TDK Manresa'98: La travesía de una liga de cuento

TDK Manresa'98: La travesía de una liga de cuento

Antonio Rodríguez

              “Informe+” lo clavó. La pasada semana estrenó en la programación de #Vamos, una fantástica pieza sobre el milagro del TDK Manresa. Aprovechando los 25 años de aniversario de su Copa del Rey conquistada en 1996, cubrió como se debía, la gesta de una Copa y sobre todo, un título de liga dos años más tarde que conforme pasa el tiempo, parece más irreal e impresionante. Al fin. Olé por ellos.

Pero la tele es la tele. Sus minutos valen oro. Tengan la seguridad que muchos temas de aquella singular travesía, se quedaron en el tintero. Había que hacer hueco a un mito como George Gervin, hoy en su rancho en Texas. Había que encontrar el momento de nudo en la garganta en cada uno de nosotros, a modo de pésame por lo sufrido en el Bages ante el fallecimiento de Pep Pujolrás. Había que tratar los pasos que fueron marcando la evolución para aquella Copa y aquella Liga. En poco más de 30 minutos.

En Endesa Basket Lover tenemos la suerte que contamos con más tiempo, querencia a las historias pasadas e intentamos el gusto por plasmarlas. Vamos a hacer un repaso por aquella temporada 97/98, por todo aquello que no se pudo tocar en el reportaje audiovisual. Un año increíble que dio para mucho. Cómo ser para una competición, inolvidables y para una afición, eternos. Acomódense, que allá vamos. Este es el cuento del título liguero del TDK Manresa.

Joan Creus, el líder de un equipo campeón.

 

UNA LLAMADA CAMINO DE PUERTOLLANO

              Tocaba reestructurar una plantilla. Sí, estaba casi hecha, pero sus insignes figuras decían adiós al equipo. Por un lado, los veteranos estadounidenses Linton Townes y Granger Hall (aparecieron por primera vez en nuestra liga 12 años atrás) se despiden junto al chico de la casa, el capitán Joan Peñarroya, que decide partir para León. Y sobre todo, el entrenador. Salva Maldonado ya formaba parte de la herencia baloncestística dejada en Manresa, una ciudad con poso de baloncesto. Fue el entrenador campeón de Copa y que, tras retroceder cuatro puestos ligueros en el último curso (semifinalista en 1996, octavos en 1997), decidió marchar al enésimo ambicioso proyecto de Sevilla y el Caja San Fernando.

              En las oficinas del club actúan rápido y ya en junio, firman a un prometedor entrenador manchego, Luis Casimiro, que instruía sabiduría y temple en el Gijón de Liga LEB, debutando así como principal en un banquillo ACB. De la mano trae al escolta Paco Vázquez, jugador de la casa que acababa su cesión, de plena confianza para Casimiro en Gijón y perfecto sustituto para Peñarroya. ”Recuerdo que me dio alegría porque volvía al equipo tras mi cesión, pero me dolió. Peñarroya había sido mi ídolo de crío”. Ni con mucho glamour ni excesivo talento, Herb Jones fue la apuesta foránea en la posición de escolta-alero. Tallado a hierro y fuego en la universidad de Cincinnati, lo que sí tenía eran unas ganas de hacerse un hueco en Europa como pocos, a base de sacrificio y trabajo. Eso sí, había que adaptarse. “Era un tipo muy majo” recuerda Paco Vázquez, “pero te aseguro que antes de la final de Lliga Catalana, en pretemporada, se pensó en cortarlo, porque era un desastre. Fintaba cuando estaba solo, luego cuando estaba bien marcado, daba el paso atrás y se jugaba el triple… Pero jugó muy bien aquella final de Lliga y se mantuvo. Recuerdo que compitió con Carlos Montes por ser el líder en robos de la liga y en la última jornada de liga regular, lo veía desde el banquillo, tirarse por cada balón… Era una locura aquello”. “El primer día lo llevé a comer una paella y se dedicó a quitar todos los bichos del plato” recuerda entre risotadas Bryan Sallier, el único estadounidense que repetía experiencia en el Nou Congost. Sallier, ala-pívot de 27 años que, tras Huesca y León, sentía cierta comodidad en mostrar su maestría desde el poste bajo en plazas de zona noble, entre una exigencia con más comprensión que presiones. Su sonrisa no podía faltar. “Finalmente, a Herb lo llevé a comer unas buenas hamburguesas y ahí sí lo vi feliz”. 

