La loca aventura de Dominique Wilkins en Grecia

La loca aventura de Dominique Wilkins en Grecia

Antonio Rodríguez

“Ithes stin Ellada gia pique-nique, Dominiiii-que, Dominiiii-que”.

 

(“Tú viniste a Grecia de pic-nic, Dominiiii-que, Dominiiii-que”).

 

 

              Este era el cántico con el que le obsequiaron hordas de aficionados griegos a Dominique Wilkins. Una historia con multitud de aristas, que puede vertebrarse con esta sonata. ¿Aficionados que lo idolatraron como un Mesías? Miles. ¿Escépticos y detractores deseosos de su fracaso? Un ejército. Con ocurrentes cantinelas, ya lo ven. Sí, pero quedó campeón de Europa. Fue en la temporada 95/96 la llegada del jugador con el apodo, quizás, más bonito de la historia de la NBA: “The human highlight film”. El hombre en el que se apoyó Panathinaikos para lograr, por primera vez, el mayor cetro continental. Y a pesar de los 25 años transcurridos, su historia nos parece incluso hoy, más alucinante. En Endesa Basket Lover hemos pensado que es digna de contarse, con el poso de todo este tiempo. Con todos ustedes, una de las mayores chifladuras del baloncesto europeo: la llegada de Dominique Wilkins a Panathinaikos.

 

HISTORIA DE UN FICHAJE DIGNO DE … GRECIA

Dominique Wilkins, un deseo hecho realidad en Panathinaikos. 

              Cuentan que el fichaje de Dominique Wilkins por Panathinaikos demuestra el carácter obstinado de su presidente, Pavlos Giannakopoulos. El ‘nada es imposible’ era un lema para él, que hacía llegar a quienes le rodeaban. Y cuando una idea se cruzaba entre ceja y ceja, al final, se conseguía. Viajemos al verano de 1994, un año antes de todo. Un lugar: Toronto, donde se disputaba el Mundobasket FIBA y una selección, Estados Unidos, o el llamado Dream Team II, arrollando -excepto a España- a todos sus rivales, Grecia incluido. Uno de los componentes más veteranos era Dominique Wilkins. En él apareció la luz de nuevo.

              ‘Nique’ sufrió la gravísima lesión de rotura del tendón de Aquiles en 1992. Ver a Kevin Durant hoy día, hacer lo que hace, es un motivo de asombro que se convierte en superlativo si se echa la vista atrás, casi 30 años y cómo Wilkins reverdecía jardines que parecían marchitos con 29,9 puntos de promedio, liderando a Atlanta Hawks a semifinales de conferencia en 1993. En el curso siguiente fue traspasado a Los Angeles Clippers, promediando en los 25 partidos en la franquicia angelina, la locura de 29,1 puntos. Con 34 años. Nueve apariciones en el All Star Game, dos veces ganador del concurso de mates y una el máximo anotador de la NBA (30,3 puntos en 1986), junto con el premio de ser componente del primer quinteto de la liga. Icono en los 80, motivo de muchas carpetas adornadas de estudiantes, todo ello tuvo su reconocimiento en ver su número 21 retirado en los Hawks. Pertenecer al Dream Team II, era uno más. “Lo quiero a él”. Pavlos Giannakopoulos era un hombre que no buscaba excusas. En Toronto, persuadió a nuestro protagonista para que se reuniesen en Atenas. Le enviaron dos pasajes de un crucero por las islas griegas junto a su esposa, aventurándose la prensa griega a ocupar portadas con “Dominique Wilkins viene a Grecia”. Tan solo una hora antes de tomar el vuelo hacia Atenas, Wilkins cambió de idea y tuvo que ser su agente estadounidense, quien pasase el trago de comunicar al propio Giannakopoulos la anulación del viaje. Finalmente fichó por Boston Celtics.

