras fronteras y a cambio, sí convocaron hasta  Málaga un joven de 2,16 llamado Frankie Torruella, que no lo hizo nada mal y del que nunca  más se supo. Con el tiempo, dimos con su historial y la maldita enfermedad por la que fue  diagnosticado, el síndrome de Marfan, lo apartó con apenas 23 años de la práctica del  baloncesto (una enfermedad congénita degenerativa sobre personas de muy alta estatura).  

Y es que, Puerto Rico puso la salsa, para lo bueno y para lo malo. Hubo un grupo de  veteranos liderados por el pequeño y habilidoso base Angelo Cruz (si hablamos de jugadores  desaparecidos, este sí fue literal. En una visita a su ex mujer e hijos, desapareció y nunca más  se supo de él), Federico “Pico” López y Mario Morales. Y lo mezclaron con jóvenes talentos  que gustaron, como el citado Torruella, Edgar León y las futuras estrellas en nuestro país,  Jerome Mincy y Ramón Rivas (aunque este jugó apenas). Si ganaron con solvencia a Alemania  (81-69) y pusieron contra las cuerdas a los estadounidenses (derrota por 73-72, tras barrer  David Robinson del aro una bandeja que parecía entrar sobre la bocina), un día antes, tuvieron  el traspiés del torneo, perdiendo frente a China (97-84) y siendo finalmente eliminados.  

Era una estampa curiosa ver a un jugador como Bogues subir el balón. Eso sí, a correr todos.

Y es que la selección de la República Popular de China fue la gran sorpresa en la  primera fase del Mundial. Parecían otra selección de las exóticas, con un pívot llamado Xu  Xiaoliang de 2,05 y la movilidad de uno de 2,40, acompañado por un ala-pívot de 1,98 y los  demás raramente llegaban al 1,90. Pero sí es cierto que desde el banquillo -¿por qué lo  sacarían como hombre de rotación?- siempre lucía un pívot con bastante movilidad para sus  2,08 llamado Song Tao. Y con mucho orden en los pases y unos sistemas muy marcados para  optimizar las esquinas (el concepto tan moderno de hacer grande la pista), sus escoltas y  aleros -que daba igual, todos medían uno ochenta y tantos) las metían de 3 con una facilidad  asombrosa. Hasta acabamos aprendiéndonos los nombres de Li Yaguang, Wang Fei y Zhang  Songjun. Es lo que tiene la capacidad de martillear así.  

La machada mencionada ante los portorriqueños vino continuada con su victoria lógica  ante los coloridos marfileños (84-72) y en la última jornada, perdiendo 81-80 frente a  Alemania, en un triple empate del que salían beneficiados. Los alemanes (del club del “ni fu ni  fa” para este evento. Un joven Christian Welp y poco más), que pudiendo forzar la prórroga    para intentar ganar a los chinos por 13 puntos -lo que ellos necesitaban-, ni se les ocurrió.  China pasó a la fase semifinal de Oviedo, donde a los pobres les castigaron jugando sus tres  partidos a las diez de la noche, siempre el último partido de la jornada (y bien que se  quejaron), mostrando en esta edición mundialista una cara muy diferente de su baloncesto  anárquico y rudo hasta decir violento de años anteriores. Tampoco les daba por pensar mucho  y saltarse sus sistemas tácticos, que fieles a ellos, a los rivales les pusieron en muchos apuros  (imaginen que ganaron el último día en la lucha por el undécimo puesto a Grecia con su Gallis  y su Giannakis). Su entrenador, Qian Chenghai, nos explicaba que el baloncesto en China era  terriblemente popular. Y no solamente se aplicaba en los colegios dentro del horario de  educación física, sino que como las matemáticas, las ciencias o el arte, el baloncesto era una  asignatura más en el calendario lectivo. Asombroso.  

Impresiona la estampa de David Robinson que avasalló a los italianos.

Calor y pai pai. En el Ciudad Jardín había preparado un sistema de ventilación y  acondicionamiento del recinto que resultó fallar -o eso dicen- en la víspera del torneo, sin más  soluciones, con lo que el calor en un recinto con espectadores, en julio y en Málaga, fácilmente  llegaba a los 40 grados como atestiguan los presentes. Así que, con la eficiencia y la guasa que  hay en la tierra, a cada entrada para los partidos, se dispensaban un abanico de los típicos  chinos, el famoso modelo pai pai. Y a agitar y a abanicarse con el artilugio. Y entre eso, entre la  afición de los de Costa de Marfil (lo mejor en las gradas, sin duda) con un grupo de tipos  ataviados con casco de explorador y sus bongos y sus tam tam, adornaban los partidos de los  suyos con una percusión digna de los Mayumana.  

Y para acabar, Estados Unidos. Muchos pensamos que, en el último partido de la  última jornada, perderían frente a la rocosa Italia. Estos iban a lo suyo: Brunamonti,  Marzorati, Gilardi, Riva, Premier, Villalta, Sacchetti, Magnifico, Dellagnello… los de siempre,  que ganaban por contundencia y desgaste. Imbatidos hasta el último día en el que sin saber  muy bien cómo, se vieron sorprendidos en el marcador a remolque (36-16) mediada la primera  mitad. A partir de ahí, no levantaron cabeza. Y todo lo que “parecía que” en los americanos,  salió a relucir. Si Kenny Smith dio flashazos tan solo de todo lo bueno que enseñaban en North  Carolina, ante Italia bien que lo mostró. Si David Robinson, como se escribía en USA, era un  pívot dominante, ante los ‘azzurri’ dio buena cuenta de ello, dominando al fin las zonas. Si su  defensa, medianamente ordenada, prometía, esta vez estuvieron muy agresivos y en la zona,  el naufragio de los italianos fue grande. Una primera muestra de que sí, pudiesen aspirar al  oro.  

Kenny Smith grita ante la subida de balón de Tommy Amaker.

Entrenados por Lute Olson, eran muy inconsistentes en el tiro exterior. Ni el base ni el  escolta titulares, Tommy Amaker y Kenny Smith, se decidían a tirar. Eran de fintar y pasar. Y  cuando lo hacían, mil dudas. Tan solo Steve Kerr mostró desparpajo desde el 6,25. Cuando  corrían, era toda una alegría y sobre todo, el exotismo de cuando entraba a cancha su  pequeño base de 1,59 de estatura, Tyrone Bogues (lo de “Muggsy” nos enteramos más tarde,  cuando selló su entrada en la NBA). Era trepidante en sus acciones, de manos terriblemente  activas y corría que se las pelaba.  

En estático, jugaban muy bien con el triple poste, puesto que su alero Derrick McKey  era un ala-pívot jugando como alero. Y se les notaba muy acostumbrados a jugar con poco  espacio en la NCAA, con lo que sus pases eran muy medidos y tenían los interiores muy  afinado el concepto de ganar la posición. El jugador con más alegría y posibilidades junto a  David Robinson, era el alero Charles Smith, de la universidad de Pittsburgh, penúltima  incorporación al equipo (la última fue la de Brian Shaw, ya con el campeonato iniciado, por la  lesión en vísperas del torneo del alero de California, David Butler). Smith era un ala-pívot ágil  de 2,08 con buen tiro de media distancia y que acabó siendo el máximo anotador de esta  selección. El mismo que el Maristas de Málaga quiso hacer una oferta –“pero tenemos poco    dinero, ¿eh?”-, a lo que su madre respondió “bueno, la verdad es que la pretensión es que  vaya a la NBA. Pero si no sale bien, tendremos en cuenta su propuesta”. Salió número 3 de la  1ª ronda del draft en 1988.

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