Derrick Alston, un fichaje acertadísimo.

              “Bryan Sallier era el único americano que continuaba con nosotros” recuerda Luis Casimiro. “Y a principio de verano nos hablan de Derrick Alston. Nos gusta, aunque realmente buscábamos un pívot más contundente, de más peso. Por su calidad, decimos que sí y su agente nos dice que apenas tendríamos opciones de ficharlo. Que las ‘novias’ son muchas. Va pasando el verano y me acuerdo perfectamente que, regresando a Puertollano desde Madrid, a la altura de Daimiel, me llama su agente por teléfono. Con aquellos teléfonos móviles que eran ladrillos, me aparto de la carretera un momento y me pregunta si aún contemplamos la opción de Alston. Le digo que sí, que esa plaza estaba vacante y aún barajábamos opciones. Me dice que espere unos días, pero que puede hacerse. Le pregunto dónde está la trampa, que un tío que dos años antes había jugado en los Sixers y el año siguiente Liga Europea con Efes Pilsen, que a Manresa… algo había. Y me dice que no, que lo convenció para que viniera a España, que Manresa era un buen sitio. Con el tiempo nos enteramos que lo había ofrecido a todos los equipos punteros de la ACB, pero que su hándicap, para que nadie se decidiera, era ser excesivamente delgado. Y nosotros dijimos que sí, claro”.

              En Manresa, con Alston y Sallier, intuyen lo que no sospecha el resto de la liga: que con ambos, se puede competir contra cualquier juego interior. Cualquiera. “Es curioso, pero la posibilidad de Alston no la contempló nadie. Es un tío excepcional, que contaba con una gran envergadura. Fíjate qué carrera hizo luego, que al año siguiente acabó fichando por el Barça. Aún tengo relación con él, que ahora está en el staff técnico de los Knicks, en su equipo de Liga de Desarrollo”.

Jordi Singla y el ex barcelonista Quique Moraga, completaban el juego interior. Otros ex azulgranas, Lisard González y un prometedor alero que busca gloria a sus 25 años, Pere Capdevila, se tornan como puntales ofensivos en las alas. Al igual que sucedió en el club con Roger Esteller, Capdevila buscaba en Manresa un trampolín hacia el éxito (al final de este curso, fue preseleccionado por Lolo Sáinz para el Equipo Nacional y su cita con el Mundobasket griego). El quinteto titular, por siempre recordado, estaría compuesto por Joan Creus, Herb Jones, Pere Capdevila, Bryan Sallier y Derrick Alston.

Un entrenador novato, Luis Casimiro, que obró el milagro

PRIMERAS PISTAS PARA MOSTRAR QUE TENÍAN ALGO ESPECIAL

TDK Manresa ya comenzaba avisando en pretemporada. En formato de final a cuatro, acometieron la Lliga Catalana en el atractivo pabellón Fontajau de Girona. Derrotaron al F.C. Barcelona (91-82) y en un frenesí ofensivo en la finalísima, al resucitado Festina Joventut (111-97), que volvía a ser pujante, tras alcanzar la cuarta posición el curso anterior. La dirección del veteranazo Joan Creus, que comenzó las primeras carreras de este ejercicio 97/98 con 40 años, muestra un sello desenfadado. No rápido, porque cierto es que sus intereses pasaban por un juego estático, apoyados en su base y su potente juego interior, pero todo ello ejecutado de forma armoniosa, inteligente, fresca, a las órdenes de aquel nuevo entrenador. Y nos gusta redundar en ello, porque la liga se vio envuelta en una búsqueda de forma febril del tan cacareado juego rápido, de “el espectáculo”, aquella expresión tan manoseada en los últimos días de aquel verano.

