ARTÍCULO: KATIC & JELOVAC, BALONCESTO DE ESCUADRA Y CARTABÓN

ARTÍCULO: KATIC & JELOVAC, BALONCESTO DE ESCUADRA Y CARTABÓN

Antonio Rodríguez

CAI Zaragoza es uno de los ocho equipos clasificados para la Copa del Rey. Lo hicieron en silencio, sin armar mucho ruido. Eso sí, ganaron en Bilbao (71-82) y al actual líder, Unicaja (82-76), tras un incierto arranque de 3 victorias y 3 derrotas, lógico por la tragedia con la que tuvieron que convivir y del que supieron reponerse. Pero lo dicho, sin sorpresas descollantes ni motivos para ser portada.

Joaquín Ruiz Lorente se hizo cargo del equipo desde la primera jornada. Y desde el primer momento, tuvo claro una cosa: había que jugar con los pívots. Y con ellos, a la antigua usanza. En la pasada temporada, uno de los puntales de la plantilla hasta que emigró a Grecia, fue Gheorgi Shermadini. Su juego de bloqueo y continuación, con su estatura y rapidez, dio muchos y buenos réditos al club zaragozano. Ahora tocaba tirar de la vieja escuela de pívots: jugar con ellos al poste. La ilusión por comenzar “sano” de Henk Norel, bastión en las cercanías del aro antes de la lesión, era perfectamente cumplimentada con alguien polifuncional como Marcus Landry, capaz de lanzar triples, de ser un alero y con los recursos y el cuerpo como para ser un ala-pívot y tener también su manual de juego interior. Ambos perfectamente complementarios, ambos titulares en la mayoría de las ocasiones.

Lo bueno es que, intentando redundar en tal faceta, se contrataron dos pívots para salir desde el banquillo, que juntos, han dado un sello de identidad al cuadro caísta: Katic & Jelovac. Si saliendo de rotación, se han convertido en dos de los hombres más importantes del plantel, es que con ellos, algo funciona.

¿Que si funciona? Cuando ambos están en pista, el baloncesto de CAI Zaragoza parece un juego de escuadra y cartabón: miden rectas, líneas de pase, ángulos… es una maravilla. Rasko Katic se ofrece como un jugador de poste bajo resolutivo en uno contra uno, potente y contundente, que sabe usar los pies y proteger los tiros como para hacer daño a un metro del aro. Y sabe ganar la posición. Stefan Jelovac, en cambio, es el jugador de poste alto perfecto: móvil, amenazador y excelente tirador exterior, que puede entrar a canasta y notable pasador al poste bajo cuando está en la bombilla. Verles cómo se van colocando ambos en la pista de ataque y uno ya intuye en destrozo que pueden hacer. Pase a uno u a otro. Dentro o fuera. Katic se la pasará a Jelovac o Jelovac a Katic. Pueden alternar sus posiciones incluso. Ellos dos siempre están preparados y colocados para recibir.

¿Que si funciona? Pues revisando la web baloncestostatsacb.es, hay datos que confirman que, efectivamente, su juego sí funciona. Si en el quinteto en pista cuentan con un tirador de larga distancia (como el caso de Chris Goulding) y el director de juego sea Pedro Llompart (ya que hablamos de juego de pívots a la antigua usanza, usemos bases que dominan esos “viejos testamentos”), con facilidad en poner balones a los hombres altos, pueden anotar 11 puntos más que el rival (quinteto Katic-Jelovac-Goulding-Tomás-Llompart) o 6 puntos, si los aleros son Sastre y Jason Robinson. O sea, que como segunda unidad, aunándoles los componentes adecuados, tienen un valor tremendo. Tal aportación desde el banquillo tiene un valor incalculable.

Pero por encima de números, me quedo con esa perfección en saber colocarse, en estar siempre en condiciones de recibir, de amenazar. Un baloncesto que, viniendo de la escuela balcánica, parece que desempolvemos la teoría de aquellos Cosic, Radovanovic, Boban Petrovic o Knego, que siempre nos embaucaron, envidiamos e intentamos importar. De momento, lo que CAI Zaragoza ha importado es buen baloncesto con ellos. Baloncesto de escuadra y cartabón.