El momento Basket Lover de la jornada: las cinco almenas en la muralla de Tavares

El momento Basket Lover de la jornada: las cinco almenas en la muralla de Tavares

Antonio Rodríguez

              En cada calentamiento previo a un partido, hay una creciente intensidad en Walter Tavares, que llega a exigentes esfuerzos, dando el máximo, en períodos de muy pocos segundos. Con una goma tensora a modo de correa alrededor de su cintura, como si fueran las bridas de un caballo, el preparador físico tira de ellas con toda su fuerza en sentido contrario a la carrera que inicia Tavares, para contrarrestar la fuerza del jugador con la mayor resistencia. Sobre la capacidad muscular y de reacción en las interminables piernas de Tavares, de su trabajo hasta llegar a este punto, hay mucho que hablar.

Sí recordamos en una conversación de grada durante la celebración de la Copa del Rey de Málaga’14, tras ver la notable actuación del caboverdiano frente al Real Madrid, jugando para el Herbalife Gran Canaria, en la que Pepu Hernández, como analista especial en los comentarios de TVE, estaba sorprendido de su evolución y incremento de su movilidad en pista en poco más de año y medio, evolucionando y reaccionando de un sitio a otro con mucha más soltura. Ahora, cada vez que vemos cómo se mueve este gigante de 2,20 de estatura, aunque estemos acostumbrados, no nos quitamos esa capacidad de sorpresa por ver hasta qué punto es capaz de llegar a todos sitios.

              En el último cuarto del encuentro de ayer en el WiZink Center entre Movistar Estudiantes y Real Madrid, con el partido en el alero y un 51-54 en el electrónico favorable a los blancos, Walter Tavares fue capaz ce colocar hasta 4 tapones, para un total de 5 en el partido. En el momento crucial y cuando los jugadores entrenados por Pablo Laso rompieron con una ventaja superior a la decena, la muralla finalizada en unas manos interminables de su pívot a modo de almenas, cortaron de raíz las aspiraciones rivales.

              Ya no era cuestión de los que colocó, sino de su capacidad para llegar -y de manera muy holgada en ocasiones- a lugares en los que el convencimiento del jugador estudiantil era de “ya lo he superado. Hasta aquí no llega”. Sea Ángel Delgado, Aleksa Avramovic o el pequeñito John Roberson. La capacidad de salir a defender un bloqueo de Tavares, de verse superado y reaccionar como para llegar a taponar, cambiando de dirección y volviendo por sus propios pasos a la velocidad que el juego hoy exige, es un milagro que se explica cuando una hora antes del encuentro, lo vemos corriendo, “atado” a sus particulares “bridas”, como punta de iceberg al enorme trabajo que hay detrás.

              Cuatro tapones en un cuarto que no sabemos con precisión si son récord en ACB. Suponemos que no, aunque el dato más aproximado que tenemos es que Fran Vázquez en 2007, el día que batió el récord de 12 tapones en Valladolid, llevaba ya 7 en el minuto 15 de partido. Pero para nosotros queda el asombro de esos 4 “gorros” de Walter Tavares, cuatro interceptaciones a tiros en los que a los jugadores estudiantiles se les iba el aliento, la vida en los cuarenta minutos y tener que despedirse de una victoria tan necesitada. Ahí quedan, como el momento Basket Lover de la jornada de este fin de semana.

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