Les pondremos algo en perspectiva. Zeljko Obradovic acababa de abandonar la disciplina del Real Madrid, para fichar por la Benetton Treviso y su puesto en el banquillo fue ocupado por el que fue con él director deportivo, Miguel Ángel Martín. “El baloncesto que entiendo y promulgo es el de defensa a ultranza, velocidad y búsqueda rápida de posiciones de tiro”, lanzando así un dardo al juego de su antecesor, mucho más ralentizado, en los tres años que estuvo al cargo del club blanco. Aquellas declaraciones se produjeron con todas las cámaras como testigos, pues se produjeron en el acto de presentación de la temporada ACB en los salones del madrileño hotel Princesa. “Yo he visto un equipo contra nosotros que, ganando por ocho puntos, desde el banquillo se pedía pausa y aguantar las posesiones. ¡En pretemporada! Eso es engañar y defraudar a la gente”. Edu Torres, el señalado técnico, puesto que el Real Madrid tan solo perdió un partido en pretemporada, ante Baloncesto León, saltó como un resorte días después. “Me parece impresentable que un entrenador opine de otro. Que haga su trabajo lo mejor posible, que para eso le pagan. Además, el año pasado este señor ya estaba en el club y ni se le oyó una palabra sobre el juego que hacían”.

Bryan Sallier, el alma del equipo entre los extranjeros.

En la presentación liguera, Manel Comas, que ocupaba el cargo de entrenador en el F.C. Barcelona, recogiendo el testigo de Aíto García Reneses, apoyaba con un “los dos grandes debemos fomentar esa vocación de realizar un baloncesto mucho más agradable”, continuando la petición de Eduardo Portela, presidente de la ACB, con la que abrió el acto: “El baloncesto control no triunfa en España. Necesitamos la vuelta al espectáculo”. Cierto es que aquellos años en Europa eran complicados, enaltecimiento del músculo y baloncesto más sistematizado, con mucha exigencia física cuando aún las rotaciones no eran tan amplias como las de hoy día. También es verdad que ni Miguel Ángel Martín como Manel Comas finalizaron la temporada con sus equipos.

              La liga empieza y efectivamente, predomina el juego interior manresano respecto a sus rivales. Bryan Sallier regresa a León, anotando 28 puntos en la primera jornada. Derrick Alston impera en la zona del Caja San Fernando en la vuelta de Salva Maldonado a Manresa, aprovechando que Chris McNealy se cargó rápidamente de faltas (vencieron 74-55). Y sobre todo, el punto en el que se ensalzó a unos y sonaron las alarmas en otros, fue el encuentro en el Nou Congost ante el F.C. Barcelona, adelantado al martes porque los azulgranas viajarían a París a disputar el Open McDonald’s. Sin Pere Capdevila, pero con el base suplente de Creus, Jesús Lázaro, jugando como improvisado escolta (21 puntos), apabullan a los hombres de Manel Comas (84-68). Derrick Alston logró 7 tapones, dominando las zonas ante la ausencia por lesión de Roberto Dueñas. Si los rivales presentaban flaquezas interiores, los manresanos no tendrían piedad con ellos. Incluso con la baja de Sallier cuando recibieron a Tau Cerámica, Alston se bastó (22 puntos y 6 rebotes) y vencer por 73-66. “Lejos de lo que pueda parecer, el TDK Manresa tiene muchos recursos” afirmaba Pere Capdevila en una entrevista del momento. “Si analizamos los partidos, en cada uno de ellos ha destacado un jugador diferente”. Tras el repaso a los barcelonistas, en encuentro emitido por Sportmanía, su comentarista Juan Antonio San Epifanio declaró en antena que “si este equipo juega sí toda la temporada, es claro candidato a ganar la liga. Lo que ocurre que es muy difícil jugar así todo un año”. Dicho quedaba.

Joan Creus supo cómo liderar en la final a los suyos.