Pasó un año y entre los aficionados del Panathinaikos, establecidos ya en la élite europea, existe una nueva sensación de frustración, al toparse en las semifinales de Final Four por segundo año consecutivo con su archirrival y enemigo más odiado: Olympiakos. Esta vez, en Zaragoza fue más frustrante si cabe, pues al Real Madrid lo habían derrotado en las dos ocasiones en las que se enfrentaron en liguilla. Pero tenían que llegar a la final y sus vecinos volvieron a impedirlo. Pavlos Giannakopoulos busca una gran estrella. Ni Komazec, ni Volkov, ni Paspalj le habían conducido donde él pretendía. Había que llenar el OAKA y su aforo de veinte mil espectadores, a punto de inaugurarse. Además, Stojan Vrankovic, alguien fijo en los sueños de los verdes, se estaba haciendo el remolón en la renovación de su contrato. Bajo la sombra del trébol, se reúnen billetes y pretensiones. La NBA entra en un nuevo lockout con negociaciones entre los jugadores y la patronal. Y en este ambiente, deciden convencer a Arvydas Sabonis y sus maletas preparadas destino Portland, tras proclamarse campeón de Europa con el Real Madrid, para que fichase por ellos. Un cheque en blanco fue la oferta. Directamente.

El baloncesto europeo le dio la espalda inicialmente.

Pavlos Giannakopoulos hace llegar sus pretensiones a Arturo Ortega, agente de Sabonis, con nubarrones cada vez más negros en la NBA y su lockout. “No quiero jugar en Grecia por nada del mundo” fue la tajante declaración del pívot lituano. No ya escocido por las dos ocasiones en las que le habían ‘birlado’ dos partidos en visitas a El Pireo con el Real Madrid, sino porque en 1992, recién acabada su aventura en el Fórum Filatélico de Valladolid, Olympiakos se metió en la pugna con los madridistas, con un millón de dólares. Su entrenador, el excéntrico Ioannis Ioannidis, confesó de su temor por la lesión de su tobillo y “su carácter conformista y apático” lo echaba para atrás. “Ya veréis quién es Sabonis” mandó recado el jugador a la prensa helena. Años más tarde, el propio Ioannidis reconoció que “el mayor error en mi vida, fue no fichar a Sabonis”. En la agenda también estaba el pívot holandés de Indiana Pacers, Rik Smits. Pero finalmente llegan a un acuerdo de renovación con el gigante croata Stojan Vrankovic y la opción Dominique Wilkins reaparece con más fuerza, como la máxima aspiración de Pavlos Giannakopoulos.

En el verano de 1995, Wilkins sí viaja a Grecia junto a su esposa, Nicole. Estuvo en Atenas, curiosamente durante la celebración del Eurobasket en junio, presenciando algunos partidos, acompañado de su agente en Grecia, Giannis Tarkas y el presidente. El 27 de junio, tras ver la victoria de la selección griega ante Alemania, fueron a cenar en la mansión de Giannakopoulos junto al nuevo entrenador, Bozidar Maljkovic y señora. Fue el primer contacto de una curiosa relación. Dominique queda impresionado por la climatología, la zona residencial donde él viviría, el increíble ambiente del OAKA y la hospitalidad de los atenienses. Las negociaciones aún no habían comenzado. Pero Panathinaikos tenía en la manga la mediación de Dino Radja, compañero de Wilkins en Boston Celtics aquel curso, con el que mantuvo una estrecha relación. Eso sí, a los dos días de su llegada, le sucedió algo que le impresionó y le haría pensar de la magnitud que llegaban a alcanzar los duelos Panathinaikos-Olympiakos. Tras visitar el famosísimo Museo Arqueológico y tomando un café en una terraza junto a Nicole y Giannis Tarkas, de repente se detuvo delante de él un tipo con su motocicleta y le gritó “¡Dominique, Georgios Sigalas te va a machacar!” Evidentemente, Wilkins no entendía nada. Tarkas se lo explicó y aquella noche pidió ir al OAKA a ver quién era el Sigalas ese.

Estuvieron de crucero por Grecia e Italia durante 10 días. Para primeros de julio, comenzaron las negociaciones. Todo pasaba por el agente americano del jugador. Cuando llegó el fax con sus pretensiones, dicen que a Pavlos Giannakopoulos le dio un pasmo. Se envía una nueva oferta de dos años, prorrogable a un tercero y la oferta fue rechazada. El 25 de julio, Giannakopoulos manda una carta personal a Wilkins, al tiempo que se reúne con sus dos hermanos, Thanasis y Kostas, para valorar sobre la valía del fichaje en las condiciones que pedían. En Estados Unidos ponen un deadline del 2 de agosto a las pretensiones de Nique. A ese momento y con lo que le habían ofrecido, decía que no, pero… si llegaban a lo requerido, ficharía por Panathinaikos. Era su equipo prioritario en aquel momento. Al día siguiente, el club heleno envía una nueva propuesta que es verbalmente aceptada. Cuatro días después, Dominique, al fin, estampa su firma. Lo más curioso es que para anunciar su fichaje, cuando el verano anterior salió en todos los medios que visitaba el país, se remitió por parte del club la siguiente nota: “El atleta Dominique Wilkins ha fichado por dos temporadas con Panathinaikos”. Ya está. Once palabras. Ni bio del jugador, ni más reseña, para el baloncestista estadounidense más afamado que había fichado por club europeo alguno.

