Uniformes, el 'toque de balón' en nuestro deporte

Uniformes, el 'toque de balón' en nuestro deporte

Antonio Rodríguez

              Todos los hermanamientos son saludables y gratificantes. El apoyo que brindó RETAbet Bilbao Basket este pasado fin de semana al club de los amores de toda una ciudad, el Athletic Club, de cara a su final de Copa el Rey, replicando su uniforme, son gestos que siempre engrandecen y quedan para el aficionado.  Y de hecho, podemos ver que la elegancia en los “hombres de negro” fue patente en su vestimenta para el encuentro ante BAXI Manresa, aun no yendo a la par del éxito deportivo.             

              Hace 4 años, el hermanamiento social del Deportivo Alavés con TD Systems Baskonia, también trajo un curioso intercambio de uniformes entre las dos entidades deportivas, luciendo durante una jornada los baskonistas ante Monbus Obradoiro, las franjas blanquiazules típicas del césped de Mendizorroza, reconociendo así el apoyo al club de fútbol, tras su regreso a la Primera División. Sin embargo, pocas veces hemos presenciado este tipo de guiños con los uniformes.

 

              Las franjas verticales, sello tan identificativo en las elásticas de los clubes de fútbol, se han visto en escasas ocasiones en uniformes de baloncesto cuando había un común denominador entre ellos. No hablamos de cuestiones de diseño en la ropa deportiva, como la elección durante varias temporadas del Joventut de Badalona en vestir a rayas verdinegras o la casualidad en MoraBanc Andorra, luciendo las tres franjas de su bandera, como han hecho todos los clubes del Principado cuando han disputado ligas nacionales, ya sea fútbol, rugby o voleibol. Sino de la implicación de alguna u otra forma del fútbol en nuestro deporte. Los ejemplos de los dos equipos vascos destacan y arrancan simpatía, porque -pensamos- son casos únicos en la historia cestista en el circunstancial hecho de una sola jornada. El resto de casos que hemos recapitulado, venían de secciones de baloncesto en clubes de fútbol, cuyas réplicas exactas en las camisetas de hombreras mostraban un sello identitario claro.

              Por supuesto, contemplando principalmente al Real Madrid y F.C. Barcelona, con sus históricas y gloriosas secciones de baloncesto e idéntica equipación, a lo largo de la historia de nuestra liga nos hemos encontrado cómo el Real Club Deportivo Espanyol lucía el uniforme blanquiazul, copia exacta del balompié. En el periplo ACB, su ascenso en 1984 trajo implícito este diseño hasta 1988, cuando la cúpula dirigente tomó la decisión de desprenderse de aros y redes. En la fotografía, vemos a Jackie Robinson en el debut ACB de los ‘periquitos’ en el Palau, durante esta trayectoria. Al menos, Mike Phillips llenó de gloria durante dos cursos este breve paso hasta su desaparición, con una directiva que contaba ‘los duros’ con afán, porque los balances cuadraban con mil dificultades. Y ya en aquel 1988 se hablaba de agencias de gestión deportiva, como Unipublic, con vistas de negocio en venta de merchandising y sobre todo, derechos televisivos, quienes se hicieron con los derechos del club ya desvinculado del fútbol, hasta encontrar un comprador. Por entonces, aquello sonaba terriblemente novedoso.

 

              Como las puntas de una sierra, así fue la gestión de Jesús Gil en la sección de baloncesto del Atlético de Madrid. Arriba y abajo sin mediar nada estable entre medias. Sección que ya existía con su nacimiento en 1922, para desaparecer al poco, y crear nuevas intentonas en la década de los 30 y otro en los 50. Hubo de esperar hasta 1983, cuando Raimundo Saporta se desvinculó de los dos clubes “filiales” del Real Madrid, Inmobanco y Renta Inmobiliaria (bajo el patrocinio de Fortuna este último), para que Vicente Calderón comprara la plaza en la segunda categoría de nuestro baloncesto, la 1ª B.

 

 

              Un año duró la aventura -de éxito, eso sí-, pues no estaban por la labor que, tras conseguir el ascenso a ACB, se contemplara en las oficinas del Vicente Calderón un bocado en el presupuesto del club por la sección cestista. Fue el Collado Villalba quien se quedó con la plaza, querencia por tal población de la sierra madrileña que, Jesús Gil, tras ser nombrado presidente en 1987 y dos años después hacerse cargo del club (en 1ª B), pensase en ellos con el ascenso a la ACB y una chequera que prometía. Todos los buenos aficionados recordamos a Walter Berry y Shelton Jones anotando sin descanso en el pabellón de la sierra durante la campaña 90/91. Se clasificaron sextos y consiguieron plaza europea con ese uniforme atlético que, francamente, se daba cien patadas con las camisetas hombreras típicas del baloncesto. Adjuntamos fotografía porque a los horrorosos hechos nos remitimos. Pero la historia de la ACB también se escribe con aventuras así de efímeras, que tan solo duró ese curso.

              Y desde entonces y hasta el “aterrizaje” del Real Betis Balompié al pabellón San Pablo sevillano, ningún otro club de fútbol ha puesto su nombre y sus colores al baloncesto. El Baloncesto Sevilla sangraba por todas partes y junto al patrocinio de turno (Coosur en estos días), la directiva bética optó por apostar por el baloncesto y por supuesto, lucir sus franjas verdiblancas allá por toda nuestra geografía cestista.

 

              Ni más clubes ni más guiños que los expuestos. En Endesa Basket Lover nos gustan. Claro que sí. Lo visto en Miribilla fue un ejercicio más de tener la mano, que en el fondo, es un gesto de gratitud e identificación con toda una ciudad, unos colores y un sentimiento. Y aunque a veces las tonalidades y las réplicas se den cien patadas con la estética, que prime el espíritu del deporte, que de eso se trata. 

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