 

“EN MADRID, SIEMPRE ACABAN QUITÁNDONOS LA CARTERA”

Si hubo una curiosa rivalidad aquel extraño y convulso curso 97/98, fue la creada entre TDK Manresa y Estudiantes. Y todo comenzó con aquella canasta de Carlos Jiménez desde su propio campo para finalizar el mejor encuentro de la temporada que duró 40 minutos y 2 segundos, en el Palacio de los Deportes madrileño. Con el 85-87 tras triple de “Chichi” Creus, el reloj se paró tras la canasta a falta de 0,3 décimas. El detalle es que entonces no se paraba el crono, por lo que los estudiantiles no tendrían tiempo material en reaccionar, de no haber sido porque alguien en la mesa de anotadores, paró el reloj … y lo puso en marcha tras el saque de fondo y Jiménez lanzando desde medio campo. “Pensaba que las trampas ya no se hacían. Ha sido increíble. Y lo peor es que nadie da la cara ni se responsabiliza de sus actos. Bajan la cabeza y se van. Vergonzoso”. Esto de boca de un más que templado Joan Creus, que ante tamaña cacicada, protestó enérgicamente a la mesa de anotadores, como el resto del equipo. Jordi Singla, como capitán, firmó el acta bajo protesta, aunque no les sirvió de nada. “Chichi llevaba muy mal las injusticias. Eso sí, también recuerdo que La Demencia esperó a las afueras del pabellón junto a nuestro autobús, para aplaudir a Creus y reconocer el mérito de su juego” enfatiza Paco Vázquez.

Tal fue la decepción que una semana más tarde, pincharon en casa ante el recién ascendido Ciudad de Huelva (80-81) y la llegada de las ventanas FIBA y el parón liguero, les supuso un tiempo de tranquilidad y reestructuración mental. Además, en aquel parón, Creus cumplía 41 años. Increíble que apenas había cedido ante ningún rival, ni en estadísticas ni en rendimiento.

Herb Jones, un gran defensor, ante Beric.

Pasan las ventanas y 22 días después de la afrenta madrileña, regresan a la capital de España, al mismo escenario de la calle Goya, para enfrentarse nada menos que al Real Madrid. Y en un partido sublime, TDK Manresa vence por 72-84. Miguel Ángel Martín, entrenador blanco, reconoce que “el TDK es el equipo que mejor aprovecha los errores rivales”. Y tales errores, les condenaron. Con apenas 6 jugadores, pues el único recambio de garantías fue Paco Vázquez, lograron quitarse los fantasmas de tal escenario y romper una racha de 24 visitas infructuosas a la guarida blanca. Pero no todo fueron alegrías. A Fernando Peñarroya, delegado del equipo, en el hotel donde se hospedaban, le sustrajeron una bolsa donde tenía todas las fichas de los jugadores, los billetes de vuelta y setenta y siete mil pesetas. La bolsa apareció en la calle, debajo de un vehículo, bastante alejado del hotel, con los billetes, las fichas… menos el dinero y unas gafas de sol. “En Madrid, siempre acaban quitándonos la cartera” era la frase en modo irónico que se paseaba entre los componentes del equipo.

              Tras pasar una mala racha con derrotas en casa ante Xacobeo Ourense (61-64) y ante Baloncesto León (70-72), además de caer eliminados en los dieciseisavos de final de Copa Korac ante el Aris Salónica (y miren que les apabullaron en casa, por 84-69. Pero en el pabellón Alexandrio de Salónica fueron superados claramente, 96-74), una clara victoria en Sevilla ante Caja San Fernando (70-88), les da algo de alegría para afrontar la Copa del Rey. Aunque motivación no necesitaban mucha, puesto que el rival era concretamente Adecco Estudiantes.

              El inicio dejó a las claras, todas las cuentas pendientes: 37-17 para los manresanos en el minuto 14. Y aunque los estudiantiles se pusieron a 2 puntos en el minuto 30 (64-62), la veteranía, ese plus con el que siempre contaron nuestros protagonistas, les valió para encauzar de nuevo el partido y salir triunfantes finalmente (87-82). En semifinales, no pudieron con el Festina Joventut (70-82) en una Copa, que vio como sorprendente campeón al Pamesa Valencia.

Bryan Sallier dinamitó la final desde el primer partido.