En aquel entonces, Dominique formaba parte de la plantilla de los Celtics, que lo tenían firmado dos años más. Y estos querían desprenderse de él. Parecía que Boston iba a soltar en agosto los 5 millones de dólares que le corresponderían por los siguientes dos cursos ya firmados… hasta que llegó el lockout. Ahí, la franquicia céltica no podía hacer nada. Y lo más curioso es que los jugadores tenían terminantemente prohibido negociar con ningún otro equipo. Por eso, si las pretensiones de Wilkins económicas eran tan altas, no eran más que una compensación para que saliese rentable la ilegalidad que estaban realizando y los 5 millones que no iban a cobrar. No a escondidas, por cierto, pues Panathinaikos remitió información de todos sus movimientos a la USA Basketball, para que esta lo enviase a la NBA. Finalmente, 7 millones de dólares netos por dos temporadas, a 3,5 cada una y como muchos años después Bozidar Maljkovic declaró en el show radiofónico Tirando a Fallar, “fichamos un jugador que pagamos muy caro. Tres millones y medio al año. Bueno, eso era oficial. No sé lo que pagó el señor Giannakopoulos, un hombre muy generoso”. Tal era el deseo por asegurarse al alero estadounidense, que antes incluso de la revisión médica por parte del club, ya se le había ingresado dos millones de dólares. Dominique, que tampoco tuvo mucha prisa en llegar, aterrizó un 1 de septiembre en el aeropuerto Elliniko, en la zona sur de Atenas, donde cuatro mil aficionados lo esperaban. Pavlos Giannakopoulos confesó que “llevo 25 años al cargo del equipo y nunca había visto nada igual”. Tampoco como aquel primer entrenamiento, donde había más de diez mil espectadores en las gradas del OAKA, que se volvieron locos cuando vieron a su ídolo hacer un par de mates. Claro, luego llegaron los entrenamientos de verdad. Entrenamientos de Maljkovic.

 

LA CONFRONTACIÓN MALJKOVIC-WILKINS

La "mirada" de Bozidar Maljkovic a Dominique.

“Tenemos el primer entrenamiento, con periodistas en los primeros minutos” recuerda Boza Maljkovic. “Se marchan los periodistas, empezamos el entreno y él no puede aguantarlo. Estaba tumbado detrás del soporte de la canasta y yo no le veía. ‘¿Y dónde está este tío? ¿Dónde está el fichaje estrella?’ Y lo veo tumbado en el suelo, usando un inhalador típico de los asmáticos. Y me acerco y le pregunto ‘¿qué te pasa?’ Y dice ‘coach, es que yo tengo asma y no puedo entrenar’. Ahora, con los años, sigo pensando igual. Un jugador por el que pagas tanto dinero, no tiene derecho a estar enfermo. ‘Nique, ganando tanto dinero, debes levantarte y entrenar. Yo no puedo tratarte diferente respecto al resto de compañeros’. Y reconozco que era duro para él. Un hombre que, durante años y años, comenzaba su actividad en octubre, le obligamos a entrenar a tope a finales de agosto o en septiembre”.

