El momento Basket Lover de la jornada: Monbus Obradoiro, 34 días después

El momento Basket Lover de la jornada: Monbus Obradoiro, 34 días después

Antonio Rodríguez

              El pasado 27 de diciembre, Monbus Obradoiro caía derrotado en Murcia (93-76) y la situación era preocupante para el cuadro santiagués: una victoria en los últimos 9 enfrentamientos, para un global de 6 triunfos en 16 jornadas. A partir de ahí, tocaba parar todo en seco de forma obligada.

“El mismo día 27 salió el primer contagio” declaraba el alero Álvaro Muñoz en una entrevista de Manuel García Reigosa en La Voz de Galicia. El COVID se había “instalado” en el plantel obradoirista. “Nos fuimos todos para casa. Cinco compañeros dieron positivo”. Y así, uno tras otro, todos los jugadores excepto tres, incluyendo cuerpo técnico, acabando tan funesta romería con el propio Muñoz, que tras dos PCR’s negativos, dio positivo el día 2 de enero. Fue el último caso.

              “Todos nuestros positivos fueron sintomáticos” reconoce Rubén Vieira, preparador físico del equipo, a Endesa Basket Lover, uno de los pocos no afectados. Aunque cada uno lo vivió de forma diferente, en una generalidad les “atizó” bastante. “Un patrón de síntomas que se han repetido: fiebre, tos, dolor muscular y articular… y algunos el consabido efecto de pérdida de olfato y gusto”. “Fueron cuatro o cinco días complicados para mí” continúa Álvaro Muñoz. “Piensas que estás en forma, eres joven… que estás un poco por encima”. La realidad les dio otra cara. “Nunca he tenido una enfermedad como esta” declaraba el escolta canadiense Kassius Robertson, otro de los afectados, en una entrevista realizada por Oscar De La Fuente, de El Correo Gallego. “Decían que era como una gripe. Pero esto es serio, es mucho peor. Le decía a mi familia que no podía imaginarme a gente de sesenta y setenta años sintiéndose así”.

              “Unos confesaban tener dolores en la espalda, otros en las rodillas, la fiebre… fueron días complicados para todos”, añade Álvaro Muñoz. Hubo jugadores que se llevaron, además, la lacra de la soledad. “Jake Cohen lo pasó mal, porque estaba solo. Su mujer no pudo venir”. Para Robertson, la cuarentena fue algo interminable. “Íbamos a estar encerrados durante diez días. Después fueron doce, luego quince. Más tarde veinte y al final fueron veintitrés”.

              Y llegó la suspensión de partidos. Una jornada, dos, tres… Incluso encuentros que tenían ya aplazados, como el de MoraBanc Andorra, previsto para el 21 de enero, debieron re-aplazarlo. Con la fotografía del día 23, con las últimas incorporaciones de Muñoz, Robertson, más Chris Cerapowicz y Laurynas Birutis, todos ya en el Fontes do Sar, vuelve la esperanza y se torna en novedad algo curioso: la vieja rutina. Pepe Pozas bromeaba con que no había visto tanta gente reunida en un mes. “Se ve que la gente se cuidó en la cuarentena. No habíamos perdido mucho nivel físico”, se sorprendía Muñoz. Pero Rubén Vieira reconoce que era más cauto. “La incertidumbre que podía dejar este virus. Hay que ir viendo día a día la respuesta de los jugadores. Y un segundo punto: la pérdida del estado de forma. Los jugadores han estado confinados un período de tiempo muy largo y esto en ellos no sucede ni en períodos vacacionales. A esto, une la urgencia de afrontar compromisos, estando preparados lo antes posible y con la mayor de las garantías”.

              Y llegó el encuentro de este sábado, 30 de enero, 34 días después. Monbus Obradoiro, intentando recordar las aguas turbulentas de diciembre, recibía a RETAbet Bilbao Basket, en la cola con 4 victorias en 21 jornadas. Un partido trampa, porque los locales tenían la obligación de ganar, por necesidad y porque se trataba de un rival por debajo de ellos en la clasificación. Y cierto es que no mostraron en apariencia muchos problemas físicos en el inicio. Hubo un primer cambio prematuro, el de Albert Oliver por las dos tempranas faltas de Pepe Pozas. El “joven cuarentón” Oliver, mostró buenas aptitudes. “Yo fui de los primeros en incorporarme a los entrenamientos tras el positivo mío y de mi familia” declaró en días previos a El Correo Gallego. “Yo estuve veinte días en casa y aunque hagas bici y ejercicios de fuerza, no es lo mismo. En los entrenamientos, a las primeras tres carreras, estaba asfixiado”. Pero rindió a buen nivel físico, incluso con alguna bronca a algún compañero, de estas de líder, por mal posicionamiento defensivo. Eso que evitó Moncho Fernández desde la banda, asumiendo el papelón de la situación y la voluntad de todos sus jugadores.

              Monbus Obradoiro tuvo el soporte durante todo el partido de sus hombres interiores. Inicialmente, Steven Enoch, uno de los pocos no afectados, comenzó haciendo daño en la zona a Balvin, claro puntal vasco, que estuvo amargado por la notable defensa a la que se vio sometido, primero de Enoch y posteriormente de Laurydas Birutis. Birutis, que daba la sensación de haber perdido peso y muchas fuerzas durante su confinamiento y proceso vírico, echó de carácter en defensa. Aguantaba el cuerpo a cuerpo con el gigante checo y sus repetidos pivotes, no le sirvieron para ganar mucho espacio. En ataque, el lituano, siendo el segundo máximo anotador del conjunto, no aportó apenas en ataque en los primeros 20 minutos. Sí fue en el tercer cuarto cuando tomó el relevo de Mike Daum, el hombre más destacado en el segundo (17 puntos en total) y lograr mantener ventajas. Fueron tan solo 6 puntos, pero suficientes para seguir dominando entre 7 y 10 puntos, dando la tranquilidad que se necesitaba entre los santiagueses. Tranquilidad. Con las fuerzas justas, esa sensación sabía a gloria.

              Los sistemas defensivos del “Obra” eran poco benevolentes para la situación y tan exigentes como siempre. Sin embargo, contando con errores puntuales por fatiga, cumplieron como para forzar tiros inadecuados a los jugadores de Alex Mumbrú (44,9% en tiros de campo) y sobre todo, anularles sus capacidades interiores (Miniotas, 8 puntos; Huskic, 5 puntos y Balvin, 4). Ese fue su gran valor. Añadan alguna canasta importante en momentos concretos ante el empuje bilbaíno (sobre todo de Jaylon Brown, 18 puntos, que sacó más tajada ante la zona local, de sus suspensiones de dos puntos que de sus triples), para vencer finalmente por 80-72.

              “Ha sido un mes duro, por lo que esta victoria sienta realmente bien” escribía en redes sociales Jake Cohen, autor de 12 puntos. Los saltos de toda la plantilla en el centro de la pista tras el partido, mostraban una enorme satisfacción y sobre todo un alivio: tomar contacto con el parquet en encuentro oficial, tener sensaciones positivas y sumar éxitos, ya son siete, para afrontar un calendario en el que el próximo día 6 viajan a Zaragoza y el 9 a Andorra, previo al parón por la Copa del Rey y ventanas FIBA. Les vendrá francamente bien, seguir acrecentando el trabajo de restitución tras el varapalo sufrido. Monbus Obradoiro, 34 días después, volvió a la carga, con una sonrisa. Para nosotros, el momento Basket Lover de la jornada.

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