CON EL VETERANO LÍDER A LA CABEZA, AL ABORDAJE DEL PLAYOFF

              Lo que parecía una avalancha tras la finalización de la Copa (91-76 ante Caja Cantabria y 80-86 en Las Palmas), comenzó a desinflarse a partir de febrero, con 3 derrotas en 4 encuentros. De los momentos brillantes, rescatamos la victoria en casa del líder, Tau Cerámica, que tras las dudas en las primeras jornadas con jugadores suplidos, tomó el primer puesto que nunca más soltó. Aquel 76-87 en el Araba Arena, coincidiendo con el partido 500 de Joan Creus de manera consecutiva sin causar baja alguna, daba al equipo nuevamente la velocidad de crucero, aparte de ganarles en las dos confrontaciones. Creus era la estrella de aquel conjunto porque, cuando él flaqueaba, todo se hundía. En la derrota en el Nou Congost ante Estudiantes (74-89), el pequeño base se quedó en 0 puntos. Los estudiantiles también tenían ánimo de revancha y todo comenzaba por anular al genio de 176 centímetros. “Chichi era el líder silencioso. Daba ejemplo. Era el primer en llegar y recuerdo que cuando hacíamos las pruebas físicas que nos mandaba el preparador físico, todas las hacía bien. Lo que decía ‘el prepa’, lo hacía” bajo los ojos del testigo Paco Vázquez. “No era de gritar ni mandar. Era de hacer las cosas bien. Hablaba y todo el mundo callaba”. Con la victoria al Pamesa Valencia (75-71), TDK Manresa se aseguraba evitar en los cuartos de final al Real Madrid y a Tau Cerámica, quedando finalmente en 6ª posición y enfrentándose al tercer clasificado. Adivinen quién: Adecco Estudiantes.

“Vamos a vivir los playoffs más apasionantes de los últimos años” reconocía Luis Casimiro, sabiendo de sus posibilidades, desde la calma y confianza que transmitía. “Recuerdo el discurso que dio en el vestuario de Cáceres, en la última jornada de liga regular” en la memoria de Paco Vázquez. “No sé cuántos más partidos vamos a jugar. Así que, vamos a disfrutar este y vamos a disfrutar lo que somos como equipo”. Si echamos un vistazo a su alrededor, veíamos que Tau Cerámica era el equipo al que parecía nadie podía toser, líder indiscutible durante cinco meses. El Real Madrid, como segundo clasificado, con dudas y demasiados recambios (Tirso Lorente en el banquillo, Bobby Martin por el lesionado Mikhailov y Lucas Victoriano subido al primer equipo, ocupando la plaza de extranjero de Joe Arlauckas, apartado y finalmente cortado de la disciplina del club), pero era el Real Madrid. Adecco Estudiantes como tercer clasificado, Festina Joventut bajo la batuta de Andre Turner, en cuarta posición final y el F.C. Barcelona quintos, dirigidos por Joan Montes, que necesitaba llegar a la final liguera (o la improbable carambola que Real Madrid o Tau cayesen en cuartos de final) para poder evitar la debacle, el no clasificarse para la Liga Europea en la siguiente temporada, tras un desastre de curso.

Elmer Bennett sufrió muchísimo con la defensa manresana.

No le faltaba razón al bueno de Casimiro que, impasible, vio como tras perder el primer encuentro en Madrid (99-87) ante unos colegiales que estaban de festejos -el 50º aniversario del club-, vencieron en el segundo choque (85-87), con la ironía todavía rodando en aquel escenario. A falta de seis décimas, en un saque de banda y una jugada de estrategia, Pere Capdevila recibió cortando a canasta y anotando una bandeja… usando alguna décima más de segundo, que la mesa de anotadores aceptó como válida. Esta vez, el follón fue menos notorio, aunque los argumentos eran semejantes. Tras una excelsa defensa en el tercer round en Manresa (80-66), llega el “todo o nada”, sin querer pensar en un quinto y decisivo en Madrid. Era el día. Catorce puntos de desventaja en los primeros instantes de la segunda mitad, sonaban a calvario. Sin embargo, el deporte de equipo es grande cuando apartando cualquier guion previsto, aparecen “reinas por un día”, esta vez sin el apadrinamiento de Joaquín Prat ni Laura Valenzuela. Jesús Lázaro vio la inspiración cuando más se necesitaba, anotó 3 triples de 3 intentos, 2 de ellos decisivos, forzó la prórroga y en ella, el desmelenamiento manresano, en comunión con sus aficionados, les hizo anotar 14 puntos, para un definitivo 94-84 y la clasificación a semifinales, como dos años atrás. Tres victorias consecutivas y afrontar un nuevo rival: el Real Madrid.