Dominique Wilkins hizo declaraciones años después y en su país, sobre la experiencia en Grecia. “Boza me trató como si fuese un perro. Yo fui claro con él y con el club: no puedo entrenar dos veces al día. En una sola sesión, pondría todo mi empeño en ello. Pero no podía entrenar dos veces”. Wilkins iba a cumplir 36 años el 12 de enero. Además, achacaba que la enorme polución en la atmósfera de Atenas, le perjudicó aún más en su asma. Comienzan los primeros partidos de liga y las quejas del ídolo se acrecientan. “El juego que desarrollamos es muy lento, sobre todo teniendo en cuenta mis características. Yo no sé jugar así, casi andando y apuramos demasiado los 30 segundos de posesión”. La respuesta de Maljkovic fue clara: “De las cuestiones tácticas, me encargo yo”. Todo esto es un polvorín para los medios, que intentan inflamar aún más la temperatura, ya de por sí alta. En la famosa discoteca “La Mamounia” se reunían la mayoría de americanos que jugaban en los clubs que residían en Atenas, que eran muchos, junto algún periodista. Nique, por cuestiones de disciplina, tenía pocas escapadas. La prensa toma partido y critica al entrenador de los verdes. “Ya he visto que aquí todos tenéis un precio”, comenzando así el entrenador una guerra con los medios, unánimemente con los 7 periódicos de Atenas, con los que “más tarde, nos reunimos, dejamos las cosas claras y no tuve más problemas con ellos”.

Y comienza la Liga Europea. En la primera jornada, Panathinaikos recibe al Real Madrid, entrenados por Zeljko Obradovic, en su “Año I después de Sabonis”. Una canasta sobre la bocina de Joe Arlauckas, siendo objeto además de falta personal, es anulada por considerarse fuera de tiempo. En el tumulto en mesa de anotadores reclamando, Ángel Jareño sufre un monedazo desde la grada y cae desplomado al suelo. El resultado es inamovible: 54-52 y los blancos deciden no reclamar, porque costaba 70.000 pesetas y en los años anteriores, tampoco había servido de nada. Dominique Wilkins anotó 12 puntos, en 5 de 16 en tiros de campo tan solo, aunque anotó la canasta decisiva en la penúltima jugada tras finta, con un sello y elegancia característicos. La siguiente jornada, visitaban el Palau Blaugrana, en una nueva “entrega Aíto-Boza” que la prensa, con las declaraciones de ambos, azuza:

 

-          “El Barcelona tiene el mejor equipo de Europa” (Maljkovic).

-          “Supongo que se referirá al equipo de fútbol” (Aíto).

-          “Norris costaba más que toda la plantilla de Jugoplastika” (Maljkovic).

-          “Mis americanos cuestan diez veces menos que los que cuestan Wilkins y Vrankovic” (Aíto).

Tapón a Karnisovas. Pero aquel día, el Barça lo bordó en el OAKA.

El partido se saldó con derrota de los griegos en el Palau (63-57), con 10 pírricos puntos de Dominique y 4 de 14 en tiros de campo. A principios de diciembre viaja a Estados Unidos para solventar “asuntos personales” (todos los billetes pagados por el club), ausentándose tanto del partido en Francia en el que vencieron al Pau Orthez (79-87) como el de casa al Benfica (67-51). Regresó en la meritoria victoria ante la Buckler Bolonia (69-72), saliendo desde el banquillo, eso sí, con 12 puntos en 19 minutos. Para acabar la primera vuelta de su grupo, Panathinaikos vence (67-62) al Maccabi Tel Aviv, otra vez sin Dominique Wilkins, que ha viajado de nuevo a Estados Unidos por enfermedad de su padre. Incorporado en la disciplina del equipo una semana después, pero aún de paisano, los atenienses visitan el Palacio de Deportes de Madrid, perdiendo 80-73, con la portentosa actuación de Joe Arlauckas (31 puntos).

Y llegó el día en el que estuvo a punto de resquebrajase todo. Un punto de inflexión que, sin él, es más que posible que el futuro hubiese sido otro: el F.C. Barcelona borda su partido y vence al Panathinaikos en el OAKA (74-95). Una exhibición entre los hombres de Aíto, con 23 puntos de Xavi Fernández, 17 de Manel Bosch, 16 de Karnisovas y 17 del pívot Dan Godfread, que con 3 de 6 en triples, sacó de sus casillas a Vrankovic de manera permanente. Wilkins, discreto, con 18 puntos y 6 de 14 en tiros de campo.

