ARTÍCULO: Especial Navidades: DON BENITO Y EL ENGALANAMIENTO DEL BALONCESTO

ARTÍCULO: Especial Navidades: DON BENITO Y EL ENGALANAMIENTO DEL BALONCESTO

Antonio Rodríguez

Sabíamos que existían los concursos de mates, aunque en la vida habíamos visto ninguno. Fotos. Eso sí, unas cuantas. Que resulta que entre una revista de baloncesto asentada ya (“Nuevo Basket”), otra que acababa de nacer (“Gigantes”, con buenos augurios y la información semanal que no teníamos con la anterior), con los diarios deportivos hablando de baloncesto a destajo, y hasta unos fascículos semanales a los que una aventurada editorial se atrevió a editar -y no les fue mal-, donde Antonio Díaz Miguel contaba todas sus experiencias en sus 20 años con la Selección Española y lo llamaron “Mi baloncesto”, pues ya sabíamos de los concursos de mates en Estados Unidos. Y a Larry Nance y Dominique Wilkins, los últimos ganadores, haciendo cosas impensables en fotografías editadas ahí. Amigos, estamos hablando de 1985. Despidiendo 1985.

Bueno, los que no fueron al baño o a prepararse un Cola Cao durante el descanso de cierto partido emitido por TVE entre el Stade Français y Joventut Badalona de Recopa, un 22 de Enero de 1986, no se perdieron que, al conectar con la señal de la televisión francesa tras el corte español por publicidad, estaban emitiendo imágenes del concurso ganado por Larry Nance en el All Star de Denver’84. Y como bien diría Forges, “Gensanta!”, estábamos sentados para no caernos de bruces. Ver lo que hacía aquel canguro de los Suns sujetando el balón entre su mano y el antebrazo… lo dicho, otra galaxia.

Al pequeño Spud Webb le faltaba un par de mesecitos para que impresionara al mundo, para que sus vuelos hicieran furor en España y que la revista “Gigantes” que cubrió aquel All Star de Dallas’86, se agotara de los kioscos en cuestión de horas, como un día confesó Paco Torres. Pero repito, sabíamos que existía aquella locura fantástica de los concursos de mates. Y en España, mezcla de curiosidad, ganas de de innovar, ser la sociedad inquieta que éramos y sobre todo de satisfacer al incipiente aficionado que se unía en ejércitos, algunas mentes, pues eso, inquietas es su mejor definición, decidieron que “estas Navidades repetimos lo del All Star” inaugurado el año anterior y además “¿por qué no añadimos un concurso de mates?”.

Y así nació esta primera aventura. Si la final de la Copa Asociación se disputó en Villanueva de la Serena unos meses antes, siguiendo aquella costumbre de buscar lugares para promocionar el baloncesto (las Copas del Rey de 1981-1982-1983, se jugaron en ciudades tan desconectadas del baloncesto de élite, como Almería, Badajoz y Palencia), el segundo All Star de la ACB, se disputaría en Don Benito, provincia de Badajoz. Y antes de “El partido de las estrellas”, nuevamente en el formato A-1 frente a los de la A-2, ¡tachán! el primer concurso de mates de nuestra historia. Entre otras cosas era posible darle cabida por primera vez, porque habíamos adquirido el gran y revolucionario invento, lo que llamábamos aquí “aros como los de la NBA”: aros retráctiles, los basculantes de hoy día, que aguantaron todo tipo de agarres y presiones.

Willy Jones (Claret Las Pamas), Carlos Montes (Estudiantes), Miguel Pou (Licor 43), Wayne Robinson (Real Madrid), Anicet Lavodrama (Clesa Ferrol), George Singleton (Fórum Filatélico) y David Russell (Estudiantes) fueron la primera lista histórica. El periodista del diario “AS”, Martín Tello, sería el maestro de ceremonias. Siete participantes y más que probable dos bajas, con la que una se cubrió con alguien que jugara el partido posterior por aquello de tener recursos y ahorrarse un billete en autobús (probablemente fuese Pou el elegido).

Entre los españoles, no tenían muy claro lo que iban a ver en el concurso. Los jugadores sabían que tenían que hacer mates bonitos, pero sin más estrategia para el evento. Mucha más idea sí tenían los estadounidenses, que ya habían visto lo acaecido en su país y sabían a lo que se enfrentaban. Ellos habían visto al Doctor J., a Nance, hacer lo que hicieron al otro lado del charco. Habían visto concursos, sabían de su funcionamiento. ¿Aquí? Aquí los aficionados lo que querían ver, eran mates. Uno tras otro tras otro. Una borrachera de mates. Tanto era el ímpetu que muchos apenas esperaban las decisiones del jurado, sino que allá que iban a atacar la canasta, sumergidos en esa atmósfera festiva. ¿Que muchos eran normalitos? ¡Qué más daba! Queríamos ver mates. Y como pueden ver en uno de los vídeos de tal concurso (ver aquí), el entusiasmo del público era ese. ¡Estaban de fiesta! Allí no había críticas, ni se torcía el morro. Reitero que la atmósfera era muy festiva. Además, no había capacidad de comparar con nada, porque nunca había habido nada antes.

Ver al entrañable Carlitos Montes, que se recorría el campo durante los partidos para acabar en mates delante de gigantes, y ser testigos de cómo hacer un mate de espaldas, era una total novedad. Lanzar el balón contra tabla para machacarlo, eso era solamente ideas de los estadounidenses. Aquí no se había visto jamás. Y Wayne Robinson, el más conocido porque era del Real Madrid, bien que lo utilizó ante el favoritismo de la gente. Y es que sí, Real Madrid y Barcelona tiraban mucho. ‘¿Y tú de quien eres, del Madrid o del Barça?’ era la pregunta que muchos hacían a un semidesconocido Anicet Lavodrama, recién aterrizado en España y que, muy probablemente al quehacer de Moncho Monsalve, se incluyó, por suerte, en el torneo.

Quedó bonito, entrañable y para remate, para que el torneo saliera incluso en los telediarios, ahí estaba la guinda de David Russell saltando a un niño como último mate, como momento estelar, identificativo de estas fechas navideñas. Fue un 30 de Diciembre. Fue en 1985. No había mejor manera de despedir el año. De seguir dando pasos en nuestro afán por hacer grande el baloncesto. Las Navidades están para disfrutarlas. Y vaya que lo disfrutamos. Y los 80, en este país, pues estaban para crecer. Y con estos gestos, vaya si crecimos. Mucho que agradecer y mucho por lo que brindar. A los ideólogos de todo aquello, a todos y cada uno de aquellos pioneros, por el legado que dejaron, alzo mi copa y brindo por ellos. Por todos. ¡FELIZ NAVIDAD!