Nadie salió de su asombro tras los dos primeros choques en el Palacio de los Deportes. El 67-87 del primer envite resultó casi humillante. Como si los blancos hubiesen llegado tarde a la cita o, directamente, ni llegaron. Un 13 de 23 en triples de los manresanos y un quinteto titular que lo bordaba, aplastaban sin miramientos a un adversario perdido. El pívot blanco Bobby Martin (17 puntos y 13 rebotes) jamás se había sentido tan solo, al menos en sus años de experiencia en nuestra liga. Aun así, la sensación de provisional resbalón era grande… hasta que dos días después, llegó el segundo partido. Y la frustración blanca se acrecentó, porque TDK Manresa seguía jugando igual de bien. Ahora, quien se desesperaba fue Dejan Bodiroga, cuya última temporada como blanco fue terriblemente convulsa. Sus 26 puntos y los 18 de Alberto Herreros se vieron huérfanos, porque nadie más ayudaba. Y seguían viendo a Derrick Alston dominando a su antojo. 24 puntos en este segundo capítulo para un total de 42 en sus dos exhibiciones en Madrid y volver a vencer (77-80), con Creus al mando de todo. Sencillamente, el Real Madrid no llegaba con sus argumentos al nivel del rival. O anulaban a los manresanos en defensa o, a calidad, no les ganaban. Increíble decir esto.

Imaginen el ambiente en Manresa y en el Nou Congost, en puertas de acceder a una final liguera por primera vez (y billete a la próxima Liga Europea). Esa fue la ocasión en la que el Real Madrid impuso su valor y mejor defensa, para vencer 79-84. Un triunfo más y regresaban a casa para solventar en su guarida. Eso mismo pensaron en el Bages: sus rivales no se podían escapar vivos en el cuarto partido. Dicen que hubo aficionados que estuvieron 18 horas haciendo cola para convertir aquel domingo 24 de mayo en una cita para la historia, siendo testigos directos de ello. “El tremendo calor que hacía. Eso es lo que recuerdo”, en boca de un protagonista en pista, Paco Vázquez. “El pabellón estaba lleno, aficionados sentados en las escaleras, por todas partes, abanicándose, muertos de calor. Pero también me acuerdo de uno de ellos nos dijo algo así como que, si perdíamos los tres partidos, daba igual. Para ellos, lo que ya habíamos conseguido, era lo máximo”.

Resultó ser el día de otro jugador que no estaba en el plan inicial. Herb Jones se fue hasta los 28 puntos, anotando desde todas las facturas, defendiendo como un coloso y disfrutando de su compañero Joan Creus, que desarbolaba a los tres bases blancos (Isma Santos, José Miguel Antúnez y Lucas Victoriano), apuntillando con 2 triples seguidos cuando vieron peligrar el choque y reafirmar la superioridad manresana (95-82). El Nou Congost se convirtió en una fiesta nunca vista, de fantasía colectiva entre todos. “Nosotros hemos llegado al límite. La gente en Manresa debe estar contenta con el trabajo de todos. Estamos muy agradecidos a la afición por el apoyo desde el primer día aquí”. Ser conscientes de quiénes eran y dónde habían llegado, era el mensaje de Derrick Alston. Hasta una finalísima de liga. Pero, ¿quién se conformaba ahora con eso, cuando en el horizonte se veía el título?

Paco Vázquez y un joven Garbajosa, luchando por un rebote.

 

Y LAS HADAS SE CONGREGARON PARA LA GRAN FINAL

              Una de las frases que más nos gustó en el Informe+ vino de boca de Luis Casimiro, cuando contó la respuesta de sus americanos, bastante ignorantes a la historia de nuestro baloncesto, en una charla privada: “No, no. Aquí vamos a ganar la liga, a quedar campeones”. Lo que allá por octubre parecía fanfarronear Pere Capdevila en las páginas de GIGANTES, estaba a una eliminatoria de conseguirse. Ni límites ni fronteras. Estábamos ante la liga más extraña y excitante de la historia. Por primera vez, ni Real Madrid ni F.C. Barcelona se encontraban en ella. Tau Cerámica, que seguía con su rodillo particular en el primer año de Sergio Scariolo en España, barrió a Unicaja (3-0) en cuartos y a los barcelonistas en semifinales (3-0). Ya había un campeón nuevo. Hasta entonces, solamente Joventut de Badalona en cuatro ocasiones rompió el monopolio Madrid-Barça en títulos.