En aquel momento, todas las críticas arreciaban contra el equipo y cuerpo técnico. Ahora sí que se oía lo del “pic-nic” de Dominique, sobre todo en la derrota del anterior fin de semana en liga griega (87-84) ante el Sporting de Atenas. 4 derrotas en 14 jornadas de liga griega y 3 en 9 de Liga Europea, no parecía ser la ruta marcada, aunque de cara a los resultados deportivos, Bozidar Maljkovic, pedía paciencia. “En aquellos años, en Grecia había seis o siete equipos muy potentes”. Comenzaban los primeros años de “belle epoque” económica y de jugadores. Y ya no eran Olympiakos y Panathinaikos con exclusividad los pudientes. PAOK y Aris eran clubes pujantes, Iraklis estaba jugando Euroliga, con la adquisición de Xavier McDaniel, por 1,3 millones de dólares. Y los AEK Atenas, Panionios o Peristeri contaban con fuerza en sus plantillas de nacionales y buenos dineros para contratar extranjeros. Eso sí, donde no tuvo paciencia Maljkovic era en explotar sobre Wilkins, en una entrevista concedida a GIGANTES del Basket tras aquella dura derrota. “Ni él ni sus palabras, me parecen serios. No tengo ningún problema con ningún jugador, excepto con Wilkins. Se ha ido ya tres veces a Estados Unidos, con el consentimiento del presidente, claro. Pero es que en las tres, ha regresado tarde. Al principio llegó fuera de forma y ha tenido pequeñas lesiones que lo han impedido entrenar al ritmo de sus compañeros. Y aquí, quien no entrena, no juega. Lleva cuatro meses con nosotros, pero en realidad, todavía no ha empezado a trabajar”.

Alguien del club le había confesado a Dominique, que su entrenador había dicho “Wilkins es un gilipollas. Pero le necesitamos”. Y el jugador se justificaba a la prensa con “Me siento maltratado. Aquí parece que me consideren una mierda. Si no paso a ocupar un papel más importante dentro del equipo, me vuelvo a Estados Unidos”. “¡Que lo haga!” contestaba Bozidar en GIGANTES. “Si su futuro dependiera de mí… Ya he dicho que, en estas condiciones, me sobra Wilkins. Para mí, es un error fichar este tipo de jugadores. Fueron grandes, pero ya no. Yo hubiese fichado otro extranjero, pero el presidente quería llenar el OAKA con veinte mil espectadores y pensó que fichando a Wilkins, era la mejor manera. Estrellas, verdaderas estrellas en Europa, ahora mismo no las hay. Las últimas fueron las que yo entrené en Split”.

 

CAMBIO DE RUMBO HASTA REINAR EN EUROPA

En la cita decisiva, reboteando en la final de Liga Europea.

“No va a echarse atrás ni un centímetro. Cambia tu actitud, porque él no va a cambiar”. Rotundo consejo que dio Dino Radja cuando Dominique Wilkins acudió a él. “Tampoco entendía la competición griega, los arbitrajes…” recuerda Maljkovic. “Afortunadamente, él cambió de actitud. Nunca me gusta decir que un solo jugador gana un partido. Pero sí, la final de Copa (ante el Iraklis de McDaniel y la adquisición de Roy Tarpley) la ganó él. Volaba. Es increíble cómo la ganó”.

Panathinaikos contaba con una plantilla singular en la que su entrenador jugaba de forma pausada, porque creía que era lo conveniente. Habían fichado a los bases Panagiottis Giannakis y John Korkas, grandes directores, pero ya muy veteranos. El joven Fragiskos Alvertis era un escolta-alero muy voluminoso y el ala-pívot que desequilibraba (y que realizó una temporada magnífica) era Nikos Ekonomou. Para su volumen y estatura, era habilidoso a campo abierto y con buen tiro exterior, perfecto para complementar al croata Stojan Vrankovic. Con semejantes argumentos, el convencimiento en Boza que debían jugar a posesiones largas, a pesar de los juicios de Nique, era más que contundente.

