ARTÍCULO: CUESTIÓN DE DESEO

ARTÍCULO: CUESTIÓN DE DESEO

Antonio Rodríguez

F.C. Barcelona comenzó el encuentro del pasado domingo, como suele hacer en las últimas temporadas: dando martillazos desde el salto inicial. Martillazos en la zona rival. Marcelinho Huertas suele poner cortafríos en el sitio correcto y Ante Tomic golpea con la maza, a la par. Y por regla general, suelen agrietar y derribar cualquier muro por grueso que sea. Con su juego, como hemos repetido una y mil veces, resulta que el resto van a su compás y se unen al martilleo. Y como los jugadores entrenados por Xavi Pascual, a quien hacen caso a pies juntillas, son auténticos asesinos deportivos, pues hasta que no les paran, ellos siguen mazazo va, mazazo viene, golpeando hasta que por ese frente ya, les detienen. Y eso fue lo que no sucedió en choque de la tarde del domingo, frente al Real Madrid: que no tuvieron ese mismo instinto asesino para frenarles. Cuestión de deseo.

¿Saben los puntos que los azulgranas sumaron en la zona en el primer cuarto? Sumando a las canastas, los tiros libres producto de las faltas que añadían en la pintura, fueron la friolera de 19 de los 24 que reflejó el electrónico a la finalización de los primeros 10 minutos. Una suspensión exterior de Marcelinho y un triple de Mario Hezonja, fueron lo único logrado desde el exterior. Solamente se me ocurre definirlo de una manera: martilleante.

El Real Madrid puso mucha sensatez en las primeras acciones, con Jonas Maciulis también golpeando a su defensor, Deshaun Thomas, en entradas a canasta, en rebotes ofensivos, de los que siempre sacaba jugo para ir sobresaliendo en el marcador. Pero los tiros cortos, las bandejas teñidas de azul (el color de la zona), uno tras otro, predominaron como para que los locales se pusieran por delante 24-22 al final del primer cuarto.

En el segundo cuarto, hubo más razones aún para poder poblar la zona de tiros. Con Tomas Satoransky en pista, entrando a canasta una y otra vez, con su agresividad de forzar al máximo a su defensor y la potencia que posee para entrar (consiguió 6 puntos en el segundo cuarto en tres bandejas), dejó en evidencia a Sergio Rodríguez, que entró en el segundo cuarto tras su periplo de baja por lesión, para probarse y ver que aún no era el momento. Sergio intentó dar velocidad a los suyos y propició una buena asistencia en balón doblado. Pero un mal pase a Jaycee Carroll en un exceso de precipitación y una defensa a Satoransky en la que se perdía entre las torres en el dos contra dos, le hicieron ver a Laso que 4 minutos fueron más que suficientes, debiendo devolverle al banquillo. De hecho, en el ecuador de este segundo cuarto, un 39-29 obligó a Pablo Laso a solicitar tiempo muerto viendo que el rival se escapaba.

Edwin Jackson consigue aguantar a Gustavo Ayón en una situación de desajuste unos segundos en poste bajo, hasta que llega Tibor Pleiss, para colocar un tapón a su rival. Deshaun Thomas se hace con casi todos los rebotes largos, para seguir manteniendo la posesión de su equipo. El mejor ejemplo fue salvar uno que se perdía por línea de banda, para dar una asistencia y que Pleiss se deleite (y deleite a la afición) con un mate. Mayor deseo. Cuando transcurrieron los 20 primeros minutos y ambos contendientes se retiraron al descanso, con 47-40, los azulgranas ya llevaban 37 puntos en la zona de los 47 marcados.

La reanudación fue un calco del inicio del match. Jonas Maciulis ponía mucha coherencia y acerca al Real Madrid (49-46) a falta de 06:20 para el final. Sin embargo, sus compañeros no supieron seguir ese camino y comenzaron una sucesión de triples, de mucho riesgo y poco acierto, que les fueron distanciando otra vez del liderazgo. A una racha de 3 errores consecutivos, lo cortó ¿quien no? Maciulis, materializando uno (14 puntos, 6/12 en tiros de campo, máximo anotador de los blancos). Dio igual, porque la ruleta siguió con otro error de Campazzo y otro de Nocioni, para perderse definitivamente en esa locura de tiro. El rival sabía dónde tenía que pegar: 45 puntos de los 58 con los que finalizaron el tercer cuarto (58-53), habían sido en la zona. Ya sonaba a sonrojo. Ioannis Bourousis y Gustavo Ayón, en otras ocasiones guardianes de sus canastas, se quedaban a mitad de camino en las jugadas. Eso sí, antes de su finalización, tuvimos ocasión de ver una de las canastas más curiosas y por qué no decirlo, espectaculares de toda la temporada, con ese palmeo de voleibol de de Salah Mejri, alejado del aro, a un difícil saque de banda.

Y en el último cuarto, aunque con un triple de Carroll (10 puntos), que tuvo un puñado de buenos minutos, acercó al Real Madrid nuevamente a 3 puntos tan sólo (63-60), la sensación general era que quien tenía la mirada (y la maza en la mano) era el F.C. Barcelona. Los blancos se perdieron nuevamente en tiros desde la línea de 6.75, y los jugadores azulgranas, con Edwin Jackson incluso metido en faena (sus 8 puntos llegaron en este tramo final de 10 minutos), volvieron a despegarse para dar al Palau Blaugrana el triunfo final, por 76-68, en este clásico típico de Navidades. El muro blanco lo derribaron los hombres de Pascual con 53 puntos en la zona de los 76 finales. Lo dicho: una cuestión de deseo. Por eso ganaron.