“Una de las grandes virtudes que tuvo Luis Casimiro es que reconoció aquel equipo rápidamente” explica Paco Vázquez. “Éramos un grupo de amigos, que ya venía de largo, con mucho talento. Y manteníamos aquello de ‘la tradició’: los jueves nos íbamos a cenar todos a Barcelona, nos gustaba dar paseos por las mañanas en la ciudad de partido… la química era excelente. Recuerdo que Luis me decía en las primeras semanas ‘tú eres de aquí y me tienes que ayudar’. Era muy inteligente y a lo que doy mucho valor es que, sabiendo que aquellos jugadores eran veteranos y con ganas de jugar, les dio la libertad que necesitaban para que ejecutaran a su antojo”.

              Y nuevamente, dan el mazazo el primer día de la final, en Vitoria (83-95). Necesitando de una prórroga para apuntillar, TDK Manresa parecía no tener límites. “Para mí, Bryan Sallier fue decisivo en aquella final” reconoce Paco Vázquez. “Tenía mucho talento, equilibrio y hambre. Y mira que jugó con la fascia del pie muy dañada”. La exhibición del ala-pívot estadounidense (31 puntos, 12 de 19 en tiros de campo) ante Pat Burke y Brent Scott, fue de antología y marcó diferencias. Y, por supuesto, Chichi Creus (17 puntos). “Yo tenía una consigna aquella final: no podía dejar que Elmer Bennett arrancase. Si le permitía hacer eso, ya era imposible detenerlo en velocidad. Así que iba a presionarlo desde el saque de fondo, cuando subía el balón”. Joan Creus, además, estuvo infalible en los últimos tiros libres de la prórroga. De hecho, todo el equipo lo estuvo: 20 de 21 en total, muy prolíficos en el tiempo extra (se acabó con empate a 80).

              Tras tal exhibición ofensiva y de ritmo en este primer enfrentamiento, dos días después la presa fue cazada por Tau Cerámica (75-67) con otro dibujo. Mucha más defensa, todo más estudiado y menos dinamismo, donde los 20 puntos de Miroslav Beric fueron claves. ”Beric era muy difícil de defender. Técnicamente, era exquisito” recuerda Paco Vázquez, que lo tuvo que sufrir. “Lo que dice Creus de Bennett y sus arrancadas, tiene razón. Porque cuando Elmer corría, tanto Espil como Beric ya estaban preparados en las esquinas para recibir y lanzar el triple. Y Beric, lo que más recuerdo es que daba igual lo cerca que estuvieras de él en defensa. Soltaba el balón desde arriba y no le hacía falta ni mirar la canasta. Ahí era como Margall, pero más rápido”.

Un cuento, una gesta: TDK Manresa, campeón de liga. 

              La final abierta, con el empate a uno, se traslada a Manresa. Una ciudad vestida de gala para un evento que jamás esperaba. “El ambiente que se crea, era muy festivo. En los aledaños del pabellón, los aficionados locales, con los baskonistas que llegaron desde Vitoria, se juntaron en mitad de una butifarrada. Había una barbacoa enorme y el ambiente festivo era muy chulo”. Aunque quien la continuó en la pista fue Tau Cerámica. Bennett, Millera, Espil, Beric, Lucio Angulo, Santi Abad, Scott, Burke y un joven Garbajosa (que era el núcleo baskonista) se convirtieron en un monstruo de grandes dimensiones con un arranque que dejó helada a la afición (4-21). Sin embargo, un parcial de 30-12 como respuesta, culminado con un triple de Joan Creus, puso por primera vez en delantera a los locales (34-33). A partir de ahí, mucha defensa y alternativas. “A nivel defensivo, Luis Casimiro fue siempre muy inteligente” reconoce hoy Paco Vázquez, actual asistente de Ibon Navarro en MoraBanc Andorra. “En defensa, éramos capaces de saltar con traps a medio campo con nuestros hombres altos. Porque además, eran muy rápidos. Un dos contra uno delante de Alston o Sallier o Singla… se hacían muy grandes. Y conseguíamos robar muchos balones”. Alston y Sallier fueron decisivos, con 16 puntos cada uno. Según iba transcurriendo el encuentro, la gasolina se fue acabando en los vitorianos, que se vieron nuevamente sepultados desde la línea de tiros libres (32 intentos en los locales, para 22 anotados) y dos triples fundamentales de Paco Vázquez que cambiaron la dinámica para la victoria final del TDK (64-62). “Sí. Y me felicitó luego Scariolo en rueda de prensa, por ello”.