En el siguiente enfrentamiento de Liga Europea, la visita a Zagreb ante la Cibona, Dominique Wilkins realizó su mejor partido, con 32 puntos (9 de 17 en tiros de campo) y la victoria (82-93) en tierras croatas. Aunque los aficionados verdes se enfadaron lo suyo con su equipo, pues al regreso en el OAKA, un Pau Orthez sin extranjeros, fue capaz de sacar tajada (67-69) y crear de nuevo, el malestar en los fans. De hecho, por lanzamiento de objetos a pista, el encuentro estuvo parado más de 6 minutos. Y el peor resultado sucedió 7 días después, viéndose superados por el colista Benfica (96-87), en un enfrentamiento histórico para los portugueses. Quizás por ello, vino bien que la sanción por la lluvia de objetos dos semanas atrás, acarrease jugar a puerta cerrada en su recinto ante la Buckler Bolonia (72-69), con la tranquilidad que ello conllevaba. 22 puntos de Wilkins y se cerró la liguilla de octavos con un triunfo importante en Tel Aviv (79-86) y 28 puntos de nuestro protagonista, aunque quien tuvo el santo de cara fue Ekonomou, con 35. En los cuartos de final se verían las caras ante la Benetton Treviso, al mejor de 3 partidos, con el factor cancha en contra y con el sistema que obligaba a abrir la serie quien tenía peor récord (Panathinaikos).

Y quizás ese fue un momento que escoció de verdad en Dominique Wilkins. Todos se conocían, todo iba ya rodado y los italianos pagaron la enorme calidad de la estrella helena. Wilkins anotó 24 puntos en el primer round en Atenas (70-67), 25 en la derrota en el primer partido en Treviso (83-69) y 26 (con 11 de 18 en tiros de campo) en la victoria definitiva también en Italia (64-65), con un tapón de Vrankovic a Rebraca en el último segundo. 18 de los 48 lanzamientos a canasta de los griegos, llevaron la firma de Nique. La Final Four estaba conseguida. Cuando el americano fue a darle un abrazo a Boza Maljkovic, este tan solo le puso la mano en el hombro como felicitación, yéndose inmediatamente a abrazarse con Stojan Vrankovic.

Corta, pero dicen que sí hubo una conversación entre Maljkovic y Wilkins. El ‘Tú a Boston y yo a California’ en caracteres y formas de pensar, confluía en un punto: París y la Final Four. Y quedó claro en semifinales. Dominique consiguió 35 puntos (10 de 18 en tiros de campo, 13 de 13 en tiros libres), jugando los 40 minutos y el billete a la final, derrotando al CsKA Moscú (81-71). Y en la finalísima, más física, con defensas más cerradas, 16 puntos (12 en la segunda parte), con 7 de 15 en tiros de campo, conocedor de cuándo era su momento, dominando los griegos claramente en los primeros 35 minutos iniciales… hasta la locura de los últimos 5.

Junto a Panagiottis Giannakis, levantando el trofeo de campeón de Europa.

Presión defensiva, el Barça que se acerca, una pérdida de balón en la última jugada griega, un reloj de posesión que se agota y no suena y 4,9 segundos en el electrónico que estuvieron inamovibles durante 7 interminables segundos. Montero recibiendo, el tapón ilegal de Vrankovic… Tan increíble fue todo que, cuando José Luis Galilea recoge el balón de nuevo, mira el tiempo que resta y observa que aún quedaban los famosos 4,9 segundos, se quedó petrificado por unos instantes. Su última intentona de penetración fue en vano, con empujones, jugadores por el suelo… de todo. El marcador final (67-66) y los componentes de Panathinaikos celebrando el triunfo, contrastaba con las enérgicas protestas azulgranas, que por supuesto, pusieron un recurso a FIBA reclamando las irregularidades finales, que tuvo su respuesta … a las cuatro de la madrugada, tras comisión reunida. Desestimaron tal recurso, puesto que consideraban que la bocina no sonó por un error electrónico en el momento de la pérdida de balón, que el tiempo parado no perjudicó al Barcelona, sino todo lo contrario y que el tapón de Vrankovic… eso era un inamovible criterio arbitral, que no se tocaba.

“El tapón de Vrankovic, el tapón… Nadie ha visto lo que sucedió en el partido” confesaba Bozidar Maljkovic, en una entrevista realizada en su casa, a Tirando a Fallar, dieciséis años después. “Dino Radja vino como invitado. Él me dijo que íbamos a ganar ese año la Euroliga. Y le dije ‘si llegamos a la Final Four, te invito a París con mi mujer. Estuvo detrás de nuestro banquillo y vio los problemas arbitrales que tuvimos en los últimos 5 minutos. Yo dije al árbitro Dorizon ‘pita normal o vete a casa’. El Barça hizo muchas faltas en su pressing. Eso no es criterio personal, está en el vídeo. Luego, son pasos de Montero. Hasta profesor Nikolic dijo que eran pasos. Y el tapón… Entrando en el vestuario, vino un caballero como Salvador Alemany (director de la sección del Barça de baloncesto) y me felicita, da recuerdos a mi familia. Tú no puedes evaluar un partido por una sola acción. No puedes”. 

 

EL FINAL INESPERADO

Sea como fuere, la promesa de ser campeones de Europa, se había conseguido. Y un hombre enormemente feliz: Pavlos Giannakopoulos, que veía que su Panathinaikos era el primer griego campeón de Europa. Los aficionados helenos, multitudinarios en París, tomaron los alrededores del Arco del Triunfo. Lo que no pudieron celebrar posteriormente en la final de liga ante su eterno rival, Olympiakos. Dominique Wilkins tuvo un final que no esperaba. Lesionado para el cuarto partido, se “fugó” en la víspera del quinto y definitivo, sufriendo Panathinaikos una de las mayores afrentas de su historia en El Pireo: un escandaloso 73-38 como resultado final. “No, era porque tuvo unas amenazas”, recuerda Bozidar Maljkovic con una muestra de pesar. “Su mejor amigo, en un gimnasio, fue amenazado y acabó siendo hospitalizado. No acabó bien. De esto no me gusta hablar. Dominique tenía miedo para seguir jugando, porque la amenaza era no jugar la final. Dejó las llaves de la casa y el coche en el aeropuerto. Imagínate. Esto es verdad”. De esta forma tan abrupta, acabó el extraño viaje de Dominique Wilkins a Grecia, con todos sus honores. Da para pensar en toda la locura aquella.

Pero como no podemos despedirnos en Endesa Basket Lover con este sabor de boca tan amargo, no nos resistimos a contar algún coletazo de lo que vino en la siguiente temporada. Maljkovic renovó. Aunque lo que sí se renovó -y no de contrato precisamente- fue la plantilla. Con la entrada de la Ley Bosman para la campaña 96/97, Panathinaikos fue el club europeo que más captó y aprovechó esta nueva forma de fichar. Se hizo con las adquisiciones del hispano-argentino Marcelo Nicola, el alemán Michael Koch, el italo-argentino Hugo Sconochini, el británico John Amaechi y el español Ferrán Martínez. Y la mega estrella en esta ocasión, era el ex pívot de los Pistons de Detroit, John Salley. Salley no acabó la temporada, pero dejó varias perlas, de las que estamos encantados de contar.

John Salley con Panathinaikos. 

Para empezar, en la 2ª jornada, visitaban la pista del recién ascendido Papagou. Y cuando llegó al recinto y vio que ahí no cabían más de 1.500 espectadores, pensó que era la pista de entrenamiento. Al hacerle caer de su error, “¡ah! Yo aquí no juego” por parecerle deshonroso. Pero se le convenció y jugó, jugó. Aunque la mejor, es la afamada historia del helicóptero. Él sabía que se iba a retirar a la temporada siguiente y ya estaba enfocando su futura vida profesional como actor. Ya había rodado la película “Eddie” (1996) y posteriormente ha tenido protagonismo tanto en series y shows televisivos, como más cine (la 2ª parte de “Dos policías rebeldes” rodada en 2003). Pidió permiso al club heleno para viajar a Los Angeles y negociar ciertos contratos, con la promesa que volvería a tiempo para jugar el sábado ante el PAOK Salónica, el partido de liga. Entre que el vuelo Los Angeles-París tuvo retraso y que el siguiente, llevaba más todavía, quiso cumplir la promesa de llegar a tiempo y entre su ‘nudo en la conciencia’, no tuvo más remedio que alquilar un helicóptero que le llevase a Atenas directamente. Tardó cuatro horas en llegar y le costó la friolera de 20.000 dólares la broma. Llegó, con más miedo que vergüenza, diez minutos antes del salto inicial, entre la ovación de sus compañeros en el vestuario y la mirada asesina de Boza.

Grecia era otra historia. Había tanto dinero como ambiciones y excentricidades. Sin embargo, esta historia sobre Dominique Wilkins quizás siga ocupando el puesto de honor en todas ellas. Por eso, era digno de volver a recuperarse. Por eso, debía pasar por Endesa Basket Lover.

 

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