              El primer match-ball se dispuso en Manresa, en la tarde de un jueves, 4 de junio. Y el tercer presupuesto más bajo de la liga, a un paso de quedar campeón. Y otra vez fue Miroslav Beric quien salió con la fortuna de cara, con 13 puntos en los primeros 12 minutos (26 puntos en total, con 4 de 4 en triples) y los manresanos, de nuevo, a remontar (24-34). Otra vez, la defensa sería clave. “Herb Jones era un jugador atípico. Tan extraño como efectivo, que trabajaba mucho” recuerda Paco Vázquez. “Había una frase muy buena de Creus, que con los años, creo que se puede decir. Él decía que estaba en el sitio donde no se le necesitaba”. “Y cuando nos daba por cambiar a defensa de zonas, él no se enteraba y salía a presionar en individual” aclara el bueno de Joan Creus. “Y recuerdo que alguno de los nuestros l quería advertir y yo le decía ‘¡déjalo! Ahora mismo, ellos no saben qué coño están atacando’. Despistaba al rival, pero a veces también a nosotros. Era muy querido, tanto por sus virtudes como por sus defectos”.

              Tres triples consecutivos desde la esquina, dos de Pere Capdevila (con una máscara toda al final, tras un golpe en la nariz ante el Real Madrid) y otro de Creus, llevaron el marcador a un 50-44. Y aun con pocas ventajas, TDK Manresa ya no perdería el control. A pesar del enorme calor, que creó una pesadez enorme en las piernas de todos. “Aguantas porque sabes que tienes que estar ahí, pero a los cinco minutos tenía la camiseta y los pantalones empapados”. Joan Creus simbolizaba con su aspecto el sentir del resto. “Acabé muy cansado. El cuarto partido fue el más duro”.

              De un 74-67 con el que se entró en el último minuto, tras dos triples seguidos de Espil y Bennett, a un 74-73. Todos los nervios, menos para los manresanos -y Creus en particular- desde la línea de tiros libres, donde se sentenció finalmente. Con un 77-74, Espil es obligado a ir a la línea a falta de 3 segundos y obligado a fallar el segundo intento. El rebote fue a manos de Bryan Sallier hasta que la bocina sonó con el definitivo 77-75. La explosión en la pista fue increíble. Joan Creus comenzó a dar vueltas por la pista, “no podía dejar de correr”. El ambiente tan íntimo del Nou Congost, hacía que todos los jugadores y cuerpo técnico buscasen a sus familiares en las gradas para abrazarse, extasiados, a ellos. La locura se desató, porque nunca la historia había escrito renglones tan locos.

              Para Luis Casimiro “eso va a ser irrepetible”. Paco Vázquez reconoce que “siempre he pensado que es inigualable. Hoy día sigo pensando que se produjeron, como los grandes accidentes, una combinación de circunstancias para dar lugar a eso”. TDK Manresa abrió una brecha en la que se colaron Baskonia y Unicaja con posterioridad, para proclamarse campeones. Pero nunca, nunca, un equipo como este TDK Manresa, con su historia, su idiosincrasia y su humildad. En sus calles, cuando una bufanda con los colores del equipo hace su peregrinaje al Nou Congost, aún se oyen los ecos de aquella gesta. Una liga de cuento.

(Fotografías de Jorge Gombau, Juan Carlos Hidalgo y José Luis García Surrallés)